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Este desconocido personaje es uno de los mejores retratos pintados por Rembrandt en sus últimos años. Su edad se acerca a los 50 y lleva el pelo largo como estaba de moda en Amsterdam en aquellos momentos. La amplia figura se recorta sobre un fondo rojizo, sugiriendo un cortinaje para acentuar su categoría social, y dirige su mirada hacia el espectador. Toda la atención del pintor se ha centrado en el rostro, ejecutado con pinceladas cortas y rápidas, empastando con sucesivas capas algunas zonas para otorgarle mayor vitalidad. Las manos también reciben la luz, especialmente la izquierda, mientras la derecha está más abocetada. El cuello plisado y perfectamente almidonado es un elemento importante en el lienzo, animando la tonalidad oscura que predomina en la composición. La expresividad del modelo adquiere una importancia suprema en este trabajo, demostrando la capacidad como retratista de Rembrandt a lo largo de toda su vida.
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Desconocemos la identidad de este personaje que parece haberse retratado en un restaurante o por lo menos tiene algo que ver con la gastronomía ya que en primer plano, a la izquierda, encontramos una bandeja de carne y sobre la mesa parecen despuntar varios embutidos. Incluso el cuadro que decora la pared insinúa motivos relacionados con la restauración. La figura se sienta en un sillón y une sus manos a la altura de las rodillas. Mira al espectador con gesto de preocupación, como si no le fueran bien los negocios. La rápida pincelada empleada por Degas no omite el interés por el dibujo, marcando las líneas de los contornos con líneas de color negro. Observamos en la pierna izquierda del retratado un repinte. Las tonalidades oscuras del modelo contrastan con el blanco del mantel y de la cortina situada tras la figura para que destaque aún más su cabeza.
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Van Gogh realizará en diciembre de 1888 una serie de retratos de personajes anónimos en los que destaca la expresión de los distintos modelos, especialmente el gesto de este hombre. Su mirada prepotente se refuerza por el punto de vista bajo desde el que se sitúa el pintor, acentuando su arrogante gesto. El fondo verdoso permite contemplar las pinceladas al igual que en la chaqueta azulada mientras que en el rostro ha aplicado la pintura con mayor esmero, sin recurrir al empastamiento. Las sombras coloreadas - recordando al Impresionismo - se distribuyen por la zona izquierda de la figura al recibir un potente foco de luz que impacta en su derecha. Las líneas de los contornos marcadas en negro son muestra de la influencia del cloisonismo de Bernard y Gauguin.
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Los especialistas consideran que estamos ante el retrato de un noble orador veneciano o un letrado, debido al gesto de su mano derecha, relacionando esta obra con el retrato de Pietro Bembo. Se ha apuntado el nombre de Apollonio Massa, pero esta hipótesis no goza de gran apoyo entre la crítica.El hombre aparece ante un oscuro fondo neutro, girado en tres cuartos hacia la izquierda, recibiendo un potente haz de luz dorada que resalta el gesto y la expresión, tanto de su rostro como de sus manos. De esta manera, Tiziano se interesa por captar la personalidad de sus modelos, dotando de viveza al retrato. La similitud de este trabajo con otros retratos de la década de 1550 -véase el Retrato de un caballero con un reloj o el de Juan Federico de Sajonia- lleva a los especialistas a situar la ejecución del lienzo en estas fechas.
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En los inventarios antiguos este hombre aparece documentado como el padre de Tiziano, Gregorio Vecellio, nacido hacia 1455 y fallecido en 1534. El aparecer con armadura vendría motivado por su cargo de oficial de las milicias de Cadore, participando en los hechos de armas que tuvieron lugar en esa región. La identificación no está totalmente admitida, considerándose otras hipótesis.El anciano militar aparece representado ante un fondo neutro, con su cuerpo girado en tres cuartos, vistiendo armadura con un peto de terciopelo rojo y portando en su mano derecha el bastón de mando. Un potente foco de luz procedente de la izquierda impacta en la contundente figura, resaltando el rostro donde podemos apreciar la personalidad del modelo. Su fisonomía está obtenida con un toque seco y rápido, resaltando el gesto y la expresión, anticipando el retrato de Francesco Maria della Rovere.
