Busqueda de contenidos

Personaje Religioso
Princesa húngara,hija del rey de Hungría Andrés II, casó a los 14 años con Luis, hijo del landgrave de Turingia. Se casó con Luis IV de Turingia y Hesse y al quedar viuda en 1227, tomó los hábitos de monja terciaria franciscana y se retiró al hospital que ella misma había construido. Dedicó el resto de sus días a la realización de obras de caridad en la ciudad de Marburgo.
obra
La iglesia de la Caridad de Sevilla se convertirá en el interior más deslumbrante de todo el Barroco español gracias a don Miguel de Mañara, artífice de la decoración. Para ello contó con los mejores artistas del momento, eligiendo a los pintores Valdés Leal y Murillo para realizar los cuadros que decoraban el templo. Murillo se encargo de realizar seis obras -la Curación del paralítico o el Regreso del hijo pródigo- que narran las alegorías de las obras de Misericordia, complementadas con la séptima -"Enterrar a los muertos"- que estaba realizada en escultura y se sitúa en el retablo mayor gracias a la obra de Pedro Roldán. Mañara también encargó a Murillo la realización de dos obras donde se recogieran dos ejercicios caritativos que debían cumplir los miembros de la Hermandad. Una de ellas es asistir a los enfermos durante su curación y darles de comer como se recoge perfectamente en esta obra que contemplamos protagonizada por santa Isabel de Hungría. Santa Isabel era hija de rey Andrés II de Hungría. Se casó con Luis IV de Turingia y a la muerte de su esposo en 1227 decidió llevar una vida ascética, dedicándose a realizar obras de beneficencia. Para ello construyó un hospital para pobres y leprosos en Marburgo, atendiendo personalmente a los enfermos. En 1228 tomó el hábito de terciaria franciscana, convirtiéndose en su patrona. En 1235 fue canonizada por Gregorio IX. Murillo presenta a la santa rodeada de leprosos a los que cura con sus propias manos. Los enfermos están representados con absoluto realismo, apreciándose incluso sus padecimientos y dolores. La santa lava la cabeza de un joven asistida por varias damas que visten elegantes trajes, contrastando con la pobreza de los ropajes de los tiñosos. Tras ellas se contemplan las lentes redondas de una mujer. La escena se desarrolla ante una monumental arquitectura como era habitual en esos momentos -véase la serie del Hijo pródigo- creando una composición piramidal que tiene como eje a santa Isabel. La luz dorada baña todos los personajes para crear una atractiva sensación atmosférica que diluye los contornos pero no omite ninguno de los detalles como las calidades de las telas o los reflejos en la palangana de metal. Al fondo, teniendo como escenario un espectacular pórtico, contemplamos una segunda escena en la que se representa a santa Isabel dando de comer a los pobres, segunda parte del ejercicio caritativo entre los hermanos de la Caridad, de los que Murillo era miembro desde 1665.
obra
Una de las imágenes más bellas pintadas por Zurbarán es la Santa Isabel de Portugal, identificada tradicionalmente como Santa Casilda, que presumiblemente formaría parte de una serie de vírgenes mártires realizadas por el pintor tras regresar a Sevilla después de haber triunfado en Madrid con la Defensa de Cádiz y las escenas de Hércules. Se ha sugerido que este tipo de lienzos pudieran representar retratos "a lo divino", es decir, damas de la aristocracia que aparecen con los atributos de las santas de su mismo nombre, algo que, si bien no es aplicable a todas las santas zurbaranescas, sería posible en este caso, dada la individualización de los rasgos del rostro. Santa Isabel, hija del rey Pedro III, nació en Aragón en 1271 y se casó con el rey Dionisio de Portugal. Imitando a su antepasada, Isabel de Hungría, practicaba la caridad, y un día que llevaba dinero disimulado entre sus ropas destinado a este fin, la sorprendió su esposo, quien le había prohibido dar limosnas. Ella le dijo que llevaba rosas, y cuando se las mostró, el dinero se había transformado milagrosamente en rosas. Zurbarán la representa con la mayor riqueza posible en el traje, dando la impresión de ser más una muchacha noble de la Sevilla del siglo XVII que una mártir. Dentro de la filosofía naturalista se incluía el representar las escenas con el mayor realismo posible como si fuesen imágenes del momento. El lujo del vestido se ve mucho más marcado por el halo de luz procedente de la izquierda que impacta de lleno en la figura, potenciando los verdes y amarillos y dejando una zona en semipenumbra. Los pliegues del traje son dignos de mención, obtenidos con una pincelada delicada y minuciosa y un preciso dibujo. El detalle del collar de perlas acentúa aún más el lujo de la joven santa. La figura de cuerpo entero se recorta sobre un fondo neutro para dar mayor sensación volumétrica.
