Manetho se cuida de señalar que en el reinado de Petubastis los griegos celebraron su I Olimpiada (776 a. C.). Aquel acontecimiento era síntoma de que Grecia había alcanzado su mayoría de edad, y de que los pueblos de su entorno, entre ellos Egipto, verían y tratarían pronto a los griegos. Curiosos, inquisitivos e intrépidos como eran ellos, pronto se darían a conocer, no sólo en el Delta y la Cirenaica, sino en el resto del país. Fue entonces cuando otro pueblo extranjero, egiptizado de tiempo atrás, como lo habían sido los libios, vio llegada su hora de asumir la responsabilidad de sostener y sacar a Egipto de su marasmo. Hacía dos siglos que Nubia se mantenía al margen. Lo último que de ella se sabía era que su virrey Piankhi, en lucha con Herihor el tebano, se había retirado al sur y desaparecido. Es probable, sin embargo, que lograse consolidar su independencia, pero en dos siglos largos pudo haber en Nubia infiltraciones de gentes de Libia e incluso de Abisinia. En todo caso, Nubia había asimilado a fondo la cultura egipcia del Imperio Nuevo sin renunciar a tradiciones propias que le daban un sello típico e inconfundible. Los griegos, que llamaban etíopes a los nubios, los consideraban los más religiosos de los hombres. Y lo eran, en efecto; religiosos, no fanáticos. Adoraban a Amón como rey de los dioses con un enfoque casi monoteísta. Pronto iban a demostrarlo. Diodoro Sículo no tendrá empacho en afirmar que el culto a los dioses era una invención de los etíopes. Imbuidos del más puro espíritu religioso y con el egipcio como idioma oficial de su país, no es de extrañar que a mediados del siglo VIII, los nubios del rey Kashta anexionasen a Nubia la Tebaida sin encontrar resistencia. No sabemos la razón que le indujo a llevarla a cabo, pero sí la forma que le dio para conservarla: obligar a la hasta entonces esposa del dios, Shepenupet, hija de Osorkon III de Tanis, a nombrar sucesora e hija adoptiva a su propia hija Amenerdis. No un hijo del rey como sumo sacerdote, sino una hija como esposa de Amón iba a ser desde ahora el instrumento de sujeción de Tebas al poder real. Esta implantación de facto de una dinastía femenina se mantuvo en Tebas incluso durante la Dinastía XXVI. Entre los nubios, como antes entre los tebanos, el matriarcado tenía unas fortísimas raíces. Con la anexión de la Tebaida, Nubia entró en contacto con el territorio de Hermópolis, el más meridional de los tres reinos existentes entonces en Egipto -Tentremu, en el Delta, Herakleópolis y Hermópolis Magna. En los otros Estados reinaban sumos sacerdotes, príncipes, generales, duques y otros gerifaltes de títulos no siempre fáciles de traducir. La lista que Piankhi erigió en Napata y en Tebas para conmemorar su victoria revela hasta dónde llegaba el fraccionamiento del norte del país. Y, sin embargo, en el norte radicaba el futuro; allí estaba el que Heródoto habría de llamar el Egipto que los griegos frecuentan en sus naves y que ya entonces frecuentaban con una primera y sensible consecuencia: el enriquecimiento de la parte occidental del Delta merced al comercio con ellos, y el empobrecimiento de la mitad oriental, reducida al comercio con Palestina, un país pobre y falto de recursos. La antigua y próspera Tanis languidecía a ojos vistas, mientras Sais la reemplazaba en el oeste como centro neurálgico del Bajo Egipto. Hacia el año 730 el príncipe libio que reinaba en la ciudad, como los otros príncipes en las suyas, se proclamó faraón con el nombre de Tefnakhte, fundador de la efímera XXIV Dinastía (730-715). Tefnakhte estaba convencido de poder asumir la soberanía de la totalidad de Egipto y, de hecho, llegó a dominar el Delta entero e incluso Menfis, lo que significó el fin de la también efímera Dinastía XXII, reducida ya al principado de la antigua capital. Desde ella siguió avanzando hacia el sur, exigiendo por adelantado a los príncipes de Herakleópolis y de Hermópolis Magna la entrega de sus plazas y el acatamiento de su soberanía. El primero de ellos se avino a sus deseos, pero el de Herakleópolis se resistió con todas sus fuerzas. Piankhi de Nubia vio la amenaza que se cernía sobre la Tebaida y, poniendo en marcha sus fuerzas, entró con ellas en Hermópolis y en Menfis y obligó a Tefnakhte y a cuantos se le habían sometido a rendirse o a morir. La lista de reyezuelos impresiona por su longitud y su variedad de títulos. El hermano de Piankhi y heredero del trono, Shabaka (716-701) venció y acabó con Bocoris de Sais, e impuso su autoridad de faraón a todos los príncipes de las ciudades del norte. Más aún, evitó con su hábil diplomacia la confrontación con la Asiria de Sargón II. Pero esta confrontación era inevitable si Egipto se empeñaba en tener, como siempre, una cabeza de puente en las ciudades fenicias y en mezclarse en los asuntos de las de Siria y Palestina. El año de la muerte de Shabaka, su sucesor, Shabataka (701-689) rompió la neutralidad que su padre había observado mandando un ejército en auxilio de Jerusalén, donde Senaquerib tenía cercado a Hiskia de Judá. Antes de que el ejército egipcio llegase a su destino, Senaquerib levantó el cerco y volvió a Assur. La causa de la retirada pudo ser el estallido de un brote de peste entre sus tropas; pero para sus adversarios fue un milagro: para los hebreos, un ángel del Señor que en una noche exterminó a 185.000 hombres; para Heródoto, menos milagrero, una plaga de ratones que royó las armas de los soldados. Shabataka quedó tan complacido que, sintiéndose émulo de Tutmés III, antepuso a su nombre el praenomen de éste, Menkhepera. Al fin, en el reinado de Taharka (690-663), Asaradón inició en 671 la conquista de Egipto, que había de completar Asurbanipal. Aunque breve, la dominación asiria iba a ser sintomática. Ni los libios ni los etíopes habían sabido poner remedio a la situación de Egipto: la poderosa Tebas se había convertido en un reducto de los sacerdotes de Amón; las colonias militares libias, en Estados soberanos; las antiguas capitales de los nomos en cortes de señores feudales. Eran resultados de cuatro siglos de historia difíciles de enmendar. Cuando los últimos soldados asirios abandonaron el país, éste hizo un último intento de recobrar su identidad.
