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Los Apostolados eran series de cuadros que tenían por tema las figuras de los doce apóstoles. Zurbarán, como otros pintores de su época, realizó series de este tipo, a la cual pertenece el lienzo que ahora contemplamos, acompañado por otros como San Pedro, Santiago el Mayor y San Andrés. Los rasgos estilísticos son idénticos a otras obras del período de madurez de Zurbarán, que está entre las décadas de 1620 y 1650. Este lienzo no está fechado, pero sí su compañero San Pedro, que ostenta el año 1633 como el de su ejecución. Un rasgo muy interesante de este apostolado es que la luz llega a cada figura desde un origen diferente. En San Bartolomé la luz parece venir ligeramente desde abajo y desde atrás. Por lo demás, la realización es del todo punto similar a la del resto de los apóstoles, de los que se distingue en su atributo, una cuchilla que sirvió para arrancarle la piel.
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San Bartolomé formaba parte de un Apostolado -junto a San Mateo y Santiago el Mayor- pintado por Rubens hacia 1610-1612. La figura se recorta sobre un fondo neutro -igual que sus compañeros- destacando el anciano rostro de cabellos blancos que eleva su mirada al cielo. Sus manos, muy iluminadas por el fuerte foco de luz procedente de la izquierda, sostienen el cuchillo que simboliza su degollación, provocando una clara muestra de tenebrismo que pone a Rubens en contacto con Caravaggio. El santo ha sido captado con el mayor realismo posible como se puede apreciar en sus arrugas o en sus manos deformes. El amplio canon empleado relaciona la figura con Miguel Ángel.
Personaje Religioso
Hijo de Talmai, fue elegido por Jesucristo para ser uno de los doce apóstoles. Murió desollado por lo que fue canonizado.
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La figura de San Bartolomé resulta de las más dramáticas en la producción de Ribera por la brutalidad de su martirio. En una de las leyendas sobre su vida se hace referencia a su muerte, por orden del rey Astrages, al haber convertido al cristianismo a todos sus súbditos. El castigo para el apóstol sería el más cruel: sería desollado vivo, momento que recoge el maestro valenciano en este espectacular lienzo que fue donado por la viuda del duque de Osuna a la Colegiata de Osuna en 1627. El santo está atado a un árbol mientras que el verdugo procede a quitarle la piel. La escena se desarrolla al aire libre, apreciándose un fondo de paisaje, en sintonía con el San Sebastián que también formaba parte de la colección del duque. Ribera ha captado la intensidad dramática del momento, centrando su atención en el gesto de dolor del santo que grita y dirige sus ojos al cielo, suplicando la fe necesaria para soportar el martirio. La anatomía del personaje parece tomada de los clasicistas boloñeses, ejecutando un perfecto y dinámico escorzo con el que refuerza la tensión del momento. La iluminación tenebrista empleada ayuda a acentuar esa tensión, resbalando un potente foco de luz por el cuerpo del santo y quedando en semipenumbra las zonas de menor interés narrativo, como el personaje de perfil del fondo. Las tonalidades oscuras son también una clara muestra de la influencia de Caravaggio en esta primera etapa de Ribera, momento en que el naturalismo está impactando con fuerza en la pintura napolitana.Existe un grabado realizado por el maestro en estas fechas con el mismo tema aunque se aprecian diferencias respecto al lienzo
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La cantidad de copias y réplicas que se han realizado de este apóstol certifican que se trata de una de las mejores muestras de la serie pintada por Ribera en la década de 1630, encabezada por el Salvador. El maestro valenciano ha representado al santo apóstol que murió desollado como un hombre maduro, trabajo por la edad y los sufrimientos, buscando como modelo un hombre de la calle lleno de naturalidad, sin renunciar a la espiritualidad y la fe que desprende el personaje. Se trata de un anciano de venerable barba blanca, con el rostro y las manos curtidas por la edad y la labor. Su cuerpo se moldea gracias a la iluminación empleada, un potente foco de luz procedente de la izquierda que destaca la figura ante un fondo neutro. Esa luz resbala por el amplio manto con el que se cubre el santo y apenas deja ver el cuchillo que se convierte en su símbolo, creando un admirable juego de luces y sombras tomado de Caravaggio. La calidad de las telas o el verismo de las arrugas será continuado en la pintura española por Zurbarán. San Simón o San Matías son algunos de sus compañeros.
