Esta obra maestra de Poussin fue pintada para el Cardenal Richelieu hacia 1634. El poderoso ministro de Luis XIII había encargado a Poussin una serie de cuatro triunfos destinados a decorar su palacio Richelieu en el Poitou, compartiendo lugar con varios artistas italianos del Renacimiento, como Mantegna. Se conocen cuatro bacanales de tema terrestre, tres con seguridad, El triunfo de Pan, El triunfo de Baco y El triunfo de Sileno, y una bacanal de tema marino, El triunfo de Neptuno, también llamado El triunfo de Venus, que es la que nos ocupa y, según todos los indicios, fue la primera ejecutada. Estaba destinada a celebrar la reforma de la marina francesa realizada por el cardenal, quien ya lo había festejado en otras obras encargadas para su palacio. Reflejan un deseo manifiesto de Poussin de contrastar el dinamismo barroco de Pietro da Cortona, a la sazón triunfando en Roma, con una suerte de estatismo y orden en la composición, la cual es, a su vez, de notoria complejidad. Para ello, una la influencia del conocido Triunfo de Galatea de Rafael a su gusto por la reconstrucción arqueológica de la Antigüedad. En la escena, Anfitrite, reina del mar, o según otros autores Venus, se encuentra rodeada de un cortejo de amorcillos, ninfas marinas y tritones y acompañada por el dios Neptuno, a la izquierda. La composición, habitual en Poussin, se ordena en una serie curvilínea de escasa movilidad. El colorido, luminoso, que destaca el modelado de la serie de desnudos, nos remite a los autores del Renacimiento.
Busqueda de contenidos
obra
Procedente del convento de los Recoletos agustinianos de Alcalá de Henares, este lienzo entró en el Museo del Prado procedente del Museo de la Trinidad en 1836. Su autor era de origen portugués y se convirtió en uno de los principales exponentes de la Escuela barroca madrileña del siglo XVII. Ostenta la influencia de Carreño de Miranda y la pintura flamenca. El cuadro, de gran tamaño, muestra las características típicas del artista: un eje diagonal para ordenar las figuras, que hace resaltar el movimiento del santo, así como una escenografía teatral de arquitectura clásica que actúa como fondo en el cual tiene lugar la acción. Los sensuales colores recuerdan a Rubens, que influyó a Coello a través de las colecciones reales, así como a Veronés, especialmente en las tonalidades frías y plateadas. El cuadro es deudor de otro gran lienzo, de Herrera el Mozo, titulado Triunfo de San Hermenegildo, puesto que el esquema de ascensión helicoidal está prácticamente copiado. Las diferencias estriban en la disminución en importancia del coro de ángeles, sustituidos por una dinámica escena de lucha, en la cual el arcángel San Miguel se enfrenta con espada de fuego a la bestia demoníaca que espanta al santo.
obra
Era típico de la segunda generación del Barroco madrileño el triunfo o la apoteosis de santos que se resuelven en un Rompimiento de Gloria esplendoroso. Cuando Herrera el Mozo presentó este gran lienzo, se le reputó como una obra maestra de su tiempo. Esta opinión se ha mantenido invariable a lo largo de los siglos, pues es indudable la maestría del pintor a la hora de representar esta apoteosis del santo patrón del convento que lo encargó. Herrera muestra la figura del joven santo en plena ascensión, atrapado en una espiral irresistible que le arrebata de los suelos hasta llevarle al cielo. Rodeando su persona, un coro de ángeles repite en eco el esquema helicoidal que tanto dinamismo otorga a la escena. El colorido es brillante y luminoso, distribuido en pinceladas cada vez más líquidas que difuminan los cuerpecillos redondeados de los angelotes del segundo plano, en un magistral efecto de lejanía y veladuras. Es, en definitiva, uno de los mejores ejemplos del Barroco triunfal de la segunda mitad del siglo XVII.
obra
Corrado Giaquinto llegó a la corte en el momento en el que se terminaba el Palacio Real y la ocasión le brindó la oportunidad de sumarse a la empresa. Pintó en la escalera de honor La Religión y la Iglesia y España que les ofrece los dones de sus reinos; en el salón de columnas, El Nacimiento del Sol y el Templo de Baco y en la Capilla diversos temas. Amplió su producción a temas alegóricos, mitológicos, religiosos, etcétera. Sus temas mitológicos pueden aparentar algo superficial; sin embargo, el cultivo de un estilo rococó delicado no le aparta de un sentimiento profundo extraído tal vez de su origen formativo napolitano. En plena actividad, en 1762, solicita pasar "per qualche tempo a Napoli", dejando algunas de sus obras inacabadas. Este lienzo que contemplamos es un estudio para la bóveda de San Giovanni Calabita en el Hospital de Fate Bene Fratelli en Roma. En 1772 aparece documentado en la sacristía grande del Palacio Real de Madrid. En la composición se muestran algunos actos de caridad realizados por el santo, en la zona baja, mientras que en la zona superior se sitúa la coronación de san Juan de Dios por la Virgen, rodeados de ángeles y santos.
obra
En 1736 varios caballeros devotos elevaron al Ayuntamiento cordobés un memorial solicitando la construcción de un Triunfo a san Rafael en un espacio conocido como Corral de los Ahogados. El primer diseño fue encargado a un arquitecto de Roma pero el proyecto quedó olvidado hasta que en 1765 se retomaron las obras, encargándose de ellas el escultor Michel de Verdiguier. El conjunto está constituido por un zócalo de jaspe, simulando un monte horadado sobre el que se eleva un castillo con el escudo del obispo promotor de las obras, Martín de Barcia. A los pies del castillo se recuestan las figuras de san Acisclo y santa Victoria, los patronos de la ciudad, junto a santa Bárbara. De la torre del castillo se proyecta una columna de mármol y encima se ubica un cimacio que sirve de peana a la figura de san Rafael.