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En esta obra se plasma la idea de la victoria del amor espiritual sobre el amor físico, asunto que ocupa otros dibujos de Poussin, como Venus y Mercurio. El "pintor filósofo" muestra en este caso a Cupido defendiendo a su madre de los asaltos del dios Pan, el dios con cuernos, barba, cola y patas de cabra. Se trata de otra variante del aforismo "Omnia vincit amor" (el amor lo vence todo), tan popular entre los humanistas del Renacimiento, trocado en esta época en "Amor vincit Panem", haciendo un juego de palabras con el nombre del dios y la palabra griega que significa "todo". Como se ve, se trata de un profundo concepto filosófico escondido tras un juego de palabras culto y una representación simbólica, tomada de la escultura helenística. Estos juegos conceptuales eran muy queridos de los humanistas de los siglos XVI y XVII, pero sólo podían ser comprendidos en círculos cerrados de intelectuales. De hecho, Poussin se mostraba orgulloso de ser un artista minoritario, para entendidos.
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Esta tabla es considerada como la mencionada por Vasari en su "Vida de Bronzino" de 1568: "Ha hecho una pintura de singular belleza que ha sido enviada al rey Francisco de Francia; en ella se ve a Venus desnuda con Cupido besándola; y en el otro lado el Placer y el Juego con varios Amores; en el otro, el Fraude, los Celos y otras pasiones del Amor". Bronzino trabajó en la corte del duque Cosimo de Medici, haciéndose famoso como retratista oficial. Esta Alegoría posiblemente sea el mencionado regalo de la corte de Toscana a Francisco I de Francia, incluyendo elementos simbólicos y emblemáticos. El monarca francés era un hombre enamorado de la cultura y el arte italianos, sintiendo gran afición por la heráldica y los emblemas oscurantistas. La diosa del amor y la belleza es identificada por la manzana de oro -que le concedió Paris en el famoso juicio- que porta en la mano izquierda y la paloma de la esquina izquierda de la escena. En la mano derecha, Venus lleva la flecha que ha arrebatado a Cupido, el joven que la besa. A los pies de la diosa encontramos unas máscaras, posiblemente símbolos de la sensualidad, que representan la ninfa y el sátiro, levantando la vista hacia los amantes. El Placer Loco, el niño sonriente que lleva una pulsera en el tobillo, tira pétalos de rosa, sin interesarse por la espina que atraviesa su pie derecho. Tras el Placer se halla el Engaño, hermoso de rostro pero con un horrible cuerpo, ofreciendo en su mano un panal de dulce miel mientras que con la otra oculta el aguijón de su cola. En la zona izquierda de la composición se sitúa una oscura figura, considerada tradicionalmente como la representación de los Celos pero identificada en la actualidad como la Sífilis, terrible enfermedad que en el siglo XVI había adquirido proporciones de epidemia. Con todos estos símbolos, se considera que el significado de la composición se identifica con el Amor impuro que es gobernado por el Placer con la ayuda del Engaño, amor que trae dolorosas consecuencias. La figura del Olvido, arriba a la izquierda, sin capacidad de recordar, intenta cubrir la escena con un velo pero el Tiempo se lo impide. Las frías figuras desnudas se destacan, como si de un esmalte o de mármol se tratara, sobre un intenso azul ultramar, renunciando Bronzino al fondo, de la misma manera que en los dibujos pintados para la fábrica ducal de tapices. La composición muestra la influencia de Miguel Angel, especialmente su famoso cartón que muestra a Venus y Cupido besándose, así como de algunas obras de Pontormo, el maestro de Bronzino. La tabla fue adquirida por la National Gallery en 1860, convirtiéndose en la obra más cargada de erotismo de la colección.
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Venus era la diosa del amor y la belleza romana, denominada Afrodita por los griegos. De sus amores con Marte nació Cupido, dios del amor, apareciendo en esta imagen de Correggio acompañados ambos por un sátiro, deidades legendarias que vivían en los bosques y eran compañeros de Baco, representados con cuerpos robustos, orejas puntiagudas, cola y patas de cabra. Como buen pintor renacentista, Allegri se interesa por el desnudo, buscando la más perfecta representación de la anatomía humana en sintonía con Miguel Ángel. Las figuras se representan en un bosque, iluminadas por un potente foco de luz que resalta la carnación dorada y las bellas formas de Venus bajo la atenta mirada del sátiro. El aspecto erótico está presente en la composición, reforzado por las posturas escorzadas de los personajes y el empleo de la luz, jugando con un claroscuro que recuerda a Leonardo. La blandura y suavidad de las figuras será un elemento común a la obra de Correggio denominando en el siglo XVIII a este estilo la "morbidezza" por parte de los críticos franceses que apelaban a la "correggiosidad de Correggio". Este lienzo fue encargado - junto a la Educación de Eros - por Federico II Gonzaga, el duque de Mantua, manifestando el interés creciente entre las cortes hacia la temática profana.
