Busqueda de contenidos

video
Con más de dos mil años de historia, Toledo es un auténtico crisol en el que se funden diversas culturas, conviviendo todas las épocas para configurar una pequeña pero variada muestra de la historia peninsular. Importante villa romana; capital del reino visigodo; centro cultural de primera fila durante la Edad Media; capital imperial con Carlos V; capital de la Iglesia española; lugar de residencia e inspiración para el Greco; todos estos momentos históricos han forjado las peculiaridades de la ciudad y han hecho de ella un conjunto monumental de incalculable valor. No en balde, el casco histórico de Toledo fue declarado Ciudad Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1987. La Ciudad de las Tres Culturas nos abre sus puertas para realizar un emotivo viaje en el tiempo.
contexto
En el siglo XVI Toledo aún mantiene el título de Ciudad Imperial concedido siglos atrás por los reyes castellanos. Sus cronistas retoman tal circunstancia y los momentos más gloriosos de su pasado a lo largo de la centuria; así lo hacen Pedro de Alcocer en 1554, Luis Hurtado de Toledo en 1576 y Francisco de Pisa en 1605. Todos ellos dan cuenta de su fundación clásica, a cargo de los griegos -del mismo Hércules según Pisa- y su posterior ennoblecimiento por los romanos, llegando entonces los toledanos a convertirse en iguales de aquéllos por su lengua y sus costumbres. En tiempos del emperador Constantino consiguió el título de Iglesia primada de España y sus habitantes el de ciudadanos del Imperio romano. Los visigodos ennoblecieron de nuevo la ciudad, convirtiéndola en centro de la monarquía. El hecho de que los reyes asturianos y leoneses se consideraran herederos y guardianes del orden gótico hizo que, tras la conquista a los musulmanes, Toledo fuese de nuevo dignificada, esta vez por Alfonso VI, concediéndosele entonces el título de Ciudad Imperial, sancionado más tarde por Alfonso VII. Así pues, en la Edad Media Toledo destacaba como cabeza política, religiosa y cultural del reino. Cuando la idea del Imperio reaparezca en España con Carlos V, la ciudad sacará a relucir su pasado mítico e imperial en un intento de ganar el favor del monarca y mantener su estatus de ciudad principal. Se formula entonces respecto a ella uno de los tópicos más reiterados del siglo: Toledo como Nueva Roma, basándolo en las relaciones existentes entre ambas ciudades, tanto religiosas como topográficas o históricas. Sin embargo, no todos los aspectos ciudadanos resultaban tan a propósito para la identificación de Toledo con la ciudad ideal, antigua y renovada, acorde con los nuevos presupuestos humanistas, que pretendían sus moradores. Lo cierto es que, urbanísticamente, la importancia musulmana era la dominante, por ello se iniciaron reformas para conseguir plazas regulares y de mayor tamaño, así como para ensanchar y regularizar las vías existentes. Tales esfuerzos se vieron recompensados al convertirse en la primera ciudad española en la que tuvo expresión el Renacimiento arquitectónico a partir del plateresco, dando como fruto unas construcciones verdaderamente a la antigua. Ello no supone que el título de Ciudad Imperial determinase un tipo de arquitectura propio y diferenciador, sino que se adoptó el lenguaje más moderno del momento, la arquitectura renacentista. Sin embargo, hay que tener en cuenta que las dos primeras obras construidas en Toledo según el nuevo estilo, hacia 1540, fueron el Hospital encargado por el cardenal Tavera, el más cercano a Carlos V, y el Alcázar Real, el nuevo palacio construido por orden del Emperador. El monarca sí se había decantado hacia la arquitectura renaciente en sus obras granadinas, su palacio en la Alhambra y su panteón catedralicio. Si en sentido estricto no puede considerarse que existiera un estilo imperial toledano, no es menos cierto que la arquitectura de la ciudad mantuvo, a lo largo de la centuria y en el principio de la siguiente, ciertas características que impregnaron la obra de los arquitectos, haciendo que el mismo Juan de Herrera adoptase en sus intervenciones elementos casi abandonados en el resto de su producción, como el aparejo rústico, o que el gusto por lo ornamental, ya abandonado en el resto de España en los años setenta, aún permaneciera en los proyectos de Diego de Velasco de Avila, la columna exenta en los de Diego de Alcántara y las superficies vivas por la policromía de las piedras embutidas en las de Juan Bautista Monegro.
