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acepcion
Banco de poca altura que utilizaban los senadores y magistrados romanos como escaño.
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Se han identificado al menos dos sistemas de producción de alimentos: uno de recolección intensiva y de caza, y otro agrícola que aprovechó tanto las orillas de las cuencas fluviales y de los pantanos anualmente inundados -y que permitieron la obtención de dos cosechas por año-, como de las zonas menos irrigadas que tuvieron tan sólo un cultivo anual. El sistema agrícola fue de tumba y quema, y en ocasiones estuvo complementado por productos piscícolas de río y de estuario. La colonización de este tipo diferencial de tierras y posibilidades de subsistencia se considera el origen de la desigualdad social, de manera que aquellos que ocuparon las márgenes de los ríos se convirtieron con el tiempo en la élite que gobernó en los centros olmecas. Los asentamientos más complejos fueron los centros ceremoniales, que actuaron como ciudades en el orden social, económico, político e ideológico. En ellos, los edificios se construyeron de tierra y adobe, y se repellaron también de adobe y arcilla, dada la carencia de rocas duras en el área, a excepción de las alejadas Montañas Tuxtlas que tenían grandes canteras de basalto. Con ella construyeron inmensos montículos y plataformas en los que instalaron templos y edificios públicos. Estas edificaciones se levantaron siempre en torno a patios, sentenciando así un patrón de asentamiento básico en la vida mesoamericana, que afectó tanto a los minúsculos conjuntos habitacionales como a las ciudades más densas. Rodeando los grupos más voluminosos de los centros ceremoniales se construyeron plataformas de tierra más pequeñas para sustentar las chozas campesinas de carácter perecedero (paredes de palos y barro techadas con hojas de palma). La construcción de centros tan impresionantes como San Lorenzo, La Venta, Laguna de los Cerros y Tres Zapotes, pone de manifiesto el poder alcanzado por los dirigentes olmecas, que tuvieron que organizar la fuerza de trabajo de miles de personas para mover millones de m3 de tierra. Estos edificios se embellecieron con piedras bien cortadas y fueron drenados por canales internos hechos con piedra basáltica, que recorren los patios y desaguan fuera de la ciudad. Asimismo, en el caso de San Lorenzo nueve grandes cabezas colosales representando otros tantos gobernantes fueron colocadas en las zonas centrales del sitio. Al final, la ciudad fue saqueada, la escultura monumental mutilada y enterrada, y alguna de ella pudo haber sido trasladada al sido de La Venta. La destrucción de las imágenes de sus líderes indica problemas de naturaleza política y religiosa, aunque algunos investigadores defienden prácticas destructivas cíclicas de naturaleza ritual. Tras la caída de San Lorenzo, La Venta es el centro principal, alcanzando una superficie cercana a las 200 ha. El sitio, construido de arcilla y adobe, se orientó en torno a un eje básico desviado 8° al oeste del norte, a lo largo del cual se emplazaron las más grandes plataformas que sostuvieron templos y edificios de élite construidos con materiales perecederos. Limitando este eje por el norte se construyó el Complejo C, que contenía una impresionante pirámide en forma cónica de 30 m de altura y 128 m de diámetro. Más al norte, el Complejo A se distribuye a lo largo de dos largas plataformas que dejan en medio un patio interior, que sostuvo en el pasado una hilera de columnas de basalto. Esta orientación norte-sur estuvo sancionada por una serie de ofrendas y enterramientos que se dispusieron en los patios y las estructuras a lo largo de este eje. En La Venta se ha hallado una cantidad abundante de escultura monumental, tanto en superficie como enterrada. Algunas piezas fueron también cabezas colosales, pero sobre todo estelas y grandes altares, tronos de basalto y otras esculturas confeccionadas en bulto redondo. Muchas de ellas estuvieron acompañadas en las ofrendas por objetos rituales en jade, pirita y cerámica. La decadencia de La Venta, una ciudad que en el momento de su esplendor pudo albergar 18.000 habitantes, se produce hacia el 400 a.C. El último centro de civilización olmeca fue Tres Zapotes, el cual es muy desconocido hasta el momento, aunque claramente fue contemporáneo con los anteriores y les sobrevivió. En su zona nuclear se encontraron 50 montículos agrupados, así como una cabeza colosal y la Estela C, que contiene una fecha de estilo maya de 3 de septiembre del año 32 a. C.
