En esta pintura de Holbein el Joven se advierte el resultado del viaje de estudios que hizo a la Lombardia así como el fuerte influjo de la pintura leonardesca en este retrato femenino con una fuerte carga psicológica en la mirada.
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Tiziano regaló a Carlos V un lienzo que representaba este tema durante su estancia en Augsburgo en 1548, cuando realizó el retrato de Carlos V en Mühlberg y se ha pensado que pudiera tratarse de éste. Sin embargo no se ha comprobado. Esta Venus recreándose con el Amor y la Música es muy similar a la Venus y la Música que también guarda el Museo del Prado, lo que hace pensar que este tipo de escenas fueron muy admiradas en el siglo XVI y después en el XVII, ya que la religiosidad de los monarcas españoles no les impedía disfrutar dichas escenas. Venus aparece recostada junto al organista, un muchacho que gira la cabeza para admirar a la bella diosa que juega con Cupido, su inseparable compañero. Por supuesto, la belleza de Venus nos resulta extraña a los espectadores que debemos comprender cómo el canon estético femenino del Renacimiento italiano, concretamente el veneciano, era diferente al actual. Se preferían las mujeres rellenitas, con poco pecho y piel clara, modelo que tanto repetirá después Rubens en sus lienzos. Al fondo se abre una ventana a un paisaje de atardecer con árboles, una fuente y varias figuras alegóricas a la relación entre el amor y la música. Se podría considerar un acercamiento del maestro a las típicas imágenes flamencas de los sentidos que populizará Brueghel de Velours. Así, los sentidos del oído y de la vista estarían perfectamente presentados. Tiziano, como la Escuela veneciana, será un enamorado de la luz y del color. Gracias a la luz, da más importancia a Venus al iluminarla con un foco y recortarla sobre un fondo neutro. Las calidades de las telas siempre serán para el artista un importante punto de atención, como aprendió de su maestro, Giovanni Bellini. Quizá los tonos se han apagado respecto a obras como La Bacanal, pero aun así no deja de llamar la atención al ser colores cálidos que juegan con los contrastes.
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No está muy claro quién encargó a Tiziano esta Venus, aunque existen opiniones que la sitúan en el ámbito de un jurisconsulto veneciano; posteriormente fue adquirida en el siglo XVII por Felipe IV por 165 libras. Este tipo de escenas rompe con la tradición de piedad y religiosidad absoluta de la monarquía española. La bella figura de Venus, siempre según el canon de belleza de la época - distinto del actual - reposa sobre un diván mientras escucha la música procedente de un órgano. Juega con un perrillo, otorgándola un aire distraído. Al fondo se observa un jardín con una fuente y varias figuras, destacando las hileras de árboles que crean el efecto de perspectiva. Venus está iluminada por un fuerte foco de luz que hace más blanquecino su bello cuerpo, contrastando con la tela rojiza sobre la que está tumbada. El organista gira su cuerpo para contemplar a la diosa y al perrillo que acaba de irrumpir en la escena. El tema de los conciertos campestres ya lo había planteado Tiziano en sus primeros años, continuando la estela de Giorgione, de quien tanto aprendió. El vivo colorido de la Bacanal y de la Ofrenda a Venus irá dando paso a tonos algo más apagados pero no por ello menos interesantes. Más importante es el cambio en la pincelada, ahora más suelta y empastada, hasta llegar a sus últimas obras conocidas como "impresionismo mágico".
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Este cuadro, que figuró con el número 14 en el catálogo de su primera exposición individual en las Galerías Dalmau en 1925 y en la Exposición de Arte Catalán Moderno organizada por el diario "El Heraldo de Madrid" en febrero de 1926, es un homenaje a la muerte del poeta de la vanguardia catalana Joan Salvat Papasseit. Es posible que quisiera evocar uno de los libros del poeta "L'irradiador del port i les gavines", conjugando notas de modernidad, sobre todo, rindiendo tributo al futurismo, contenidas en sus páginas, ya que el libro lleva como subtítulo "Poemas de vanguardia". Sobre Venus y un marinero recordaría años más tarde el propio Dalí: "Mi padre me compró una gran pintura en Figueres, que representaba a un cazador de serpientes. En su parte superior, primero pinté algo impresionista, luego un retrato de Andrea -una chica que me atraía en ese tiempo- luego todos mis amigos de Figueres más un tema en témpera y, finalmente, la Venus". La imagen de Venus es un ejemplo más de la representación del periodo Anna Maria, es decir, la figura de su hermana realizada través de perfiles con rigurosa precisión. Pero también vista con formas neoclásicas, cuya anatomía procede del Picasso de la primera posguerra europea. El tema de Venus alude además a la prostitución, es la representación de una prostituta de un puerto catalán. Se introduce el motivo marinero que luego en 1926 se acentúa con su visita a París por influencia también de Picasso. El rostro de Venus deriva de Anna Maria y el perfil del marinero será típico de Dalí que luego aparecerá en la cabeza de El gran masturbador. Alude también a temas de modernidad, sobre todo, a los que habían sido practicados por Barradas representado por el barco que justifica con el marinero, en el que se funden elementos tradicionales clasicistas con modernistas.
