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La pintura de Canals, aun habiendo asimilado la estética moderna de los impresionistas, toma una postura netamente española llena de distinción y armonía. Sus obras, de una gran riqueza de colorido e inagotable variedad de matices, son un modelo de equilibrio y buen gusto, tal y como observamos en este retrato.
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En la Venecia del siglo XVI era muy habitual la realización de retratos familiares que se entregaban como ofrendas en las iglesias, denominándose retratos votivos. Éste de la familia Vendramin es uno de los más importantes, realizado por Tiziano a su regreso de Florencia. Posiblemente sea un encargo de Gabrielle Vendramin tras la reciente muerte de su hermano Andrea. El cliente aparece junto a su otro hermano y sus siete hijos, siguiendo un esquema habitual en la "Sacra Conversazione" aunque en este caso se ha sustituido la figura de la Virgen por el relicario. Tiziano emplea una perspectiva baja para representar a la familia -lo que indica que el cuadro estaba en una posición elevada- eliminando toda referencia arquitectónica (a excepción de los escalones y la mesa de altar) y paisajísticas para desarrollar la escena bajo el cielo azul. Los retratos de cada uno de los personajes son espectaculares, resaltando la humanidad y virtudes de esta familia del patriciado veneciano que posa con sus mejores galas. Las figuras de los niños de la zona derecha son de gran belleza, atentos a la mirada del espectador más que a la ofrenda que hacen los mayores. Sin embargo, Gabrielle dirige su mirada al relicario en actitud piadosa. Todos los rostros captan la personalidad de los modelos, resultando una de las obras más impactantes de esta época. El vivo colorido y la fuerte iluminación son constantes en la obra del maestro.
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Ejemplos tan significativos como el de la conocida Gitanilla emeritense no vienen sino a confirmar el peso que en la plástica privada tenía el gusto personal, a pesar de encarnar tradiciones de cuño indígena. Se trata de un busto con el remate inferior de forma cuadrangular, de manera que se encajaría en un soporte. Se trata de una joven que presenta un extraño peinado, con el flequillo rizado y anchas patillas incurvadas sobre la mejilla, de donde recibe el nombre que la ha hecho popular. A la mitad del cráneo hallamos compartimentado el cabello que se hace plano en la zona superior mientras que la delantera está ocupada por el flequillo de largos mechones en forma de ese. Este tipo de peinado se supone que es fruto de una mezcla de peinados autóctonos e importados de la metrópoli.En la ejecución del rostro destaca el contraste entre el pulimento de la piel con la dureza de los mechones del flequillo. La joven viste una túnica de redondeado escote en la que el autor nos muestra un sumario plegado, sin interesarse en exceso por elaborar una zona visible de la obra.
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Este óleo pintado por Dalí constituye un buen ejemplo de cómo el artista, en los primeros años de su producción, asimila la herencia clásica recuperada por los realismos de nuevo cuño que se están desarrollando en Francia, Alemania, Italia y España. La figura de Anna Maria, la hermana del pintor, actúa como un primer punto de referencia de una composición en la que el artista se sirve del recurso de un fondo oscuro para dar una mayor iluminación a la figura. La cuidada iluminación de la obra, junto al tratamiento cromático basado en la utilización de gamas oscuras, en colores violáceos y verdes, otorgan a esta obra un aire de estática serenidad. Esta obra pertenece al espacio monográfico que se expone en la Colección permanente del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía de Madrid junto a otras obras del mismo tema, la hermana del pintor, como Muchacha asomada a la ventana o Muchacha de espaldas, ambas del año 1925.
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Las obras creadas por Dix en la década de 1920 han marcado profundamente la imagen que se conserva de esta época. En este periodo, Dix no se interesa más que por "el hombre" y busca sistemáticamente las personalidades que son representativas de su tiempo. En algunas de sus obras individuales, él logra crear el retrato de la sociedad urbana de los años veinte. No trabaja más que raramente bajo encargo y prefiere buscar él mismo sus modelos en los cafés, la calle o entre sus amigos. La periodista Sylvia von Harden (1894-1963) ha descrito la vehemencia con la que Dix la abordó en la calle: "¡Debo pintaros! ¡Es absolutamente preciso! ... Usted representa toda una época". Con un corte de pelo "à la garçonne", la boca muy maquillada, un monóculo en el ojo derecho, fumando y tomando una copa, Dix nos presenta a la periodista en el célebre "Romanischen Café", punto de encuentro de los intelectuales y artistas en el Berlín de entre guerras. Debido a su objetividad y su dureza, este retrato sin concesiones y próximo a la caricatura es una muestra emblemática de la sociedad de la República de Weimar.