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Hace unas décadas, las reconstrucciones sobre los antiguos mayas defendían un modelo productivo de agricultura extensiva de tumba y quema (milpa), siguiendo un patrón similar al vigente hoy en la región. Este modelo tenía consecuencias restrictivas a la hora de analizar las grandes poblaciones concentradas en centros urbanos y para la definición del estado en esta zona. A mediados de los 60 surgió una nueva visión en relación con el sistema productivo y el patrón de asentamiento, alterando las ideas tradicionales sobre esta sociedad. Así, se estableció que los mayas utilizaron agricultura extensiva de ciclo largo y de ciclo corto, según los factores demográficos a los que se vieran sometidos. Estas prácticas consistían en clarear un terreno en el bosque y quemar los grandes árboles, sembrando sobre las cenizas en los comienzos de la estación lluviosa; sin embargo, este sistema obliga a dejar en barbecho el terreno durante un largo periodo (12 a 18 años), con el fin de que se regeneren los suelos del bosque tropical. La gran cantidad de tierra requerida por cada familia para obtener alimento de manera continua es un factor que impide la formación de grandes núcleos de población a los pueblos que la practican. En ocasiones, los mayas también emplearon la arboricultura como sustituto del maíz, en especial el fruto del ramón (Brosimun alicastrum). Los productos de la caza, la pesca en las costas y la recolección complementaron la dieta de las comunidades mayas. A inicios del Formativo Tardío se hizo necesario introducir formas intensivas de producción de alimentos, en particular relacionadas con la agricultura. De este modo, los agricultores aprovecharon las márgenes de los pantanos y de las concentraciones de agua formadas durante la estación húmeda con el fin de obtener suelos mejor irrigados y más ricos, pudiendo conseguir en ocasiones dos cosechas anuales. También, como ocurrió en Río Bec, cultivaron jardines en torno a sus casas -cortijos-, donde plantaron otras plantas que requerían mayor cuidado y que diversificaban su dieta. En la misma región y en las montañas en torno al sitio de Caracol, fueron modificadas numerosas colinas con el fin de contener terrazas agrícolas que aumentaran la producción, a la vez que frenaran la erosión. Sin embargo, el carácter verdaderamente intensivo de la agricultura vino de la mano de los drenajes y de las modificaciones realizadas en torno a las zonas acuáticas, dando lugar a un sistema que se ha denominado de campos levantados, de gran similaridad a las chinampas del centro de México. Consisten éstos en concentraciones artificiales de tierra limitadas por canales de agua y situadas en márgenes de ríos y pantanos. Con este sistema, se asegura una suficiente cantidad de tierra fértil bien irrigada, de manera que no es necesario el barbecho en el trabajo de los campos, obteniéndose una producción abundante para alimentar a los ocupantes de los grandes núcleos urbanos. Los bajos de Belice, la región de Río Bec, las márgenes del Candelaría y otros lugares, tuvieron este sistema intensivo en la agricultura. La unidad mínima de residencia de los antiguos mayas fue la casa, identificada por medio de pequeños montículos de tierra y piedras recubiertos de arcilla. Estas construcciones, de no más de 0,50 m de altura, sostuvieron en el pasado chozas rectangulares de carácter perecedero en las que habitó la población campesina, sea dispersa por el paisaje, sea en los centros urbanos. Esta unidad de habitación puede estar aislada o asociada a otras en torno a un patio, formando un conjunto residencial ocupado por familias extendidas. En ellos, no todos los edificios son viviendas, sino que existen almacenes, cocinas y residencias. Varios de tales conjuntos están ocupados por un linaje. Este es el sistema básico de asentamiento de los centros mayas, con variaciones en tamaño y volumen, pero cuyos lazos de parentesco y la especialización en las funciones que jugaron en la sociedad fueron un factor de cohesión y de integración social. Cuando estos conjuntos residenciales alcanzan un mayor grado de complejidad, con espacios más amplios y edificios más elaborados, se forman pequeños centros cívicos, dirigidos por elites locales. Estos incluyen pirámides escalonadas y grandes edificios residenciales para los dirigentes del asentamiento. La categoría más compleja de asentamiento corresponde a los centros cívico-ceremoniales o ciudades, que integraron social, política, económica e ideológicamente amplios territorios. En ellos se incluyen templos, palacios, estelas, juegos de pelota, altares, calzadas, plataformas, grandes depósitos de agua, fortificaciones, arcos, torres y una amplia gama de edificios y conjuntos, los cuales reproducen siempre los grupos residenciales. La diversificación en tamaño urbano y de los edificios que contienen, la cantidad de restos escritos y de elementos complejos de cultura material, manifiestan que algunos centros ejercieron un dominio político o económico sobre otros, siendo los más complejos capitales regionales.
