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San Pedro Nolasco fue quien creó la Orden de los mercedarios, cuyo escudo podemos apreciar en el pecho del santo. Está pintado como parte de una serie de cuatro lienzos para un convento limeño, y habría de ser relacionado con el Santo Domingo que abre los comentarios de los cuadros.
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Fray Juan Bernal, prior del Convento de la Merced de Sevilla, encargó a Alonso Vázquez una serie dedicada la vida de san Pedro Nolasco y san Ramón Nonato. De las pinturas realizadas por Vázquez sólo se conservan dos, posiblemente las únicas que ejecutó, ya que en 1603 abandonó la ciudad. En ambas composiciones encontramos figuras monumentales en las que destacan sus expresivos gestos, resultando de mejor calidad las figuritas pequeñas del segundo plano.
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Para la iglesia de Santa catalina de Sevilla pinta Pedro de Campaña esta espectacular tabla en la que destaca la anatomía del Salvador y la expresividad de la figura del santo. Los recursos lumínicos están inspirados en la pintura veneciana, tomando a Tintoretto, Bassano y el maduro Tiziano como referencia, mientras que la minuciosidad de los detalles y el realismo preciosista son elementos tomados de la pintura flamenca.
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Junto a San Sebastián, San Bartolomé, San Jerónimo y el Calvario, esta imagen de San Pedro Penitente forma parte del conjunto de lienzos realizados por Ribera para el duque de Osuna que fueron entregados a la Colegiata de Osuna por su viuda en 1627. El santo aparece en una cueva, arrodillado y orando, destacando su apasionado gesto con los ojos llenos de lágrimas y las manos apretadas con terrible fuerza, recogiendo a la perfección el arrepentimiento del santo. A sus pies encontramos la llave que se convierte en su símbolo y en el fondo se abre un ligero paisaje apenas apreciable por el mal estado de conservación del lienzo. El naturalismo con el que trata al santo -destacando las arrugas de la frente y la tensión de sus manos-, la iluminación tenebrista empleada -que consigue dotar de mayor volumetría, dramatismo, intensidad y efectismo a la figura- y la gama cromática utilizada son elementos tomados de la escuela de Caravaggio, posiblemente gracias a su contacto con los llamados Caravaggistas de Utrecht como Terbrugghen.
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Tras haber renegado tres veces de Cristo después de su captura en el monte de los Olivos, San Pedro muestra su arrepentimiento. Esta temática será muy frecuente en la iconografía occidental, desde El Greco a Ribera. El maestro valenciano nos muestra aquí una forma bastante rara de tratar el asunto ya que el santo se encuentra en un interior, en pie, apoyando su cuerpo en una gran losa cúbica que cubre con su manto. Eleva la cabeza y la mirada al cielo y con sus manos refuerza el gesto de arrepentimiento. La monumental figura se recorta ante un fondo neutro, creando un doble plano de perspectiva, y recibe un potente foco de luz procedente de la izquierda que resalta su naturalismo, tomando Ribera como modelo a un hombre de su entorno, humanizando de esta manera el asunto y dotando de cotidianeidad a la imagen. Las arrugadas manos recuerdan a la serie de los Cinco Sentidos pero la técnica más rápida y menos áspera sitúan este trabajo en la década de 1630. La influencia de Caravaggio sigue presente pero el valenciano toma una línea cada vez más personal.
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Muy similar al Beato Cirilo del mismo Museo de Boston, este santo es poco conocido. Fue un monje y guerrero a la vez, participó en las cruzadas, muriendo por las heridas que le infligieron los infieles. Estéticamente, está muy relacionado con el mencionado cuadro de San Cirilo, por lo que podemos dirigirnos al mismo para estudiar sus características.
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Situada en el lateral derecho de la capilla Brancacci, esta escena fue realizada por Filippino Lippi continuando el trabajo abandonado por Masaccio en 1428. Lippi mantiene las figuras monumentales y el interés arquitectónico que Masaccio ya había puesto de manifiesto en escenas como El Tributo. San Pablo aparece de espaldas, dialogando con san Pedro, que se encuentra tras las rejas, creando un efecto de continuidad al disponer a una figura en relación con el espectador. Los coloridos se mantienen muy similares respecto a las primeras obras para no provocar un choque visual al espectador, mostrando el artista su capacidad como continuador del proyecto.