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Para el reclutamiento de los funcionarios del Estado, durante la dinastía Han se ideó un sistema de exámenes formalizado en el siglo I a.C., que se realizaban anualmente, siendo su base de estudio el conocimiento de los Clásicos: el "I Jing" (Libro de los Cambios), el "Shi Jing" (Libro de las Odas), y el "Qun Qin" (Anales de Primavera y Otoño). Bajo las dinastías Tang y siguientes se hizo un uso muy restringido del sistema de exámenes, ya que los nuevos funcionarios eran elegidos por recomendación o el patrocinio de antiguos burócratas, aplicándose el derecho restrictivo hereditario para uno de los hijos de los funcionarios de alto rango. Será bajo los Song cuando los exámenes se conviertan en el único medio para formar parte de la administración. Los estudios preparatorios para estos exámenes eran muy largos y onerosos, ya que todos los gastos eran a expensas de la familia del candidato. El porcentaje de aprobados era del 1%, por lo que las energías y aspiraciones de los mejor dotados estaban inmersas en la rivalidad intelectual. El plan de estudios fue alterado para concentrarlo en materias relacionadas con la ortodoxia neoconfucionista, configurada durante la dinastía Song del sur por el filósofo Zhu Xi. El pensador Wu Zhifang, mentor del canciller mongol Toghto, expresaba por escrito una opinión generalizada entre la élite china del siglo XIV: "Mientras el sistema de exámenes siga vigente, no todo el mundo tiene garantizado puesto oficial y salario. Pero, aun así, gracias a este sistema las familias generarán estudiantes, y cuando todo el mundo estudia nadie osa promover desórdenes. Lo cual supone un apoyo importante para el proceso de la ley sistematizada". En un primer momento, el ingreso a la administración estaba limitado a las familias de funcionarios y a las adineradas, estando prohibido opositar a los hijos de las familias dedicadas a ocupaciones de carácter servil. Será con la dinastía Ming cuando se levante la prohibición a comerciantes y artesanos, convirtiéndose los exámenes en la principal puerta de acceso a la movilidad social. El coste de los estudios se redujo debido a la edición de libros a precios económicos y a la reducción de los salarios de los profesores. Formar a un opositor, especialmente si se trata del miembro más prometedor, será una de las obligaciones familiares para la mayor parte de los clanes chinos, tanto de adinerados comerciantes como de miembros de la aristocracia. La secuela de este sistema de acceso a la administración será la creación de una nueva clase social, los mandarines, funcionarios con una cualificación ideológica y erudita que pronto se convirtieron en grandes propietarios. A partir del siglo XVI, la clase alta intelectual dominaba la sociedad local y se convertía en pieza clave del poder.
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El calificativo se lo dio Maurice Nadeau para referirse a todos aquellos que habían excitado, provocado a los surrealistas. Escritores de muy distintas épocas: Baudelaire, Mallarmé, Rimbaud, Jarry, Swift, Sade..., pero, sobre todo, Lautreamont y Freud. A sus ojos todos son surrealistas y así lo escriben en el Primer Manifiesto: Swift es surrealista en la maldad, Sade en el sadismo, Baudelaire en la moral, Mallarmé en la confidencia, Rimbaud en la vida práctica y en todo...Isidore Ducasse, autor de los "Cantos de Maldoror", les atraía por la violencia incontenible de los sentimientos que manifestaba y su frase: "Tan hermoso como el encuentro casual de un paraguas y una máquina de coser sobre una mesa de quirófano", se convirtió en una especie de emblema surrealista. El marqués de Sade representaba para ellos el mejor y el más radical ejemplo de alguien que había ido abiertamente en contra de la moral establecida, pero no de un modo irracional, sino trazando una estrategia perfectamente delineada para conseguir su fin último: el placer. Les atraía por su voluntad de devolver al hombre civilizado la fuerza de sus instintos primitivos y era para ellos un predecesor de Freud y sus doctrinas. En los dos veían iniciada la batalla, que consideraban propia, de romper contra la moral, las costumbres, los principios, las buenas maneras, la religión y todo lo que ha venido censurando al hombre en la civilización occidental; de llevar a cabo otra revolución, ésta no social sino individual.También había excitadores plásticos, y, aunque Breton -un escritor- sólo se refiere a ellos en una nota, sus nombres son significativos. Paolo Ucello y una larga lista de contemporáneos: Seurat, Moreau, Matisse, Dérain, Braque, Duchamp, Picabia, Chirico, Klee, Man Ray, Max Ernst, Masson y Picasso, el más puro con mucho.