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En los últimos años se han descubierto numerosos restos en los yacimientos que se vinculan con el acondicionamiento del entorno más próximo por los musterienses y la elaboración de elementos arquitectónicos sencillos, todo ello con el fin de servir de abrigo. Los vestigios de las estructuras de habitación y los suelos de ocupación, tal y como los conocemos hoy, oscilan entre estructuras complejas, como pueden ser fondos de cabaña, o parciales, las más frecuentes, entre las que destacan los hogares. Este tipo de restos suelen ser evidentes en el transcurso de la excavación, pero también pueden darse una serie de asociaciones de piezas y fauna significativas, cuyo análisis se realiza con frecuencia en laboratorio y que constituyen las estructuras latentes, según las definiciones de A. Leroi-Gourhan. En cualquier caso, al Paleolítico Medio se asocian algunas grandes estructuras, por lo general en yacimientos al aire libre, entre las que destacan las cabañas de las estepas rusas y centroeuropeas y, entre ellas, la del yacimiento de Molodova I. Los yacimientos de Molodova contienen una serie de círculos o parte de ellos, hechos con grandes huesos, principalmente de mamut, rodeados de concentraciones de piezas, fragmentos óseos y áreas de cenizas. La interpretación de estos círculos de huesos corresponde a la idea de que fueran pesos que mantenían pieles extendidas sobre supuestos postes de madera. Los más completos son los procedentes del nivel IV de Molodova I, que son grandes óvalos de 8 por 3 metros. En otros casos, las estructuras y disposición del suelo de ocupación permiten otra serie de interpretaciones que se vinculan con otras actividades, no exclusivas del abrigo, como son los talleres, cuya espectacularidad es menor, o áreas de cazaderos. En cuevas y abrigos, la aparición de grandes estructuras es limitada, quizá debido a las propias características del abrigo natural, que excluye la fabricación de estructuras complejas, y a la propia evolución sedimentológica de estos yacimientos. En estos casos es frecuente la observación de estructuras latentes, dependiendo de la disposición de los objetos, como en Arcy-sur-Cure, y a la aparición de estructuras parciales, asociadas o no a las anteriores, como son agujeros de poste, alineamiento de bloques, muretes, empedrados o enlosados y hogares. En cuanto a las estructuras de habitación, realmente la más importante descubierta hasta el momento en una excavación moderna en la Península Ibérica es la que se corresponde con el nivel XVII de Cueva Morín, donde se observó la existencia de un recinto delimitado en el que se habían llevado a cabo actividades distintas a las realizadas fuera del mismo, según revelaron la composición, distribución y características de los restos encontrados en el nivel. El refinamiento de las técnicas de excavación y el progreso de métodos y ciencias próximas a la Prehistoria nos van acercando al conocimiento de los modos de vida y los diferentes subsistemas de los que se componía la cultura y la sociedad de los hombres del Paleolítico Medio. Hoy en día, al menos la complejidad y la variabilidad cultural y biológica del mismo han sido reconocidas plenamente, partiendo de lo que se consideraba hace tan sólo dos décadas como unas tribus primitivas y oscuras, sin la capacidad de organización social, anímica y económica de los cazadores del Paleolítico Superior. Sin embargo, permanecen muchas incógnitas que tan sólo una activa investigación no sólo de este periodo, sino también del Paleolítico Inferior y del Superior podrán desvelar en parte. Dentro de la subsistencia nos encontramos con el problema de la caza. Los estudios taxonómicos que se han realizado y los análisis de fauna han inclinado a un sector de la investigación a pensar que la explotación del medio inmediato a los yacimientos llevaba a una caza oportunista, sin que hubiera una especialización determinada por alguna especie. En algunos casos incluso se ha propuesto que en realidad ha habido un carroñeo de animales muertos por otras razones, especialmente en relación con grandes herbívoros como los mamuts o los rinocerontes. En el caso de los rinocerontes, se basaban en la presencia generalizada de molares entre los restos de fauna sin presencia de elementos del esqueleto postcraneal, lo que implicaba una cierta selección. Si observamos, por ejemplo, la fauna que se asocia en yacimientos de la cornisa cantábrica, se deduce que la fauna mamífera en todos ellos se relaciona mayoritariamente con tres especies: Cervus elaphus, Equus caballus y grandes bóvidos, si bien se producen cambios en el predominio de algunas de ellas sobre las demás, que pueden vincularse tanto a la selección cinegética (estacional o en función de las mismas características del yacimiento como, por ejemplo, cazaderos especializados) o bien a cambios en el medio ambiente. El análisis del territorio también puede inferirse a partir de los tipos de materia prima utilizados en el conjunto de la industria lítica. En este sentido, la explotación de las fuentes suele determinar un uso más intensivo del medio más inmediato, de 5 a 10 kilómetros, mientras que las materias más exóticas, en radios que normalmente no superan los 100 kilómetros, se detectan en la fabricación de algunos útiles en especial y en el agotamiento casi total de sus restos.
