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Las diferentes actividades remuneradas que realizaron las mujeres exiladas en México durante los años cuarenta no trajeron consigo su ascenso ocupacional, pese a que ellas mismas reconocían las ventajas, para conseguir un trabajo, de ser españolas en un país que sobrevaloraba lo extranjero. Las empleadas de comercio siguieron como tales, las maestras de escuela no pasaron a la universidad, las escritoras ejercían su labor creativa a duras penas, etc... Por lo general las mujeres se conformaban con el trabajo que habían logrado, mientras que los hombres de su grupo tenían una movilidad ocupacional ascendente, pues iban consiguiendo mejores trabajos con el paso del tiempo. La diferente movilidad según el género se explica debido a que las dificultades de promoción profesional eran menores para las mujeres en México. Tampoco ellas aspiraban a tener mejores puestos de trabajo remunerado, pues muchas de ellas lo consideraban secundario, ajustándose a las normas de conducta tradicionales y patriarcales. Gráfico Esta actitud femenina no predominó sólo en las amas de casa; también las mujeres solteras abandonaban su actividad remunerada para casarse, evidenciándose así la transmisión de los valores genéricos a las nuevas generaciones. Sólo un pequeño grupo de mujeres profesionales (médicas, profesoras, etc.) o aquellas que poseían un nivel cultural más elevado que la media y estaban dedicadas a los negocios, como propietarias de comercios o industrias, lograron ascender en su trabajo igual que lo hicieron muchos hombres.
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Trabajos del licenciado Alonso Zuazo Partiendo el licenciado Zuazo del cabo de San Antón, en Cuba, para la Nueva España, le dio temporal que desatinó al piloto de la carabela, y se perdió en las Víboras, donde algunos fueron comidos por los tiburones y lobos marinos, y el licenciado y otros de su compañía se mantuvieron de tortugas, peces como adargas, una de las cuales lleva sobre la concha andando seis hombres, y que ponen en tierra quinientos huevos pequeños; pero lo comían todo crudo, a falta de lumbre. Estuvo muchos días en otra islita, donde se mantuvo de aves crudas, y de la sangre por bebida, donde con la sed y calor grandísimo pronto hubiera perecido, pero sacó lumbre con palos, según los indios la sacan, que le aprovechó mucho. En otra isleta sacó agua con grandísimo trabajo, y quemó leña cubierta de piedra, cosa nueva; hizo una barquilla de la madera de la carabela rota, en la cual envió aviso de su desventura a Cortés con Francisco Ballester, Juan de Arenas y Gonzalo Gómez, que llegaron a prometer castidad perpetua en la tormenta, y un indio que agotase la barquilla; los cuales fueron a dar cerca de Aquiahuistlan, y luego en Veracruz, y después en Medellín, donde preparó Diego de Ocampo un navío y se lo dio, para ir por Zuazo, y lo mismo mandó Cortés, al saberlo, y que si allí viniese Zuazo, le proveyesen muy bien; y tras esto, envió un criado a esperarle a Medellín, el cual, cuando llegó Zuazo, le dio diez mil castellanos, vestidos y cabalgaduras, con que se fuese a México; y fue bien recibido y aposentado por Hernán Cortés, de manera que su desdicha paró en alegría.