Nacido en Lyon, recibió cursos de escultura y arquitectura, trasladándose finalmente a París; entró en 1785 en la Academia Real de Pintura y Escultura. En 1790, se trasladó a Roma en calidad de internado de la Academia de Francia. Allí obtuvo un premio de escultura gracias a un bajo-relieve titulado El Juicio de Salomón. En 1793 volvió a París, pasando a ser miembro de la Sociedad de las Artes en 1800. Entre sus obras destacan su escultura ecuestre de Enrique IV, situada en el Pont Neuf, o la de Luis XIV en la Place Bellecour de Lyon.
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obra
La pared norte del antedormitorio de los Príncipes de Asturias en el Palacio de El Pardo iba a ser decorada con dos tapices para los que Goya ejecutó los modelos; éstos son los Leñadores y el Majo de la guitarra, dos obras donde el pintor parece estar marcado por Zacarías González Velázquez, considerándose esta influencia un retroceso.Esta escena que aquí contemplamos resulta excesivamente oscura, animada por el traje naranja del protagonista que recibe un fuerte fogonazo de luz. El fondo está muy esbozado, alejándose de la influencia velazqueña. La pincelada continua siendo suelta, aplicada a base de largos toques que se pueden apreciar a simple vista, creando una interesante sensación atmosférica. La perspectiva empleada es la típica a la que se recurre cuando se trata de una obra que el espectador contempla desde abajo.
Personaje
Militar
Cónsul romano en Hispania. Fue elegido en el año 139 a.C. para sustituir a Quinto Pompeyo Aulo. Permaneció en el cargo durante un solo año. Cuando llegó a Numancia comunicó a los numantinos que los acuerdos que éstos habían alcanzado con Pompeyo Aulo no eran válidos, ya que habían sido rechazados por el Senado romano. Pompeyo Aulo había llegado a un acuerdo con Numancia garantizándoles la paz a cambio de una elevada cantidad de dinero, motivo por el cual debía realizarse el pago en dos plazos. Ante la noticia de Popilio Lenas, los numantinos le mostraron las pruebas de la legalidad del acuerdo, enviando las mismas a Roma, quien las rechazó. Mientras esperaba la respuesta del Senado, Popilio se dedicaba a instruir a las tropas, evitando acercarse a las zonas dominadas por los celtiberos, hasta que tuvo al ejército listo para atacar. En la primavera del año 138 a.C., el ejército romano en Hispania, bajo el mando de Popilio Lenas marchaba hacia las inmediaciones de Numancia. Al llegar a las inmediaciones de Numancia, Popilio Lenas encontró una ciudad aparentemente desierta. Sin embargo, desconocía que los numantinos estaban escondidos. Ante la situación, Popilio dio orden de no atacar, a la espera de un ataque numantino. Finalmente, debido a la larga espera decidió lanzar a sus tropas contra la ciudad. Al iniciarse el asalto, los soldados romanos pensaron que se trataba de una trampa, por lo que comenzaron a huir. Esto fue aprovechado por los numantinos para salir de su escondite y arrasar al ejército romano. Tras la derrota, Popilio se retiró hacia el valle del Jalón, para alejarse de Numancia y centrarse en combatir a los lusones, quienes también le derrotaron. Según Schulten, tras las derrotas sufridas, Popilio se retiró a Cartago Nova, donde permaneció hasta que a finales del año 138 a.C. regresó a Roma. Le sustituyó entonces Cayo Hostilio Mancino.
obra
Debido a su cargo como Pintor de Cámara, Goya estaba obligado a solicitar el necesario permiso cada vez que abandonaba la Corte. En 1824 y temiendo caer en la purga que se estaba llevando a cabo contra los liberales, decidió trasladarse fuera de las fronteras españolas. Para no levantar sospechas solicitó permiso para tomar las aguas en el balneario francés de Plombières, siendo admitida su petición. Nunca llegó a dicho balneario, iniciando su particular exilio, visitando primero París para después instalarse en Burdeos donde existía una nutrida colonia de exiliados españoles. Allí se reencontrará con sus amigos, especialmente con el personaje que aquí tenemos retratado. Don Leandro puede ser considerado como uno de los mejores dramaturgos de la literatura española, comparable con Lope o Calderón cuya tradición continuó. Moratín muestra el mismo espíritu crítico y mordaz en sus obras que Goya en sus grabados. Esta realista imagen del dramaturgo es uno de los últimos retratos realizados por Goya; representado de medio cuerpo, apoya su brazo derecho sobre una mesa en la que encontramos varios papeles, en uno de los cuales ha aprovechado el pintor para plasmar su firma. El oscuro fondo sirve para centrar nuestra atención en su expresivo rostro, de mirada ausente no exenta de preocupación y de nostalgia hacia la lejana patria. Sus inteligentes ojos son punto de referencia para el pintor, sacando a través de ellos la personalidad y el carácter de su amigo y compañero de sufrimientos. Con estos retratos finales, Goya se anticipa al Romanticismo por la forma de tratar a sus personajes, mientras que la soltura de la pincelada le sitúa a un paso del Impresionismo.
contexto
En líneas generales, el panorama que se desprende de las tradiciones legendarias coincide sustancialmente con el que ofrecen los estudios dialectológicos de la lengua griega. A partir de polémicas científicas todavía parcialmente vigentes, donde la formación de los diferentes dialectos se ha explicado por procedimientos variados, por oleadas o por separaciones internas ya dentro de la época oscura, al sumarse los datos de la arqueología y predominar los intentos totalizadores, se llega a una visión dinámica de la configuración del griego como lengua poseedora de ricas variedades dialectales. Sin duda, el gran movimiento diferenciador tuvo lugar en la edad oscura, como consecuencia del amplio proceso migratorio que llevó a la ocupación de Asia Menor y a la formación de los dialectos orientales. Sin embargo, el dialecto dorio posee características propias que llevan a los investigadores del pasado a colocarlo en una posición específica, de introducción reciente, consecuencia de una nueva migración que sería la causante de la destrucción del mundo de los palacios micénicos. Las matizaciones que han resultado de estudios más recientes llevaron primero a identificar el dialecto con el hablado por las clases oprimidas del mundo micénico, cuya destrucción sería la consecuencia de una revuelta social. Más tarde, se ha admitido de nuevo el carácter migratorio de su aparición, pero más bien situada en la Edad Oscura, consecuencia, más que causa, de la catástrofe. Por otro lado, la migración no representaba una nueva invasión exógena de pueblos procedentes del norte, síntoma de una renovación racial. Las características de la lengua doria se hallan desde época anterior situadas en amplias regiones del norte o del oeste de Grecia, donde no influyeron los aspectos renovadores que llevan a la constitución de los dialectos orientales. Tesalia, Dóride, Fócide, Lócride, Etolia y Acarnania poseían en sus lenguas los rasgos con que se identifica el dorio, lengua de los pueblos que se movieron hacia el Peloponeso en época oscura, en la que se asentaron y consolidaron sus caracteres. Estos representaron el resultado histórico de la confluencia de los movimientos de pueblos con la configuración de la nueva sociedad, en que las agrupaciones concretas tienden paulatinamente a constituirse en ciudades estado.