El lienzo que nos ocupa pertenece a una serie monástica realizada para un convento de trinitarios, en la cual se relataban los principales hechos de los fundadores y monjes relevantes de la Orden. El tema refleja el momento en que a San Juan de Mata, trinitario fundador, recibe la oferta de ostentar el título de doctor, al cual rechaza por humildad. Más tarde, estando en oración, se le aparece la figura de San Pedro, quien le recomienda aceptarlo. Al final, San Juan acepta el honor y predica para todos sus adeptos. El lienzo es típico del Barroco de primera generación en España. Los golpes de luz llaman la atención del espectador sobre los episodios de la historia.
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Personaje
Religioso
Animado por seguir la carrera religiosa ingresó en Aix y luego prosiguió sus estudios en París. En la capital francesa logró su doctorado en Teología. Es en esta época cuando se ordena sacerdote. San Juan de la Mata pasó a la historia como el fundador de la orden de los Trinitarios, dedicada a la redención de los cautivos. Construyó la casa madre de la orden y se hizo cargo de todos los asuntos legales para su constitución. Cuando el Papa Inocencio III dio su visto bueno y aprobó la Orden, Juan de la Mata se trasladó primero a Marruecos para liberar cristianos que estaban presos y luego a Dalmacia. Durante el resto de su vida fue difundiendo su orden y recorriendo España y Francia para fundar conventos. En 1679 tuvo lugar su canonización.
lugar
En San Juan de Ortega el propio Santo fundó monasterio y hospital en el siglo XII. Se cuenta de su fundador que, tras una peregrinación a Jerusalén, ya de vuelta, debido a un fuerte temporal, suplicó la intercesión de San Nicolás, santo del que portaba una reliquia, quien lo salvó de tan duro trance. Debido a ello y en agradecimiento comenzó la construcción de una capilla dedicada al santo de Bari. En 1138, el Papa Inocencio II toma bajo su protección el conjunto monástico. Numerosos reyes, nobles, obispos y abades han financiado durante siglos este lugar de eminente sabor jacobeo. Alfonso VII -que tuvo actuaciones importantes dentro del trazado jacobeo, ya que en Burgos fundó también el hospital de El Emperador-, en 1142 dona las tierras reales de los Montes de Oca. Tras su muerte, ocurrida en 1163, el abandono se hace una realidad, tanto que, en 1431, Pablo de Santa María, obispo de Burgos, hace de ello donación a los Jerónimos, que lo confieren nueva vida y mayor actividad. La Reina Isabel la Católica visitó el lugar en 1477. Acudió por la fama que tenía el Santo como abogado contra la esterilidad. Tal era su fe que, una vez concedido el deseo, puso el nombre de Juan a su heredero, y en su momento, le pareció tan pobre la edificación que como agradecimiento hacia el Santo, amparó y financió la construcción de la capilla de San Nicolás. Una romería en honor del Santo se celebra el primer sábado del mes de junio, convocando en sus inmediaciones a numeroso público, que proviene en su mayoría de localidades, organizaciones e instituciones que forman parte de su cofradía. Acuden con sus pendones y cruces procesionales, confiriendo a la misma un acto multicolor pleno de fe y recogimiento.
Personaje
Religioso
Arquitecto
Religioso nacido en Quintanaortuño (Burgos), tras realizar una peregrinación a la ciudad santa de Jerusalén decidió dedicar sus días a ayudar y proteger a los peregrinos de la ruta jacobea. Así, sus primeros trabajos fueron la construcción de una iglesia y un hospital, labor a la que siguen otros trabajos realizados entre las localidades de Agés y Atapuerca. En colaboración con Santo Domingo construye varios puentes, en Nájera y Logroño. Muerto en el año 1163, fue enterrado en el templo que él mismo levantó.
obra
Éste es uno de los lienzos más hermosos de su autor, lleno de espontaneidad y simpatía. San Juan Bautista no es un arisco ermita o un mártir con la cabeza cortada, sino un encantador muchacho, de cabellos encrespados, que se apoya en un brocal para beber agua de la fuente. De hecho, quién podría decir que se trata de una imagen de devoción en vez de un retrato espontáneo de un niño del pueblo... Tan sólo hay dos indicaciones directas que nos desvelan la identidad del crío: la cruz hecha de cañas y la pelliza, ambos atributos que San Juan llevará durante su retiro de adulto al desierto. Pero además, el lector culto de la imagen puede encontrar otras sutiles indicaciones, como es la inocente pose del muchacho: el agua cristalina, la fuente, es símbolo del bautismo, que San Juan instauró al predicar la llegada del Mesías y la nueva era cristiana. Su gesto ansioso, con la boca abierta y separada hábilmente por una sombra del resto del rostro del muchacho, indica la necesidad del alma por beber de la nueva fuente de salvación. Sólo Caravaggio puede hacer que un tema como el Bautismo aparezca reflejado en el rostro y las manos sucias de un pilluelo italiano del siglo XVII.
