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Personaje
Se incorporó a la conquista en el barco del mercader Juan de Burgos -era su ama- que llegó a Veracruz en febrero de 1521. Los testimonios de los cronistas refieren que era valiente, heroica y sabia. Tras la caída de Tenochtitlán, estaba en casa de Cortés la noche que murió doña Catalina Suárez Marcaida. María de Vera le puso el sudario -fue de las pocas personas a las que Don Hernán permitió ver el cuerpo de su mujer- y posteriormente testificó que las marcas que vio en su cuello hacían ver que había muerto estrangulada.
Personaje Científico Político
Desde muy joven se impregna del progresismo de su familia. Estudia la carrera de medicina y entretanto recorre el Extremo Oriente y Europa. Fue un destacado alumno y al licenciarse recibió una propuesta de José María Esquerdo para trabajar en el manicomio de Carabanchel. Para obtener el doctorado presentó en 1880 una tesis que tituló "Parálisis general progresiva de los enajenados". Dos años después, publicaba "La función de los conductos semicirculares. Estudio experimental". Desde 1884 ocupa la secretaría de la sección de ciencias del Ateneo de Madrid y un año después entraba en el Hospital Provincial de Madrid y se hacía cargo de los enfermos dementes. En estos años escribió varios artículos para el Diccionario Hispano Americano. De carácter progresista, fue un gran seguidor de la obra de Marx, y participó en la creación del Partido Socialista Obrero Español, junto a Pablo Iglesias y García Quejido. Sin duda, fue uno de los intelectuales del partido. En 1884 publicó un "Informe", en representación de la Agrupación Socialista Madrileña" donde plasmaba perfectamente las doctrinas del partido. Vera denunció la situación de atraso que todavía se daba en España y criticó con dureza a un sector de la burguesía -todavía terratenientes-, frente a la burguesía progresista, a través de la cual se podría avanzar en la sociedad. Desde el punto de vista científico, era positivista.
contexto
Cerro de las Mesas, un centro importante al final de la etapa olmeca, tiene ahora una gran expansión, a juzgar por la construcción de docenas de plataformas. Junto a ellas se han hallado quince estelas, la mayoría con rasgos izapenses, aunque también contienen rasgos de los estilos mayas tempranos. Es importante reseñar que algunas incluyen textos jeroglíficos con fechas en Cuenta Larga. Tanto este sitio como Matacapán se consideran colonias teotihuacanas entre el 200 y el 550 d.C. Pero el mayor centro de integración sociopolítica fue El Tajín, instalado en la llanura costera de Veracruz. El sitio y sus alrededores fue ocupado desde el Formativo, a juzgar por las cerámicas y las figurillas de la cultura Remojadas. Evolucionó a lo largo de dos fases: entre el 100 y el 550 d.C. El Tajín fue un centro pequeño influenciado por Teotihuacan, que estableció en él una colonia comercial. Tras el cese de esta influencia, hacia el 550 d.C., el sitio inició su gran desarrollo, expansionándose hasta el 1100 d.C. La ciudad está emplazada en una zona de transición entre abruptas colinas y la llanura costera, alcanzando una extensión de 5 km2. Su planificación recuerda a los centros mayas. Los edificios se disponen en torno a patios, muchos de ellos formados por sucesivas nivelaciones de las estribaciones montañosas en que se asientan; además, muchos de ellos son pirámides, templos, residencias palaciegas y juegos de pelota que tienen incluso paralelos estilísticos con los edificios mayas. En este núcleo urbano vivió una población cercana a los 3.500 habitantes, aunque su periferia llegó a alcanzar las 13.000 personas. El núcleo del sitio está dominado por la Pirámide de los Nichos, de 18 m de altura, cubierta por bloques de piedra tallada. Consiste en seis pisos ornamentados con una variante de talud y tablero, y está decorada con 365 nichos. Algo alejado de la zona central se levantó un complejo de estructuras palaciegas y patios de columnas cubiertos con techumbres de bóveda falsa de clara influencia maya. Es un área conocida como Tajín Chico, de la cual la estructura más importante es el Edificio de las Columnas, decorado con danzantes con alas, caballeros águila, sacrificios humanos y numerales con puntos y barras con glifos de día. A comienzos del silo VI, coincidiendo con la retirada de la influencia teotihuacana, El Tajín tiene un complicado estilo escultórico, en particular aquel relacionado con el juego de pelota. Las losas que decoran sus banquetas están talladas con figuras de dioses, guerreros, seres humanos practicando el juego y los rituales asociados a él, como es el sacrificio humano por decapitación y la ingestión de pulque, una bebida extraída de las pencas del maguey. Los jeroglíficos que aparecen en algunos tableros hacen referencia a 13 Conejo, uno de los gobernantes más carismáticos de la ciudad, que aparece en varias ocasiones sentado en un trono y rodeado de cautivos importantes, tal vez dirigentes de centros menores capturados en la guerra y sacrificados mediante el ritual del juego de pelota; una práctica presente en el arte de Cotzumalhuapa y de gran expansión en las tierras bajas mayas. Junto a estos tableros, los veracruzanos concedieron gran relevancia a un complejo escultórico ligado al juego de pelota, que consiste en yugos, hachas y palmas, los cuales fueron grabados con rostros humanos, animales y figuras mitológicas. Este complejo tiene también una enorme distribución por la llanura costera del Pacífico y el altipano de Guatemala, hasta el punto de que algunos autores sostienen que durante el Clásico Medio (450-700 d.C.) los