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Junto al Hotel Arts y los edificios del Forum, la Torre AGBAR es una de las obras arquitectónicas más novedosas de Barcelona. Este complejo de oficinas, con más de 39.000 metros cuadrados disponibles, se integra en un edificio de tres cuerpos con forma de prisma, en el que se pone de manifiesto la ligereza del vidrio y la potencia de las masas que se aprecia en el hormigón. Dos cilindros no concéntricos de planta ovoidal emergiendo de un cráter de agua componen la torre. El hormigón alcanza hasta la planta 26, elevándose por encima una liviana cúpula de acero y vidrio. Las escaleras, instalaciones y ascensores especiales se integran en el cilindro interior mientras que la zona de trabajo, libre sin pilares, queda entre el cilindro interior y el exterior, la estructura externa del edificio, en la que las ventanas están formadas por perforaciones aparentemente aleatorias. Los seis ascensores panorámicos se adosan a esta estructura externa, donde el hormigón es recubierto con vidrio y aluminio para crear una espectacular superficie cromática de más de 16.000 metros cuadrados.
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La Torre Albarrana está fechada en el siglo XII y sobresale por encima de otras torres de construcción árabe gracias a sus matacanes y saeteras.
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Las murallas de piedra de El Cairo se construyeron veinte años después de que la irrupción de los Selyúcidas sembraran el terror en Oriente Próximo. Al igual que las puertas romanas, estas torres semicirculares defendían la capital de los Fatimíes. Cuatro años después, el papa Urbano II organiza la primera cruzada.
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La Torre Bellesguard es un canto al pasado de Cataluña y a la catalanidad. Gaudí quiso que su aspecto se relacionara con la antigua residencia del monarca Martín I el Humano y, por ello, lo proyectó dentro del estilo neogótico.
obra
La apariencia de la Torre Bellesguard es la de una fortaleza con muros ribeteados con almenas y aspilleras, camino de ronda siguiendo el perímetro de las cubiertas de formas piramidales y torre fortificada.
monumento
La muerte del obispo de Astorga, Joan Grau de Vallespinós, propició la venta de unos territorios al pie de la sierra de Collserola, que antiguamente pertenecieran al último monarca del Casal de Barcelona, el rey Martín I el Humano. Allí había construido su residencia de recreo. Bernat Metge, su secretario, le llamó Bellesguard, por la sensación de placer que aquel lugar le procuraba. Desde el siglo XV, cuando el rey Martí compró la finca a los herederos del mercader Pere Safont (1408), la propiedad fue pasando de unas manos a otras -su viuda, Margarida de Prades; la cuñada de ésta, Violante de Bar- hasta llegar al siglo XVII en estado ruinoso y posteriores traspasos a la iglesia de Sant Just i Pastor, a una comunidad de monjas oblatas y, por último, a Joan Grau. El prelado puso como condición, que después de su fallecimiento, los terrenos debían ser vendidos y la suma obtenida, entregada a un colegio de hijos de obreros de Reus, de dónde él procedía.Antonio Gaudí, amigo del obispo desde la infancia, estuvo encargado de la transacción, en 1900, firmando, incluso, el contrato en representación de la nueva titular, María Sagués i Figueras, viuda de un comerciante de harinas de Barcelona, que no sabía escribir. El edificio que Gaudí construyó es un canto al pasado de Cataluña y a la catalanidad. Quiso que su aspecto se relacionara con la antigua residencia del monarca catalano-aragonés y, por ello, lo proyectó dentro del estilo neogótico. Su apariencia es la de una fortaleza con muros ribeteados con almenas y aspilleras, camino de ronda siguiendo el perímetro de las cubiertas de formas piramidales y torre fortificada. Es un edificio de planta cuadrada, de 15 m de lado; con un semisótano, dos plantas dedicadas a viviendas y otros dos más a buhardillas. En el exterior, un cuerpo se resalta en toda la fachada principal -desde donde se proyecta una esbelta aguja de 34 m, rematada con la tradicional cruz de cuatro brazos- y otro, de sección de media exedra, algo más bajo, en una de las fachadas laterales. En la construcción, se utilizó -además de los restos del antiguo castillo medieval- el ladrillo recubierto de piedra pizarrosa de la zona, de tamaño y forma irregular; que le da un tono áspero y duro, pero que la integra, perfectamente, en el entorno ambiental. Por el contrario, en los interiores, Gaudí adoptó soluciones y acabados de tanta suavidad y sutileza en formas y colores unidas al juego de la luz natural, que el resultado final es el de un ambiente placentero y confortable. En el conjunto de la obra de Gaudí, Bellesguard representa el punto de inflexión entre la obra de juventud y la de madurez. Aquí, ensayó nuevos procedimientos decorativos basándose en moldes de yeso -para gárgolas, columnas...-, en los que incluía piedras irregulares para dejar grabada su impronta y para que fuera más fácil recomponer su encaje en el modelo definitivo, con la ayuda de mortero. Un ejemplo muy conocido, realizado con este procedimiento es la famosa cariátide de la Lavandera del Parque Güell. Asimismo, llegó a formulaciones nuevas en el tratamiento de los cerramientos: los techos de las buhardillas son un verdadero derroche de imaginación y de sensibilidad, y de efectividad constructiva, simplemente, con el empleo de arcos de nervaduras continuas de ladrillo puesto de canto, que hacen innecesaria la utilización de vigas o de cualquier otro tipo de apoyo parietal. Hasta 1909, Gaudí llevó íntegramente el diseño y la dirección de la obra. Después de aquel año hasta 1916, intervino su colaborador Domènec Sugrañés en la proyección y realización del recinto de la portería, los jardines, el banco de entrada y la decoración de la escalera principal. Desde su construcción, este edificio ha pasado por diversos usos: orfanato durante la guerra civil; clínica toco-ginecológica en 1940, hasta que fue trasladada a otra zona de la ciudad. En la actualidad cumple su primitiva función de vivienda.