obra
Esta estatuilla representa al dios Sucellus, de origen galo. El hecho de que haya sido encontrada en Hispania refleja la identificación de los pueblos integrados en el imperio, en este caso el galo, con sus divinidades tradicionales, hasta el punto de llegar a viajar con sus representaciones. Esto explica también que cultos muy arraigados sólo en determinadas regiones se practicasen en lugares muy alejados de ellas. Esta pieza se conserva en el Museo Arqueológico Nacional.
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Los acontecimientos vinculados a la crisis del 23 a.C. hicieron ver a Augusto y a sus consejeros la precariedad del nuevo régimen y aconsejaron pensar en una fórmula sucesoria. Proponer al Senado que garantizase mediante leyes el modo concreto de suceder a Augusto era contrario a la forma republicana con que pretendía revestirse el régimen. De ahí que se eligiera una vía ambigua, indefinida expresamente en sus propósitos aunque claramente marcada para quien quisiera comprender. El 21 a.C. Agripa, el general de confianza, se casó con Julia, hija de Augusto y viuda de Marcelo. El 18 a.C., Agripa era asociado al gobierno de Augusto al recibir la potestas tribunicia y el imperium. Al año siguiente, los dos hijos de Julia y de Agripa, Cayo y Lucio, eran adoptados por Augusto. Tal decisión equivalía a apostar por una sucesión del poder que marginaba a los dos hijos que su mujer Livia había tenido del matrimonio anterior, a Tiberio y a Druso. Las intenciones de Augusto eran claras desde el momento en que consiguió del Senado que diera a Cayo y a Lucio el título de Príncipes de la Juventud, así como que concediera la excepción de que ambos pudieran acceder al consulado antes de la edad reglamentaria. Pero ese proyecto sucesorio se fue viniendo abajo. Agripa murió el 12 a.C. Aunque Augusto obligó a Tiberio a casarse al año siguiente con la viuda de Agripa, con Julia, no lo incorporó a su proyecto de sucesión. Pero el 2 a.C. murió Lucio y el 4 d.C., Cayo. Sólo entonces Augusto se decidió por la sucesión de Tiberio -su hermano Druso había muerto el 9 a.C.-, llamándolo de su exilio de Rodas y asociándolo al poder al concederle el Senado la potestas tribunicia y el imperium maius. Fue así como, al morir Augusto el 14 d.C., no hubo dudas de que el sucesor era Tiberio. Pero si esta fórmula sucesoria fue válida para este caso, no fue siempre aplicable, quedando así una laguna en el modelo político de Augusto que iba a ser fuente de frecuentes conflictos en ocasiones posteriores en que se plantearía la transmisión del poder.
