Tras la impronta marcada por Jacobo Sansovino a lo largo de su estancia veneciana en la Piazzetta y la Piazza de San Marcos, que con pocas concesiones al manierismo inicial mantuvo cierto empaque helénico en sus construcciones (como clasicista se mostró también en su otra faceta de escultor), es lógico que Venecia y el Véneto de terraferma, donde la riqueza agrícola se reafirmó, acogieran con simpatía a un estudioso de los monumentos clásicos y un equilibrado distribuidor de columnas, cúpulas y frontones romanos, Andrea Palladio. No había nacido en la propia Venecia Andrea di Pietro della Gondola, apellidado generalmente Andrea Palladio, sino en 1508 en la ciudad universitaria de Padua, desde tiempo dominio de la Serenísima. Allí se acercó a Falconetto y compartió su adhesión a los arcos triunfales romanos, pero su encuentro con el humanista Gian Giorgio Trissino fue decisivo. Su apoyo le permitió viajar a Roma y estudiar los monumentos de la antigüedad y también los alzados por Bramante, Rafael y Peruzzi. Sus estudios le proporcionaron diseños que, junto con creaciones propias, se reprodujeron en otro de los tratados teóricos más admirables del siglo XVI, "I quattro libri dell'Architeaura", que imprimió en 1570. Por sus ideas y estética en cierto modo aparece muy próximo a Leon Battista Alberti. Precisamente el recuerdo de Alberti explica la que es pionera en su considerable actividad arquitectónica en Vicenza, la ciudad al oeste de Padua que se enorgullece de nombrarse a sí misma la ciudad del Palladio, la llamada Basílica, el gran salón medieval gótico cubierto por bóveda esquifada de madera bajo la cual administraba la municipalidad sus asuntos, similar al paduano Palacio della Raggione. Antes se había consultado a Sansovino, Serlio, Sanmicheli y Giulio Romano, que no dictaminaron favorablemente un revestimiento de galerías columnadas en su exterior. Palladio se apoyó en el modo cómo resolvió Alberti la conversión de una iglesia gótica con techumbre maderada en el Templo panteón de Segismundo Malatesta en Rímini, y dispuso en torno a las cuatro fachadas del rectángulo una armoniosa envoltura de pórticos en dos plantas, comenzada en 1546 y no conclusa hasta 1614. Las arcadas se voltean entre dinteles en la disposición de los arcos serlianos ya utilizados por Sansovino en la Biblioteca de San Marcos, y el éxito de su fórmula, más abierta en el piso alto que en el bajo para descargar la gravedad, determinó que también sea reconocido como motivo palladiano. La cabalgada de los arcos, con el claroscuro de los vanos entre columnas toscanas y jónicas, órdenes que también aplica a los soportes gigantes que integran la malla rítmica cuadrada y prolongan hacia el cielo las estatuas acróteras, produce la sensación métrica y musical de un gran poema coral. El éxito del artista en la Basílica contagió a las familias adineradas de Vicenza, que solicitaron a Palladio la construcción de sus palacios y mansiones campestres. El resultado convirtió a la ciudad en un glorioso museo de edificios palladianos, especialmente su vía central que ha terminado por llamarse el corso Palladio, y de villas admirables en la campiña vicentina y ciudades cercanas. Es fábrica sobresaliente una de sus primeras mansiones, el Palacio Chiericati (1551-1553), que, sobre un ancho pórtico adintelado de columnas toscanas ofrece la novedad de sus tribunas en los extremos, y la alternancia de acróteras geométricas y esculturales. Pilastras gigantes, como las empleadas por Miguel Angel en el Vaticano, utiliza en el Palacio Valmarana, así como serán columnas gigantes en la cúbica Loggia del Capitanio (1571), de concesiones plásticas al gusto de Sansovino en la Librería, o en el Palacio Porto, cuyo diseño quedaría sin completar. También le debe Vicenza el proyecto del