Busqueda de contenidos

Personaje Literato Religioso Político
Llamado Salomón ha-Leví, antes de su conversión al cristianismo había sido rabino judío. Su fortuna e inteligencia lograron que fuera nombrado obispo de Cartagena y, posteriormente, de Burgos. Su carrera política le llevó a ser canciller mayor del reino de Castilla y tutor de Juan II. Desde los cargos que desempeñó promovió la persecución de los judíos. Escribió, entre otras obras, "Las siete edades del mundo".
contexto
Importante puerto a lo largo de toda la Edad Moderna, los vestigios más antiguos que indican asentamiento humano datan de la época romana. Está documentado que en la Edad Media en su solar se asentó una población conocida Santi Emetherii, nombre que con el tiempo derivaría en Santander. En 1068 a esta población le fue otorgado concedido un privilegio por el rey Sancho II, gracias a su importante función portuaria. En el año 1187 nuevamente recibió la atención de un monarca, al serle concedido un fuero por parte del rey Alfonso VIII. Por medio de este fuero el señorío de la población le fue encomendado al abad de San Emeterio. Bajo el reinado de Enrique IV a punto estuvo de pasar el señorío a manos del Marqués de Santillana, en 1465, hecho que no se consumó ante la oposición de sus moradores. La Edad Media y, fundamentalmente, la Edad Moderna, son épocas de gran desarrollo para Santander. Poco a poco el papel de Santander como gran puerto del Cantábrico se va incrementando, gracias a la industria pesquera -favorecida por Alfonso VIII- y al comercio. El factor principal es su excelente puerto, salida "natural" de Castilla hacia el Cantábrico, que le permite competir con su rival, Laredo. Los productos castellanos, fundamentalmente la lana, salen de Castilla en dirección a Flandes, Inglaterra o Francia utilizando ambos puertos, lo que redunda en un rápido crecimiento de la ciudad. Aun por detrás de Laredo en los siglos XVI y XVII -Laredo es uno de los ocho puertos españoles, junto con La Coruña, Bayona, Avilés, Bilbao, San Sebastián, Cartagena y Málaga, a los que se permite romper en 1529 el monopolio de Sevilla en el comercio con América-, en el siglo XVIII ya puede participar plenamente en el comercio de Indias, siendo creado el Consulado del Mar y Tierra. El continuo crecimiento tanto económico como poblacional permiten que Fernando VI le conceda el título de ciudad. No obstante, la ciudad se ve fuertemente dañada por dos acontecimientos, que destrozan buena parte de su fisonomía urbana y obligan a una gran reconstrucción. El primero se produce en 1893, cuando explota el buque Cabo Machichaco; el segundo, en 1941, cuando un incendio de grandes proporciones destruye gran parte de la ciudad y de su patrimonio artístico. Ciudad señorial y elegante, junto a San Sebastián fue en los albores del siglo XX lugar de atracción para la aristocracia española, pues en ella veraneaba el rey Alfonso XIII. Las catástrofes antes citadas destruyeron buena parte del monumento histórico-artístico de Santander. A pesar de ello, aun pueden apreciarse buenas muestras de su pasado, como la Cripta del Cristo, del siglo XII, la Catedral, del XIV, la Iglesia de la Anunciación o de la Compañía, del XVII, o la Iglesia de la Consolación, cuyas obras comenzaron en 1772. Mucho más reciente, aunque de gran belleza y significación, es el Palacio de La Magdalena, de principios del siglo XX, residencia de Alfonso XIII y hoy sede de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo.