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En la sesión del Senado del 17 de marzo, convocada para tratar sobre la situación del Estado a raíz del asesinato de César, fueron aprobadas medidas de compromiso entre los dos bandos opuestos de conjurados y cesarianos: los tiranicidas no eran castigados y, a su vez, no se condenaba ni la persona ni la obra de César. Marco Antonio, cónsul ese año junto con César, siguió al frente de la situación política; contando con la fidelidad del ejército y con la del pueblo de Roma, pudo frenar la alianza senatorial que apoyaba a los conjurados. Si ya durante los funerales de César hubo manifestaciones populares que exigían la muerte de sus asesinos, la aplicación de las voluntades testamentarias de César quien legaba 300 sestercios a cada ciudadano necesitado de Roma así como sus jardines del Trastevere, estimuló aún más la devoción popular y se alzaron voces que valoraban negativamente el compromiso de Antonio con los tiranicidas y sus partidarios. Pero el testamento de César incluía también el nombramiento de Cayo Octavio como primer heredero. Cayo Octavio, adoptado por César el 45 a.C., se encontraba en los Balcanes, en la ciudad de Apolonia, ampliando su formación cultural pero también contribuyendo a los preparativos de la campaña militar proyectada por César contra los partos. Octavio, que pasaba a llamarse Cayo Julio César Octaciano en virtud de la adopción, tenía entonces 18 años. Era difícil pensar que, siendo tan joven, fuera capaz de ser también el heredero político de César. Pero el primer mérito de Octaviano residió en su tacto para rodearse de un selecto grupo de amigos y consejeros, a los que siempre fue fiel, dispuestos a informarle y orientarlo sobre la complejidad de la vida política de la época. Así, Octaviano, antes de retornar a Roma para hacerse cargo de la herencia de César, tuvo en Campania el primer encuentro con Cicerón, el ideólogo y máximo representante de los republicanos tradicionales. El viejo orador quedó gratamente impresionado de la capacidad política del joven César y, más aún, se mostró dispuesto a apoyarlo como un instrumento para dividir al grupo opositor de los cesarianos. A su vez, Octaviano necesitaba a Cicerón para llevar adelante su proyecto político personal. Así se selló la colaboración temporal de Octaviano con los republicanos, necesaria igualmente para ambos con el fin de restar poder y protagonismo político a M. Antonio.Cuando Octaviano se presentó en Roma para reclamar la herencia de su padre adoptivo, M. Antonio lo recibió con poca simpatía y se sirvió de los tribunales para dilatar al máximo la aplicación de las voluntades testamentarias de César. M. Antonio contaba con casi todas las bazas políticas a su favor para ser el sucesor de César: era cónsul, controlaba el tesoro del Estado, disponía de la fidelidad de la mayor parte de las tropas legionarias y el pueblo de Roma estaba con los cesarianos. Para contrarrestar la aceptación popular del joven Octaviano, había ido modificando su actitud con los republicanos como lo demuestran algunas medidas. El 1 de junio consiguió que se aprobara el cambio de provincias, con lo que Bruto y Casio debían ser enviados a las provincias menores de Oriente, Creta y Cirenaica, mientras el propio Antonio quedaría con el gobierno de las Galias Cisalpina y Comata, antes atribuidas a aquellos. A su vez, a comienzos de septiembre, conseguía que el Senado aprobara la concesión de honores divinos a César. Y, como detentador del programa político de César, tomaba medidas consideradas por muchos de dudosa atribución cesariana. Para los republicanos, M. Antonio se había convertido en un nuevo dictador pero sin la talla política ni humana de César. Con el discurso de Cicerón del 2 de septiembre contra M. Antonio, conocido como Filípica I -a la que siguieron otras doce-, se rompió abiertamente el compromiso sellado en la sesión del Senado del anterior 17 de marzo, pues Cicerón no se paró en insultos y descalificaciones personales y políticas sobre Antonio. Mientras tanto, Octaviano seguía ganándose el apoyo del pueblo, contaba con la protección de los republicanos y M. Antonio, sin pretenderlo, lo había convertido de hijo de César en hijo del divino César.
