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obra
En 1645 Murillo recibe su primer encargo importante. Se trata de una serie de grandes lienzos destinada al claustro chico del convento de San Francisco en Sevilla. Once de los trece lienzos que constituían el encargo narraban temas de exaltación cristiana o caridad en la vida de diferentes frailes de la Orden como este cuadro que contemplamos. San Diego de Alcalá era un humilde hermano lego procedente de Sevilla que vivió en el convento franciscano de Alcalá de Henares durante la primera mitad del siglo XV, hasta su muerte en 1463, siendo canonizado en 1589.Murillo nos muestra al santo en el momento de ofrecer una plegaria de acción de gracias antes de servir a los pobres la comida que tiene en una olla. El protagonista aparece arrodillado, en la zona izquierda de la composición, acompañado de un niño de espaldas en la misma postura. Las demás figuras aparecen en diferentes posturas, ordenándose en planos paralelos y captando diferentes actitudes que parecen tomadas del natural, en sintonía con los mendigos de Velázquez. La influencia de Zurbarán y Herrera el Viejo se manifiesta en la pincelada espesa y lisa, la iluminación tenebrista empleada, el evidente naturalismo que define la escena o los colores terrosos empleados, sin eludir los pliegues del hábito del monje. La Cocina de los ángeles es uno de sus compañeros de la serie.
Personaje Religioso Político
Profesor en Oxford, alcanzó el arzobispado de Canterbury en 1234. Predicó en Inglaterra la Sexta Cruzada y se enfrentó a Enrique III. Pasó el final de sus días en la abadía francesa de Pontogny. Fue canonizado en 1249 y su fiesta se celebra el 16 de noviembre.
obra
Este lienzo fue pintado para el altar mayor de la iglesia de San Eleuterio en Vicenza. Los especialistas consideran que existiría una importante colaboración de Francesco Bassano, especialmente en la zona del cielo, entre cuyas nubes aparece Cristo, sosteniendo en su mano izquierda la hostia. La escena se desarrolla en el interior de un templo, distribuyendo el pintor las figuras de tal manera que la mirada del espectador se dirige al protagonista, san Eleuterio, quien eleva su mirada para contemplar el milagro. La pintura de Bassano es de caracteres descriptivos, matizados ejemplarmente en el juego de claroscuro. Su arte está exento de la grandilocuencia y monumentalidad de los grandes maestros venecianos, pero no deja de ser otra opción estética, esta vez pintoresca y de enorme cotidianidad, que pronto recuperará el Barroco.
obra
Tal y como veíamos en el San José de Robert Campin, bajo la efigie de los santos más comunes de los Países Bajos se hallan retratados diversos oficios. Petrus Christus titula esta obra San Eligio, aunque podría tratarse de una escena profana en la tienda de un orfebre. Esta identidad del mundo de los santos con la actividad cotidiana de los profesionales de los Países Bajos se debe sobre todo al carácter del mercado del arte en estos años. Tras varios siglos de monopolio de la Iglesia en la producción del arte, el florecimiento económico de las provincias del norte y de Italia favoreció la aparición de una clase alta, burguesa, dedicada al comercio y a las actividades manuales. Estos nuevos clientes, con mucho dinero, llenaron sus casas y sus capillas con objetos de arte para aumentar su prestigio y su poder social. De tal modo, los cuadros que representan a los patronos de los oficios, o a los propios clientes como asistentes a las escenas sagradas, proliferan y extienden el nuevo estilo realista que caracteriza a la pintura flamenca. En el caso de Petrus Christus, nos encontramos ante el supuesto discípulo de Jan van Eyck. Es ante todo, su heredero pictórico, el mejor continuador del realismo simbólico como podemos comprobar en esta escena. San Eligio era el patrón de los orfebres. De hecho, su rostro parece un retrato. El cuadro era un encargo del gremio de orfebrería de Brujas para su capilla particular. San Eligio está sentado en un mostrador que da a la calle, según la costumbre flamenca, y pesa unas piezas de oro. En primer plano gracias a la aparición del espejo cóncavo tan frecuente en Países Bajos (recordemos el Matrimonio Arnolfini o la Dama en el Baño), vemos una calle de la propia ciudad de Brujas, con dos paseantes que se acercan a la tienda. Tras el santo, dos nobles personajes ricamente vestidos, parecen querer comprar algo. En los estantes vemos la mercancía: muestrarios de anillos y sortijas, ramas de coral rojo, colgantes, cuentas de materiales diversos... Una imagen, en fin, más próxima al documento de las costumbres que a la obra religiosa.