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Esta típica figura de santo se identifica por su atributo del martirio, una cuchilla con la que se le arrancó la piel al mártir. Sus características plásticas son iguales a las de otros lienzos de la serie del Convento de San Francisco, como Santo Tomás.
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Herrera el Viejo forma parte de la primera generación del Barroco en Sevilla. Dentro de ese estilo pintó este San Basilio dictando su doctrina, un cuadro de teología que le encargaron los monjes basilios de Sevilla. El lienzo mantiene una estructura compositiva manierista, puesto que Herrera se había formado durante este período; sin embargo, el modo de ejecutar la pintura, con los angelotes, el cielo en gloria, los personajes de gran tamaño y acusado dinamismo, habla de la grandiosidad del Barroco, que estaba implantándose con éxito entre los pintores españoles.
monumento
<p>Se encuentra en Casillas de Berlanga (municipio de Caltojar), en la provincia de Soria, al suroeste de la comarca de Tierra de Berlanga. Fue construida a finales del siglo XI —probablemente entre 1085 y comienzos del siglo XII— en plena frontera entre territorios cristianos y musulmanes.&nbsp;</p><p>Exteriormente muestra un aspecto sobrio y austero, con muros de piedra y una entrada con arco de herradura, muy sencilla. En su interior destaca una columna central de la que arrancan ocho arcos de herradura, que sostienen la bóveda —una estructura que crea una sensación visual singular, a modo de “palmera” — un símbolo sorprendente en una ermita cristiana. Hay también una tribuna sobre la nave, con arcos de herradura, reminiscentes del estilo de mezquita — un claro reflejo de la influencia mozárabe.&nbsp;</p><p>En el siglo XII se decoraron todas las superficies interiores con pinturas al fresco y temple. Las imágenes representaban tanto escenas religiosas del Nuevo Testamento como motivos inspirados en repertorios musulmanes. Este conjunto de pinturas la ha hecho merecedora del sobrenombre de “la Capilla Sixtina del arte mozárabe”. Lamentablemente, muchas de esas pinturas fueron arrancadas en 1926 y trasladadas a museos de Estados Unidos; unas pocas se conservan en España, por ejemplo en el Museo del Prado.&nbsp;</p><p>La ermita representa uno de los monumentos más singulares del prerrománico/mozárabe en España. Su combinación de arquitectura mozárabe cristiana, su interior llamativo y su rica decoración mural la convierten en una clave para entender las mezclas culturales y artísticas en la frontera entre cristianos y musulmanes durante la Reconquista.</p>
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La posible explicación para la presencia de San Bavón en este tríptico dedicado al Juicio Final la tenemos descrita en el análisis de su compañero Santiago de Compostela. Ambos están realizados en grisalla y representan dos posturas opuestas: Santiago está en el exterior, en una especie de desierto, mientras que Bavón se encuentra en el interior de un edificio de una ciudad nórdica. Santiago es un peregrino, pobre y descalzo, mientras que Bavón es un elegante joven ricamente vestido. Santiago tiene su mérito en la peregrinación y la difusión de la palabra de Dios, mientras que Bavón tiene un papel más activo en la curación de los enfermos y la limosna a los pobres. Ambos forman en conjunto las dos posibles vías del cristiano: la contemplativa, más adecuada para el clero, y la activa, que debería ser desempeñada por los laicos, en especial por ricos y nobles.
Personaje Religioso
En el año 683 era elegido pontífice Benedicto II, hombre nacido en Roma especialista en música sacra y en las Sagradas Escrituras. Gracias sus mediaciones consiguió que el emperador Constantino IV delegara en el exarca de Ravena el derecho que le asistía a ratificar a los papas. En el año 1964 fue canonizado y proclamado patrón de Europa por Pablo VI.