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Desde el 22 de mayo del 337 en que murió Constantino, hasta septiembre del mismo año, se dio la curiosa situación de que los cuatro césares más Hanibaliano siguieron gobernando sus provincias y tomando disposiciones conjuntamente en nombre del desaparecido emperador, sin que ninguno de ellos procediese a proclamarse augusto. Esta situación era indicativa más de las tensiones latentes entre ellos que del buen entendimiento. Constantino II residía en su capital de Tréveris, Constancio II en Antioquía, Dalmacio en Constantinopla y Hanibaliano en Cesarea de Capadocia. La sede de Constante no se conoce con exactitud, aunque se ha aventurado que podría ser Milán. La lucha por el poder es un elemento presente en la historia de todas las épocas. Generalmente esta lucha implicaba la imposición de modelos políticos diferentes o simplemente fórmulas o disposiciones que los diversos contrincantes consideraban más útiles o eficaces para el gobierno del Imperio. El caso de Constancio II presenta unas características especiales. Su lucha era fratricida y los elementos personales parecen haber desempeñado un papel considerable. Amiano nos describe la personalidad de Constancio con tintes siniestros que la moderna psicología podría definir como enfermiza. Su temor a cualquier conspiración contra él le hizo desconfiar tanto de los césares inicialmente, como de los altos dignatarios cuando fue único emperador. Organizó una policía política de notarios y agentes cuyas tramas -a juzgar por los relatos de Amiano Marcelino- incluían todo el Imperio. El número de detenidos y asesinados fue muy elevado y, como sucede en tales casos, las acusaciones a menudo se apoyaban en calumnias. Algunos de estos agentes se hicieron tristemente famosos por el temor que inspiraban, tal es el caso, entre otros, del hispano Paulo Catena (Pablo Cadena), que en época de Juliano fue condenado a muerte por el tribunal de Calcedonia y quemado vivo. La tensión estalló en Constantinopla en septiembre. La tradición y Juliano hacen responsable a Constancio II de la matanza que allí se produjo: fueron asesinados el cesar Dalmacio, Julio Constancio, hermanastro de Constantino y padre de Juliano, y todos los miembros de su familia, además de sus principales partidarios. Sólo Juliano y su hermanastro Galo, que entonces eran unos niños, se libraron de la matanza. El rey Hanibaliano fue asesinado poco después. Eliminados todos estos contendientes, los tres hijos de Constantino se proclamaron augustos y procedieron a repartirse el Imperio: Constantino II se puso al frente del Imperio Occidental y Constancio II del Oriental. A Constante, el menor, le encomendaron el gobierno del Ilírico, pero bajo tutela del hermano mayor. Los dos años siguientes se caracterizan por las luchas que los nuevos augustos llevaron a cabo: contra los germanos en Occidente y contra el Imperio de Sapor II en Oriente. Pero en el 339 Constante -que había salido tan desfavorecido del reparto- se rebeló contra su hermano Constantino II e invadió Italia. La guerra entre ambos tuvo como escenario Aquileya y Constantino II resultó muerto. En consecuencia, Constante se convirtió en augusto del Imperio Occidental. Durante diez años Constancio II y Constante gobernaron sus respectivas partes del Imperio sin gran armonía, como demostró el hecho de que Atanasio de Alejandría, expulsado de su sede episcopal por los arrianos (entre los que se encontraba Constancio), decidiese refugiarse en Roma y las querellas suscitadas entre ambos emperadores por tal asunto amenazasen con romper las relaciones. Posteriormente, Constante logró que a Atanasio se le restituyera su sede a cambio de otras contrapartidas. La situación en Oriente, con el eterno Sapor II al frente -luchó con los tres emperadores de la dinastía constantiniana-, requirió toda la energía de Constancio. Desde el 343 al 348 se libraron continuas campañas y, aunque Constancio logró mantener sus posiciones, sufrió una importante derrota en Singara. Durante estos años se produjeron también grandes desórdenes en Africa donde los católicos, apoyados por Constante, llevaron a cabo una dura campaña contra los donatistas, una secta cristiana encabezada por Donato en la que a planteamientos religiosos divergentes de los católicos, se unirían componentes sociales y actitudes contrarias a la secularización de la Iglesia católica. En los enfrentamientos murió el propio Donato. La hostilidad hacia el donatismo (que incluía clausura de sus iglesias, detenciones, destierros...) tuvo como consecuencia que todos los elementos de oposición a los honestiores, al gobierno y a la iglesia católica (tan identificada con él) se aglutinaran en torno a la secta donatista. Entre ellos los circumcelliores (trabajadores temporales indígenas y poco romanizados) que sembraron el pánico en las aldeas. Poco a poco el donatismo fue adquiriendo un tinte separatista y antirromano, doblemente preocupante por la enorme implantación del cisma en las provincias africanas. En enero del 350 tuvo lugar en Autun la proclamación como augusto del conde