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Don Justino de Neve y Yébenes, canónigo de la catedral de Sevilla, encarga en 1665 a Murillo la decoración de la iglesia de Santa María la Blanca. La serie estaba formada por cuatro escenas de formato semicircular en las que se exaltaba la devoción mariana. Durante la Guerra de la Independencia, el Mariscal Soult hizo un verdadero expolio artístico en Sevilla, siendo Murillo su gran objetivo. Éste es el motivo por el que ninguna de las piezas de la serie está en su lugar original. Por fortuna, el Gobierno español pudo recuperar en 1816 los dos cuadros, que se encuentran en el Museo del Prado, pero los otros dos continúan fuera de España. El Sueño del Patricio y la Visita al Pontífice narran la legendaria historia de la fundación de la iglesia de Santa María la Mayor en Roma, por lo que ambas escenas recibieron en Francia los añadidos dorados en los que se representa la planta y el alzado de la iglesia romana. Hay que incidir, pues, en que su formato era semicircular. El Sueño del Patricio Juan recoge la primera parte de la leyenda, según la cual la Virgen y el Niño se aparecieron al patricio y a su esposa en sueños para solicitarles que, con el dinero que le habían legado con tan gran devoción, edificasen una iglesia sobre el monte Esquilino, en cuya cima había trazado María la planta del templo con una nevada milagrosa, pues era la noche del 5 de agosto. Murillo nos muestra al patricio y a su mujer durmiendo sentados, en posturas algo forzadas, mientras que la Virgen y el Niño se sitúan por encima de ellos, rompiendo la penumbra en la que se encuentra la estancia donde descansa la pareja, agotados tras la intensa jornada. A la izquierda se abre la habitación para dejarnos ver el monte nevado que señala María. Las figuras del patricio y su esposa están realizadas con el mayor naturalismo posible, como si estuviésemos fisgando por un agujero. Las telas, los pliegues, el perro, todo está pintado al detalle y transmite un sorprendente realismo. Contrastando con ambos personajes nos encontramos con la mayor idealización de María y Jesús, envueltos en un halo anaranjado que explica la aparición.
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La más importante de las suerte del toreo ha sido la elegida por Goya para esta escena. Una buena faena puede desperdiciarse por matar mal al animal por lo que esta suerte requiere máxima concentración por parte del torero. Goya presenta al hombre y al animal en primer plano, el toro humillando para que la espada penetre en su cuerpo y el torero volcado sobre el bicho con un sombrero en su mano izquierda para ayudar a humillar. Tras ambas figuras encontramos al picador en su caballo y dos equinos destripados en la arena. La barrera está ocupada por la cuadrilla del maestro y al fondo observamos la multitud de figurillas que pueblan la plaza. La luz crea un atractivo juego cromático, resaltando los colores donde incide de la misma manera que había hecho en el Quitasol. Parece como si Goya hubiese parado el tiempo para otorgar mayor trascendencia a este importante momento de la faena. Realizada este imagen para la serie de escenas taurinas que Goya presentó en 1793 a la Academia de San Fernando, eran sus compañeras Pase de capa o Banderillas en el campo.
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Entre los pintores más admirados por Fortuny debemos situar a Goya, especialmente en los asuntos taurinos que parecen heredados del artista aragonés. En alguna ocasión Fortuny manifestó que "cada día voy conociendo más que hay mucha afinidad entre lo que él buscaba y lo que busco yo" como podemos advertir en este trabajo muy relacionado con las pinturas de la última etapa goyesca donde la luz, el movimiento y los largos, rápidos y empastados toques de color se convierten en los elementos protagonistas de la composición. En esta bella acuarela destaca el potente impacto del toro en el caballo del picador, arrastrándole a las tablas mientras los toreros y mozos intentan apartar al animal de su objetivo con sus capotes. El pronunciado escorzo del picador se compagina con la fuerza del toro, estableciendo un admirable juego de tensiones. Las figurillas de los espectadores han sido interpretadas con esbozadas pinceladas, interesándose por la masa más que por los individuos. El efecto de la luz en el coso será también un motivo a tratar resaltando el amarillento color del albero en contraste con los tonos negros del fondo. El resultado obtenido por Fortuny le acerca considerablemente a la pintura de Goya, demostrando la dualidad en su producción entre obras personales y las ejecutadas por encargo.
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El mundo de los toros será importante fuente de inspiración para Goya a lo largo de toda su vida. En su exilio de Burdeos, apartado de las obligaciones retratísticas, tendrá mucho más tiempo para dedicarse a asuntos taurinos como éste que aquí contemplamos. Un recio astado atentamente espera para embestir al picador que, acompañado de un numeroso grupo de personajes, se agarra a la vara y al caballo esperando la llegada del toro. Otro picador espera con la vara en posición horizontal. En segundo plano contemplamos un caballo muerto - recordemos que en la suerte de varas los caballos no iban equipados con petos protectores como ocurre en la actualidad - mientras al fondo observamos los tendidos repletos de aficionados expectantes. Las rápidas pinceladas sitúan esta obra en la órbita de las Pinturas Negras realizadas años antes. La delicadeza con que el pintor muestra a los animales contrasta con la violencia de las figuras humanas, obtenidas con toques virtuosos de pincel empleando tonalidades sepias, marrones y grises acompañadas de rojos y blancos. En Burdeos realizará también su última serie de litografías titulada los Toros de Burdeos
Personaje Literato
Gaio Suetonio recibió una esmerada educación que le llevó a ejercer como abogado durante el reinado de Trajano mientras que con Adriano formó parte de la burocracia imperial. Muy interesado por la cultura griega, aprendió a la perfección esa lengua, dedicándose a la investigación. Realizó compendios de ciencias naturales y de biografías -que por desgracia se han perdido- siendo su obra más famosa la "Vida de los doce césares" donde narra las biografías de los emperadores desde Julio César hasta Domiciano, empleando un estilo analítico y fluido.
lugar
Ciudad situada en el extremo sur del Canal de Suez, sirve como punto de control del mismo. Tiene una estación de reaprovechamiento de combustibles para barcos, refinerías petroleras y fábricas fertilizantes. En el sur hay grandes playas. Ciudad situada justo al lado del Canal que lleva su mismo nombre, Suez ha sido un puerto comercial desde el siglo VII. Durante la Edad Media fue una importante vía de paso para todos aquellos peregrinos que se dirigían a La Meca. A partir del siglo XV pasó a ser una base naval y, en 1869, el Canal fue abierto al tráfico marítimo internacional, hecho que provocó la aparición de la ciudad moderna de Suez. La nacionalización del Canal en 1956 dio lugar al enfrentamiento bélico entre árabes e israelíes, contando éstos últimos con el apoyo inglés y francés, ya que Egipto impuso restricciones comerciales a Israel. La intervención de rusos y estadounidenses supuso el final del conflicto.
termino
acepcion
Nombre de origen fenicio, asignado a los magistrados supremos de Cartago y de otras colonias dependientes de dicha metrópolis. Se podría traducir como juez. Eran seleccionados cada año entre la familias más importantes de la aristocracia de la ciudad.
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