El marqués de Lozoya reparó en una serie de lienzos traídos durante la guerra civil española al Fuerte de Guadalajara procedentes de la iglesia del cercano pueblo de Almadrones. Nueve de ellos fueron llevados al Prado, distribuyéndose los restantes entre diversos museos. Este Apostolado, llamado de Almadrones debido a su procedencia, es uno de los más interesantes de El Greco, pero no supera los de la catedral de Toledo o el Museo de El Greco. Una de sus figuras más impactantes es Santiago el Mayor, presentado de media figura sin ningún atributo. Es uno de los personajes más naturalistas de la serie, realizado como un hombre de la calle, enlazando su expresión con la teoría manifestada por Marañón según la cual Doménikos emplearía locos del cercano Hospital del Nuncio como modelos. La amplia figura oculta su anatomía con el pesado ropaje azulado y muestra zonas aclaradas debido al impacto del potente foco de luz. La postura de la mano y la deformidad de su rostro hacen de este personaje uno de los más enigmáticos de los pintados por El Greco. La factura empleada es rápida y abocetada modelando, según su costumbre, a través del color y de la luz.
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El hijo de Zebedeo fue degollado en Jerusalén hacia el año 45, convirtiéndose en el primer apóstol mártir. La tradición dice que sus discípulos Atanasio y Teodoro trasladaron su cuerpo en una barca hasta las costas gallegas ya que el santo habría realizado su peregrinación en la península Ibérica. Desembarcaron en Padrón y lo enterraron en una cripta en el lugar llamado Libredón. Allí será donde el monje Pelagio descubra sus restos en el siglo IX, dando lugar a una de las vías de peregrinación más importantes de la Edad Media: el Camino de Santiago. El patrón de España aparece aquí representado con sus tradicionales atributos: el bastón y la concha de peregrino. Forma parte del Apostolado pintado por Ribera en la década de 1630 y en él se aprecian las influencias de Caravaggio en cuanto al tratamiento de la luz y el naturalismo con el que está representado el personaje, captado como un hombre maduro cargado de humanidad pero revestido de dignidad. También podemos apreciar cierta influencia de Rubens en la monumentalidad de la figura. Entre sus compañeros destacan San Bartolomé y Santiago el Menor.
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Ribera es el máximo representante del Naturalismo tenebrista dentro del Barroco español. Su traslado a Nápoles a una edad temprana le permitió conocer ampliamente las obras de Caravaggio y formar parte de la Escuela napolitana, de la que se convertirá en líder indiscutible. Su nacionalidad española, que siempre exaltará con orgullo en sus obras, le permitirá trabajar para los virreyes españoles en Nápoles, quienes se convertirán en sus mejores clientes. La temática religiosa será la preferida por el maestro, destacando sus escenas de martirio. En éstas, la violencia y el dramatismo se convertirán en sus notas más destacadas, como se puede observar en el Martirio de San Felipe en el Museo del Prado. Los santos, aislados en figuras de cuerpo entero, serían muy solicitados por sus clientes. Santiago el Mayor fue instalado por Velázquez en el Palacio de El Escorial, donde obtuvo positivas críticas de los expertos de la época. Si hay una palabra que defina la obra de Ribera ésta es realismo ya que sus figuras están inspiradas en personajes muy cercanos al entorno del pintor, captando perfectamente sus rasgos. Sus rostros carecen de idealización y sus miembros están dotados de gran veracidad, estudiando los pies y las manos de tal manera que en algunas figuras se aprecia hasta la suciedad de las uñas. Otra de las características que definen la pintura del maestro es la luz, una fuerte luminosidad lateral que provoca un precioso contraste de luces y sombras. El colorido empleado es oscuro, predominando los marrones, negros, grises y pardos, animados por la tonalidad más clara de la carnación. El detallismo también resulta interesante, como se observa en los dedos de los pies o en el rollo de pergamino que porta el santo en la mano derecha. Su compañero desde que llegaron a El Escorial enviados por Felipe IV será el San Roque.
Personaje
Religioso
Hijo de Zebedo y Salomé, se dedicó como su hermano san Juan Evangelista a difundir la palabra de Jesús. Ambos mostraron un fuerte empeño en esta labor, por lo que fueron apodados "boanerges", cuya traducción era hijos del trueno. Santiago fue testigo de algunos de los milagros atribuidos a su maestro. Igual que san Pedro y san Juan, vivió la transfiguración y presenció su agonía. Hacia el año 44, coincidiendo con el gobierno de Herodes Agripa I, rey de Judea, Santiago fue decapitado, convirtiéndose en el primer mártir de los apóstoles. Cuentan que los últimos años de su vida, desde el año 35, transcurrieron en España, donde predicó las enseñanzas de Jesús y que fue sepultado en la localidad coruñesa de Iria Flavia. En el siglo IX, Teodomiro, el obispo de esta localidad descubrió su sepulcro y se inició la edificación de la catedral de Santiago de Compostela, desde entonces lugar de peregrinación y última parada del camino de Santiago. No obstante, otras versiones afirman que el apóstol Santiago jamás estuvo en Hispania. Se cuenta que durante la Reconquista, en la batalla de Clavijo, se produjo una aparición suya. Desde entonces se le ha representado como Santiago Matamoros con una espada y sobre un caballo blanco. Santiago es patrón de España y su festividad se celebra el día 25 de julio.