Magnencio. Era éste un oficial medio bárbaro que contaba con el respaldo del ejército acantonado en las Galias, del prefecto del pretorio local, un aristócrata local, y de Marcelino, conde de la administración privada del emperador. Parece ser que Magnencio era pagano, como se desprende de la ley que promulgó inmediatamente después de su proclamación, en virtud de la cual restablecía el derecho de los paganos a celebrar sacrificios. También eran paganos quienes lo apoyaron y los prefectos de Roma designados por él, lo que lleva a suponer que este golpe de Estado habría tenido un móvil religioso y habría sido alentado por la oligarquía romana, mayoritariamente pagana. La prudencia de Constantino en los asuntos religiosos, había sido abandonada por sus hijos: Constante era un católico ferviente y Constancio un arriano muy implicado en cuestiones de religión. En estos años las tensiones religiosas en el Imperio eran muy fuertes, porque detrás de una u otra opciones de religión pública subyacía un complicado juego de intereses y privilegios. El mismo año (350) Constante y su ejército fueron alcanzados por el ejército de Magnencio en las Galias y Constante cayó muerto. Casi un año tardó Constancio en intervenir, puesto que se encontraba en plena campaña contra los persas. A fin de reconquistar el occidente del Imperio sin abandonar el flanco oriental, en el 351 nombró césar a su primo Galo, hermanastro de Juliano, y le encomendó el gobierno de Oriente. El enfrentamiento entre Constancio y Magnencio tuvo lugar en Mursa. Pese a la victoria de Constancio, la batalla fue probablemente la más sangrienta de todo el siglo. Parece que de los 80.000 hombres de Constancio perecieron más de 30.000 y de los 36.000 de Magnencio, cerca de 24.000. Una pérdida que afectó a la capacidad militar del Imperio durante varios años. La segunda victoria de Constancio, al año siguiente, fue en Mons Seleuci, a resultas de la cual se suicidó Magnencio. Los agentes de Constancio le informaron acerca de la mala gestión en Oriente del césar Galo y Constancio lo llamó a Milán, pero antes de llegar, fue detenido, juzgado y condenado a muerte en el año 354. Ante la inestabilidad política del Imperio en estos años, los francos y alamanes decidieron penetrar en él, donde ganaron casi toda la margen izquierda del Rin. Mientras tanto, Sapor amenazaba con reemprender la guerra. Ante la imposibilidad de mantener los dos flancos del Imperio protegidos, se decidió a nombrar un nuevo césar. La elección era fácil: Juliano era el único superviviente varón de la familia constantiniana.
Personaje Militar
Ingresó en la guardia nacional y 1792 y en pocos años ascendió a general. Peleó en varios frentes y realizó algunas misiones diplomáticas. En tiempos de Napoleón, dirigió el III Cuerpo del Ejército en España. Con estas fuerzas logró imponerse en Valencia y sitiar Zaragoza. Durante la Guerra de la Independencia luchó en el campo de batalla, donde venció y fue vencido, hasta que se entregó en Cataluña en 1814. Desde aquí inició la retirada a Francia. A su regreso le eligieron par de Francia por el gobierno de la Restauración. Volvió a unir sus fuerzas al lado de Napoleón en los Cien días. Murió en el castillo de Montredon, cerca de Marsella.
Personaje Militar Político
Miembro de una familia independentista, inició la carrera militar y en 1810 es ascendido a alférez del ejército patriótico. Dos años después es designado teniente por Miranda. La represión realista le obliga a huir y en 1813 inicia una campaña en Venezuela, tomando su localidad natal y organizando el Ejército de Oriente. Sus éxitos le llevaron a ser nombrado teniente coronel, participando en la campaña de Caracas pero los fracasos en Aragua y Urica le obligan a buscar refugio en las Antillas. En 1815 regresa con nuevas fuerzas a su país y participa en la conquista de Cartagena de Indias. Tres años más tarde se une a Bolívar en Angostura, convirtiéndose en la mano derecha del Libertador. Nombrado delegado de la Gran Colombia para firmar los tratados de armisticio con Morillo, en 1821 continúa la guerra trasladándose a Guayaquil con sus tropas para vencer al año siguiente en la batalla de Pichincha, liberando de esta manera Ecuador. Su siguiente éxito será el triunfo en la batalla de Junín en 1824, venciendo también en Ayacucho, la batalla que pondría punto final a la independencia americana. Estos triunfos se verán recompensados con nuevos nombramientos: Gran Mariscal de Ayacucho y General en Jefe. Intenta crear una república independiente en el Alto Perú al no aceptar depender ni de Perú ni del Río de la Plata. Los intereses de Sucre serán rechazados por Bolívar en un primer momento pero en 1826 reconoce la independencia de Bolivia, siendo elegido presidente Sucre. El aislamiento exterior llevará a Gamarra a sublevarse contra el presidente en 1828, consiguiendo imponer el tratado de Piquiza y obligando a Sucre a exiliarse a Ecuador. Por este país será elegido representante para el Congreso de Bogota, siendo designado presidente. José María Obando promoverá su asesinato en la localidad colombiana de Berruecos.