Natural de Gartan, san Columba era un hombre temperamental y apasionado, de amplia cultura y exquisito orador. Abandonó su tierra irlandesa para establecerse en la isla de Iona donde fundó una escuela para misioneros. De regreso a Irlanda en el año 574, estableció iglesias y monasterios en su tierra, siendo enterrado en la isla de Iona. Es considerado uno de los más importantes líderes de la Iglesia irlandesa junto a san Columbano.
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Personaje
Religioso
Natural de Leinster, san Columbano se dedicó desde pronto a la predicación por tierras de Francia, Suiza e Italia, estableciendo en este país un monasterio al tiempo que fundaba una escuela en Borgoña. Una de sus facetas más destacadas será la contundente defensa que realizó a favor de la independencia de la Iglesia celta, acusando de corrupción al duque de Borgoña. También destacaría como comentarista bíblico.
Personaje
Religioso
San Cornelio fue nombrado obispo de Roma y desde su influyente cargo colaboró con Cipriano de Cartago en la lucha contra las ideas de Noviciano. No pudo evitar las persecuciones y en una de ellas murió como mártir.
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Acogiendo la lección de Caravaggio y reinterpretando el contraste luz-sombra de modo personal, más para revitalizar sus casi estatuarias formas que para descubrir la realidad, el pintor napolitano dio una gran solemnidad a la narración figurativa del episodio evangélico por medio del firme modelado de las figuras, dibujadas con trazo enérgico, incisivo y nítido.
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Asentado definitivamente en Valladolid, donde fabricó una gran casa en lo más céntrico de la ciudad, Berruguete realizó un gran número de encargos tanto de escultura como de pintura, entre los que destacan los retablos del monasterio jerónimo de La Mejorada de Olmedo, del convento de San Benito de Valladolid y del Colegio de los Irlandeses de Salamanca, contratados en 1525, 1526 y 1529, respectivamente. En los dos primeros, cuyas tallas se conservan en el Museo Nacional de Escultura de Valladolid, Berruguete dio muestras de unas preocupaciones formales que, enlazando con la estética expresiva del último gótico y en continuidad con los planteamientos emocionales de Juan de Valmaseda, orientan su producción hacia unas fórmulas licenciosas, radicalmente manieristas, que hizo afirmar a los tasadores del retablo de San Benito que se trataba de una obra "muy falta y muy defectuosa". No es nada extraño, pues desde el punto de vista clasicista sus esculturas adoptan unas proporciones muy particulares, en algunos casos desajustadas, en beneficio de los efectos dramáticos, orientados a conmover al espectador en una opción netamente manierista como bien podemos observa en este San Cristóbal, retorciendo las figuras para dar la impresión de estar sometidas a una terrible angustia interna. El Sacrificio de Isaac es su compañero.
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En la escena principal de este retablo, procedente de algún monasterio benedictino de La Rioja, se representa a san Cristóbal, llevando a Cristo sobre sus hombros - de donde procede su nombre, portador de Cristo- en el momento de cruzar un río, ya que los pies del santo están sobre una ingenua representación del agua, de color blanco y azul en la que encontramos diversos peces. Separadas por cenefas decoradas, se muestran escenas en los laterales y en la parte superior de la principal. Arriba, en la cúspide trapezoidal, se sitúa la Crucifixión, por desgracia algo deteriorada, acompañada de dos ángeles turiferarios. En la zona de la derecha hallamos dos episodios de la vida de San Blas: en primer lugar bendice a los niños (no olvidemos que su bendición curó a un niño de morir ahogado, por lo que es el patrón de la garganta) y después es martirizado, muriendo degollado. La tercera escena de esta zona tiene a san Millán como protagonista, en el momento de exorcizar a un grupo de endemoniados de cuyas cabezas salen diablillos. La calle de la izquierda está protagonizada por san Pedro; en primer lugar observamos el milagro de la pesca en el lago Tiberiades; en el centro se representa la predicación del santo y en la zona baja observamos su crucifixión, al revés para no parecerse a Cristo, tal y como él solicitó. El marco de castillos y leones hace pensar en un donativo regio. El autor del retablo desconoce la perspectiva, variando el tamaño de los personajes en función de su importancia. El colorido es potente, a pesar de no existir gradaciones, delimitando los contornos con fuertes líneas de color negro. La influencia de las miniaturas y las vidrieras a la hora de organizar las escenas resulta significativa. El retablo llegó al Prado en 1969 gracias a la donación de don José Luis Várez Fisa.
