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La cuestión de Sicilia fue el eje de la política exterior de estos años. A raíz de su matrimonio con la princesa siciliana Constanza Hohenstaufen (1262), Pedro el Grande se convirtió en el valedor de los derechos de su esposa al reino de Sicilia, del que los Hohenstaufen fueron desposeídos (1268) por Carlos de Anjou, conde de Provenza, con el sostén del Papa y del rey de Francia. Inmediatamente después de su ascensión al trono Pedro el Grande maniobró para conseguir la neutralidad de los monarcas vecinos frente a una eventual confrontación con los Anjou. Respecto de Mallorca, reconoció a su hermano Jaime (II de Mallorca) el reino (Mallorca, el Rosellón y la Cerdaña) que su padre le dejó, pero le exigió la prestación de vasallaje (Perpiñán, 1279). En relación al reino de Francia, aliado de los Anjou, retuvo en su poder a los infantes de la Cerda, sobrinos del rey de Francia y legítimos herederos del trono de Castilla, que habían huido de este reino ante el temor de ser eliminados por su tío y aspirante a la corona, el infante Sancho (futuro Sancho IV). La amenaza de entregarlos a su enemigo podría frenar al monarca francés, pensaba erróneamente Pedro el Grande, y la misma baza, en sentido inverso (la defensa de los derechos de los infantes), debió jugar con la corte castellana. El rey de Aragón negoció también acuerdos y alianzas matrimoniales con los reyes de Portugal e Inglaterra. La preparación de la ofensiva siciliana antiangevina comportaba también no arriesgarse en la política del Estrecho donde benimerines, nazaríes y castellanos rivalizaban. Pedro el Grande mantuvo una actitud más bien neutral que perseguía asegurar las relaciones políticas y mercantiles en la zona. Más firme fue la acción en el Magreb central, donde los abdaluidas de Tremecén, que contaban con mercenarios catalanoaragoneses, firmaron un tratado que favorecía al comercio catalán y aceptaron pagar tributo a Pedro el Grande (1277). Los mayores esfuerzos se hicieron no obstante en la Ifriqiya (Túnez), donde gobernaban los hafsidas y se habían refugiado exiliados de Nápoles y Sicilia, enemigos de los Anjou. Conrado Lancia, encargado por el rey de Aragón de someter a los hafsidas de Túnez a tributo y llevarlos a una alianza militar contra Carlos de Anjou, fracasó en este propósito, por lo que incitó a la revuelta al gobernador de Constantina a quien prometió ayuda militar (1278-1280). Los preparativos navales y militares que entonces realizó Pedro el Grande, con el propósito declarado de intervenir en el Norte de Africa, tenían sin duda el destino inconfesado de Sicilia, donde los agentes del monarca advertían que se preparaba una revuelta antiangevina. El 30 de marzo de 1282 (Vísperas Sicilianas) los sicilianos, levantados en armas, expulsaron a los Anjou hacia Nápoles, y pensaron probablemente en alguna forma de gobierno propio e independiente. Quizá por ello Pedro el Grande tardó en hacerse a la mar y, cuando lo hizo, fue para acudir al Norte de Africa, supuestamente para intervenir en las luchas internas de los hafsidas (junio de 1282). Solamente en agosto de 1282 los sicilianos, presionados por la contraofensiva angevina y persuadidos por Giovanni da Procida, un fiel de Pedro el Grande, se decidieron a ofrecer la corona al rey de Aragón, que desembarcó en la isla. La incorporación de Sicilia a la Corona de Aragón complicaría enormemente la política exterior. Mientras el Papa amenazaba, excomulgaba (1282), desposeía formalmente de sus reinos a Pedro el Grande (1283) y los ofrecía a un hijo del rey de Francia (1284), continuaba la lucha en el Mediterráneo central donde el almirante Roger de Lauria, al servicio de la Corona, infligía severas derrotas a la flota angevina (en una de ellas fue hecho prisionero el príncipe angevino Carlos de Salerno, futuro Carlos II de Nápoles), al mismo tiempo que, aprovechando la división de los hafsidas, se adueñaba de la isla de Djerba, cerca de la costa tunecina (1284), y forzaba al sultán de Túnez a firmar un tratado de sumisión (Panissars, 1285). El afianzamiento de las posiciones de la Corona en el Mediterráneo central y las pérdidas de Carlos de Anjou incitaron entonces a sus aliados a actuar en el flanco peninsular de la Corona. La lucha contra un rey excomulgado se legitimó como cruzada, y tropas francesas, dirigidas por el rey Felipe III el Atrevido, atravesaron el Rosellón (Jaime II de Mallorca les allanó el camino) y avanzaron al sur del Pirineo hasta Gerona, donde se desgastaron en un asedio (junio-septiembre de 1285) que se complicó por las epidemias y la derrota de la flota francesa, encargada de los suministros, a manos de Roger de Lauria. La humillante retirada del ejército francés fue seguida de represalias contra Jaime II de Mallorca, a quien se desposeyó de la parte insular de su reino.