contexto
Una vez terminada la Reconquista en 1492, Toledo perdió parte de la importancia que había tenido durante la etapa medieval debido, en parte, a la expulsión también de los judíos, decretada por los Reyes Católicos. Fue una de las primeras ciudades que inició la Guerra de las Comunidades; comuneros como Lasso de Vega y Padilla son algunos de los que ofrecieron una mayor resistencia. El levantamiento comunero vino provocado cuando Carlos I convocó las Cortes de Santiago (1520) con muy poco tiempo, ya que debía viajar a Alemania. Esto obligó a los delegados a aceptar enormes incrementos en los impuestos castellanos, provocando el estallido de los comuneros en Toledo y extendiéndose la revuelta rápidamente de ciudad en ciudad. Los motivos fundamentales del levantamiento eran la usurpación de cargos, el aumento de los impuestos y el resentimiento entre las comunidades ante las continuas ausencias del Emperador. Finalmente los comuneros fueron derrotados y Toledo tomada (1522), momento en que Carlos V trasladó la capital allí. Fue éste un corto periodo de esplendor, gracias al auge de la industria textil y al inicio de las obras de construcción del Alcázar. Esta etapa de auge se vio frenada cuando Felipe II trasladó la capital a Madrid (1563), provocando la ruina de la industria textil y marcando el inicio de la decadencia de la urbe. A partir del siglo XVII pasó de ser una ciudad palaciega a conventual, proliferando las órdenes y congregaciones religiosas que, en la mayor parte de los casos, estaban financiadas por la monarquía y la nobleza, generalmente para ingresar a hijos no primogénitos, que allí podían contar con una educación y un futuro. Los palacios fueron transformados en conventos de estilo renacentista y barroco. Muchos de ellos, sin embargo, fueron parcial o totalmente destruidos durante la Guerra de Independencia (1808-1814) y otros se vieron afectados por las desamortizaciones del siglo XIX. A pesar de ello, la ciudad todavía conserva actualmente gran cantidad, renovándose aquellos que se encontraban en mal estado.
Personaje Científico Religioso
De formación religiosa, ingresó en la orden de los jesuitas y fue cardenal de la Iglesia católica. Impartió clases de filosofía y teología en el Colegio Romano. De su legado literario cabe citar: "Introductio in dialecticam Aristolelis" y "Comnentaria cum quaestionibus in universam Aristotelis logicam". En ambas obras su pensamiento se apoya en las bases aristotélicas. En sus libros introduce comentarios de los textos que expone y también plantea discusiones sobre algunos temas. En materia teológica dejó "Enarratio in Summan tehologiae divi Thomae", escrita en cuatro volúmenes publicados en el siglo XIX.
Personaje Político
Miembro de una familia hidalga, siguió la carrera militar y en 1568 será nombrado virrey de Perú, ocupando el cargo durante algo más de cinco años. Para conocer de primera mano los problemas de la región realizó una visita que duró dos años, promulgando a su regreso a Lima las "Ordenanzas" que regulan la administración. Dictó diversas medidas contra los encomenderos y realizó la reducción de los indios a pueblos, lo que implicó la desestructuración de comunidades indígenas. Instituyó el sistema de la mita en Potosí y ejecutó al inca Tupac Amaru al negarse a salir de Vilcabamba (1572). Al poco tiempo regresó a España para fallecer.
Personaje Arquitecto
Apenas se tienen datos relativos a los primeros años de su vida. Parece ser que su educación artística discurre en Italia, donde se adentra en los principios del humanismo. En Roma colaboró con Miguel Angel en los trazados de los planos correspondientes a la basílica de San Pedro. En los primeros años de la década de los cincuenta se traslada a Nápoles al servicio del virrey, donde coincide con Pedro de Toledo. Tras esta experiencia regresa a su país natal y se instala en Madrid. Allí interviene en las construcciones reales de San Jerónimo, el Alcázar y Aranjuez. En esta misma localidad se encarga además de mejorar el trazado urbano. Se piensa que Juan Bautista de Toledo fue el autor de los planos correspondientes a la Casa de las siete Chimeneas, que luego ejecutó Juan de Herrera. De sus creaciones hay que destacar el convento de las Descalzas Reales. También realizó los planos iniciales del Monasterio de El Escorial, cuya ejecución comienza en 1563 y en la que interviene Juan de Herrera. Otra de sus creaciones más significativas fueron el patio de los Reyes y los claustros menores.