Personaje Religioso
En 1062 fue nombrado canónigo de la diócesis de Cracovia, siendo designado obispo en 1071. Criticó abiertamente la conducta del rey polaco Boleslao II, quien mandó asesinarle. La Iglesia lo canonizó en 1254.
obra
Junto con las tablas de San Juan Evangelista, de San Lorenzo, la de San Bernardo (hoy perdida) y la de la Virgen con Niño de la National Gallery de Washington, esta pintura debía formar parte de uno de los retablos que los cronistas de la época afirman que Giotto pintó durante su estancia en Florencia, con el encargo de la decoración de la capilla Bardi, en la iglesia franciscana de la Santa Croce. San Esteban se presenta vestido con dalmática de santo diácono, recortados sus volúmenes sobre el fondo dorado. La túnica muestra motivos decorativos de formas muy estilizadas, al igual que el libro, de muy lujosa encuadernación. La figura domina todo el espacio, adoptándose a su terminación en arco apuntado. En la tabla predomina su valor decorativo, pero existen matices muy bien estudiados y representados; el más destacado es el color de un azul suave en el sombreado de la dalmática, que le recorre todo el brazo derecho, dando un efecto de preciso modelado de las formas. El rostro del santo, aunque caracterizado, se muestra más intemporal, menos naturalista que las mejores figuras de Giotto
lugar
Las primeras referencias históricas se remontan a época ibérica, ya que en San Esteban se halla un asentamiento arévaco que fue posteriormente ocupado por los romanos, tras la dominación de la Península. Será en tiempos altomedievales cuando la villa inicie su periodo de esplendor por su condición de plaza estratégica, al estar ubicada en la frontera. A partir del siglo VIII queda en manos musulmanas, construyendo Muhammad I una centuria más tarde la famosa fortaleza. A mediados del siglo XI San Esteban pasa definitivamente a manos cristianas. Los cronistas musulmanes hablan de la villa como "principal centro y capital de los infieles" por lo que será eje de las disputas entre ambos bandos durante largo tiempo. Por esta razón, San Esteban no se consolidará como núcleo urbano hasta la conquista de Toledo y el abandono de la línea del Duero como eje fronterizo. Desde este momento, la villa desarrollará fundamentalmente actividades agrícolas y ganaderas gracias a la tranquilidad alcanzada. El esplendor que vive en estas centurias Gormaz queda reflejado en "El cantar del Mío Cid", donde se habla de ella como "una buena ciudad". Se consolida como cabeza de la comunidad que lleva su nombre, contando con una población de 3.000 vecinos, que tienen cuatro parroquias y dos monasterios extramuros. La villa será tierra de realengo durante largo tiempo, hasta que caiga en manos señoriales: en el siglo XV don Álvaro de Luna alcanza el condado y, posteriormente, pasa al poder del marqués de Villena. San Esteban inicia desde estas fechas una lenta y prolongada decadencia, pasando por fases de profunda crisis. En la década de los 40 del siglo XX se llevó a cabo un exitoso proyecto de industrialización, lo que ha provocado un interesante crecimiento económico que se refleja en el dinamismo de la sociedad local, unas 3.000 personas.
Personaje Literato Religioso
Apenas ha llegado hasta nuestros días información sobre su vida. Sus poemas y los testimonios de San Ildefonso son, por tanto, la principal fuente conocer su biografía. Su educación discurrió bajo los consejos de San Eladio. Desde muy joven sintió grandes deseos de ser religioso, por lo que ingresó en el monasterio de Santa Engracia. En este lugar entró en contacto con San Braulio. Este, al ser nombrado obispo, escogió a Eugenio que fuera su arcediano. En el año 649 fue nombrado arzobispo de Toledo por Chindasvinto. Desde este cargo potenció la cultura y celebró los concilios toledanos octavo, noveno y décimo. Hasta el momento de su muerte, que permaneció en Toledo, favoreció la música sacra y fue un gran literato como prueban sus cartas y poemas. En este ámbito cabe destacar su "Libellus diversi carminis metro". En una de sus composiciones se refiere a San Ildefonso, aunque no ha llegado hasta nuestros días.
Personaje Religioso
Su nombramiento patriarcal tuvo lugar en el año 580. San Eulogio fue un gran amigo del papa San Gregorio. En algunas de sus cartas formuló críticas a los teodosianos y los gatanitas. También se puso en contra de quienes desestabilizaban la iglesia de Alejandría. Durante el año 588 celebró un concilio contra la secta de los samaritanos. Su legado literario no ha llegado hasta nuestros días al perderse obras como "Contra Novatum haeresiarcham", "Adversus Timotheum e Severum, haereticos" o "Homilía in ramus palmarum", entre otras.