comerciantes de cacao se encargaron de distribuir su práctica de manera generalizada. El hundimiento de El Tajín es aún más oscuro que el de otros grandes centros de Mesoamérica, aunque diversas áreas de fuego detectadas en la ciudad parecen remitirnos a un fin violento. La llanura costera de Veracruz estuvo ocupada en los momentos finales del Postclásico por cuatro grupos diferentes, olmecas, totonacos, huastecos y uixtotin, los cuales compartieron la región con pueblos de habla nahua. El centro y el sur de Veracruz tuvo una evolución lenta durante la etapa tolteca, con influencias de las formas culturales emanadas de Tula, según ponen de manifiesto diversas fortalezas levantadas en la región antes de que concluyera el siglo XIII, como Tuzapan y el Castillo de Teayo. Para el final del Postclásico, el centro de Veracruz permanece en manos de los totonacos, con centros como Quauhtochco y Comapan, algunos de ellos verdaderas fortalezas que cayeron en manos de los aztecas a mediados del siglo XV. Los centros más importantes en esta época son Cempoala, con una población estimada entre 80.000 y 120.000 habitantes, Jalapa, con 120.000 individuos, Colipa y Papantla, con 24.000 y 60.000 habitantes, respectivamente. Otros, como Quiahuiztlan fueron fortalezas y sitios de enterramiento, que en el tiempo de la conquista eran controlados por los aztecas. También en la Huasteca se habían levantado centros complejos desde mediados del Clásico en que se incluyeron de lleno en la tradición cultural mesoamericana, en sitios como Tamuin, Tancanhuitz, Tantoc y Tamposoque. Sin embargo, la región tuvo importancia estratégica para los aztecas, con quienes entablaron muy fluidas relaciones comerciales a lo largo del Postclásico Tardío.
Personaje Pintor
Según Van Mander (1604), Veraecht era "un buen pintor de paisajes". Durante un tiempo había vivido en Florencia, trabajando para el Gran Duque Fernando I, abriendo un taller a su regreso a Amberes por donde pasó Rubens una breve estancia, ya que Veraecht era familiar de María Pypelinx, la madre del genial pintor flamenco.
obra
Junto a la Primavera, el Otoño y el Invierno esta escena formaba parte de una serie dedicada a las cuatro estaciones que Pissarro pintó en 1872. El color amarillo domina una composición en la que el cielo tiene un importante papel, al situar la línea del horizonte a baja altura, presentando en esa zona la silueta del pueblecito. Las nubes crean un efecto de movimiento que otorga mayor viveza al conjunto, inundando la fuerte luz veraniega todos los rincones del lienzo para conseguir un efecto de gran realismo.
obra
Las series de las estaciones del año se limitaron en el siglo XVII en numerosas ocasiones a la representación del Invierno y el Verano, como momentos enfrentados climatológicamente. Jan van Goyen realizó al menos 31 series de estas características, empleando siempre el formato circular, muy de moda en el Barroco Centroeuropeo. El ambiente veraniego se presenta a través de diversos personajes dispuestos sobre un paisaje de colores cálidos, organizado a través de un elemento central. La sensación atmosférica y perspectívica ha sido perfectamente creada, tomando como referencia las enseñanzas de su maestro Esaias van de Velde.
obra
obra
Esta obra se encuadra en el ciclo de las edades de la vida, un conjunto de siete sepias que el artista realizó en 1826, cuyo núcleo central está simbolizado por las estaciones de la naturaleza, como la Primavera, la segunda del ciclo, pero primera de esta serie. Representa a una pareja de amantes entre abedules, en un paisaje fértil. Las casas del fondo aluden a la felicidad conyugal. La luz corresponde al mediodía, como corresponde a esta simbolización de la etapa media de la vida. De este modo, el tema de las horas del día se entrecruza con el de las estaciones y las edades de la vida.
obra
La atracción hacia la luz tomada directamente del natural es uno de los elementos determinantes de la pintura impresionista. Mary Cassatt se sitúa en la órbita de Monet al sentirse sumamente interesada en el año 1894 por captar diferentes escenas con diferentes luces, dependiendo de la hora del día como ya había hecho Monet. Así surgen Paseo en bote - realizada a plena luz solar - y Verano - en la que la iluminación se enmarca en las horas del atardecer -. Una niña y una joven contemplan los patos desde una barca. Las dos figuras reciben los ya leves rayos del sol, creándose a su alrededor una espectacular sinfonía de tonalidades azules y verdes gracias a los reflejos de los árboles en el agua. Las dos figuras están realizadas con cierto dibujismo mientras que el agua o el paisaje del fondo se convierten en un entramado de manchas de colores, aplicadas con aparente desorden para conformar un magnífico entorno. El color blanco de los patos y de los vestidos anima la composición, mientras que el sombrero de color rojo se sitúa en el centro del lienzo para llamarnos la atención, recurso típicamente academicista, aunando así Mary Cassatt Impresionismo y academicismo en sus obras.
obra
Quien mejor ejemplifica la afición manierista por el capricho y la irracionalidad es el milanés Giuseppe Arcimboldo, que paso buena parte de su carrera de pintor en la refinada corte de Rodolfo II en Praga y contribuyó, como tantos representantes itálicos del estilo, a su difusión al otro lado de los Alpes. Valiéndose de flores y frutas, raíces o troncos carcomidos, cacharros de cocina o útiles mecánicos, construyó su sorprendentes bodegones antropomorfos en desafío de irracionalidad y desmesura, caprichosidad muy encomiada por los surrealistas contemporáneos que reactualizaron su fórmula.