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El piso inferior de la iglesia de Santa María del Naranco tiene una cámara mayor en el centro, abovedada con arcos fajones, y con dos puertas, pero sin ventanas; a los lados de esta sala hay otras dos menores, con cubiertas de madera, de las que una se empleó posiblemente como baño. El sistema de abovedamiento, con el largo cañón dividido por arcos fajones y soportado en una arquería ciega perimetral, es la forma constructiva más singular en el arte ramirense, a la que no pueden señalarse orígenes específicos, sino una vinculación remota con modelos romanos de salas de termas y en algunos mausoleos, pero muy distantes de esa época; otros sistemas similares de abovedamiento conocidos en Persia se difunden por el Mediterráneo en fechas posteriores, de forma que el sistema asturiano permanece aislado en el desarrollo artístico de Occidente.
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Tal vez éste fuera el edificio predilecto de Ramiro I ya que fue concebido como palacio campestre, sin embargo el propio rey mandó convertirlo en iglesia. La imagen que contemplamos corresponde a la sala de audencias, cuyo espacio termina en dos amplios miradores. La creación de un espacio rotundo, cuya continuidad lineal en segmentos puede dar una secuencia inagotable, es un propósito buscado también por otras arquitecturas palatinas, para reforzar la idea de magnitud del poder regio y su extensión inalcanzable, que puede ser ampliada sin limitaciones a través de los miradores o de las arquerías laterales. Fue restaurada en 1930.
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La imagen nos permite observar el sistema de abovedamiento que presenta el edificio de Santa María del Naranco, a base de arcos fajones apeando sobre un muro armado con una arquería ciega, que descansa a su vez sobre haces de columnas con decoración de sogueado. El sistema responde a la tradición constructiva romana y muestra la pervivencia de soluciones arquitectónicas del mundo tardoantiguo a través de la época goda. El edificio, por sus características, podría ser considerado a su vez como protorrománico.
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El arquitecto del Naranco tuvo la libertad necesaria para ejecutar edificios con propósitos meramente estéticos como este palacete con miradores, emplazado en un ambiente natural al estilo de una villa palladiana. Sorprende el tratamiento de la edificación como un volumen de estricta regularidad geométrica, en el que no se deja manifestar la existencia de soportes, techumbres o elementos estructurales que pueden alterar la forma ideal del edificio, que es, sencillamente, la del templo griego y romano. Todo el complejo fue construido en tiempos de Ramiro I y en él también se incluye la iglesia de San Miguel de Lillo.
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La forma general del pabellón real del Naranco, convertido después en iglesia de Santa María, es la de un prisma rectangular alargado con cubierta inclinada a dos vertientes; en el exterior sobresalen a cada lado dos series de cuatro esbeltos contrafuertes verticales con estrías y acanaladuras, en los lados largos se adosan una escalera doble exterior y un pórtico con un mirador.