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En 1885 nace el partido político nacionalista "Congreso Nacional Indio" que solicita la conversión de la India en dominio, tomando como modelo a Canadá. Inglaterra se resistió a perder el control fundamental de la India, pero concedió a jefes indígenas la administración local. En 1910, Tagore funda una escuela experimental en Santiniketan (Bengala) en la que se impartía una educación combinada con lo mejor de las culturas occidental e india. En 1921 la escuela se convirtió en la Universidad Visua-Bharati, en la germinaron las ideas de libertad e independencia. A la expansión del independentismo y el nacionalismo indio contribuyeron también el ferrocarril, el servicio de correos y telégrafos y la escolarización en lengua inglesa. Poco a poco fueron creándose instituciones representativas y formas limitadas de autogobierno. La primera gran manifestación contra el dominio británico se produjo en 1905, cuando el virrey Lord Curzon decidió la partición de Bengala. A partir de entonces las manufacturas inglesas recibieron un fuerte boicot y el gobierno británico reacción tomando disposiciones muy represivas, hasta que finalmente se anularon las disposiciones de Curzon en 1911. En 1906 se crea en Dhaka, la actual capital de Bangla Desh, la Liga Musulmana, fomentada por el gobierno británico y uno de sus aliados, el Aga Khan. En 1920 la lucha de los musulmanes por la autonomía se une a la de los indios, cuando Mohammad Ali Jinnah, abogado formado en Londres y miembro del Congreso Nacional Indio, se adhirió a la Liga Musulmana. En 1929 Ali Jinnah se puso a la cabeza de los musulmanes indios. Finalmente la ruptura definitiva entre indios y musulmanes produjo la creación de un nuevo país, Pakistán. El verdadero artífice de la independencia de la India fue Mohandas K. Gandhi, llamado mahatma -alma grande- por sus discípulos. Abogado formado en Occidente, trabaja en Sudáfrica, donde es víctima del racismo. De regreso a la India en 1914 se dedica a estudiar el hinduismo y a analizar las doctrinas sobre la no violencia presentes en religiones como el budismo, el jainismo y el cristianismo. En 1946 accedió al poder en Inglaterra el Partido Laborista, muchos de cuyos miembros simpatizaban con la causa nacionalista india. El mismo año las elecciones en la India arrojaron un resultado favorable para el Partido del Congreso en todas las provincias excepto el Punjab y Bengala. Las negociaciones para la independencia finalizaron con un acuerdo para transferir el poder antes de junio de 1948, siendo encargado del proceso Lord Mountbatten. Finalmente, las celebraciones de la independencia se produjeron a las 00,00 horas del día 15 de agosto de 1947, aunque antes India había debido desgajarse del Pakistán, lo que produjo gravísimos disturbios y miles de muertos y desplazados. Gandhi, quien más había luchado por la independencia, no pudo apenas disfrutar del fruto de su labor, pues fue asesinado en 1948 por un hindú extremista que le reprochaba su comprensión por los musulmanes. Tras su independencia India se constituyó como una democracia federal, miembro de la Commonwealth, aprobando su propia Constitución en 1949. País pluriétnico, en él conviven varias lenguas y religiones, veintinco estados y siete territorios unidos. Jawaharlal Nehru fue el principal impulso de la modernización experimentada después de conseguida la independencia, ocupando el cargo de Primer Ministro hasta su muerte, en 1964. Su hija, Indira Gandhi, le sucedió en el cargo en 1966, detentando el poder hasta 1977. De nuevo volvió a ocupar el cargo en 1980, pero fue asesinada cuatro años más tarde. Su hijo Rajiv fue su sucesor, aunque tendrá su mismo destino. Actualmente, la India presenta algunos problemas políticos de gran importancia, como la relación de enfrentamiento con Pakistán y el clima de confrontación con la minoría sikh. Además, la superpoblación y las graves desigualdades sociales son un foco de posibles conflictos que suponen un reto para los años venideros.