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Formando parte de un incompleto apostolado pintado por Ribera en sus primeros años napolitanos encontramos a este Santiago el Mayor, el hijo de Zebedeo y hermano de san Juan Evangelista, quien se convertiría en el primer apóstol mártir. Es una imagen cargada de naturalismo al utilizar el artista una figura tomada de la vida cotidiana, humanizando las rasgos del apóstol de tal manera que sólo se le identifica por sus atributos. Eleva su mirada al cielo en actitud interrogativa, recogiendo Ribera a la perfección la expresión del modelo. Un potente foco de luz ilumina el rostro del apóstol, creando un juego de luces y sombras que acentúa la expresividad de la figura, acercándose al tenebrismo de Caravaggio sin renunciar a la influencia de la pintura flamenca. Las tonalidades pardas y oscuras que contrastan con blanco son también reminiscencia caravaggiesca. San Pedro y San Pablo son sus compañeros.
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Son habituales en la producción de Ribera las imágenes de santos aislados, posiblemente encargados por particulares para devoción personal. Santiago el Mayor es el patrón de España, pero no debemos olvidar que Nápoles era en el siglo XVII un virreinato español en el que habitaban un amplio número de peninsulares. El santo aparece en un interior, recortando sobre un fondo neutro su figura, permitiéndose apreciar en primer plano un bloque pétreo -similar al de la Mujer barbuda o San Roque-. Viste oscura túnica y un bello manto rojo, dirige su mirada al espectador y sostiene en sus manos un libro, buena muestra de la facilidad del maestro para interpretar calidades. El rostro y las manos son un ejemplo más del naturalismo en el que trabaja Ribera, interesándose por captar expresiones, gestos y actitudes. La iluminación heredera de Caravaggio permite advertir una tonalidad diferente en el fondo, sin renunciar a los impactantes efectos de claroscuro que refuerzan la emotividad del personaje representado.
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La afición a los Apostolados existente en España debió de ser importante durante el Barroco a juzgar por los importantes ejemplos que encontramos. Artistas de la talla de El Greco, Ribera o Rubens tienen en su catálogo alguna serie de estas características. El esquema es similar en todos ellos ya que se trata de representar a los doce apóstoles y al Salvador como figuras aisladas, cada uno de ellos con el atributo que lo personalice y haga más fácil su identificación. El Apostolado de Rubens que guarda el Museo del Prado carece de Salvador, pues se perdió posiblemente en la Guerra de la Independencia, pero sí se han conseguido reunir los doce apóstoles. La figura de Santiago el Mayor se recorta -como sus compañeros San Bartolomé o San Pablo- sobre un fondo neutro, del que sobresale gracias a un fuerte haz de luz procedente de la parte izquierda que hace recordar a Caravaggio. Lleva el bordón de peregrino que le caracteriza y un libro. La fuerza expresiva que ha insuflado Rubens al rostro del apóstol le convierte en una figura real, de carne y hueso. El canon escultórico utilizado está inspirado en Miguel Ángel, destacándose la fuerte textura del manto y sus pliegues en clara referencia a la pintura flamenca. El cuadro formó parte de la colección de Isabel de Farnesio y entró en el Museo del Prado en 1829.
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Entre 1586 y 1596 son abundantes los santos aislados o en pareja - véase San Andrés y San Francisco - en la producción de El Greco. Suelen corresponder a encargos de conventos o particulares en un momento devocional del Toledo de la Contrarreforma. Así surge este Santiago el Mayor peregrino que contemplamos, patrono de España, procedente del retablo de Santa Bárbara de la iglesia de San Nicolás de Toledo. La figura se presenta ante una hornacina, sobre un pedestal, a modo de estatua, y recuerda las imágenes del Renacimiento italiano que habían elaborado Mantegna o Masaccio al acentuar el aspecto escultórico del personaje. Doménikos emplea un canon acertado, cercano aún a Miguel Ángel en la volumetría y en el aspecto macizo mientras que el alargamiento progresivo de la figura se empieza a manifestar de manera contundente. La cabeza se ve así reducida ante las poderosas piernas y el ancho torso, iniciando un cambio en el canon clásico - la cabeza es la séptima parte del cuerpo - que provocará esas figuras estilizadas y llameantes. El modelado se realiza mediante el color y luz, como en la Escuela veneciana, aunque aún existe una dependencia del dibujo que enlaza con la Escuela romana.