Teatro Olímpico ideado, sobre sus análisis de la obra de Vitruvio, en 1580, el mismo año de su muerte, y llevado a cabo en la totalidad de sus diseños por su discípulo Scamozzi. Resucita aquí Palladio el esplendor y monumentalidad de los mejores teatros del mundo grecorromano, tanto en la cavea coronada por una suntuosa tribuna con columnas y estatuas, como significativamente en el lujoso escenario, grandioso arco triunfal poblado de estatuas por cuyos tres vanos es visible la perspectiva de cinco calles igualmente flanqueadas de nobles mansiones. Es la reposición por el Manierismo avanzado de uno de los grandes logros culturales del mundo antiguo. Además del ingente patrimonio urbano, la extraordinaria serie de villas debidas a Palladio en las inmediaciones de Vicenza como en localidades cercanas (Mira, Maser, Montagnana, Lonedo), aún prestigia más su rica imaginación creadora, apoyada en una sabia e ingeniosa interpretación del mundo clásico, pero no ajeno a las aportaciones de la sensibilidad manierista. Su varia y atinada respuesta a la vida campestre que demandaba la renacida economía rural, hace que hasta ahora se sigan los criterios palladianos en este tipo de construcciones. La más admirada de todas es la Villa Capra conocida por La Rotonda (1567-1569), en la vecindad de Vicenza, habilísima adaptación de cuatro próstilos de templos romanos con escalinatas a un salón central redondo cubierto por cúpula como un recoleto Panteón de Agripa. Frontones y estatuas como acróteras contribuyen con las pinturas del interior a integrar los patrones clásicos con la moderna sensibilidad en una santificación pagana de la vida en el campo. La imita, con sólo un pórtico de orden jónico, la Villa Foscari o de la Malcontenta (1560), en Mira. De fachada más extensa, abrazando el jardín, la Villa Barbaro, en Maser (1559-1561), con pórticos de arcos reiterados, tímpanos triangulares y relojes de sol, representa también, junto con la decoración pintada en su interior por Pablo Veronés, una sugerente recreación virgiliana. También la ciudad de Venecia debe a Palladio algunos de sus templos, que lograron insertarse admirablemente en el paisaje y en las islas de la ciudad de los canales. En ellas predomina el empaque clásico, unido a ciertas aperturas manieristas, como en la monumental iglesia de San Jorge el Mayor (iniciada en 1565 junto al monasterio de la isla de su nombre, ahora sede de la Fundación Cini), donde también añadió un claustro. Sus tres naves y crucero con cúpula, más baja que el eminente campanile, forman desde entonces parte inevitablemente hermosa del horizonte veneciano. También es admirable la del Redentor, en la isla de la Giudecca (1577), de limpio diseño de fachada en que se suceden hasta tres tímpanos clásicos alzados sobre columnas de orden gigante, y también por su luminoso interior de una nave con capillas homacinas y crucero con cúpula flanqueada por, campanarios cilíndricos.
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Venecia era el lugar ideal para un artista como el impresionista Monet, como poco después lo sería para otros como el divisionista Signac. Esta afirmación es tan obvia que cuesta trabajo entender porqué no estuvo antes en la ciudad italiana y sólo en una edad muy tardía, hacia 1908, se decidió a emprender tal viaje. La ciudad había sido encumbrada a la categoría de mito del arte desde hacía siglos, cuando en el Renacimiento y en el Barroco fue un término de referencia esencial por su exotismo oriental y por la maravillosa oportunidad que proporcionaba su atmósfera. Los hermanos Bellini, Giorgione, Tiziano o Tintoretto no hicieron sino abrir un camino que los pintores seguirían durante siglos como Claudio de Lorena o Canaletto. Monet sería uno de los últimos en llegar a esa genealogía tan insigne.
