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Leonardo fue el encargado de pintar dos de las doce telas de batallas que decoraban el Salón de Reinos del Palacio del Buen Retiro de Madrid, batallas en las que se ponía de manifiesto la supremacía española en Europa durante los primeros años del reinado de Felipe IV. Maino, Zurbarán, Velázquez o Pereda serán otros de los maestros que también trabajen en el Salón, posiblemente uno de los encargos más importantes realizados en aquellos momentos. En al derecha de la composición se sitúa el duque de Feria a caballo, dirigiendo su mirada hacia el espectador y con el caballo encabritado, un símbolo del poder. Tras el comandante militar se sitúa la escolta de lanceros. En la izquierda de la escena encontramos un soldado que da informes a su general. El fondo se ocupa con la ciudad renana de Brisach, con el foso inundado y los defensores huyendo. En las afueras se ubica un fortín en llamas mientras las tropas españolas ocupan el campo. La acción se produjo en el año 1633, en el contexto de la Guerra de los Treinta Años.
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El general Alexander, jefe de las fuerzas aliadas, se percató de que la única manera de vencer el obstáculo de Cassino, superar la línea Gustav y abrir el camino a Roma era organizar una ofensiva a gran escala. Así, reagrupó a sus tropas para la operación Diadem, encomendando el desarrollo de las operaciones al VIII Ejército de Leese y al V de Clark. Enfrente, el X Ejército alemán de Vietinghoff contaba con la 1? División paracaidista y la 44 de granaderos en el área de Cassino, con el equivalente a 3 divisiones en el resto del frente. A las 23 horas del 11 mayo, 1.625 piezas de todos los calibres machacaron la línea de frente. Al alba, densas formaciones aéreas descargaron sus bombas. Poco después, comenzó un ataque simultáneo en todo el frente. El II Cuerpo polaco atacó la ciudad y el monasterio, el XIII Cuerpo británico avanzó frontalmente hacia el río Liri y el II norteamericano dirigió su ataque por la costa. En vanguardia, el Cuerpo francés era el encargado de abrir la brecha. A pesar del inmenso despliegue de medios, la ofensiva británica fracasó, el avance de los norteamericanos resultó más lento de lo esperado y los polacos hubieron de replegarse de las posiciones ganadas. Sólo las tropas marroquíes del Cuerpo francés lograron tomar Monte Maio y Ausonia. Con su flanco derecho desprotegido, las agotadas tropas alemanas hubieron de iniciar el repliegue, resguardándose en la fortificada línea Hitler. Tras 5 meses de combates y 50.000 muertos por ambas partes, el 17 de mayo las tropas polacas izaban su enseña en las ruinas de Montecassino. Deseoso de entrar en Roma, Clark dio órdenes a su V Ejército para avanzar a la vez hacia Valmontone, enlazando allí con ingleses y franceses, y hacia Cisterna di Latina. La línea Hitler cayó rápidamente y los alemanes se refugiaron en la línea Caesar, confiando en impedir la entrada aliada en Roma. Finalmente, las tropas del VI Ejército en Anzio iniciaron su ataque el 23 de mayo sobre el Ejército XIV de Mackensen. A pesar de la resistencia alemana, dos días más tarde lograban enlazar con los soldados del II Cuerpo de Keyes. La ofensiva aliada resultaba ya imparable. El 31 de mayo caía Valmontone y, con ella, toda la línea Caesar. 3 días más tarde Kesselring recibía autorización para abandonar Roma, declarada ciudad abierta para no ser convertida en escombros. El 4 de junio entraban en la Ciudad Eterna las primeras tropas norteamericanas. La guerra en Italia aun no había acabado, aunque para los aliados era ya un objetivo secundario.
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También decoró Borgoña la Capilla Mozárabe con un ciclo de frescos de carácter histórico y narrativo referentes a la Conquista de Orán por Cisneros.
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La reina madre de Francia, María de Medicis, encargó a Rubens en 1622 dos series de lienzos para decorar el Palacio de Luxemburgo de París. Una de ellas era para resaltar las glorias de la regencia de María, realizándose completamente, mientras que la otra, dedicada a exaltar el reinado del fallecido Enrique IV de Francia, quedó sólo como un proyecto ya que la reina madre fue enviada al exilio por segunda vez en febrero de 1631 por su hijo, Luis XIII. Cuando el proyecto se interrumpió, Rubens había pintado parcialmente seis lienzos y varios bocetos, entre ellos la Toma de París, escena que conmemora la entrada del monarca en la capital francesa en marzo de 1594.En la izquierda de la composición se sitúa Enrique IV, coronado de laurel -como símbolo de la victoria- y portando en la mano derecha el cetro de mando. Recibe de manos de una mujer, como símbolo de París, las llaves de la ciudad. Dos niños y dos mujeres que simbolizan la Devoción y el Agradecimiento, se postran ante el monarca triunfante. A los pies de uno de los soldados encontramos una figura caída, con una antorcha en la mano y una serpiente enrollada en sus brazos, identificada como la Furia o la Discordia. En el puente se sitúan varios personajes que anuncian la victoria del rey, tocando trompetas y enarbolando banderas, al tiempo que otras figuras lanzan prisioneros al Sena. De esta manera, Rubens recoge un episodio narrado en las crónicas del momento.Al igual que en su compañero, el Triunfo de Enrique IV, el pintor flamenco ha tomado como referencia la Antigüedad clásica a la que era tan aficionado, apareciendo también ecos de la serie realizada para la infanta Isabel Clara Eugenia. La composición presenta las adecuadas dosis de barroquismo que caracterizan la pintura del maestro flamenco, especialmente su afición hacia el movimiento a través de figuras escorzadas, estructuras creadas gracias a diagonales y efectos dramáticos, como si de una obra de teatro se tratara.