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La palabra exvoto es un termino culto procedente del latín que designa al objeto ofrecido a Dios, la Virgen o los santos, como resultado de una promesa y de un favor recibido. Es decir, una promesa materializada en un objeto. El exvoto, bien estudiado para el caso español por S. Rodríguez Becerra, para definirse como tal, ha de tener las siguientes notas diferenciadoras: - Publicidad: Debe ser público, o sea, dar a conocer el favor recibido, dejando constancia del hecho. Los agradecimientos se expresan en términos como "para memoria", "en acción de gracias ofrecí ponerle este recuerdo", "este cuadro testimonia lo ocurrido", etc. Los exvotos se hacen para ser expuestos en los altares y camarines de las imágenes benefactoras, o también en las paredes y techos de las ermitas y santuarios, para que todos los devotos puedan reconocer las actuaciones milagrosas. - Relación: El exvoto ha de tener, así mismo, una relación con la persona que ha recibido el favor y el suceso portentoso que lo motiva. Y así, el exvoto describe el hecho milagroso y los datos personales del beneficiario, o bien es una replica del miembro o la parte del cuerpo sanada, o un objeto perteneciente al oferente o incluso un retrato del beneficiario. En cualquier caso, la ofrenda votiva tiene un carácter de representación que la diferencia de las ofrendas monetarias o de otras formas indiferenciadas, como las lamparillas de aceite, las velas y más aun de las donaciones sacrificiales destinas a ser consumidas. - Permanencia: Es decir, se pretende dar a conocer de manera perpetua los poderes sobrenaturales de una determinada imagen. Estas tres características explican la multiplicidad de formas que guardan los exvotos: - replicas de órganos y miembros en hojalata, plata o cera, de fabricación industrial o artesanal. - aparatos ortopédicos, prótesis. - objetos de uso personal: ropa, gafas, bastones. - partes del propio cuerpo extirpadas, cortadas o arrancadas: cabellos, dientes... - fotografías, cartas, cuadros y todo objeto relacionado con la situación que motivo la ofrenda. - Dinero, alimentos, pagos en especie. Son característicos sobre todo de las subastas, lo que simbólicamente se considera apoderarse de alguna parte de la imagen relacionada con la promesa realizada o bien para poder llevar a la imagen en andas durante la procesión. ¿Cómo surge el exvoto? El autor antes citado lo explica como respuesta ante la angustia y el dolor humanos, propiciados por fuerzas desconocidas. La solución se halla en la realización de ofrendas y sacrificios que intentan llamar la atención de la divinidad ante una situación personal, que se considera por el individuo de más gravedad y digna de atención que ninguna otra. Tales comportamientos individualistas tienen hondas raíces en el comportamiento humano y claros paralelos en modelos sociales. Se trata de una visión antropocéntrica de la divinidad, contrapuesta a la concepción de Dios como ser todopoderoso. Una de las formas más comunes, aunque no la única, de estrechar las relaciones personales con los seres sobrenaturales es la promesa, una de cuyas expresiones concretas es el exvoto. La primera nace del ser necesitado, se dirige a la divinidad y termina en el hombre; este cumplirá lo prometido una vez que ha recibido el favor solicitado. El cumplimiento de la promesa está asegurado por sanciones, socialmente admitidas, de orden natural o sobrenatural. De esta forma se trata de llamar la atención e influir sobre quien tiene poder para desviar o dirigir los acontecimientos humanos, es decir, Dios, la Virgen o los santos. La relación puede quedar rota, aunque solo sea temporalmente, en caso de no recibir el favor solicitado. La actuación de los seres sobrenaturales esperada por el hombre es frecuentemente de carácter milagroso; supera, por tanto, el limite de la capacidad humana y anula el desarrollo lógico de las leyes naturales. El habito cultural de ofrecer exvotos a las divinidades en el mundo se pierde en los orígenes de la humanidad. Son numerosas las evidencias arqueológicas halladas en toda la Península. Estas formas de relación con claros orígenes precristianos continuarán una vez cristianizado el territorio, y llegará hasta nuestros días, habiendo dejado muestras tan destacadas como las lámparas, coronas y cruces visigodas o algunas relevantes muestras pictóricas de los siglos XVIII y XIX, siendo numéricamente más importantes en este ultimo siglo, al tiempo que se detecta una reducción drástica a partir de la década de los 30 del siglo XX. De las otras forma de exvotos apenas quedan muestras, debido al paso destructor del tiempo y los expolios sufridos por numerosas iglesias en forma de robo o venta. El fenómeno exvoto cristiano tiene gran incidencia en países católicos y ortodoxos, y solo se da excepcionalmente en países protestantes. En España, según la bibliografía existente, parecen ser más abundantes en Cataluña, Baleares y Andalucía, aunque se dan en todo el territorio.
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A la cabeza de la sociedad egipcia se encontraba el faraón, quien contaba, según las épocas, con poderosas atribuciones y privilegios. El rey de Egipto es el representante del dios Horus en la tierra y el enlace entre los dioses y los hombres. Posiblemente en épocas remotas, antes de la unificación, cuando el rey se hacía viejo, era considerado inútil porque había perdido la fuerza vital que le permitía mantener el orden cósmico y social y, por ello, debía ser eliminado incluso mediante una muerte violenta. Pero, en época histórica, esta eliminación se había sustituido por una fiesta ritual llamada "sed" en la cual se renovaban las capacidades del faraón mediante una serie de ritos oscuros que se celebraban en capillas especiales. Esta teoría dual de la monarquía, al gobernar el Alto y el Bajo Egipto, se reflejaba en la representación del monarca con dos coronas: la corona blanca del sur y la corona roja del norte. En la práctica, la dualidad queda de manifiesto en las dos sedes de la administración del Estado, la casa blanca del sur y la casa roja del norte, cuyo nexo era la persona del rey.
