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obra
Al año de su llegada a la ciudad de Sevilla, el Cabildo catedralicio encarga a Mateo Pérez de Alesio una pintura mural ubicada junto a la puerta de san Miguel. En ella se representa a un gigantesco san Cristóbal, trazado con un firme dibujo con el que consigue la monumentalidad de la figura, contrastando con la fragilidad del Niño que sostiene en su hombro izquierdo. Las tonalidades rosáceas de la túnica del santo indican la formación manierista del pintor italiano, de paso por la ciudad de Sevilla en dirección a América.
obra
En los años iniciales de la década de 1520 Tiziano se libera de la influencia de Giorgione y se acerca al arte centroitaliano, apareciendo elementos tomados de Miguel Angel, Leonardo o Rafael. La influencia de estos maestros se puede apreciar en este San Cristóbal que pintó para el Palacio Ducal, encargado por Andrea Gritti posiblemente poco después de ser elegido Dux en mayo de 1523. La gran figura del santo llevando al Niño en sus espaldas está tomada de la escultura de Miguel Angel y del Laoconte, la escultura helenística descubierta en 1506. Es una figura en la que se manifiestan los escorzos y la volumetría del santo, cuya amplia estructura contrasta con la pequeñez del Niño. La vara sirve para acentuar la diagonal, reforzada con la mirada del santo. Al fondo podemos contemplar una vista de Venecia con el campanille y la catedral de San Marcos al fondo, mientras que a la derecha se aprecian algunas montañas que hacen referencia a las posesiones venecianas en tierra firme. Las tonalidades son brillantes a pesar la técnica al fresco empleada. Luz y color serán los elementos identificativos del maestro veneciano.
Personaje
obra
Tras el éxito obtenido por Rubens con el tríptico de la Erección de la Cruz, la Cofradía de los Arcabuceros -de la que formaba parte Nicolas Rockox- encargó al maestro un tríptico para su capilla en la catedral de Amberes. El tema elegido era el Descendimiento de la Cruz.En las alas exteriores Rubens pintó a San Cristóbal llevando al Niño Jesús en la tabla de la izquierda y al Ermitaño en la derecha. La razón de la inclusión de la figura del santo la debemos a que el gremio de Arcabuceros estaba bajo la protección de san Cristóbal. La figura del santo está inspirado en las esculturas clásicas -concretamente el Hércules Farnesio- y en las figuras de Miguel Angel con poderosa anatomía, mientras que el Ermitaño tiene como punto de partida una pintura de Adam Elsheimer que hoy conserva el Hermitage de San Petersburgo. Los contrastes de luces y sombras están inspirados en la escuela de Caravaggio. El estilo personal de Rubens invade toda la composición, a pesar de los préstamos estilísticos a los que recurre a lo largo de toda su carrera.
lugar
Los testimonios de poblamiento más antiguos encontrados en la zona de Sant Cugat del Vallès corresponden al periodo final del Eneolítico, entre los años 2000 y 1500 a.C. También han quedado restos arqueológicos de la Edad de Bronce y del periodo ibérico. En época romana el lugar gozó de cierta importancia, al situarse en las cercanías de la Via Augusta, construyéndose una fortaleza -llamada "Castrum Octavianum"- en el lugar que después se alzó el monasterio, fortaleza que servía de protección a las villas que se extendían por la zona. Será en este lugar donde fue martirizado Cucuphas, un africano que llegó a Barcino para predicar la fe cristiana. De esta manera, este sitio se convirtió en lugar de peregrinación, al conservarse en una pequeña iglesia las reliquias del santo. Posiblemente en el siglo VII ya existía una primera comunidad monástica. Los ataques musulmanes destruyeron la iglesia y los conquistadores establecieron guarniciones militares hasta la llegada de los francos en el siglo IX. El antiguo cenobio dedicado a Sant Cugat será reconstruido en los primeros años de esa centuria, quedando bajo el dominio del obispo de Barcelona. La región será repoblada con las gentes procedentes de la montaña, extendiendo el monasterio sus dominios hasta las tierras del Penedès y el Bages. Tras la destrucción de la abadía en el año 985, víctima de una razzia de Almanzor, el abad Odón reconstruye el cenobio y consigue independizarse del obispo de la Ciudad Condal, lo que provoca el aumento de sus dominios. El monasterio se convertirá en uno de los centros de poder y cultura más importantes de Cataluña, con un buen número de siervos a su cargo. En el siglo XIII se produce una la ampliación de la abadía que permite la construcción del claustro y de la iglesia. Será en estas fechas cuando podemos hablar de un núcleo permanente de población en Sant Cugat, tomando como centro la parroquia de Sant Pere de Octavia y siguiendo