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El largo periodo de colonización portuguesa comienza a contemplar su fin durante el auge napoleónico en Europa, que amenazará directamente con invadir Portugal. El traslado de la corte portuguesa a Brasil supone cambios drásticos en la colonia, no siendo el menos importante el incipiente surgimiento de un cierto sentido de independencia con respecto a una metrópoli cuyos problemas se ven muy lejanos. La existencia de un monarca brasileño se ve como una salida deseada, que en definitiva servirá como un punto intermedio entre la dominación colonial y la emancipación. El reinado de don Pedro servirá para sentar las bases de un Brasil independizado, mientras que en la etapa imperial de Pedro II los cambios afectarán a instituciones tan arraigadas como la esclavitud, proveedora de mano de obra a mínimo precio para las plantaciones.
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En la guerra contra Estados Unidos, las islas Filipinas, a pesar de su importancia objetiva, jugaron siempre un papel secundario. La sublevación había comenzado en el archipiélago en 1896, organizada por el Katipunan, una organización nacionalista fundada en 1892. Siempre se ha considerado que la oposición a España en Filipinas tuvo un fuerte carácter anticlerical, y que en ella intervino activamente la masonería, como reacción al intenso protagonismo que las órdenes religiosas tenían en la colonia; todo ello está siendo objeto de revisión. La rebelión fue extendiéndose e, igual que en Cuba, la política contemporizadora -en este caso representada por el general Blanco- fue sustituida por la política fuertemente represora del general Polavieja. El que sería llamado general cristiano confirmó la sentencia de muerte, rápidamente ejecutada, de José Rizal, el principal intelectual filipino, que había fundado la Liga Filipina y se declaró masón, pero que de hecho no había participado en la rebelión. Por diferentes razones, Polavieja fue sustituido por el general Fernando Primo de Rivera a mediados de 1897. El nuevo capitán general se mostró dispuesto a una negociación indirecta con los principales jefes de la insurrección -en especial, Emilio Aguinaldo- que éstos aceptaron y que culminó en el pacto de Biac-Na-Bató, de diciembre de 1897. Aunque subsistían algunos focos rebeldes, la paz parecía asegurada. No fue hasta después de la derrota naval de Cavite cuando Aguinaldo volvería a Filipinas y la insurrección se reavivó. No obstante fueron tropas norteamericanas las que tomaron Manila, en agosto de 1898, después de la firma del protocolo de Washington. Por el Tratado de París, de 10 de diciembre de 1898, España reconocía la independencia de Cuba y cedía a los Estados Unidos, Puerto Rico, Filipinas y la isla de Guam, en las Marianas. De nada sirvió que la entrega de las Filipinas no hubiera quedado establecida en el protocolo de Washington. La delegación norteamericana impuso sus exigencias sin que a la española le quedara otro recurso que la protesta. En el acta final, los negociadores norteamericanos reconocían en los españoles "el celoso cuidado, la sabiduría y la habilidad, así como la uniforme cortesía con que habían procedido". Sobre este episodio, el diplomático Pablo de Azcárate ha escrito que "las negociaciones con los Estados Unidos (..) fueron conducidas con clara visión de la realidad, con firmeza, con prudencia, con dignidad. Es verdad que los negociadores españoles no consiguieron obtener ni la más mínima concesión de sus adversarios. Pero lograron lo único que era posible lograr en sus circunstancias, a saber: silenciar los argumentos contrarios y forzar al gobierno de los Estados Unidos a refugiarse a propósito de cada punto litigioso, en lo que era su exclusivo y único argumento: la fuerza. Y esto tiene y tendrá valor para todo el que no se resigne a dejar la vida reducida a un simple juego de intereses materiales". En 1899, España vendería a Alemania los últimos restos de su imperio colonial en el Pacífico, las islas Carolinas, Marianas y Palaos. Sólo en Cuba, según los datos publicados por La Estafeta, murieron en combate o a causa de las heridas recibidas 2.150 soldados y oficiales; fueron heridos y sobrevivieron, 8.627; y murieron de diversas enfermedades, 53.500. En cuanto al coste económico, se calcula en 2.000 millones de pesetas. Según Pedro Tedde, entre 1895 y 1900 "la deuda pública en poder del Banco (de España) pasó de 921 a 1.670 millones (...) Paralelamente la base monetaria se incrementó en 1.331 millones de pesetas, un 43,8 por 100. El índice de precios se elevó un 28 por 100 (...) (y) se experimentaría una devaluación de la peseta del 10 por 100".