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De una generación posterior a la de sus compañeros que ya trabajaban en Roma, Guercino había disfrutado de una formación más heterodoxa y extraña a la Academia boloñesa. Decisivos fueron su viaje a Venecia (1616) y su estancia en Mantua, donde llegó a conocer a Rubens. A su llegada a Roma, ya había dado pruebas de gran capacidad como colorista, de originalidad para abordar las relaciones figura-espacio y de gran dinamismo compositivo. De vuelta a Cento y a Bolonia (1623), fue replegándose poco a poco a posiciones más academicistas, presididas por un lirismo de dulces modulaciones bajo la influencia de Reni. Venus, la diosa del amor y la belleza, se casó con Vulcano, pero se enamoró perdidamente de Marte, el dios de la guerra. Homero nos cuenta que Apolo sorprendió a los dos amantes y fue a contar a Vulcano la infidelidad de su esposa. La venganza de Vulcano tuvo forma de red, colocada sobre la cama de los amantes y dejada caer en el momento en que éstos se hallaban en el lecho. Los dioses fueron convocados por Vulcano para demostrar la infidelidad de su esposa. Guercino nos presenta a la bella diosa tumbada sobre el lecho, acompañada de Cupido que dispara sus flechas hacia el espectador mientras que Marte, vestido con una armadura de la época como dios de la guerra, armado hasta los dientes y portando en su mano derecha un arcabuz, descorre el cortinaje dejando ver el paisaje del fondo. El acertado empleo del claroscuro es una seña de identidad de Guercino, así como la delicadeza de sus figuras, abandonando el naturalismo de Caravaggio para acercarse al academicismo de los Carracci.
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Las primeras pinturas mitológicas de Piero di Cosimo son de una romántica fantasía difícil de hallar en otros pintores renacentistas. Piero toma como modelo la obra de Botticelli que hoy conserva la National Gallery de Londres, utilizada también para adornar un dormitorio como observamos por el formato apaisado. El pintor nos presenta a un Marte, dios de la guerra, completamente dormido tras la "batalla del amor"y despojado de armaduras y armas -con las que juegan en el fondo los amorcillos- mientras que en la zona izquierda de la composición hallamos a Venus, la diosa del amor y la belleza, acompañada de Cupido, un conejo blanco de puntiagudas orejas, símbolo de la fertilidad y dos palomas que simbolizan a la diosa. Las figuras se insertan en un excelente paisaje de clara inspiración renacentista, interesado el maestro en dotar a su composición de perspectiva sin rechazar al color y al dibujo, así como al preciosismo de telas y elementos de la naturaleza. Las figuras presentan una perfecta anatomía inspirada en los modelos clásicos y se disponen en profundidad para crear un excelente punto de fuga, que se encuentra en la colina del fondo, envuelta en tonalidades azuladas como reflejo del mar que la rodea.
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En unas fechas cercanas a la Alegoría de la Guerra y la Paz pintada para Carlos I de Inglaterra, Rubens pintó este lienzo protagonizado por Venus, Cupido y Marte, en el que la diosa de la belleza ocupa una posición similar a la figura de la Paz en el cuadro de la National Gallery de Londres. El cuerpo y la postura de ambas mujeres es idéntico, mientras en la figura de Marte sí encontramos variaciones, al recortarse ante un cortinaje rojo y aparecer con el cuerpo de perfil, mirando condescendientemente la tierna escena. Un foco de luz procedente de la izquierda ilumina a las figuras de la diosa y Cupido, resbalando sobre el cuerpo de Venus y resaltando su brillante piel, cubierto su sexo con una tela azulada con la que el pintor crea un acertado contraste.El escudo y las armas del dios de la guerra están a los pies de la diosa del amor, configurando el maestro flamenco una alegoría inspirada en los escritos del dramaturgo Terencio; "Cuando la Paz se calienta a sí misma, hay comida y bebida". El lenguaje del amor ha sustituido al lenguaje de la paz pero el resultado es el mismo. Esta es una muestra más de los deseos de paz manifestados a lo largo de toda su vida por Rubens, quien participó activamente en las conversaciones entre el Imperio Hispánico y Gran Bretaña en 1628-1629 para intentar poner fin al conflicto hispano-holandés que ya duraba más de 50 años.Estilísticamente, Rubens se muestra vinculado al estilo veneciano al otorgar cada vez más importancia a la luz y el color, creando efectos atmosféricos que diluyen los contornos, siguiendo a su gran maestro, Tiziano.
termino
acepcion
Hermosura perfecta o muy agraciada.
Personaje Pintor
lugar
En el valle del río Huecha, a poco más de 80 kilómetros de Zaragoza y a la vera del Moncayo -de ahí su nombre- se alza esta pequeña localidad aragonesa cuya población apenas alcanza los 500 habitantes. Su historia se remonta a tiempos prehistóricos pero será en época medieval cuando adquiera mayor esplendor, gracias al cercano Monasterio de Santa María de Veruela, fundado en el siglo XII. También destaca la iglesia parroquial dedicada a la Natividad, así como el propio trazado medieval de la villa.