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A pesar de las lecturas y los cuadros sobre Venecia, cuando el viajero llega a esta ciudad tiene una sensación difícil de explicar. Encontrarse en medio de una laguna y rodeado de tanto encanto y belleza hace de Venecia una ciudad incomparable, a cuya ensoñación infinidad de pintores, músicos y literatos no pudieron resistir. La plaza de San Marcos es el corazón de la ciudad. En este amplio espacio se dan cita todos los turistas que llegan a ella, convirtiéndola en un auténtico hervidero, con sus terrazas, sus palomas y su constante trasiego. En uno de los extremos de la plaza se alza, majestuoso, el campanille. Sus casi cien metros de altura nos permiten una espectacular vista de la ciudad. A sus pies hallamos la basílica de San Marcos, patrono de Venecia, cuyas reliquias fueron trasladadas desde Alejandría por dos mercaderes. La basílica fue construida en el siglo XI y presenta una sensacional mezcla de estilos: bizantino, gótico, musulmán. La Torre del Reloj es otro de los puntos de interés en la plaza. Diseñada en el siglo XV, se corona con los famosos moros que dan las horas. El acceso desde la plaza de San Marcos al Canal se realiza a través de la Piazzetta. Este espacio está cerrado por dos columnas que sostienen el León de San Marcos y la estatua de san Teodoro, el antiguo patrón de los venecianos. En uno de los laterales de la Piazzetta se levanta la Librería, una construcción renacentista construida por Jacopo Sansovino en el siglo XVI. En el otro lateral hallamos el Palacio Ducal, la residencia oficial de los magistrados, sede del gobierno y palacio de justicia de la Serenísima. El palacio fue construido en el siglo XIV y es una de las obras maestras del gótico civil italiano. En su decoración participaron los mejores artistas de la ciudad: Tiziano, Veronés, Tintoretto. El acceso a las prisiones desde el Palacio se realizaba desde el Puente de los Suspiros, una de las señas de identidad de Venecia. La calle principal de Venecia es el Gran Canal, constantemente recorrido por vaporettos, góndolas y otras embarcaciones. Cualquier ceremonia tiene su reflejo en esta vía de agua. Pero la más importante es la famosa Regata, competición entre los mejores remeros de la ciudad, precedida por desfiles de embarcaciones adornadas con multicolores telas y dirigidas por remeros vestidos con sus mejores galas. El Puente de Rialto es el más famoso de los tres que cruzan el Canal. Construido en el siglo XVI, presenta un único arco y está recorrido por tres pasajes peatonales a los que se abren tiendas. Como calle principal de la ciudad, en el Gran Canal se alzan los principales palacios. En ellos podemos contemplar una sensacional evolución de la arquitectura veneciana, desde el Gótico al Barroco, mostrando cada uno la personalidad de sus propietarios. Algunas iglesias también se abren al canal. Entre ellas destaca la Basílica de la Salute, construida por Baldassare Longhena durante el siglo XVII, como exvoto contra la peste. Al anochecer, Venecia adquiere un aspecto casi fantasmagórico. Sus palacios emergen de las aguas y se llenan de romanticismo, permitiendo imaginar sus salones ocupados por las elegantes y suntuosas fiestas que ocuparon el siglo XVIII. La fiesta veneciana por excelencia es el Carnaval. Calles y plazas se convierten en el escenario de una improvisada mascarada. Una diversión transgresora se extiende por todos los rincones de la ciudad. Pero el viajero no debe dejarse impresionar sólo por la grandeza de la plaza de San Marcos o el Gran Canal. En las pequeñas plazas, llamadas campos, o en los múltiples canales encontramos el espíritu veneciano, la tranquilidad y sensualidad que impregnan esta ciudad. En estos lugares casi mágicos se alzan las numerosas iglesias que salpican la población. Entre las más importantes destaca Santa Maria Gloriosa dei Frari. En su interior encontramos varias muestras de las mejores obras de Tiziano. En el paisaje de Venecia también sobresalen las llamadas Scuolas, cofradías laicas dedicadas a la devoción y la penitencia. Entre ellas se distingue la de San Rocco, decorada por Tintoretto con grandes telas alusivas al Antiguo y al Nuevo Testamento. La laguna de Venecia se cierra con una isla, el Lido, convertida en la playa de la ciudad gracias a sus doce kilómetros de arena. En la laguna también encontramos otras islas que gozan de gran encanto. Murano está formada por cinco islitas cruzadas por múltiples canales. Sus fábricas de vidrio le han dado fama mundial. Burano se ha especializado en la producción y venta de artesanía, siendo otro de los centros de interés turístico. Desde el punto de vista artístico, la más interesante es Torcello. Su catedral fue construida en el siglo VII, siguiendo las pautas del estilo bizantino. Una vez vivida en profundidad, el viajero nunca se olvidará de Venecia, una ciudad única, diferente.