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Se han apuntado diversas hipótesis para identificar a este personaje. Se piensa que se trataría de Girolamo Adorno, noble genovés que fue embajador de Carlos V en Venecia entre los años 1522-1523. También se apunta el nombre del Aretino.El retrato sigue el esquema utilizado por Tiziano desde los primeros años de la década de 1510 al ubicar al personaje ante un fondo neutro, de medio cuerpo y girado en tres cuartos, dirigiendo su mirada perdida hacia la izquierda. Recibe un potente foco de luz procedente de la izquierda con el que crea acentuados contrastes lumínicos, resaltando las zonas que el artista considera más importantes: el rostro y las manos. De esta manera, Tiziano nos presenta la personalidad de su modelo al interesarse por expresiones y gestos que dotan de vida al modelo. Esta fórmula será seguida durante el Barroco por artistas como Rembrandt, Van Dyck o Velázquez.
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Una mención de Vasari en 1568 a un retrato realizado por Tiziano de Francesco Filetto -"orador de honrosa memoria"- con uno de sus hijos serviría para identificar este retrato doble que guarda el Kunsthistorisches Museum de Viena. Los fragmentos están en un estado de conservación poco aceptable, con numerosos retoques y repintes como el libro y el bastón de Francesco, que podrían interpretarse como un deseo de convertirle en un apóstol Santiago.La figura del orador tiene la fuerza expresiva que se identifica con los retratos pintados por Tiziano hacia 1546-47, tras su regreso de Roma y antes de encontrarse con el emperador Carlos V en Augsburgo. La materia pictórica se hace más apagada para centrar su atención en el rostro y en las manos, interpretando de esa manera la personalidad del modelo. La iluminación empleada desarrolla un efecto atmosférico que empieza a abocetar los contornos, al tiempo que la pincelada es cada vez más fluida y rápida. Tiziano empieza a asentar las bases de su "impresionismo mágico". El Retrato de muchacho es su compañero.
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En la década de 1560 los retratos de Tiziano parecen recuperar la organización simplificada de sus obras de juventud, como bien podemos comprobar en este lienzo. El modelo aparece en una posición forzada, girado en tres cuartos hacia la derecha mientras su cabeza mira al frente. En su mano diestra sujeta unos guantes mientras que en la izquierda sostiene un pequeño libro, que apoya en la mesa donde se coloca el reloj. Todos estos elementos nos indican que estamos ante un personaje de prestigio social, siguiendo las ideas de Lomazzo que en 1590 manifestaba que los miembros de la élite social e intelectual eran los únicos a quienes se consideraba con derecho a inmortalizar su rostro.La luz sólo resalta la cara, las manos y el reloj, aquellas zonas que el artista quiere destacar para así captar la personalidad de su modelo, objetivo perseguido por el maestro de Cadore desde sus primeros retratos. La pincelada en esta década de 1560 es cada vez más deshecha, al tiempo que el color es más limitado.
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Los retratos en pie eran los más caros en el catálogo de los pintores holandeses lo que indica la elevada posición de este personaje desconocido. Podría tratarse de Cornelis Witsen de 34 años de edad en el momento de ser ejecutado este retrato, que sería cuatro veces alcalde de Amsterdam entre 1650 y 1670, habiendo prestado una importante cantidad de dinero al pintor en 1653. El personaje se sitúa en una escalinata - aprovechada por Rembrandt para firmar y fechar el gran lienzo - ante una puerta abierta que da acceso a una sala embaldosada. A sus pies encontramos un guante pudiendo establecerse un significado entre ambos elementos. El guante indicaría el reto que acepta Cornelis de llegar a ser magistrado de la ciudad, abriéndose la puerta de su futuro. La figura se apoya sobre un pedestal, descansando el peso del cuerpo sobre la pierna izquierda, adoptando una postura relajada que resulta sorprendente en los retratos de su tiempo. La luz dorada procedente de la izquierda baña todo el personaje, resbalando por las sedas negras del vestido y resaltando los cuellos y el rostro. La captación psicológica del retratado es interesante, destacando sus ojos desafiantes. Resulta atractivo el contraste entre la figura más trabajada y el fondo ligeramente esbozado, intentando dotar a la composición de una sensación atmosférica inspirada en el mundo veneciano.