el camino que se dirigía al monasterio, la actual calle Mayor. Pasada la crisis de la Baja Edad Media, en el siglo XVI la villa de Sant Cugat recupera cierto dinamismo económico, por lo que se amplía el núcleo urbano y aparecen nuevos barrios. Durante la Guerra de Sucesión, en la abadía se instalarán las tropas españolas, resultando afectada su estructura arquitectónica. La prosperidad que vive España en el siglo XVIII también llega a Sant Cugat, duplicando la población en esta centuria y creándose una incipiente industria textil. Durante la Guerra de Independencia el cenobio y el pueblo serán saqueados por las tropas francesas, librándose en Sant Cugat una importante batalla en octubre de 1808 que fue vencida por los resistentes. Con la Desamortización de Mendizabal, en julio de 1835 el monasterio fue saqueado y los monjes obligados a huir. Posteriormente el edificio se destina a uso municipal y la iglesia se convierte en parroquia. Durante el siglo XIX, San Cugat vive un intenso periodo de transformaciones, vinculadas a la especialización agrícola que trae consigo el cultivo de la viña. La villa pasa de 800 a 2550 habitantes en apenas cincuenta años y la prosperidad económica permite el aumento de la construcción de infraestructuras. Pero la legada de la plaga de la filoxera en 1887 provocará una graves crisis económica que afectará a todo el municipio. Sin embargo, no todo serán malas noticias en estas fechas. La construcción de la carretera entre Barcelona y Manresa permitirá a la población llevar sus productos a los mercados de la Ciudad Condal, al tiempo que los barceloneses descubrirán San Cugat como lugar de vacaciones. En 1917 llegará el tren, un hecho histórico, incrementándose las urbanizaciones para veraneantes. Curiosamente, en Sant Cugat se construirá el primer campo de golf de Cataluña. Durante la II República, Sant Cugat tendrá una intensa actividad política, una gran vida asociativa y un peso importante del catalanismo. En la Guerra Civil se producen significativos episodios como la instalación del primer campamento de instrucción en Cataluña o el cambio del nombre del municipio -pasará a denominarse Pins del Vallès-. Muchos ciudadanos de la capital llegaron al pueblo huyendo de los bombardeos y en octubre de 1938 Juan Negrín celebrará en el monasterio la última reunión de Cortes del Gobierno republicano. En enero de 1939 el ejército franquista entrará en Sant Cugat camino de Barcelona. Los años de la postguerra serán duros en Sant Cugat, igual que en el resto de España. Se vive una etapa de persecución política y control administrativo, castellanizándose la vida municipal. En 1958 la ciudad se divide en cuatro distritos. En la década de los 60 se produce en la zona una intensa inversión extranjera que lleva consigo un amplio proceso de industrialización -textil y metalúrgica-, con la consiguiente llegada de población inmigrante. La construcción de la A-7 permitirá la implantación de empresas de servicios. En los últimos años del franquismo, Sant Cugat tendrá una intensa vida política y sindical que continuará durante la Transición. La villa adquiere la categoría de ciudad en 1977 y dos años después elige a su primer alcalde democrático. En la actualidad, Sant Cugat es una ciudad con una fuerte implantación del sector terciario, una ciudad que busca no perder su propia identidad potenciando las tradiciones locales y la participación de sus vecinos a través de los consejos de distrito.
obra
San Damián aparece aquí como la efigie de un noble aristócrata que hubiera encargado su retrato a un gran pintor italiano. El formato central y la pose de la figura nos recuerda aquellos retratos de Venecia, Roma o Florencia, con los personajes importantes del momento: nobles, intelectuales, artistas... típicos del Cincuecento.Yáñez de la Almedina fue un pintor español que introdujo prontamente los usos del Renacimiento. En esta obra deja ver la influencia de Tiziano y Leonardo. El santo posa elegantemente, con ricas telas adornadas con pieles de la mejor calidad, perfectamente plasmadas en su aspecto material. Se toca con un gorrito italiano y viste a la última moda. Tanto su piel como sus vestidos están realizados en una densa gama cálida, que contrasta con el fondo de paisaje. Éste, muy lejano, sigue la teoría de la perspectiva aérea de Leonardo y se torna de un brumoso color azul pálido, que aureola la figura del santo, quien no lleva nimbo o atributo alguno de su santidad.
Personaje Religioso
San David fue primado de Gales, cargo desde el que fundó numerosos monasterios en tierras galesas. Consiguió reunir una fabulosa biblioteca que sería destruida por los vikingos. La leyenda cuenta que fue hasta Jerusalén para ser consagrado en la ciudad santa.