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Personaje
Religioso
Sacerdote de Bohemia, llevó una vida acorde a los cánones de la fe. Fue ahogado por orden del emperador Wenceslao, de quien era capellán, por negarse a revelar el contenido de la confesión de la emperatriz. Patrón de la República Checa, su fiesta se celebra el 16 de mayo.
obra
San Juan Bautista presenta al donante que encargó la obra a Robert Campin. La obra era un tríptico, cuyo panel central se ha perdido. Es este ala lateral tenemos el retrato de Enrique de Werl, el cliente. Al otro lado tenemos una bonita imagen de Santa Bárbara. En este caso, los dos personajes también se encuentran en el interior de una habitación con una ventana sobre el paisaje. Destaca el juego espacial que realiza el autor mediante un espejo convexo que refleja el interior de la habitación, implicando la mirada del espectador en un camino doble de ida y vuelta. Era ésta una técnica muy habitual de los pintores flamencos de la época: el mejor ejemplo lo constituye el Matrimonio Arnolfini de Jan Van Eyck. Ambas portezuelas pertenecían a un tríptico cuya tabla central se ha perdido.
obra
Esta tablita pintada por Hans Memling representa a San Juan acompañando a la Virgen y las santas mujeres, tras la crucifixión de Cristo. Las dimensiones de la obra nos indican que podría tratarse del ala lateral de un díptico. En el otro lado podría ir un retrato del donante, o una escena sagrada que se complementara con esta imagen, como por ejemplo el Descendimiento que también tenemos en la Capilla Real. Al igual que en el cuadro citado, Memling llena la superficie del panel con las efigies de las protagonistas, que permiten ver apenas el paisaje de fondo, en un horizonte muy subido, visto desde un punto de vista bastante bajo. Este punto de vista dota de un aspecto monumental a la figura de María, que viste tocas de monja, según era la costumbre del siglo XV para las mujeres viudas.
obra
En el río Jordán bautizaba san Juan Bautista a los creyentes en la nueva fe que él anunciaba. Los sacerdote y levitas fariseos enviados desde Jerusalén le preguntaron si era él el Mesias, respondiendo: "Yo soy la voz que clama en el desierto: enderezad el camino del Señor, como dijo el profeta Isaías" (Evangelio según San Juan, Cap. 1,23). Este es el momento que recoge Murillo en este cuadro que formaba parte de la serie para el refectorio del convento de San Leandro de Sevilla, junto a San Juan muestra a Jesús y el Bautismo de Cristo. El esquema compositivo empleado por el maestro es sencillo, presentando a los personajes frontales al espectador en disposición vertical, creando diferentes planos de profundidad. La composición se cierra con un paisaje con el río Jordán. En el cielo aparecen dos símbolos de evangelistas: el ángel de san Mateo y el león de san Marcos, rodeados por sendas cartelas en las que se leen textos de sus evangelios. Conviene destacar la elevada calidad que presenta Murillo a la hora de representar las actitudes, creando un singular momento de tensión, especialmente con el fariseo de primer plano, captado a contraluz, que se aviene a formular las preguntas al santo. La obra tiene como precedente un trabajo de Herrera el Viejo que hoy se guarda en el Museo de Rouen.
obra
El comentario de esta obra, unida a su pareja, los evangelistas Marcos y Pablo, podría llenar hojas enteras. A grandes rasgos ya hemos dado cuenta de su principal trascendencia en el cuadro citado antes. Sólo podemos añadir que los textos y el carácter admonitorio de la obra se deben a una exhortación que Durero realizaba a la municipalidad de Nüremberg por los graves disturbios con los campesinos que habían tenido lugar en 1525.
obra
La influencia de Leonardo será manifiesta en la etapa florentina de Rafael aunque también encontramos ejemplos posteriores como esta bella imagen de san Juan niño, posiblemente realizada para el cardenal Colonna, siendo posteriormente regalada al médico Jacopo da Carpi.La maestría con que se interpreta el juego de luces y sombras destaca la anatómica figura del santo, cuyo rostro indica la concentración y fuerza del Bautista. La composición se organiza con una acentuada diagonal que parece anticipar el Barroco, enlazando con las imágenes que casi un siglo después ejecutará Caravaggio. El estilo blando, dulce y elegante de Rafael, dotado de la suficiente idealización, está presente en esta imagen últimamente considera autógrafa por la crítica que siempre había apuntado a Giulio Romano como el creador del lienzo bajo la atenta dirección y el diseño del maestro.
obra
Los expertos piensan que esta obra podría haber formado parte de la decoración del altar que se levantó en la plaza de Santa María la Blanca con motivo de la reapertura de la iglesia en el año 1665. Sería propiedad de don Justino de Neve, el canónigo de la catedral sevillana promotor del encargo, y haría pareja con un Buen Pastor que hoy guarda la Colección Lane de Londres. San Juanito dirige su mirada hacia el espectador con una seductora sonrisa, abrazando al Cordero mientras señala al Cielo con un dedo de la mano izquierda. La figura se sitúa al aire libre, ante un fondo de paisaje donde abundan las nubes, creando un juego de luces y sombras que recuerda la etapa tenebrista -véase la Magdalena penitente-. El estudio anatómico de la figura infantil está realizado perfectamente, consiguiendo una sensacional volumetría al igual que en el Cordero. La delicadez y actitud del pequeño preludian el estilo del siglo XVIII.