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Enterramientos en fosas que tienen su origen en las culturas neolíticas de base agrícola, emplazadas en la zona de Cataluña. Con el tiempo, este tipo de sepulcro sería también empleado por los pueblos prerromanos.
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La producción artística de Granada sufrirá una importante transformación con el intento imperial de convertir la ciudad en sede terrena y panteón de los Austrias, lo que multiplicará las iniciativas. Las primeras se centran en la Capilla Real y serán llevadas a cabo por la nobleza, de manera previa a la censura que el emperador establece en la Capilla Real en su visita de 1526. El inicio del cambio del plan gótico comienza con el encargo a Doménico Fancelli del cenotafio de los Reyes Católicos. El sepulcro se inspira en los modelos cuatrocentistas italianos como la tumba de Sixto IV, obra de Pollaiolo. El esquema no avanza en exceso sobre las propuestas italianas pero sí es clave para entender el cambio estético que se ha producido en la corte. Se asume el concepto humanista de la muerte, significando no la idea medieval del triunfo de la muerte sino el triunfo sobre la muerte conseguido mediante la Fama, la cual hace perdurar el recuerdo del difunto mediante sus virtudes expresadas con una compleja simbología que permite la inmortalidad en este mundo. Las esculturas dormidas de Isabel y Fernando descansan sobre un lecho troncopiramidal que permite amplios laterales para desarrollar un importante grupo de símbolos con escenas religiosas alusivas al triunfo espiritual sobre la muerte (Bautismo de Cristo, Resurrección), a los que se une la idea del éxito militar mediante la representación de los santos guerreros (san Jorge y Santiago). El programa se completa con estatuas de los Apóstoles y Padres de la Iglesia. Motivos exclusivamente decorativos, heráldica, emblemas de los monarcas y una cartela, a los pies, sostenida por putti que, con caracteres latinos, explica el sentido de triunfo en la actividad guerrera de los reyes contra los musulmanes, cierran el conjunto. El sepulcro de Felipe y Juana fue realizado por Bartolomé Ordóñez con mármol de Carrara, retrasándose su instalación hasta 1603. La obra es un túmulo más alto que el de Fancelli con las figuras yacentes de los monarcas claramente idealizados. Frente a los personajes centrales las significaciones religiosas se concretan con los temas de la Natividad, Oración del Huerto, Santo Entierro y Epifanía, así como con las estatuas sedentes de los ángulos, que representan a san Miguel, san Andrés y los santos Juanes. La fuerza expresiva de los distintos grupos escultóricos así como el relieve de los elementos decorativos de unión contrastan vivamente con el bajorrelieve casi pictórico del sepulcro contiguo.
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El sepulcro de los Reyes Católicos fue realizado en mármol de Carrara por Domenico Fancelli. Presenta forma tronco piramidal y muestra en sus paredes relieves y esculturas con escenas del Bautismo, la Resurrección, imágenes de santos y diversos elementos ornamentales propios del Renacimiento como guirnaldas, mascarones o emblemas. En la parte superior se sitúan las esculturas yacentes de los Reyes Católicos, un tanto idealizadas. El sepulcro de Doña Juana y Don Felipe fue realizado posteriormente por el escultor español formado en Italia, Bartolomé Ordoñez, con una estructura similar al anterior.
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Los egipcios estaban convencidos de que su vida eterna dependía de la conservación del cuerpo por lo que el sepulcro donde es enterrado tendrá una gran importancia, especialmente para los grandes personajes. El tipo normal de sepulcro es la mastaba, enorme banco en forma de pirámides truncadas. Por bajo del nivel de tierra, en el fondo de un pozo al que sólo se accede por la parte superior y que se rellena de arena tras el sepelio, se encuentra la cámara funeraria donde se deposita el sarcófago. En la tercera dinastía se emplearán como sepulcro pirámides escalonadas constituidas por pirámides truncadas superpuestas como la del faraón Zoser en Sakara. En la dinastía siguiente se emplearán ya pirámides perfectas, siendo las más importantes las de Keops, Kefrén y Mikerinos. La Gran Pirámide de Keops tiene casi 147 metros de altura y 230 metros por cada lado de su base. Contemplamos una sección transversal en la que se aprecian todos sus elementos: la entrada se encuentra en el lado norte, a 18 metros de altura; de ella parte un corredor en rampa de más de 100 metros que penetra en el subsuelo de roca hasta una cámara inacabada que no será utilizada ya que se decidió situar la cámara del sarcófago en la masa de la pirámide. Para ello se construyó un corredor ascendente que se continúa en dirección horizontal hasta la mal llamada Cámara de la Reina. Entre el inicio de la Gran Galería y el corredor descendente se construye un pasadizo de escape. También de la Gran galería y de la Cámara funeraria parten dos conductos de ventilación que las comunican con el exterior a 76 metros de altura.
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Ultimo episodio de la predela del retablo de San Marcos en el que se representa el enterramiento de los santos médicos. Una vez ejecutados Cosme y Damián junto con sus tres hermanos, fueron enterrados en una tumba. La escena ilustra la separación del cuerpo de San Damián, que fue apartado del de los otros cuatro. Cosme se enteró de que su hermano aceptó el obsequio de Paladia tras su curación. El camello, cuyos contornos se recortan sobre la claridad de la arquitectura del fondo, habla con voz humana para que sea aceptada la última petición del santo. El detalle sobrenatural del camello viene ejemplificado con la inscripción de sus palabras en una cartela que le sale de la boca. Mientras que los cuatros hermanos yacen muertos sobre la tumba con sus cabezas cortadas, Damián está siendo ubicado en otra. Las arquitecturas que cierran la composición y la limpieza de sus muros acentúan las acciones del primer término, con los santos en el suelo recibiendo la bendición de los personajes que se reparten a los lados de la tumba. Hay importantes detalles anecdóticos, aparte del motivo del camello, que completan mejor la escena en su totalidad. Por una parte, es interesante comprobar el efecto espacial que se consigue en la parte izquierda, donde los edificios dejan libre el espacio de una callejuela que se pierde más al fondo. Al igual que resulta importante el detalle simbólicos de los árboles del final, a la derecha, que no sólo continúan la perspectiva sino que, además, han quedado reducidos a cuatro, ejemplificando el enterramiento aparte de San Damián.
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Lugar de enterramiento, donde se llegaba a la cámara de inhumación por medio de un foso vertical.
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Esta tabla posiblemente pertenecía a la parte delantera de la Maestá de la catedral de Siena. Sobre lo que parece un sepulcro de aspecto clásico, y no gótico, colocado en escorzo para mostrar su volumen, reposa la Virgen en horizontal, cubierta por un manto azul intenso. Al otro lado se sitúan la mayoría de los apóstoles, presididos por los más próximos a la Virgen, Juan, vestido de rojo y con la palma que le caracteriza, y Pedro. Los personajes están tratados con detalle en sus fisonomías de aspecto variado. Su disposición intensifica la presencia de la protagonista, al dirigir todos sus miradas hacia ella. Su posición inclinada y los gestos de abatimiento constituyen uno de los primeros ejemplos de dotar a los personajes de actitudes psicológicas y sentimientos, en este caso la tristeza. El paisaje resulta particularmente atractivo por su falta de proporción en el tratamiento acartonado de las superficies rocosas y la manifiesta dificultad para colocar en una escala adecuada las plantas que se extienden por las laderas del decorado.