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A finales del verano de 1840 Turner permaneció dos semanas en Venecia, siendo ésta su estancia más larga en la Ciudad de los Canales. Los quince días que permaneció los dedicó casi exclusivamente a realizar bocetos y acuarelas de los canales, interesándose por captar nuevas imágenes a pesar de su avanzada edad. Para Turner, el Arsenal era símbolo del auge y caída de la ciudad ya que en su interior estaban los astilleros, polvorines y fundiciones hasta la conquista de Napoleón en 1797. El maestro londinense centra su atención en efectos de luz, color y atmósfera, efectos característicos de la obra madura de Turner. Las tonalidades anaranjadas y malvas se adueñan de la composición, dotando de romanticismo a la escena. John Ruskin en "The Stones of Venice" escribió que en esta acuarela, Turner había logrado que "los muros de ladrillo ardieran en fuego espiritual".
contexto
Los primeros pobladores de la laguna veneciana, situada en la costa noroeste del mar Adriático, están documentados en época romana, denominándose Venetia a la región. Bien es cierto que la zona a la que se refieren las fuentes es bastante mayor que la ciudad actual, abarcando no sólo la Ciudad de la Laguna, sino también las tierras interiores limítrofes. En estas zonas pantanosas empezaron a asentarse los pescadores y los trabajadores de las factorías de sal, así como algunos ricos patricios que se construyeron residencias de verano. El avance de los primeros pueblos bárbaros en la península Itálica, fechado en los primeros años del siglo IV, provocó la huída de buena parte de los colonos de tierra firme a la zona de la laguna. Será con la llegada de Atila a Italia, entre los años 452 y 453, cuando se registre el mayor números de refugiados en las zonas lacustres de la región, fundándose las primeras ciudades: Iesolo, Torcello o Chioggia. En la futura Venecia se instalaron los primeros asentamientos, en las zonas de Castello -llamado Olivolo en las fuentes- y de Rialto -zona llamada Rivo Alto-, lugares situados por encima de las aguas de la laguna. Será en el siglo VI cuando la región pase a depender del reino ostrogodo, que tenía su capital en Ravena. A la muerte de Teodorico, en el año 526, el reino ostrogodo se desmembraba y la región de Venecia pasaba a depender del Imperio Romano de Oriente, bajo la dirección de Justiniano y con capital en Constantinopla. Las invasiones lombardas trajeron nuevas oleadas de colonos que fundaron importantes centros comerciales como Torcello o Malamocco. Toda la comarca está controlada por el Imperio Bizantino, a través del exarcado de Ravena, delegando los asuntos relacionados con la seguridad en unos tribunos militares. Desde ese momento empieza un lento desarrollo de las islas, gracias especialmente a la pesca y al comercio de sal y pescado. Pero las amenazas lombardas no cesaban, por lo que los habitantes de la zona obligaron a los bizantinos a sustituir los tribunos por un dux, elegido por los propios venecianos, importante cargo ya que contaba con una amplia autoridad. El primero de los dux será Paoluccio Anafesto, elegido en el año 697. Al mismo tiempo, los habitantes de ciertas islas gozarán de alguna autonomía, lo que motivaría la supremacía de dos comunidades: Grado como sede religiosa y Heraclea -pronto sustituida por Malamocco- como centro político. Torcello alcanzaría cierta supremacía comercial. Carlomagno conseguía derrotar a lo lombardos en el año 774, convirtiéndose la laguna véneta en objeto de enfrentamiento entre los emperadores franco y bizantino. En el año 809, Pipino, hijo de Carlomagno, avanzaba a lo largo de la costa adriática y lanzaba un ataque contra la región de Venecia. La población se unía para rechazar al invasor y la soberanía bizantina se afianzaba. El dux se trasladaba a Rivo Alto (Rialto), convirtiéndose esta zona en el nuevo centro político de la región. El siguiente movimiento sería la fortificación de numerosas islas, primer paso para convertirse en una poderosa ciudad estado y una potencia del Mediterráneo con señas de identidad propias. Unas de estas señas serán las reliquias del evangelista Marcos, que fueron llevadas a Venecia en el año 828 por dos mercaderes: Bonus de Malamocco y Rusticus de Torcello. La tradición cuenta que san Marcos se trasladó, por expreso deseo de san Pedro, a la zona noreste de Italia para evangelizarla, fundando el obispado de Aquilea. La leyenda narra cómo el santo se perdió en la laguna y al caer la noche descansó en una de sus islas. Allí se le apareció un ángel que le anunció que en ese lugar tendría su última morada, edificándose un templo donde sería objeto de veneración. Marcos continuó con sus viajes, que le llevaron a