Este excelente retrato no pudo ser concluido por Velázquez al sorprenderle la muerte el 6 de agosto de 1660, siendo su yerno Juan Bautista Martínez del Mazo quien lo terminó. Sería por lo tanto la última obra del maestro. Se piensa que las manos, la cabeza y el cortinaje serían obra de Mazo mientras que Velázquez pintó el magnífico vestido en colores rosas y platas, el pañuelo de la mano derecha, las rosas y violetas de la izquierda y posiblemente la alfombra.Margarita tendría ocho años de edad ya que nació en 1651. Resulta bastante improbable una hipótesis que plantea que Martínez del Mazo retocó la cabeza por encargo de Felipe IV para enviar el lienzo a Viena y que lo viera el prometido de la infanta, el emperador Leopoldo de Austria. Por respeto de Mazo a su maestro y porque la obra no se envió a su destino, se piensa en la inverosimilitud de esta propuesta.Las zonas que supuestamente realizó Velázquez cuentan con la especial soltura de los años finales de la década de 1650, en la que nos dejó sus mejores producciones: Las Meninas y Las Hilanderas. Actualmente se considera que Velazquez no llegó a intervenir en la realización de este cuadro y la autoría completa fue de Martínez del Mazo.
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obra
La infanta María Teresa fue la última hija que tuvieron Felipe IV y su primera esposa, Isabel de Borbón. Había nacido en El Escorial el 20 de septiembre de 1638 por lo que cuando la retrató Velázquez tendría unos 15 años de edad. En aquellos momentos - 1652-53 - esta joven era la heredera del trono de España ya que no había hijo varón, aunque su padre estaba casado en segundas nupcias con Mariana de Austria y había nacido una hija de este enlace: Margarita María, la infanta protagonista de Las Meninas. Sin embargo, Felipe IV tenía esperanzas de conseguir el ansiado varón por lo que María Teresa será ofrecida en matrimonio a las diferentes monarquías europeas. Esta muchacha se casará con el rey francés Luis XIV en 1660, participando en la entrega de la infanta española el propio Velázquez.Este retrato del Museo de Viena ha sido recortado tanto por la parte superior como por la inferior, lo que hace suponer que se trataría de un retrato de cuerpo entero. La mirada de la infanta ha variado respecto al retrato del Metropolitan Museum ya que aquí mira fijamente al espectador, con un aire de majestuosidad bastante descarado. El traje de color nacarado se recorta sobre el fondo verdoso de una cortina, obteniendose las notas de color gracias a los detalles rojizos de las mangas, del cuello, del pecho y de las cintas de los dos relojes que lleva atadas a la cintura. Los relojes son símbolos positivos, mostrando la puntualidad y buen hacer de la retratada.El pañuelo que porta María Teresa en su mano izquierda es una buena muestra de la maestría de Velázquez; con una pincelada suelta y rápida ha conseguido excelentes calidades táctiles, igual que en el resto de la escena. La luz ha sido aplicada de tal manera que casi no provoca sombras, al iluminar la figura con un fuerte foco.
contexto
En los ejércitos de las poleis también luchaban, junto a los hoplitas, unidades de infantería ligera. Estos soldados carecían de protecciones en sus cuerpos, especializándose en el manejo de armas arrojadizas, especialmente jabalinas. Su estrategia consistía en acatar por sorpresa y retirarse del campo de batalla. Las jabalinas solían medir poco más de metro y medio, rematándose con una punta metálica. Empleada fundamentalmente para la caza, los jóvenes estaban familiarizados con su uso, siendo empleada también por la caballería. Sin embargo, los hoplitas no disponían de este tipo de armas ya que se consideraban más efectivas la lanza y la espada. Algunas ciudades poseían unidades de arqueros y honderos, destacando entre ellos los soldados cretenses. La participación de estas unidades no resultaba decisiva en el desenlace de la guerra, pero servían de apoyo como desgaste sobre las formaciones de hoplitas. Su eficacia aumentaba en los sitios de las ciudades y en la lucha urbana, ya que las heridas causadas por flechas eran bastante difíciles de curar, según los informes médicos que disponemos. Las unidades de honderos eran bastante frecuentes en las regiones montañosas y en ocasiones formaban parte de los ejércitos de otras poleis. Como proyectiles se podían emplear piedras, pero habitualmente la munición eran balas en forma de bellota, realizadas en barro cocido o plomo, que recibían el nombre de glandes. El estratega ateniense Ifícrates, en el siglo IV a.C., configuró un cuerpo especial de mercenarios de infantería ligera, tomando como modelo los soldados tracios que participaron en la Guerra del Peloponeso. Se les denominó peltastes, ya que portaban un ligero escudo de mimbre llamado pelta o pelte. Una jabalina y una espada serían sus armas de ataque, careciendo de elementos defensivos. Su baza estaba en la rapidez y la movilidad , consiguiendo algunos éxitos frente a los pesados cuerpos de hoplitas.
contexto
En los reinos de la Península Ibérica la pintura sigue el mismo camino que otras artes; disminuye la importancia de Cataluña, mientras es mayor la de Castilla. Los orígenes de la recepción de lo flamenco se dan antes en Valencia, ciudad que mantiene y aumenta su peso como gran centro mediterráneo. Lluis Dalmau está en Flandes en 1431 y regresa a Valencia en 1436, cuando aún vive Jan van Eyck, en cuyo taller hubo de estar. No sabemos cómo podía pintar antes, pero a su regreso está totalmente fascinado por lo que ha visto. Poco tiempo después, con una fama bien asentada, reclaman sus servicios en Barcelona, donde en 1443 se le paga espléndidamente por el Retablo dels Consellers (Museo del Arte de Cataluña), en función de las novedades que ha asumido. La obra es un reflejo exacto de zonas del Políptico del Cordero de Gante, de van Eyck. Con el tiempo llega a liberarse del mimetismo respecto a sus modelos.