museo
Al principio el museo no tenía colecciones propias y fueron pedidas prestadas algunas obras de exposiciones anteriores. Así, en los 25 primeros años de existencia la política de compra fue fuerte y se adquirieron muchas obras por parte del matrimonio Libbey, que reunió una importante colección particular con obras de las primeras décadas del siglo con autores como Rembrandt, Turner, Constable o Holbein. Esta colección pasó al museo a la muerte del señor Libbey, además de una aportación económica anual que incluía una particular cláusula: destinar por lo menos el 50% a la adquisición de fondos y el resto a gastos del propio museo si fuera necesario. La señora Libbey, por su parte, siguió adquiriendo fondos que más tarde donaría al museo como era el caso de obras de Zurbarán o el Retrato de Antonin Proust de Manet. A su muerte procedió como anteriormente había hecho su marido. El primer catálogo que se realizó fue el que comprendía los años 1926 al 1939 (fechas que abarcan la incorporación de las importantes donaciones por partes de los Libbey) y que mostraba dos marcados caminos por el Renacimiento italiano y el Impresionismo francés. Estas obras fueron adquiridas gracias al razonable precio que poseían las obras en el momento de la compra como por ejemplo un tondo de Piero di Cosimo, obras de Bellini, pinturas de Van Gogh, Gauguin, Monet, Renoir y otros grandes autores. Durante los años 1926 y 1933 el museo se centró en la adquisición de obras europeas y americanas entre las que se incluía la Escuela holandesa del s. XVII y s. XIX. La institución estuvo atenta y tras la II Guerra Mundial, cuando los europeos no podían centrarse en la obtención de obras de arte, compraron fondos a un excelente precio de mercado como, por ejemplo en 1946, "La agonía en el Jardín" del Greco. Así, los fondos fueron triplicados a lo largo de 30 años. Pero el museo no descuidó otros aspectos artísticos no menos importantes como son algunas esculturas, trabajos en metal, muebles y cerámicas así como diversos objetos de colección y pinturas americanas obtenidas en la época de postguerra. Llegados a este momento vemos cómo los fondos poseen un rico tesoro de pinturas europeas, en especial holandesa y flamenca del s. XVII. No ocurre lo mismo con obras francesas, ya que de los s. XVII y XVIII sólo tiene un cuadro; por eso, en los últimos años las compras se han centrado en subsanar estas deficiencias, adquiriendo obras tan singulares del Renacimiento italiano como por ejemplo de Signorelli, pinturas flamencas (Morrison Triptych), tres tablas del genial Gerard David, así como importantes obras impresionistas y postimpresionistas francesas y algunas obras inglesas del s. XVIII.
Personaje Religioso
Es el fundador de la Escuela de Traductores de Toledo. Allí, estableció su palacio episcopal y convirtió este centro en un punto de encuentro entre la filosofía árabe, hebrea y el aristotelismo arabizante. Contó con la colaboración de traductores de la talla de Gundisalvo, Gerardo de Cremona y Miguel Scoto, entre otros. Esta escuela se convirtió en una de las más prestigiosas de Europa. La labor de difusión filosófica aquí iniciada fue continuada por Alfonso X el Sabio.
contexto
Recién vuelto de México, el cardenal D. Francisco Antonio Lorenzana, arzobispo de Toledo (1772-1804), nombró a Ventura Rodríguez Maestro Mayor de la Catedral (1772) y promovió la reforma de su fachada principal, cuyos proyectos presentó el arquitecto en 1773, siendo rechazados por el Cabildo. Era un pórtico o pronaos extendido entre la torre y la capilla mozárabe, con un frontis exástilo de columnas con fustes estriados y capitel compuesto, sobre altos pedestales; presentaba a los lados un intercolumnio alineado con la torre y en él centró un saliente tetrástilo de columnas dobladas. El entablamento y ático con esculturas se adaptaba a la planta, fusionándose con un templete de pilastras, frontón recto y candeleros, que integraba sin alterarlo el rosetón gótico. Por si quedara duda de cuáles seguían siendo sus postulados estéticos, en la memoria explicativa Rodríguez recurrió a ejemplos de basílicas romanas, renovadas con pórticos barrocos como San Juan de Letrán (A. Galilei), Santa María la Mayor (F. Fuga) y Santa Cruz de Jerusalén (D. Gregorini), detectándose también rasgos palladianos en la columnata y herrerianos en el escalonamiento de los dos niveles, como ya había ideado en El Burgo de Osma. El mensaje era claro: si los cardenales romanos habían renovado sus basílicas con pórticos, la Catedral Primada podía hacer lo mismo, aunque de hecho los canónigos rechazaron la idea. El orden corintio era el adecuado a la Virgen, titular de la Catedral, siendo Rodríguez coherente con el uso modal clásico-barroco, como volvería a poner de manifiesto en el Patio del Colegio de Doncellas Nobles (1775), con doble galería superpuesta de corintio y compuesto, o en la Capilla del Palacio Arzobispal (hacia 1776), que junto a la reforma del Alcázar para hospicio (1773) y los retablos de la Capilla de Reyes Nuevos (hacia 1775), cuya estructura es idéntica a la de los cuerpos laterales de S. Maria della Pace de P. da Cortona y de San Ildefonso (1777), fueron las obras más importantes ejecutadas en Toledo.