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Este retrato representa sin duda a uno de los hijos del cónsul francés Le Blond. Como podemos observar, el estilo de Carriera vendrá identificado por la cercanía al modelo, tomando un punto de vista muy próximo por lo que la relación entre espectador y modelo es muy estrecha, destacando la serenidad de la mirada, creando una imagen de gracia y gentileza exquisita.
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La similitud de esta obra con el Retrato de un joven puede hacer pensar que formaran parte de un mismo conjunto. Ambas figuras han sido recortadas sobre un fondo negro, iluminadas con un potente foco de luz que esculpe sus cabezas y vestidas de modo similar. Sin embargo, la que aquí observamos se lleva la mano derecha al pecho y su rostro goza de una mayor idealización, eludiendo cruzar su mirada con la nuestra: ese aspecto enamoradizo quizá sea una característica del desconocido personaje. El estilo de Botticelli en este trabajo es similar a los distintos retratos realizados en su última etapa - Retrato de hombre o Lorenzo di Ser Piero Lorenzi - cambiando algunos conceptos respecto a sus retratos más tempranos como el de Giuliano de Médici o el Retrato de una dama.
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Estamos ante una de las primeras obras fechadas de Rubens, realizada incluso cuando aun no había recibido el título de maestro independiente al estar como aprendiz en el taller de Otto van Veen, más conocido como Otto Venius. Su pintura se inscribe dentro de las características típicas de la escuela flamenca al mostrar al personaje en primer plano, recortado sobre un fondo neutro, interesándose por la minuciosidad casi caligráfica de los ropajes y del rostro. El joven porta en sus manos una medalla, un misal y el puño de su espada. La gorguera que exhibe era habitual en la moda española -no olvidemos que Flandes fue una provincia del Imperio Hispánico hasta 1715- al igual que el color negro para los trajes masculinos. El interés descriptivo de Rubens es de gran calidad, a pesar de las malas condiciones de conservación de la obra. La atención del maestro se centra en el rostro del personaje, intentando transmitir su personalidad, especialmente a través de sus ojos.
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El rostro de este joven desconocido pintado por Durero se nos aparece con dureza, saliendo de un fondo neutro muy oscuro que destaca la severa línea de su faz. Durero ha conseguido minimizar todos los elementos de la pintura, para que tan sólo la cabeza del modelo sea lo que atrae la atención del espectador. Comparado con otros retratos de la época, como los del matrimonio Tucher, podemos encontrar las diferencias básicas. Aunque la pose del modelo es la misma, carece de cualquier referencia espacial a la sala donde se encuentra. También ha suprimido la ventana que se abre sobre el paisaje de fondo. Todo ello acentúa la expresión del modelo, que no mira directamente al espectador, sino hacia un objeto indeterminado a su derecha.Grabada en números dorados, el artista ha consignado la fecha de realización en la esquina superior izquierda de la pintura.
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Masaccio presenta un personaje de perfil, como será habitual en el Quattrocento - véase el Federico II da Montefeltro de Piero della Francesca - recortado sobre un fondo neutro para resaltar el volumen de la figura, acentuado gracias al turbante rojo con el que indica los planos pictóricos. Destaca su fisonomía intelectual, especialmente sus ojos penetrantes. Viste túnica granate de tonalidad similar a la empleada por San Juvenal en el Tríptico de San Giovenale, interesándose ligeramente por los plegados. Algunos especialistas identifican al personaje con Leon Battista Alberti, uno de los arquitectos que puso más énfasis en la admiración hacia las obras clásicas y en la perspectiva. También se ha especulado con que fuera un integrante de La Consagración ya que según cuenta Vasari en esa obra de la iglesia del Carmine florentina estaban retratados buena parte de los artistas y mecenas del momento como Brunelleschi, Masolino, Donatello, Filipo Brancacci o Giovanni di Bicci de Médici. La autoría de Masaccio fue identificada por primera vez por Berenson en 1900.
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Un artista tan involucrado con el mundo clásico como Masaccio tenía que aportar algún elemento más que el parecido a sus retratos, dotándolos de la monumentalidad de los modelos antiguos y de la belleza y la forma ideales. Así surge este retrato, muy similar al Retrato de Joven y a los que realizó en el fresco de La Consagración. Los especialistas no se ponen de acuerdo sobre la autenticidad de esta tabla en la que la figura se presenta de estricto perfil, recortada sobre un fondo neutro e iluminada con un fuerte foco de luz que apenas produce sombras. El rostro del joven parece esculpido con el pincel, obteniendo un aspecto escultórico que recuerda a Donatello. La dureza de los pliegues del turbante y el aspecto detallado y analítico sirven para poner en duda la atribución a Masaccio de este excelente retrato.
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Partiendo de una sanguina realizada durante su estancia en Florencia - concretamente en el Museo de los Uffizi - en la que copiaba una obra catalogada como de Leonardo, Degas ejecutó este bello retrato femenino en el que se aprecian aires renacentistas. Bien dotado para los retratos compaginará esta obra con los estudios para la Familia Bellelli.
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Durante los últimos años de su vida, Rembrandt va a desarrollar una frenética actividad como retratista. Debía de tratarse de burgueses de baja o mediana categoría social por lo que en la mayoría de los trabajos no ha trascendido la identidad del retratado.Igual que ocurre en la década de 1630, el maestro se interesa por captar la personalidad del modelo, resaltando la expresión a través de la luz, característica heredada del tenebrismo. Recorta la cabeza sobre un fondo neutro para conseguir resaltar el volumen como hacía Tiziano, uno de los pintores más influyentes en el holandés. La diferencia con las obras de la década de 1630 - véase Saskia con sombrero - se aprecia en que los tardíos apenas existe interés hacia los detalles de los vestidos y trajes que pasan totalmente desapercibidos. La pincelada suelta se ha adueñado de la composición aunque en la cabeza el color está aplicado con mayor delicadeza para resaltar el naturalismo y la gracia de la figura.