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En su exilio belga David pintó su última obra: Marte desarmado por Venus y las Gracias. El maestro francés nos presenta una muestra del Olimpo siguiendo su estilo griego, aunque se aprecian signos evidentes del estilo pompier contra el que David había luchado, ya que se produce una acentuación de la textura tersa y nítida de las figuras representadas, presentando un sofisticado carácter que enlaza con las obras que estaban realizando en aquellos momentos algunos de sus discípulos como Girodet-Trioson, Gérard o Gros. Los especialistas consideran este último trabajo como una muestra más del deseo del artista por mantener la paz en Europa, empleando una temática mitológica relacionada con el desarme del dios de la Guerra por el Amor y la Belleza, rechazando así el periodo de violencia que había caracterizado los primeros años del siglo XIX. El lienzo fue expuesto en París en 1824, concretamente en el Palacio del Luxemburgo, preparándose una puesta en escena que seguía al pie de la letra las indicaciones del pintor. La exposición contaba con tres salas, una para el descanso del público, en la segunda se presentaba el gran lienzo y en la tercera una selección de obras del maestro. A esta muestra asistieron casi 10.000 personas, clausurándose el 2 de marzo de 1825. El 29 de diciembre de ese año fallecía el gran maestro.
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Si bien la temática mitológica es muy reducida en la producción total de Botticelli, no deja de ser sorprendente que se trate de la más popular. Obras como el Nacimiento de Venus, la Primavera, Minerva y el Centauro, la Calumnia o esta composición que conserva la National Gallery de Londres forman parte de la iconografía renacentista más conocida por el gran público, rayando a la misma altura que las obras religiosas. El apaisado formato y la temática de esta tabla hacen pensar a los especialistas que estamos ante un panel para un banco o arcón, uno de los regalos de boda más habituales entre las elitistas familias florentinas. Al aparecer unas avispas -vespe, en italiano-zumbando alrededor de Marte indican que podría tratarse de un regalo para un miembro de la familia Vespucci, precisamente una de las ramas familiares que había adoptado la avispa en su escudo de armas. Venus, la diosa del amor y la belleza, aparece vigilante mientras su amante, Marte, el dios de la guerra y símbolo del deseo violento, duerme. Tres traviesos sátiros juegan a su alrededor y ni así consiguen sacarle del profundo sueño. Los amantes aparecen reclinados uno junto al otro, en una gruta formada por un mirto, árbol dedicado a Venus, lo que hace suponer que nos encontramos en un espacio dominado por la diosa del amor, idea reforzada por el gesto y la posición dominante de Venus. La diosa, medio incorporada, observando con mirada atenta y segura a su amante medio desnudo, se cubre con un vestido casi transparente, efecto conseguido gracias a un tenue sombreado que ha sido aplicado sobre un sombreado más ligero con el que ha sido modelada la carne de Venus, definiendo el maestro los contornos con una línea negra, firme y sinuosa. Cintas doradas y un broche de perlas sobre el pecho adornan la blanca túnica de Venus, entendiendo el broche como un símbolo de castidad. El tema de la tabla es el triunfo del amor sobre la guerra, consiguiendo Venus distraer a Marte de sus acciones bélicas, consiguiendo incluso que los sátiros utilicen sus armas como juguetes. Uno de los sátiros intenta despertarle soplando una concha en su oído mientras otros dos roban la lanza del dios, un cuarto se prueba el casco y un quinto sale gateando de la coraza, mirando con un gesto cargado de picardía. Algunos especialistas consideran que nos encontraríamos ante el tema de la superación del deseo sensual por el amor de Dios, apareciendo el dualismo entre amor terrenal-amor celestial que era tan habitual en el neoplatonismo de Marsilio Ficino. Botticelli buscó como inspiración un cuadro antiguo pintado por el romano Aetion y que describía Lucano, en el que se narraba la boda entre Alejandro Magno y Roxana, centrándose en el momento en el que los sátiros jugaban con las armas del gran general. Sin embargo, el tratamiento que hace Botticelli apenas presenta deudas con el arte antiguo ya que tanto la armadura como el vestido, las joyas y los peinados están tomados de la moda quattrocentista, al igual que se interpreta como contemporánea la idea de que hacer el amor agota al hombre y da fuerzas a la mujer, idea que a la que se aludía como broma en los esponsales matrimoniales de la época. Más universal e intemporal sería el tema central de la tabla: el amor debe triunfar sobre la guerra.