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Como consecuencia de la Revolución Francesa, toda la isla de La Española se vio sumida en una situación de extrema violencia. En poco tiempo los grandes plantadores blancos de la parte francesa se verían desposeídos de sus propiedades y del control del territorio, todo lo cual pasaría a manos de sus antiguos esclavos. Al mismo tiempo, en la parte española de la isla, los colonos tuvieron que hacer frente a una serie de acontecimientos inesperados y traumáticos, como la cesión a Francia en 1795, las invasiones haitianas de 1801 y 1805 y la dura lucha de 1805 y 1809 para expulsar a los invasores. La violencia y los duros enfrentamientos quedarían grabados en la memoria de los dominicanos y serían fielmente transmitidos al resto de las colonias españolas en América por la mayor parte de las cerca de 125.000 personas que entre 1795 y 1810 abandonaron la isla. A diferencia de lo ocurrido en las Trece Colonias y de lo que ocurriría en la América española, la independencia de Haití sería mucho más un acontecimiento de profundas repercusiones sociales que políticas.
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Durante el primer cuarto del siglo XIX se produjo el desmoronamiento de los dos grandes Imperios ibéricos existentes en América. Antes de 1825, con las excepciones de Cuba y Puerto Rico, la casi totalidad de las colonias americanas terminaron emancipándose. Pese a la coincidencia cronológica, ambos procesos se diferenciaron entre sí, tanto por los conflictos desatados (mucho mayores y más violentos en la América española) como por el hecho de que mientras el Brasil mantuvo su unidad, la América española se fragmentó en numerosas países, en el centro y en el sur del continente americano, y una parte muy importante de México pasó al control de los Estados Unidos.
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La India, el segundo país en población después de China, es la cuna de una cultura milenaria, de las lenguas más antiguas que se conocen en el planeta y de gran cantidad de religiones y formas de pensamiento aún vigentes. Su vasto territorio ha albergado a multitud de pueblos, etnias y religiones, que durante siglos han aprendido a convivir dando lugar a una espléndida cultura. La civilización India abarca una realidad geográfica determinada, la península del Indostán, que engloba actualmente tres países diferentes: la India, Pakistán y Bangla Desh. Con forma de triángulo invertido, el cabo Comorín, su punto más meridional, separa las dos costas indias: la Malabar, bañada por el mar Arábigo, y la costa Coromandel, abierta al golfo de Bengala. Al norte, el imponente Himalaya, con el Karakorum y el Hindu Kush, cierra la península. Grandes ríos la cruzan, como el Indo, el Ganges, el Brahmaputra, el Godavari o el Kistna. Sus aguas, alimentadas por el Monzón, hacen crecer ciudades populosas, como Calcuta, Kanpur, Delhi o Bangalore. La historia de los orígenes de la civilización de la India constituye un gran enigma. A partir del III Milenio, en el valle del Indo se desarrolló una floreciente civilización, comparable a la de Mesopotamia. Esta cultura contó con importantes asentamientos como Mohen-jo Daro, Lothal o Harappa, quien da nombre a toda la cultura. La ciudad de Mohenjo-Daro resulta sorprendente por su compleja red de infraestructuras y su alto desarrollo urbanístico. Probablemente a partir del año 1800 a.C. comienza la invasión de los pueblos arios, de procedencia debatida. Entre los siglos VII y VI se crean numerosos principados tribales a lo largo del Ganges, siendo el más importante el de Magadha. En el siglo VI nacieron Buda y Jina, fundadores del budismo y del jainismo, respectivamente, dos religiones que jugarán un papel fundamental en la cultura india. La expedición de Alejandro Magno a la India, en el año 326 a.C., produjo la entrada de la influencia griega en la región. La dinastía Maurya, que gobernó en la India entre los años 322 y 187 a.C. configuró el primer imperio bien documentado. El emperador residía en Pataliputra, desde donde gobernaba sobre las capitales provinciales: Taxila, Tasali, Ujjain y Suvarnagari. Los gobernantes maurya son los creadores del primer arte indio. Su religión oficial, el budismo, se sirvió del arte para hacer llegar de forma gráfica a todos los habitantes del imperio los ideales y las normas del gobierno. Pero la principal aportación del arte maurya es el stupa, un tipo de monumento funerario que conmemora la muerte de Buda y es a la vez un símbolo cósmico, una reproducción de la estructura del universo. Entre los stupas más conocidos, el n? 1 de Sanchi es uno de los más representativos del arte indio. El siguiente