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En esta tabla, Konrad Witz representa al santo gigante, tratando de atravesar con dificultades el río, llevando a lomos a un niño. Como en todas las obras de Witz, la figura está dotada de una gran corporeidad que seguramente esté en relación con el conocimiento que tenía el artista sobre la escultura borgoñona.
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El autor de este lienzo, Orazio Borgianni, era representante del Barroco italiano, aunque a principios del siglo XVII trabajó en España, donde es probable que llevara a cabo el San Cristóbal que ahora podemos ver. El tema del santo es presentado por el pintor de una manera grandiosa. San Cristóbal fue bautizado con este nombre por el Niño Jesús, que se le apareció de incógnito en la ribera de un río turbulento, pidiéndole que le ayudar a cruzar. El santo era de estatura gigantesca y lo transportó sobre sus hombros, de ahí su nombre, el "portador de Cristo". Borgianni nos da la imagen de un hombre muy similar a un gigante que con un paso de sus poderosas piernas vadea sin problema el río, apoyado en una palmera que usa como bastón. En una roca a la izquierda del santo encontramos la firma del artista en latín, la fórmula culta que se empleaba en estos casos: Oratius Borganus Romanus, puesto que procedía de Roma.
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El San Cristóbal del Museo del Prado es una obra especialmente significativa para conocer el proceso evolutivo de la pintura de Ribera, al abandonar el Tenebrismo más dramático y tomar un estilo más luminoso y colorista inspirado en la Escuela veneciana y en el Barroco flamenco de Van Dyck. La figura del santo - de gran rudeza y realismo - contrasta con la del Niño - pequeña y delicada, con una buena dosis de idealización -. La luz apenas crea bruscos contrastes, aunque existan zonas de sombra como el brazo o el cuello del santo. El hecho de colocar a San Cristóbal en primer plano contribuye a agrandar su figura. El realismo de las arrugas de la frente o del contorno de los ojos, las manos o los brazos, hacen de la figura del santo una de las imágenes más realistas y bellas de las pintadas por el maestro.
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Ante las dudosas interpretaciones a las que se prestan normalmente las pinturas de El Bosco, en este caso el sentido parece evidente: un hombre gigantesco con un niño a su espalda no puede ser sino San Cristóbal, cuyo nombre significa "portador de Cristo". La historia de San Cristóbal procede de la Leyenda Dorada y de diversas historias populares alemanas. Toda su historia está reflejada en el paisaje: San Cristóbal era un soldado, mercenario, que entró al servicio del señor más poderoso que encontró, es decir, el demonio. Este demonio era el dragón que se encuentra en el castillo, al fondo a la izquierda. Sin embargo, un ermitaño que encontró a la orilla de un río le informó de que el señor más poderoso que existía era Dios. El soldado, incrédulo, encontró a un niño que le pidió que le pasara el río a hombros. Cristóbal, riendo, tomó al niño para cruzarlo, pero su peso era como el plomo y reconoció que aquél era Jesús, poderoso aunque de aspecto débil. El peso de Jesús se interpreta habitualmente como el peso del mundo y sus tentaciones sobre el ánimo de los cristianos. Cristóbal abandonó al dragón, que aparece persiguiendo a un hombre desnudo. También abandonó los placeres del hombre de armas, como es la caza, lo que podemos reconocer en el cazador que tras abatir a un oso con sus flechas lo ahorca. El ermitaño que aconsejó a Cristóbal está, efectivamente, en la orilla. Sobre él, una jarra y una colmena, símbolo de la vida del eremita pero también de las tentaciones de lascivia. Por último, el pescado colgando del bastón de Cristóbal es el símbolo de la cuaresma y la conversión.