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Es un dibujo preparatorio de la obra Venus y Mercurio, hoy tristemente fragmentada, de la que se conservan dos partes, una en el Louvre, París, y otra en Londres. Posiblemente el grupo de desnudos fue considerado indecoroso en el siglo XVIII, cortado y enviado a Inglaterra. Gracias a este dibujo, se puede realizar una aproximación fotográfica al lienzo original. Representa, bajo la supuesta apariencia de los amores de Venus y Mercurio, la soberanía de Venus, es decir, de la belleza y el amor espiritual sobre el arte y lo material, tema ya desarrollado en Venus, Cupido y Pan. Así, podemos calificar este dibujo de alegoría sobre la superioridad de lo intelectual sobre lo puramente sensual, plasmada en la victoria de Cupido, hijo de Venus y Mercurio, sobre el dios Pan niño, situados en primer plano, en el centro de la imagen. A la izquierda de éstos, un grupo de niños toca instrumentos musicales.
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Maestro de las últimas tendencias del Manierismo europeo, Spranger fue pintor de la corte de Rodolfo II de Habsburgo, el emperador que trasladó la corte de Viena a Praga, e inició un periodo artístico de sofisticados encargos de los que este lienzo es un magnífico ejemplo.
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Entre 1584-88 Annibale Carracci viajó a Parma, estudiando de Correggio su delicada atmósfera luminosa y su sentida expresión; a Cremona, aprendiendo de Campi su lección de observación directa de la realidad, más su interés por los aspectos menos heroicos; a Venecia, comprobando la ligereza y asimetría de las posturas, y las posibilidades expresivas de la luz y los acordes cromáticos. En Roma, Annibale redefinió sus posiciones culturales y estéticas y renovó, en sentido más culto y mitológico, su ya clasicista discurso pictórico, al tropezar se con las obras de Raffaello y Michelangelo y con las de la Antigüedad greco-romana. Valga recordar que la asimilación de la vasta cultura pictórica de Annibale no conduce a resultados eclécticos, a una simple copia por superposición de estilos, sino que da fundamento interno al artista que procede a una interpretación crítica y unitaria de las fuentes. Su facultad para recrear sin imitar le permitió fundir el lenguaje emiliano del primer Renacimiento y el colorido véneto, creando un todo estilístico nuevo del que buen ejemplo es esta escena mitológica que conserva el Museo del Prado. Las figuras se presentan en primer plano, mostrándose al fondo un paisaje que sintoniza con las obras de Tiziano. La diosa de la belleza aparece en un acentuada diagonal, centrando la composición, dirigiendo su mirada al bello Adonis que sostiene en sus manos el arco y aparece acompañado de su perro de caza. En la zona de la izquierda de la escena se halla Cupido, dirigiendo su mirada hacia el espectador y señalando a Venus, involucrándonos así en la escena. La diosa no se muestra interesada en evitar que su amado parta hacia la cacería donde encontrará la muerte ya que, sin que se sepa a ciencia cierta, la cólera de Artemis lanzó contra él un jabalí que le hirió mortalmente. La composición se llena de un idealismo aúlico en perfecta combinación con la naturaleza, poniéndose de manifiesto el papel de innovador que desarrolla Carracci durante el Barroco.
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Dos obras realizadas por Rubens en los años centrales de la década de 1610 tratan asuntos mitológicos y nos presentan la notable combinación que el pintor consigue con la maestría del color -adquirido tras su estudio de los maestros venecianos- y su conocimiento de la antigüedad. Se trata de la Venus frígida y Venus, Ceres y Baco. Las referencias a las esculturas clásicas se pueden apreciar en esta composición, especialmente en la figura de Ceres, en la izquierda, derivada de una escultura helenística que era familiar a Rubens ya que una copia romana pertenecía a la colección de los Gonzaga.La obra deriva de una máxima popular recogida por el dramaturgo Terencio: "Sine Cerere et Libero (ie Bacchus) friget Venus" -sin comida ni bebida el amor se enfría-. La figura de Venus, que es la diosa del amor, recibe las ofrendas de Baco -dios del vino- y Ceres -diosa de la Tierra-. Los personajes se ubican en un reducido fondo de paisaje, recibiendo un potente foco de luz procedente de la izquierda que resalta las claras tonalidades de sus pieles, contrastando con el azulado fondo y el manto rojo sobre el que se posa Venus. Las figuras están inspiradas en la escuela veneciana, tomando como referencia a Tiziano. También de este maestro se inspira para emplear una iluminación y un color característicos, resultando una obra tremendamente italiana.