lugar
Importante puerto a lo largo de toda la Edad Moderna, los vestigios más antiguos que indican asentamiento humano datan de la época romana. Está documentado que en la Edad Media en su solar se asentó una población conocida Santi Emetherii, nombre que con el tiempo derivaría en Santander. En 1068 a esta población le fue otorgado concedido un privilegio por el rey Sancho II, gracias a su importante función portuaria. En el año 1187 nuevamente recibió la atención de un monarca, al serle concedido un fuero por parte del rey Alfonso VIII. Por medio de este fuero el señorío de la población le fue encomendado al abad de San Emeterio. Bajo el reinado de Enrique IV a punto estuvo de pasar el señorío a manos del Marqués de Santillana, en 1465, hecho que no se consumó ante la oposición de sus moradores. La Edad Media y, fundamentalmente, la Edad Moderna, son épocas de gran desarrollo para Santander. Poco a poco el papel de Santander como gran puerto del Cantábrico se va incrementando, gracias a la industria pesquera -favorecida por Alfonso VIII- y al comercio. El factor principal es su excelente puerto, salida "natural" de Castilla hacia el Cantábrico, que le permite competir con su rival, Laredo. Los productos castellanos, fundamentalmente la lana, salen de Castilla en dirección a Flandes, Inglaterra o Francia utilizando ambos puertos, lo que redunda en un rápido crecimiento de la ciudad. Aun por detrás de Laredo en los siglos XVI y XVII -Laredo es uno de los ocho puertos españoles, junto con La Coruña, Bayona, Avilés, Bilbao, San Sebastián, Cartagena y Málaga, a los que se permite romper en 1529 el monopolio de Sevilla en el comercio con América-, en el siglo XVIII ya puede participar plenamente en el comercio de Indias, siendo creado el Consulado del Mar y Tierra. El continuo crecimiento tanto económico como poblacional permiten que Fernando VI le conceda el título de ciudad. No obstante, la ciudad se ve fuertemente dañada por dos acontecimientos, que destrozan buena parte de su fisonomía urbana y obligan a una gran reconstrucción. El primero se produce en 1893, cuando explota el buque Cabo Machichaco; el segundo, en 1941, cuando un incendio de grandes proporciones destruye gran parte de la ciudad y de su patrimonio artístico. Ciudad señorial y elegante, junto a San Sebastián fue en los albores del siglo XX lugar de atracción para la aristocracia española, pues en ella veraneaba el rey Alfonso XIII. Las catástrofes antes citadas destruyeron buena parte del monumento histórico-artístico de Santander. A pesar de ello, aun pueden apreciarse buenas muestras de su pasado, como la Cripta del Cristo, del siglo XII, la Catedral, del XIV, la Iglesia de la Anunciación o de la Compañía, del XVII, o la Iglesia de la Consolación, cuyas obras comenzaron en 1772. Mucho más reciente, aunque de gran belleza y significación, es el Palacio de La Magdalena, de principios del siglo XX, residencia de Alfonso XIII y hoy sede de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo.
Personaje Militar Político
Desde el primer momento intervino en los conflictos independentistas y fue uno de los firmes defensores del sistema federal. Le será encomendada la defensa del valle del Cúcuta y de los Llanos del Casanare por parte de Bolívar. Su brillante participación en la batalla de Boyacá le llevará a ser nombrado vicepresidente de Nueva Granada. Santander será un convencido defensor de la Constitución de 1821 pero Bolívar se impondrá en la Convención de Ocaña de 1828. Entre 1832 y 1836 será presidente de Colombia, actuando en algunas ocasiones de manera dictatorial, aunque destacara por su respeto a la oposición y a la Constitución.
Personaje Político
Miembro converso de una familia de origen judío aragonés, radicada en Valencia, su padre se enriqueció gracias a diversos negocios y la concesión de Juan II del arriendo de los derechos que debían pagar los genoveses asentados en Valencia. Juan II concedió a Santángel la recaudación de los intereses reales en Valencia, pasando a trabajar en 1478 directamente para la Corona. En 1481 alcanza el cargo de escribano de ración. Su influencia en la Corte hace que Fernando el Católico asuma su protección frente a la Inquisición, organizando, junto con Francisco Pinelo, la salida de carracas genovesas desde Cartagena cargadas de judíos con dirección a Italia y los Balcanes. Parece que su participación en la expedición de Colón fue fundamental, pues ya en 1486 había conocido al genovés, convenciendo a la reina Isabel de aceptar las pretenciosas condiciones impuestas por Colón en las Capitulaciones de Santa Fe. Así, asumió la dirección económica de la empresa, asegurando la parte que correspondía aportar a la Corona.