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<p>El 19 de julio de 1942, el Grupo de Ejércitos A irrumpió en la cuenca del Donetz, preparado para atravesar el Don, mientras que el Grupo de Ejércitos B se movía rápidamente hacia el recodo del Don y Stalingrado. Hitler realizó aquí el segundo de los tres movimientos que arruinaron toda la campaña. El primero fue el cambio de planes, estableciendo que Stalingrado fuera un objetivo principal. El 17 de julio, temiendo que el Grupo de Ejércitos A no fuera suficientemente aguerrido como para atravesar el Don, destacó al 4º Ejército Panzer de la primera línea de oriente, que se dirigía hacia Stalingrado, para colocarlo al frente de la primera línea meridional en dirección al Cáucaso. Aunque debilitado, el Grupo de Ejércitos B consiguió ocupar el recodo del Don y llegar hasta el Volga, al norte de Stalingrado. A finales de julio, el Grupo de Ejércitos A y el 4º Ejército Panzer habían conseguido penetrar en la región del Cáucaso, llegando a 70 millas del Mar Caspio y amenazando al Frente Soviético Transcaucásico. En este momento, Hitler cometió el tercer error. Disgustado por el lento avance del 6º Ejército, ordenó al 4º Ejército Panzer que retrocediera y que se uniera al Grupo de Ejércitos B en el ataque de Stalingrado. List y el jefe del Estado Mayor alemán, Halder, protestaron: fueron exonerados de sus cargos. Al Grupo de Ejércitos A, juzgado a distancia y de forma más bien caprichosa por el mismo Hitler, se le ordenó que mantuviera en el Cáucaso un frente de 500 millas de longitud y que al mismo tiempo mantuviera la ofensiva en la línea Batumi-Baku. Los rusos, mientras tanto, se habían rehecho de las pérdidas sufridas el año anterior reclutando nuevos soldados de entre las poblaciones de los territorios soviéticos de Asia: los soldados asiáticos engrosaron tanto las filas de la infantería como las de caballería. También, por lo que se refiere a los medios acorazados, en el verano de 1942, se presentaron bien preparados: el carro armado T 34, aunque simple y casi "inhabitable", desde el punto de vista de la relación cañones-coraza defensiva-velocidad, era superior a cualquier medio utilizado por los alemanes contra él. A mediados de agosto, se habían abandonado todos los intentos de asegurarse los pozos petrolíferos del Cáucaso, mientras Hitler dirigía ahora todas sus fuerzas hacia el ataque de Stalingrado. El 17 de agosto, el 6º Ejército de Paulus avanzó a través del Don, mientras el 4? Ejército Panzer, nuevamente asignado a la operación, se movía por el sur. El 1º y el 42 Ejército Acorazado y el 512 Ejército rusos se replegaron delante de la primera línea de las tropas alemanas. A finales de mes, los alemanes habían cercado a los rusos en una pequeña zona de un perímetro rectangular de 30 millas por 18. Los alemanes decidieron conquistar la ciudad con un ataque frontal. En septiembre, el perímetro defensivo ruso se había reducido a tan sólo 30 millas. En octubre, los alemanes habían llegado al río por el sur, aunque la zona de las fábricas, al norte, aún estaban en manos soviéticas. Los atacantes estaban exhaustos, por lo que Hitler ordenó cambiar de táctica: ya no había que atacar directamente, sino doblegar la ciudad con el fuego de la artillería y con bombardeos aéreos, a los que seguiría la primera línea de las tropas. El 19 de noviembre, los rusos comenzaron el contraataque. El Frente sur-occidental (al mando de Vatutin) y el Frente del Don (al mando de Rokossovsky) tenían que moverse desde el norte del Don hacia el sur e interceptar a las tropas alemanas situadas entre este río y el Volga. Al día siguiente, el Frente de Stalingrado (al mando de Eremenko) tenía que atacar en dirección oeste, unirse al ataque del norte y completar así el cerco de los alemanes en Stalingrado. Las dos formaciones soviéticas se encontraron el 23 de noviembre, mientras que el Grupo de Ejércitos B alemán consiguió retirarse a tiempo antes de que fuera totalmente aplastado. No obstante esta pronta retirada, el 6? Ejército y una parte del 41 Ejército Panzer fueron cercados. Aunque los rusos consiguieron rodear completamente al enemigo, aún no estaban suficientemente organizados como para impedir a Paulus y al 6? Ejército alemán que lo rompieran y que se abrieran hacia campo abierto. En un primer momento, ante la noticia de la ofensiva rusa, el mismo Hitler pensó en mandar a Paulus que se retirase, sin embargo, cuando se propuso abastecer al 6? Ejército por el cielo al ritmo de 500 toneladas al día, Hitler prefirió ordenar a Paulus que resistiera. Prácticamente se le obligó a organizar la Fortaleza de Stalingrado mientras se decidían los planes para el relevo. Stalin y el Mando Supremo soviético se dieron cuenta, desde la primera mitad del mes de julio, de que el enemigo -contrariamente a los planes originales de la "Operación Azul"- tendía a abrirse un sólido paso por el Volga hacia Stalingrado. La conquista de este fundamental punto estratégico, que era una importantísima zona industrial, habría significado cortar las comunicaciones entre el centro del país y el Cáucaso. Cuando se perfiló la amenaza, el Ejército Rojo se encontraba en condiciones extremadamente difíciles: las tropas que se habían retirado del frente suroccidental y meridional no estaban en condiciones de detener a los alemanes en el Volga; no había fuerzas suficientes. Frente al peligro, Stalin tomó una serie de medidas urgentes. Tres Ejércitos entraron a formar parte del frente de Stalingrado, instituido el 12 de julio. Se nombró al mariscal Timoshenko comandante del frente y al general Bodin jefe de Estado Mayor, enviando además a los generales Zhukov y Vasilevskij. En total, el 20 de julio, el frente disponía de 38 divisiones. De éstas, sin embargo, sólo 18 tenían los efectivos al completo. A pesar de disponer de fuerzas relativamente irrelevantes, Timoshenko se encontró con que