Alejandría, donde sufrió martirio y murió. Los cristianos de la ciudad lo enterraron en la iglesia por el santo fundada. En el siglo IX Alejandría estaba controlada por los musulmanes tuluníes. El emir ordenó la construcción de un suntuoso palacio, por lo que buena parte de los materiales empleados procedieron de la iglesia cristiana, lo que ponía en peligro los restos del santo. En ese momento aparecen en la historia los mercaderes venecianos que habían llegado a Alejandría con sus barcos. Unos clérigos griegos les manifestaron sus preocupaciones respecto a la suerte del cuerpo del santo y los mercaderes no dudaron en trazar un plan que les condujera a Venecia con el santo cuerpo en su poder. Para ello imploraron a san Marcos que les ayudase y consiguieron la protección divina necesaria para realizar el traslado. La ciudad sufrió una terrible tempestad en el momento en que los comerciantes sacaban el cuerpo de la iglesia, por lo que todos los ciudadanos se refugiaron en sus casas; Bonus y Rusticus pudieron llevar la reliquia a su barco. El control aduanero se burló al colocar el cuerpo del santo en una cesta de la que despedía un maravilloso olor, que se solventó al colocar carne de cerdo sobre aquél, por lo que los musulmanes no efectuaron ningún registro. El viento fue favorable por intercesión del evangelista y llegaron a Venecia el 31 de enero, siendo recibidos por toda la población. Cuando fueron a trasladar el cuerpo al palacio del dux, en el lugar donde ahora se levanta la basílica, la reliquia pesó tanto que era imposible trasladarlo. El dux hizo votos para construir un templo en ese lugar y el cuerpo se pudo mover hasta un sepulcro provisional. San Marcos sustituía así a san Teodoro como protector de la ciudad y su símbolo, el león, se convertía en seña de identidad para la futura potencia marítima. En los doscientos años que median entre 800 y 1000 los vénetos continuaron defendiendo su autonomía. No dudaron en eliminar de sus clases dirigentes a los partidarios de los francos, la amenaza en tierra firme, mientras que sus alianzas con Bizancio le permitirían ampliar su dominio en el mar Adriático. Los piratas, los sarracenos y los normandos serán enemigos comunes de los habitantes de la Ciudad de la Laguna y de su capital administrativa, Bizancio, por lo que el dux de Rialto -denominación en el siglo X de la ciudad- consiguió del emperador bizantino la autoridad para controlar las poblaciones que habitaban las costas adriáticas, siendo nombrado también dux de la Dalmacia. Uno de los impulsores de esta prestigiosa política fue el dux Pietro Orseolo II, vencedor de los piratas en el día de la Ascensión del año 1000. Desde ese momento, se instauró la costumbre de realizar ese día la fiesta del matrimonio simbólico entre el dux y el mar. Para ello, el dux arrojaba desde su barco, el Bucentauro, un anillo al mar.
obra
Durante el aprendizaje que Fortuny realizó en Roma serán frecuentes los trabajos protagonizados por modelos vestidos con los trajes típicos de las diferentes regiones italianas como el Caballero florentino o este veneciano que contemplamos. En el siglo XIX era frecuente que hombres y mujeres procedentes de las diversas regiones del país posaran ataviados con sus ropajes regionales en los alrededores de la plaza de España, constituyendo casi una familia, sirviendo a los jóvenes pintores por poco dinero para tomar estudios del natural. En esta acuarela se presenta el joven ante un fondo neutro donde la luz crea una especial sensación volumétrica, vestido con un jubón en tres cuartos y unas ajustadas calzas de diferentes colores; una capa cubre su cabeza y la espalda. Su brazo derecho se proyecta al espectador y la mano izquierda la lleva a su cinturón para reforzar el gesto declamatorio, como si de un actor se tratase. Como es habitual en la producción del pintor catalán, la maestría en el dibujo define la composición, destacando la minuciosidad y el detalle en una técnica tan rápida como la acuarela, sin alcanzar el preciosismo que se advierte en el Condesito.
Personaje
Literato
Su obra más importante es "Agonía de la muerte con los avisos y consuelos que cerca de ella son provechosos". Escribió además un "Tratado de ortografía y acentos en las tres lenguas principales", y "Primera parte de las diferencias de libros que hay en el universo". Esta última se divide por libros en función de la temática.
acepcion
Concha semicircular de dos valvas, una plana y otra muy convexa, de diez a doce centímetros de diámetro, rojizas por fuera y blancas por dentro, con dos orejuelas laterales y catorce estrías radiales que forman a modo de costillas gruesas.
acepcion
Insignia distintiva que traen pendiente al pecho los caballeros de cada una de las órdenes.