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obra
Fra Angelico figura en esta tabla del Armario de la plata el suceso que tuvo lugar el Domingo de Resurrección, cuando las santas mujeres acuden al sepulcro para ungir el cuerpo de Cristo y sólo encuentran a un ángel que les anuncia la resurrección del Salvador. La obra está focalizada en la puerta del sepulcro, con la presencia del ángel, sentado en la tumba vacía, recuadrado sobre la oscuridad de la cueva. Flanqueando su marco se sitúan una mujer a la izquierda, que mira hacia el interior y, a la derecha, el resto de las santas mujeres, que se disponen en diagonal abriendo el ángulo de visión del contemplador. Muestran rostros de sorpresa e incredulidad y, alguna de ellas, se sitúa de espaldas, como es habitual en multitud de composiciones de Fra Angelico. En ese término que ocupan las mujeres, el fraile pintor coloca la losa de piedra de la entrada al sepulcro, para simular de nuevo espacialidad. Por otra parte, la obra ofrece un tratamiento casi de miniaturista en algunas partes de la escena, por ejemplo en la hierba y flores del suelo, en las copas de los árboles que figura o en la profusión y efectismo luminoso de los pliegues de las túnicas. A diferencia de la representación del mismo tema en un fresco del Convento de San Marcos, el de la celda 8, aquí no aparece el Resucitado explícitamente: son las palmeras que flanquean la entrada del sepulcro las que aluden, simbólicamente, a la presencia de Dios y su Triunfo sobre la muerte.
Personaje Pintor
Estudió bajo los consejos de Bon Boulogne. Perteneció a la Academia. El Museo Real de París acoge una de sus obras más importantes: Susana en el baño.
Personaje Pintor
Giovanni Santi debe más a ser el padre de Rafael que a su propia pintura. Su taller, instalado en Urbino, fue bastante floreciente recibiendo en su estilo las influencias de los pintores más activos en las Marcas durante el Quattrocento: Piero della Francesca, Melozzo da Forli, los venecianos y la Pintura Flamenca. Alcanzó cierta fama que le llevará a recibir encargos de las cortes de los Gonzaga en Mantua y de los Montefeltro en Urbino, pintando obras de asunto religioso y retratos. Al final de su vida será Perugino el maestro que más influencia ejerza sobre su estilo. Santi es también el autor de una "Crónica Rimada" donde se celebran las gestas de la corte de Federico de Montefeltro, mencionándose en algunos de los tercetos que la constituyen asuntos relacionados con la pintura y los artistas de su tiempo por lo que alcanza un importante valor para los estudiosos.
obra
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Las características de este busto de santo son muy similares a las de San Felipe, pues ambos forman una pareja. Tienen las mismas dimensiones y el mismo estilo, incluso la inscripción en latín es igual para los dos. En este caso, Durero ha caracterizado al santo como un anciano de frente calva y brillante, con una barba de un blanco algodonoso que refleja la luz. Sobre la túnica roja podemos ver la concha de vieira que caracteriza a los peregrinos de Santiago.