Personaje Religioso
Esposa del rey Dionís e hija de Pedro III de Aragón, fue una mujer de gran devoción. Fundó en Coimbra un monasterio de clarisas, al que se retiró a la muerte de su esposo .
obra
Este fresco decora la basílica Inferior de San Francisco en Asís, exactamente en la parte inferior del transepto derecho de la iglesia, en el lugar conocido como el Altar de Santa Isabel. A la izquierda observamos a Santa Isabel, vestida a la manera cortesana como una reina, que mira hacia sus dos acompañantes, más cerca, Santa Margarita que sostiene una pequeña cruz y luego, a su lado, San Enrique de Hungría, el hijo de San Esteban, que lleva en su mano unos lirios. Plásticamente destaca el canon alargado de las figuras, y su tendencia a ocupar todo el marco del cuadro. La gama delicada de los colores es sorprendente, actuando de complementarios el color amarillo de las figuras con el violeta del fondo. Destaca también el alto contenido decorativo de los paños, especialmente los de Santa Isabel, y el magnifico repujado del marco que separa a las figuras y las aureolas que adornan a los santos. El fresco parece exaltar las virtudes de santidad con que se adorna la casa real de Hungría y sus relaciones con la dinastía de los Anjou.
obra
Santa Justa y Santa Rufina son las patronas de Sevilla y su representación es muy popular en la capital andaluza. Se trata de dos hermanas alfareras que formaban parte de la clandestina comunidad cristiana de Sevilla durante el siglo III. Se negaron a financiar al ídolo local Salambó por lo que fueron condenadas a prisión y martirizadas. Esta es la razón por la que en este cuadro Murillo pinta a una de las santas portando cacharros y con la palma del martirio en la mano. La santa está representada como una joven sevillana del siglo XVII, secularizando la figura que más bien parece tratarse de un retrato profano debido a la belleza, elegancia y sensualidad de la modelo. El tamaño de los dos lienzos ha hecho pensar que se trataría de cuadros de devoción personal, encargados por algún cliente particular. Para el retablo de los Capuchinos de Sevilla pintará Murillo un gran lienzo con las dos santas juntas que tendrá mucha devoción, siendo tomado como inspiración dos siglos después por Goya.
Personaje Religioso
Hijas de un pobre alfarero y miembros de la clandestina comunidad cristiana en la Sevilla del siglo III, se ganaban la vida vendiendo los cacharros que realizaba su padre, de gran calidad por lo que alcanzaron cierta fama. Al negarse a vender sus vasijas para ser utilizadas en ceremonias paganas y rechazar la entrega de un donativo a una imagen del ídolo Salambó, el portador del ídolo destruyó sus cacharros y ellas respondieron derribando la imagen, por lo que sufrieron prisión, martirio y muerte (278), en tiempos del gobernador Diogeniano. Sus cuerpos fueron, al parecer, rescatados por Sabino (luego santo) quien las enterró en el cementerio cristiano, sito que estaban en lo que hoy se conoce en Sevilla como Prado de Santa Justa. Según la tradición, su milagrosa intervención, abrazando la torre para que no se cayera, salvó la Giralda tras el terremoto de 1504. Son las patronas de Sevilla desde tiempos de Fernando III el Santo, quien levantó una iglesia y un monasterio bajo su advocación, al parecer, sobre las mismas cárceles en que las santas sufrieran el martirio.
Personaje Religioso
Perteneciente a una familia noble de Toledo, cuando todavía era una niña fue denunciada por creer en el el cristianismo, por lo que tuvo que comparecer ante el gobernador Daciano. A pesar de las presiones, nunca renegó de sus creencias cristianas, por lo que fue encarcelada y torturada hasta morir. Su sepulcro rápidamente se convirtió en un lugar de culto y allí se levantó una basílica. En esta iglesia posteriormente se convocarían varios Concilios. En el siglo IX, con la invasión árabe, su cuerpo fue trasladado a Oviedo, donde también se encontraba el de San Ildefonso y luego fue llevado a Flandes. Su cuerpo regresó a Toledo en el siglo XVI en pleno conflicto religioso con los Países Bajos.
obra
Maella recoge el momento en el que el pretor exige a la santa doncella que realice sacrificios a los dioses paganos, recibiendo la lógica negativa. La figura del romano se presenta sobre un pequeño podium, portando el rollo de la ley en su mano derecha y en actitud plenamente condenatoria. Santa Leocadia es acompañada por los soldados; eleva su mirada hacia el cielo donde se aprecia un dorado foco de luz y las figuras de varios querubines. En primer plano nos encontramos al sacerdote que ofrece a los dioses paganos señalando a la estatua junto a varias figuras a ambos lados de la composición, abriendo el centro para contemplar la belleza de la santa. La disposición de la perspectiva ha sido magníficamente estudiada, recurriendo a diferentes planos alejados en profundidad y a arquitecturas a la manera renacentista. La monumentalidad de los personajes, sus vestimentas y los colores empleados están inspirados en el mundo clásico, siguiendo el ideal neoclásico impuesto por Mengs en España. Maella quizá se relacione con el mundo barroco en la iluminación empleada al resaltar las luces doradas para remarcar el efecto sobrenatural. Esta obra, de la que contemplamos un boceto muy acabado, estaba destinada a la decoración del claustro de la catedral de Toledo, concretamente el ala norte, acompañando a la Muerte de Santa Leocadia. La humedad del lugar ha provocado la destrucción casi en su totalidad a los pocos años de la finalización. En este mismo encargo trabajó Francisco Bayeu.