tenía que defender una línea de entre 500 y 530 kilómetros, una línea que habría tenido que soportar el golpe de las fuerzas principales del enemigo. El mariscal, de acuerdo con Zhukov, formó el 62 Ejército en un trayecto de 300 kilómetros sobre la orilla izquierda defensivas de la ciudad. Uno después de otro, se erigieron cuatro fuertes de defensa: el exterior, el central, el interior y el urbano. ¿Hubiera sido suficiente contener el ataque de los alemanes? En la práctica, el general Paulus, avanzando hacia el sur-este con el objetivo de llegar al Volga el día 25 de julio, dos días antes de dicha fecha todavía estaba muy lejos de la ciudad y tenía que pedir (obteniéndolo) notables refuerzos: cinco divisiones de infantería, tres divisiones acorazadas y dos divisiones motorizadas. El 23 de julio, en el frente de Stalingrado, los alemanes disponían de 250.000 hombres, casi 750 carros armados, 7.500 caños y morteros, y 1.200 aviones. Las tropas soviéticas contaban con 187.000 hombres, 360 carros armados, casi 7.900 cañones y morteros, y 337 aviones de combate. El ejército alemán tenía una superioridad 1,4 veces mayor en hombres, 2 veces en carros armados y 3,5 en medios aéreos. Sin embargo, ni siquiera estas fuerzas resultaron suficientes para llegar al Volga.</p>
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Los años 20 fueron años de resaca y recapitulación. Tras haber experimentado el mayor conflicto nunca antes visto, la Gran Guerra, que había desmantelado no sólo buena parte de las economías europeas sino diezmado sus poblaciones, la recuperación económica de la segunda década del siglo XX permitía augurar la llegada de "días de vibo y rosas". A ello contribuía la conciencia, o mejor, la ilusión, de que un conflicto tan devastador no podría volver a repetirse, y que la propia racionalidad occidental, plasmada en los acuerdos del final de la I Guerra Mundial, sería capaz de establecer los mecanismos necesarios para ello. La sociedad, al menos parte de ella, comenzó a buscar fórmulas de escape y evasión, en la conciencia de que el hedonismo y la diversión podrían acompañar permanentemente sus vidas. Los progresos técnicos permitían vislumbrar un mundo dominado por el ocio y la carencia de problemas, al mismo tiempo que se era consciente de estar viviendo tiempos de apertura en muchos terrenos, sobre todo con respecto a una sociedad de finales del siglo XIX que se percibía como menos permisiva. Cine y deportes se convierten en espectáculos de masas, llenando los tiempos de las conversaciones y los intereses populares. Al mismo tiempo, parece llegada una época en la que poco a poco irán, si no desapareciendo, si al menos las distancias sociales, políticas y económicas se irán aminorando. El sufragio universal, la participación de las masas en la política, el acceso más o menos generalizado a un empleo, etc. permiten alcanzar un estado de confianza y relativo bienestar. No caminaban por el mismo sendero buena parte de los intelectuales, quienes pensaban que el recientemente terminado conflicto no era sino la muestra de la crisis de toda una civilización basada en los valores y la cultura occidental. El malestar por un mundo en crisis y cuya dirección se desconoce se apoder de la intelectualidad, en un proceso reforzado e incrementado cuando, en 1929, el crash económico desvele la realidad de un mundo donde la miseria nunca dejó de estar presente. La sombra de la guerra, además, permanece acechante.
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Después de junio de 1631, abrumado por el éxito obtenido en Leyden, se instaló en la bulliciosa y mercantil Amsterdam, sin duda que atraído por su despegue económico y su liberalismo religioso, dos extremos de los que Leyden, la calvinista ciudad universitaria y eclesiástica, carecía en el mismo grado. Con todo, aún en Leyden, Rembrandt había establecido relaciones comerciales con un rico marchante de arte de Amsterdam, Hendrick van Uylenburgh, y después, una vez establecido en casa de van Uylenburgh, seguiría manteniendo firmes contactos con diversos comitentes de su etapa leydense, muy en especial con Huygens. Hombre feliz, en 1634 casará con Saskia van Uylenburgh, sobrina de su rico socio mercantil -con quien convivirían hasta 1635-, que aportará una dote sustanciosa a su matrimonio. Disfrutando con su mujer de los goces de la vida (La alegre pareja, 1635, Dresde, Gemäldegalerie) y de sus amplias ganancias, en 1639 se decidió a comprar una suntuosa vivienda en el barrio judío, que nunca acabaría de pagar por sus constantes desarreglos financieros y por su irrefrenable pasión de coleccionista (de obras de arte y de objetos preciosos: armaduras, cascos tejidos, joyas), hasta terminar perdiéndolo todo.En Amsterdam, Rembrandt conquistó una pronta fama y una relativa riqueza económica, gracias a la gran cantidad de retratos que se le encargaron (sólo unos 30 entre 1632 y 1633). Con posterioridad, este género pictórico, mediante las comisiones que se le harán -sin contar los retratos que de él mismo y de su propia familia realizaría-, se convirtió en una parte importante de su producción artística. No es casual que la fase más barroca de su carrera se inicie, en 1632, con La lección de anatomía del Dr. Nicolaes Tulp (La Haya, Mauritshuis) y se concluya, en 1642, con La Ronda de Noche (Amsterdam, Rijksmuseum), dos de los mayores hitos del retrato colectivo. Contratado por la guilda de los cirujanos de Amsterdam para que presidiera su teatro anatómico, tenía un precedente en la obra de T. de Keyser El profesor Egbertz dando su lección de anatomía (1619, Amsterdam, Rijksmuseum), al que, por cierto, no escuchan sus caracterizados alumnos, preocupados más por el parecido que por la ciencia. Magistral entre los retratos de grupo por su extraordinario verismo y su penetración psicológica, Rembrandt superó a De Keyser, no obrando como él y