obra
En 1665 Murillo recibió el encargo de decorar la iglesia del Convento de los Capuchinos de Sevilla con un extenso ciclo de pinturas. En el primer cuerpo del retablo mayor se ubicaba una de sus obras más populares: las Santas Justa y Rufina ya que se consideraba que la iglesia estaba en el lugar donde habían sido martirizadas las santas. Eran hijas de un pobre alfarero -de ahí las vasijas de barro que aparecen en el suelo aludiendo a la venta de cerámica que realizaban- y miembros de la clandestina comunidad cristiana en la Sevilla del siglo III. Al negarse a vender sus vasijas para ser utilizadas en ceremonias paganas y rechazar la entrega de un donativo a una imagen del ídolo Salambó, el portador del ídolo destruyó sus cacharros y ellas respondieron derribando la imagen por lo que sufrieron prisión, martirio y muerte (278). Entre sus manos las santas sostienen una pequeña Giralda ya que, según la tradición, fue su milagrosa intervención, abrazando la torre para que no se cayera, la que la salvó tras el terremoto de 1504. Esa es la razón por la que santa Justa mira hacia los sevillanos con gesto tranquilizador mientras su hermana eleva la mirada la cielo. Las santas están representadas por dos jóvenes de bellas y delicadas facciones, situando ambas figuras de manera frontal al espectador. Los tonos verdes, ocres y rojos empleados acentúan la belleza del conjunto. Las delicadas vasijas que aparecen a sus pies, realizadas con un acertado dibujo y una pincelada delicada y detallista, contrastan con el abocetamiento y la vaporosidad de la parte superior de los cuerpos, mostrando Murillo el dominio pictórico alcanzado. En esta obra se basó Goya para realizar un cuadro con la misma temática para la catedral de Sevilla en 1817.
obra
La tabla dedicada a las patronas de la ciudad de Sevilla que se conserva en la iglesia de Santa Ana fue atribuida originalmente al Maestro de Moguer, un autor anónimo vinculado al taller de Alejo Fernández. Las dos santas se sitúan en los laterales de la composición para permitir contemplar en el centro un fondo urbano alusivo a Sevilla, destacando la catedral con la Giralda, resueltos los edificios de una manera bastante infantil. Los dorados y la representación en menor escala de los donantes son dos elementos indicativos del goticismo, equilibrados con la sensación de perspectiva conseguida.
obra
Las parejas de santas de la predela del retablo de los Evangelistas de la catedral sevillana muestran el marcado dibujismo con el que define los contornos, habitual en la pintura del maestro. En ambas figuras muestran la influencia de Rafael, interesándose el artista en los paisajes, tampoco resueltos con excesiva maestría.
obra
En 1817 Goya recibe el encargo del Cabildo Catedralicio sevillano para la ejecución de un gran lienzo destinado a la decoración de la sacristía de los Cálices, adornado con un magnífico marco plateresco en piedra. Debía representar a las Santas Mártires de la ciudad, Justa y Rufina, alfareras que rechazaron adorar a los dioses paganos recibiendo el martirio. El suceso ocurrió en tiempos de Diocleciano pero ambas santas tuvieron una especial atención hacia los sevillanos al bajar de los cielos para sujetar la Giralda durante un terremoto ocurrido en el siglo XVI, según la creencia popular. Santa Justa y santa Rufina aparecen de cuerpo entero, vistiendo amplias túnicas, como mujeres del pueblo, portando en sus manos los cacharros que realizaban y las palmas del martirio. Elevan sus miradas hacia el cielo de donde reciben los rayos de la bendición divina, mientras que a sus pies encontramos un león y una estatua clásica rota - símbolos de la fuerza de la religión católica ante el paganismo -.Tras ellas observamos la silueta de la catedral y la Giralda. Goya preparó numerosos bocetos para asegurarse el triunfo, pecando de cierta influencia murillesca en los rostros de ambas figuras. El conjunto es una muestra de equilibrio y espléndida ejecución, demostrando el maestro su facilidad para adaptarse a las exigencias de su clientela.
obra
Cuando Goya recibió el encargo del cabildo catedralicio sevillano para la ejecución de un gran lienzo sobre las santas Justa y Rufina - gracias a la mediación de su amigo Ceán Bermúdez - realizó varios bocetos previos y se documentó sobre las obras de otros autores relacionadas con este tema. El referente más atractivo será Murillo, aunque Goya incorpora algunas diferencias que hacen esta obra más original. Las santas alfareras sostienen en sus manos las palmas del martirio y objetos de cerámica que ponen de manifiesto su condición. A los pies de santa Rufina encontramos un león lamiendo sus pies descalzos y al fondo la catedral sevillana presidida por la Giralda. En la zona de la izquierda se observa un repinte que deja entrever las líneas de la torre que inicialmente estaría ubicada en ese lugar y más tarde fue emplazada en otro diferente por el artista. Las santas - individualizadas aunque con algunos elementos comunes - elevan su mirada al cielo en señal de agradecimiento. La rapidez de la factura viene explicada por ser un boceto, empleando tonalidades oscuras que sitúan esta escena en la órbita del Barroco Español, debido posiblemente al deseo de Goya de agradar al cabildo sevillano y reforzar su posición en la pintura española en un momento en el que había sido desbancado como retratista en Madrid por la llegada de Vicente López.