gran momento de la civilización india es el llamado imperio gupta, entre los siglos IV y V d.C. El imperio, a partir de un pequeño núcleo inicial en el valle del Ganges, se extendió por casi todo el norte de la India actual. La estabilidad social, la tolerancia religiosa, la paz continuada y el enriquecimiento económico dieron lugar a uno de los periodos más brillantes de la historia de la humanidad, en el que se realizaron las pinturas de Ajanta, la "Capilla Sixtina de Oriente". En la escuela de Sarnath, la capital intelectual de Asia, la plástica budista llegó a su momento álgido, mientras que la rica literatura escrita en sánscrito produjo joyas como el Kamasutra, representación filosófica y simbólica del amor carnal. En el año 510 se produce la entrada de los hunos en la India, que imponen un dominio cruel sobre Punjab, Cachemira, Rajastán y el oeste de Uttar Pradesh. Esto supone la pérdida de la hegemonía gupta, en el norte y, podo después, de los Vakataka, en el sur. La caída de los grandes patrones del budismo hace que éste quede confinado a tres pequeñas áreas, Cachemira, Bihar y Bengala. Al mismo tiempo, el resto de la India es testigo del triunfo del hinduismo. A partir del siglo VII la India aparece dividida en multitud de reinos regionales de difusas fronteras, siendo las más importantes las dinastías Pala y Sena, en el norte, y Cola, en el sur. En este periodo, llamado a veces Medievo indio, se configuró el arte hindú y llegó a su máxima expresión la técnica escultórica, empleada básicamente para decorar los templos, dedicados en un principio a la terrible figura del dios Siva. También ahora el arte jaina alcanza su momento más fecundo y glorioso. A finales del siglo XII comienza la era musulmana en la India. El alminar de Qutb, en Delhi, es uno de los primeros edificios islámicos en suelo indio. Los contactos culturales con el mundo árabe hicieron que se incorporaran a las matemáticas árabes los numerales indios, entre los cuales se incluía el cero, así como el sistema decimal. A comienzos del siglo XVI llegan a la India los mogoles, provenientes de las estepas del Asia central y originarios de Mongolia. En 1605 el imperio mogol controla casi la mitad de la India, extendiéndose a la práctica totalidad hacia 1700. La época del imperio mogol deja en la India importantes monumentos, como el Mausoleo de Humayún, en Delhi, o el de Mausoleo de I'timur al-Dawla, en Agra. Pero la auténtica joya del arte mogol en la India es el Taj Mahal. Construido en mármol blanco veteado y translúcido, el edificio responde al deseo de Shah Jahan de construir un mausoleo en memoria de su esposa Mumtaz Mahal, de la que estaba perdidamente enamorado. Jade de China, calcedonia de Egipto y perlas y ámbar de Damasco fueron empleados por veinte mil obreros, que trabajaron, de día y de noche y a lo largo de veinte años, en la construcción de este auténtico "Poema de Amor en piedra". A partir del 1700 comienza el declive mogol. La rica y próspera India observa desde hace tiempo cómo en sus costas se asientan enclaves comerciales portugueses, franceses, holandeses y británicos. En 1857 el imperio mogol dejaba de existir y la India pasaba a estar controlada por Inglaterra. La perla de la Corona británica finalmente consiguió su independencia en 1947, gracias a líderes como Nehru o Gandhi. La India, país heterogéneo y complejo, donde conviven lenguas, religiones y culturas diferentes, ha sabido ser también un mundo volcado en la sensualidad, con magníficas dotes para la construcción de templos exuberantes. En definitiva, se trata de una civilización en la que conviven con fuerza pasado y presente, haciendo que los hombres y las formas adquieran un talante tolerante, siempre abierto a la llegada de nuevas influencias.
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La India, situada en Asia meridional, ocupa la mayor parte del subcontinente indostánico. El siglo XVII había sido la gran época de los mogoles. La India era la tierra del Gran Mogol, un imperio que descansaba sobre cuatro pilares: la personalidad del emperador, la alianza o comprensión de los rajputs, la política de tolerancia y el equilibrio del poder. Fue un interludio independiente entre el dominio de los extranjeros ingleses y el de los turcos del Asia central. A principios del siglo XVIII todavía dominaban los mogoles, cuyo jefe, el gran mogol Aurangzeb (1658-1707) poseía todo el norte de la India y la parte septentrional de Dekán y además había impuesto señorío a la mitad meridional. Ahora bien, si es innegable la extensión territorial del Imperio mogol bajo el mandato de Aurangzeb, no es menos cierto que ya se comenzó en este tiempo a comprometer la dominación mogol.