obra
Se trata de la tabla central de un tríptico en la que se representa al evangelista en el momento en que tiene la visión del Apocalipsis. El paisaje que rodea al santo es aprovechado pos Burgkmair para incluir un rico y detallado muestrario ornitológico.
obra
Es una de las obras del período de madurez del Bosco, período en el que se aleja cada vez de las miríadas de monstruos y animales para dedicarse a hermosos paisajes abiertos al horizonte, mucho más cerca de la pintura, por ejemplo, de Joachim Patinir. Se trata de un cuadro místico, en el que el pintor parece haber querido captar la intensidad espiritual que inspiró a San Juan para escribir el Apocalipsis en la isla de Patmos. El santo aparece como un bello joven vestido con una túnica de delicados tonos rosados, delicadeza que se repite en el ángel que acompaña normalmente a este Evangelista, y en los colores verdes y azules del paisaje. En el cielo aparece la visión de la hermosa mujer con el niño, que no es sino la Virgen con Jesús. En el agua, un naufragio indica la confusión de los hombres. Y en el suelo, un pequeño demonio no consigue desviar la atención del joven de su tarea. Este demonio podría ser Tytillinus, que según las leyendas provocaba malos pensamientos en el clero durante los oficios religiosos.
obra
La fama de Velázquez en los años pasados en Sevilla iría en aumento a medida que se exhibían sus obras. Esto provocaría la creciente demanda de sus obras por parte de particulares e instituciones, llegando a adquirir el maestro dos casas para alquilarlas posteriormente. Buena prueba de estas solicitudes serían las dos obras realizadas posiblemente para la iglesia de los Carmelitas Calzados de Sevilla: este San Juan en Patmos y la Inmaculada Concepción. San Juan aparece mirando la visión de la parte superior en la que se representa a la Virgen; su atributo -el águila- está tras él, en la zona izquierda. El paisaje que contemplamos al fondo se reduce a un árbol, observándose a la perfección el claroscuro predominante en esta época, creado por una luz blanca que ilumina la escena de izquierda a derecha. Velázquez no va a idealizar al santo y presenta a una figura totalmente realista, de carne y hueso, con sus pómulos salientes, sus gruesos labios, su incipiente bigote y sus cejas largas e irregulares, llegándose a pensar que estaríamos ante un autorretrato, mientras que la Inmaculada sería un retrato de su esposa Juana Pacheco, conformando ambas imágenes un retrato nupcial. Los tonos empleados son frecuentes durante la etapa sevillana, animados por el azul de la túnica del santo. El detallismo de los libros y de los pliegues de la túnica, obtenido con una pincelada minuciosa, parece inspirado en la pintura flamenca, mientras que los juegos de luz, el realismo del personaje y los colores están tomados del Naturalismo tenebrista.
obra
Durero cuidaba en extremo la caligrafía de sus grabados, combinando caracteres latinos o góticos según las necesidades de la ocasión. En este frontispicio, la imagen que presenta el texto del Apocalipsis, Durero ha elegido una hermosa caligrafía, muy decorativa por su linealidad y sus florituras. Debajo de ella, perfectamente integrada en la composición, está la pequeña escena que nos muestra a San Juan en la isla de Patmos, donde escribió el Apocalipsis. San Juan está sentado con su tintero y su escritorio, con el águila que simboliza a este Evangelista al lado. Frente a él se ha iniciado la visión apocalíptica, con la mujer radiante de Sol y el niño en brazos, prefiguración de la Virgen. Durero por esa razón le ha colocado la corona de doce estrellas y la media luna debajo. Ambos, espectador y aparición, están rodeados por una guirnalda de nubes que los sostiene de manera fantástica, aislados.
obra
En la Albertina de Viena se conserva una serie de doce dibujos con los Apóstoles. Se han atribuido a Van Eyck, aunque se trata probablemente de copias directas de este autor. Constan de seis figuras sentadas y seis de pie. Cada uno de ellos se identifica por un atributo y por un letrerito en caracteres góticos que reza su nombre. Ante nosotros tenemos a San Juan Evangelista, autor del Apocalipsis.