logrando la unidad de acción y psicológica del grupo en el acto común que se desarrolla: la disección de un cadáver, en la que todos se interesan.Retratista de moda en Amsterdam en la década de 1630, Rembrandt se complacerá en retratar a sus personajes en plena acción, como en Joven escritor (1631, San Petersburgo, Ermitage) que, rivalizando con los retratos de desbordante vitalidad de Rubens, le hace girarse hacia el espectador y levantar la vista con gesto espontáneo, pero a la vez con grandeza de ánimo en su gesto y en su mirada. En otras ocasiones, la inspiración flamenca parece proceder de ejemplos de Van Dyck, cuyas obras debieron tener un papel decisivo en el caso de sus retratos de personajes que forman una pareja, con aire solemne, sentados (John Elison, y su esposa Mary Bockenolle, 1634, Boston, Fine Arts Museum) o en pie (Maerten Soolmans y su mujer Oopjen Coppit, 1634, París, Colection Rothschild), o que conforman un grupo (Retrato de una pareja en negro 1633, Boston, Isabella Stewart Gardner Museum). Pero, liberándose de la composición vandiquiana, mucho más estática, dispondrá sus parejas en grupos más dinámicos y realistas (Constructor naval con su esposa, 1633, Londres, Buckingham Palace). Ante la sobria y seca objetividad que caracterizaba los retratos en Amsterdam, Rembrandt arrancará de la sosa cotidianeidad a los laboriosos burgueses que afluían a su taller, vistiéndolos de Noble eslavo (1632, Nueva York, Metropolitan Museum), disfrazándolos de Noble polaco (1637, Washington, National Gallery). Incluso, en los retratos de su familia, a Saskia la transfigurará en Flora (1635, Londres, National Gallery). Seguro de sí mismo, Rembrandt se efigiará, por lo general de medio cuerpo y de tres cuartos, girando la cabeza hacia el espectador, cubriéndose con algún bonete o sombrero que proyecta su sombra sobre la frente y los ojos (Autorretrato, 1634, Berlín, Staatliche Museum y Florencia, Uffizi), recurso que también usará para representar a Saskia riendo (1633, Dresde, Gemáldegalerie), cuyos valores atmosféricos logran anular la fuerte plasticidad de la imagen de su esposa. En todo caso, el deshilachado contorneo de las zonas en sombra de los cabellos y los sombreros, destacando sobre un fondo claro, y viceversa, ayudan a subrayar la instantaneidad, el aspecto vivo, la mirada vigilante de sus modelos.Tocado por la Antigüedad, por estos mismos años explotará la vena mitológica o histórica, pero en clave nada idealizante, sino más bien vital, de claro empeño realista, y al igual que a Saskia la transforma en Flora, a una ampulosa holandesa la figurará, vestida con riquísimos brocados y joyas, como Artemisa (1634, Madrid, Prado), en el momento de recibir las cenizas de su esposo Mausolo, alegorizando exóticamente el amor conyugal. Otro tanto podría decirse de la voluptuosa y rolliza Dánae (h. 1636-50, San Petersburgo, Ermitage), una de sus mejores y más barrocas composiciones, en las que afronta la mitología clásica desde la concreción de lo real. Impregnando el mito con no poca carga satírica, un burdo y llorón niñote prendido en las garras de una ágil águila se convierte en Ganímedes (1635, Dresde, Gemáldegalerie).A lo largo de estos años, Rembrandt trabajará también en cuadros de asuntos evangélicos, en los que sus creencias protestantes, quizá, se denotan en el papel secundario que la Virgen y los Apóstoles tienen en sus composiciones. Su Cristo crucificado (1631, Mas-d'Agenais, Parroquia) es la más antigua de estas obras. Sus contactos con Huygens le procurarán uno de los más importantes encargos que se le hicieron para que representara un ciclo con cinco Escenas de la Pasión (Munich, Alte Pinakothek). Pintados entre 1634 y 1639, estos cuadros iban destinados a la colección del estatúder de Holanda, el príncipe Federico Enrique de Orange-Nassau, de la que ya formaban parte obras de Rubens y de Van Dyck. Curiosamente, para la Elevación de la Cruz y el Descendimiento (ambos de 1634) Rembrandt se inspirará en los esquemas de Rubens, pero -incapaz de conseguir la grandiosidad del pintor flamenco- las dotará de expresivos sentimientos, de sombríos estallidos dramáticos de luz y de sombra. Más libre, dependiendo menos de modelos anteriores, tratará los temas del Entierro, la Resurrección (los dos de 1639) y la Ascensión (1636). Satisfecho de sus obras, el mismo Rembrandt en unas cartas a Huygens escribirá, haciendo una referencia al Entierro y a la Resurrección, que "el más grande y el más natural movimiento ha sido observado", tal vez como indicación tanto al dinamismo físico y externo como a las emociones interiores del alma.Colmando sus demás obras religiosas del mismo impulso, entendido en el doble sentido de dinamismo físico y anímico, el artista holandés buscará mediante los efectos claroscuristas provocar en el espectador profundas impresiones que le hicieran partícipe de los acontecimientos bíblicos en ellas figurados. Rembrandt pintará entonces el dramático Sacrificio de Abraham (1635, San Petersburgo, Ermitage), el fastuoso y mistérico Festín de Baltasar (h. 1635, Londres, National Gallery) y el trágico (y casi caricaturesco) Sansón cegado por los filisteos (1636, Francfort, Staedelsches Institut). A decir verdad, la sombra de Rubens parece estar revoloteando sobre estos cuadros, no tanto por débitos concretos como por evocaciones a su narrativa dramática, a su barroquismo compositivo y a su sentido de lo patético, pero más como reto que como deuda por parte de Rembrandt. Y es que sus incisivos contrastes lumínicos le permiten hacer vibrar a sus figuras contra los fondos en sombra o a plena luz. Esa obsesiva insistencia en torno a la luz, sus contrastes, sus efectos, abocará al artista a preocuparse por la adecuada ubicación de sus cuadros. Así, cuando, en 1639, done una de sus obras a su culto protector Constantyn Huygens -verosímilmente ese manifiesto del contraluz pictórico que es su Sansón cegado por los filisteos-, no dudará en aconsejarle respecto a cómo y en dónde colgar la pintura: "cuelgue este cuadro... donde haya fuerte luz, de modo que pueda verse desde una cierta distancia, y así hará el mejor efecto". En verdad que, de ser ésa la pintura regalada y de seguirse los consejos de Rembrandt, el túnel lumínico allí creado por el pintor se potencia.De modo paralelo a su creciente tendencia por la narración íntima y delicada, por la cada vez mayor desintegración de la pincelada y por el paulatino desarrollo de una cálida paleta de tonos pardos, entre 1636 y 1643 se interesó por una visionaria pintura de paisajes que, arrancando del grandioso fondo, casi cósmico, de la Predicación de San Juan Bautista (h. 1634, Berlín, Staatliche Museum), adoptará cualidades líricas y románticas en el del Bautismo del eunuco (1636, Hannover, Landsmuseum). Su deseo de transformar por medio de la magia del pincel el mundo natural en otro visionario, se reveló elocuente en los efectos de luz concentrada y dinámica del Paisaje con puente de piedra (h. 1637, Amsterdam, Rijksmuseum), del Paisaje con un obelisco (h. 1638, Boston, Isabella Stewart Gardner Museum) o del Paisaje en tempestad (h. 1639, Brunsvigh, Staatliche Museum). Siguiendo una dirección opuesta a la tendencia naturalista y descriptiva practicada en general por los especialistas del género, inclinados a la observación realista de la naturaleza y a la reproducción fiel de los motivos naturales, en su visión hondamente dramática de la naturaleza Rembrandt lo mismo expresará un estado de ánimo interior, que una dimensión poética de orden superior. Durante la década siguiente, confirmaría esas intensas ensoñaciones, como la del fantástico Castillo (h. 1643, París, Louvre), o en sus sublimes Ruinas (h. 1650, Kassel, Gemáldegalerie), con la excepción de su Paisaje invernal con patinadores (1646, Kassel, Gemäldegalerie), en el que su concepción realista no tendrá parangón en su pintura, y que habrá que buscar en sus aguafuertes (Vista de Ornval, 1645) y dibujos (Vista de Sloten, h. 1650, Chatsworth, Devonshire Collection), de gran luminosidad y atmósfera incomparable. Pero, interesado cada vez más por el drama humano, estas escasas incursiones en el género paisajístico, pronto las abandonaría definitivamente, no encontrándose más rastros a partir de 1650.Entre tanto, su profunda vocación gráfica y la práctica continua del grabado le condujeron a misteriosas perfecciones técnicas, que aún maravillan. En sus aguafuertes y en sus dibujos, ya de tema religioso, muy frecuente en su producción calcográfica (La resurrección de Lázaro, h. 1631-32, y La muerte de la Virgen, 1639), ya de escenas de género, abundantes entre sus diseños (El peinado, h. 1635, Viena, Albertina), el maestro holandés perseguirá dramatizar los asuntos surcándolos de líneas y retículas impetuosas, agitando sus composiciones y sesgando de luces todo el espacio.
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La entidad de los fenicios como pueblo sólo puede definirse a partir de la crisis de 1200 a.C., resultado de la nueva estructuración que se produce en la zona oriental del Mediterráneo. Como es natural, los primeros dos siglos, por lo menos, resultan igualmente oscuros, pero en ellos va paulatinamente notándose su presencia en la arqueología y en la tradición legendaria, hasta hacerse plena a partir del año 900 a.C. en los ambientes marítimos de casi todo el Mediterráneo. Desde entonces, a partir de asentamientos costeros y con contactos pacíficos u hostiles con los grandes imperios del Próximo Oriente, los fenicios se convirtieron en el vehículo principal de los intercambios crecientes que van poniendo en contacto a los pueblos mediterráneos, al tiempo que estimulan la colaboración de algunos de modo más directo, sobre todo cuando, como en el caso de los griegos, las propias transformaciones internas los van configurando como pueblos aptos para la participación activa en tales intercambios. Desde el punto de vista de la expansión colonial por el Mediterráneo, el enclave principal fue la ciudad de Tiro, de donde partían los navegantes que empezaron a establecer los contactos y los fundadores de las principales colonias. También eran conocidos por los griegos los navegantes sidonios desde fines de la Edad Oscura. La época de los expansionismos imperialistas del primer milenio a Occidente, junto a los sucesivos problemas internos de las ciudades, reflejados en las tradiciones que cuentan las vicisitudes de los conflictos familiares, influyó en que los modos de intervención fenicios en los distintos lugares a lo largo del tiempo sufrieran transformaciones. Sin embargo, lo que resulta trascendente desde el punto de vista de la configuración de la Grecia arcaica fue la formación de una infraestructura de relaciones marítimas que, desde muy pronto, aparece como básica para los viajes de Menelao o de Odiseo. Barcos y navegantes fenicios sirven de ayuda o aparecen como elemento de fondo en los escenarios donde los héroes se mueven por fines aparentemente propios de su rango, aunque a veces se muestra claramente que sus viajes también sirven para obtener beneficios. Así, los fenicios aparecen mezclados en tradiciones legendarias griegas, como la de la participación de Cadmo en la fundación de Tebas. Los contactos resultan, sin embargo, basados en realidades constatables arqueológicamente. Tanto en Al-Mina, en la costa siria, como en Chipre, los objetos griegos se encuentran mezclados con objetos fenicios, como depósitos de viajes en que sin duda unos y otros entraban en contacto. Más tarde, también será evidente que, tanto en Rodas como en otros puntos del Mediterráneo, los fenicios se asentaban en lugares relativamente diferenciados, pero suficientemente conectados a los griegos como para dar lugar a desarrollos culturales específicos.
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Entre las divinidades femeninas que los fenicios introdujeron en España, el predominio absoluto corresponde a Astarté, asimilada con la Ishtar de los asirios o con la Hathor egipcia, que tuvo múltiples advocaciones. En el Cerro del Carambolo, pocos kilómetros al oeste de Sevilla, donde se halló el famoso tesoro tartésico, se sitúa también la procedencia de una figura sentada de esta diosa, a la que se representa desnuda, con peluca egipcia de mechones rectos escalonados que caen sobre los hombros; en el pedestal tiene la dedicación de un devoto a Astarté de la cueva, en la inscripción fenicia más extensa conocida por el momento en España. El título de la diosa llevó al profesor Blanco Freijeiro a proponer que ella podía ser la que los textos sitúan en un antro del extremo occidental de la ciudad de Cádiz, y de la que la isla recibía el nombre de Aprodisias, ya que se la identificaba con Afrodita y con Venus Marina. Parece que la Astarté de Cádiz es también la diosa representada en los llamados bronces del Berrueco, unas placas de arte más tosco, en las que el cuerpo se reduce a un disco del que parten radialmente cuatro alas y sobre el que se dispone un rostro inexpresivo rodeado por los dos bucles simétricos de la melena; varios ejemplares de este tipo se encontraron en el Cerro del Berrueco, en la provincia de Salamanca, de donde recibieron su nombre, pero luego se recuperó parte de otra pieza del mismo molde en Cádiz, lo que indica con mucha probabilidad que fue aquí donde se fabricaron. La Astarté de Cádiz y la diosa del Berrueco son una misma divinidad, idéntica con la Hathor egipcia, a la que ya el culto del segundo milenio antes de Cristo llamaba señora de Byblos; entre las atribuciones de tan poderoso personaje estaba la de orientar la navegación, de donde viene su identidad romana con Venus Marina, pero esto no sólo se aplica en Egipto a la navegación en el mundo real, sino también a la conducción de la barca en la que los difuntos realizan su último viaje; en sus creencias funerarias, los antiguos pueblos hispanos acogieron también a esta misma diosa en su papel de señora de los animales para representarla con felinos protectores, con aves o con caballos. En la variada iconografía de la diosa traída por los fenicios, hay documentos de todas sus advocaciones; dan idea de la forma de transmisión algunos hallazgos aislados de piezas excepcionales, como la Astarté de Galera, una delicada figurita de alabastro egipcio que representa a la diosa entronizada entre dos esfinges; su función es la de vaso ritual, ya que tiene un pequeño depósito en la cabeza, comunicado con los senos por unas perforaciones; los orificios podían taponarse con cera que sería disuelta por el líquido caliente y permitiría obtener el efecto de una diosa manando su líquido fecundante sobre la cazoleta que sostiene en el regazo. El estilo de esta escultura se reconoce en obras de arte orientalizante, tanto en Grecia como en Siria, y debe proceder de talleres egipcios del siglo VII a. C. No puede olvidarse que Astarté debió asumir el papel que durante la Edad del Bronce poseía la diosa astral de ojos estrellados y melena ondulada que se representa en los ídolos cilíndricos; diosa de la fecundidad, de la agricultura y la ganadería, de la guerra, del comercio, del mundo funerario y de todo aquello en lo que los hombres podían esperar la intercesión de seres superiores, pero que sólo por mediación de los fenicios abandonará su aspecto abstracto y esquemático, para convertirse en un ser humanizado y naturalista. En los apliques de bronce de un quemador de perfumes descubierto en una tumba de Castulo (al sur de Linares, Jaén), hay tres figuras de la diosa vestida con túnica de cuello picudo y mangas cortas; tiene cruzadas las manos en las que sostiene una flor de papiro y sobre la cabeza lleva un gran lirio en flor, parecido al capitel de Cádiz; el rostro con grandes ojos se enmarca por dos bucles simétricos sobre los que es posible distinguir unas finas orejas de novilla, el atributo definitorio de Hathor, que aparece en idéntica forma en capiteles fenicios de la isla de Chipre desde el siglo VI a. C. Algunas joyas gaditanas de reciente aparición tienen colgantes con la cabeza de la diosa enmarcada por los dos bucles, como señal inequívoca de que era ésta la venerada Astarté de Cádiz. Las mismas flores y el mismo peinado son los que se muestran en una placa de bronce aparecida cerca de Sevilla (el bronce Carriazo), que pudo ser parte de un bocado de caballo; es una Astarté con peinado de Hathor, pero sin orejas de novilla, con túnica de mangas cortas ornada de lirios, y acompañada por dos torsos de ánades cuyas alas se unen sobre la cabeza de la diosa. Si las aves acuáticas indican su dominio sobre una parte de la naturaleza, tendríamos aquí una diosa de las marismas y los esteros, distinta de las advocaciones orientales, donde no se conocen paralelos para esta iconografía. Los gruesos ánades son sólo comparables con algunas de las imágenes más naturalistas del arte egipcio antiguo y puede que en ambos casos procedan de la observación directa del natural; la diosa toca el cuello de las aves con sus manos en las que sostiene unas piezas triangulares caladas que son estilizaciones florales destinadas a dar paso a las bridas. Este conjunto de diosa con aves y plantas acuáticas es una versión peculiar que debió ser creada por los artistas gaditanos para representar a la diosa local de las marismas, asimilada con Hathor y Astarté.Otra versión de esta diosa acompañada de animales se encuentra en la boca del vaso de Valdegamas (Badajoz). Se trata de un jarro ritual de bronce, de boca ancha y trilobulada; en la unión del asa con la boca aparece la cabeza de la diosa, peinada con dos trenzas rizadas, y, a los lados, dos leones yacentes. Hay paralelos muy cercanos en el mundo etrusco que señalan el intercambio de ideas entre distintos talleres del ámbito mediterráneo.