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A medida que transcurrían los años cincuenta la interpretación realizada por Poussin sobre la narrativa religiosa, en especial la vida de Cristo y los hechos de los Apóstoles, se hizo más intensa. Si bien su capacidad para el dibujo de fino detalle se veía dificultado por su creciente enfermedad en la mano, sus recursos para representar un complejo escenario de contenido arquitectónico aumentaban y alcanzaban cotas de maestría. Esto sucede en esta obra, pintada para cierto Mercier, Tesorero de Lyon en 1655. El asunto procede de los Hechos de los Apóstoles: San Pedro cura a un paralítico que pedía limosna a las puertas del Templo de Jerusalén, con las palabras "No tengo plata ni oro; pero lo que tengo, te doy: en nombre de Jesucristo, el Nazareno, ponte a andar". La fuente de inspiración es de nuevo Rafael, junto con un grabado de Marcantonio Raimondi. Pero Poussin, de manera ambiciosa, traza una compleja composición piramidal cuajada de figuras, cada una de las cuales está dotada de una personalidad propia.
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Destinados a las capillas menores de la basílica de San Lorenzo de El Escorial, Navarrete el Mudo firmó el 21 de agosto de 1576 el contrato para la ejecución de 32 lienzos representando en cada uno a una pareja de santos ante un paisaje en demostración de su eficacia como intercesores y ejemplos de buena conducta. Una de las cláusulas advertía. "Y en las dichas pinturas no ponga gato, ni perro, ni otra figura que sea deshonesta, sino que todos sean santos y que provoquen a devoción". Fernández sólo tuvo tiempo de realizar ocho de las 32 pinturas ya que su delicada salud falló y el 28 de marzo de 1579 fallecía en Toledo antes de cumplir los 60 años. La admiración del pintor hacia la obra de los grandes maestros del Renacimiento italiano se pone de manifiesto en esta imagen donde emplear amplias figuras que recuerdan a Miguel Ángel mientras que en las expresiones y el fondo paisajístico se hace evidente la referencia a Tiziano o Rafael; resulta así una obra muy atractiva en el austero panorama renacentista español.
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Ribera solía firmar la mayor parte de sus cuadros, fórmula muy extendida en Italia donde la competencia entre los artistas era feroz. Para plasmar esa firma ha utilizado uno de los laterales de la mesa de primer plano, donde impacta ligeramente la luz que ilumina la composición. San Pedro y San Pablo aparecen con sus respectivos atributos: la espada y las cartas para Pablo y las llaves para Pedro. Están enfrentados en una viva discusión por un texto bíblico que aparece en el centro de la composición, convirtiéndose en el eje del aspa con el que se estructura la escena. San Pedro aparece en la izquierda, representado como un hombre anciano, calvo y con barba. Posiblemente se trata del mismo modelo que utilizó Ribera para su San Pedro del apostolado incompleto. Por su parte, en la derecha, San Pablo se representa como un hombre maduro y barbado, pudiendo tratarse también del mismo modelo del apostolado. Una vez más, Ribera se interesa por resaltar los detalles -los libros, la llave, la espada que resurge del fondo- haciendo hincapié en el naturalismo que carcateriza toda esta etapa. Tampoco es despreciable la belleza del efecto de luces y sombras que emplea, tomando un foco de luz procedente de la izquierda para bañar a los personajes y los objetos y mantener en penumbra el resto de la composición. De esta manera se refuerza el momento de tensión que alcanza la discusión de los santos. Las tonalidades oscuras empleadas, entre las que destaca el manto rojo y la túnica verde de San Pablo, son también herencia de Caravaggio, el maestro que influyó en las primeras etapas de la producción riberesca aunque el maestro valenciano particularice su estilo.El lienzo debía estar en el Monasterio de El Escorial al ser citado en la antesacristía por el padre Santos en 1657. Desapareció en la Guerra Napoleónica pero tuvo gran importancia en España, como se deduce del amplio número de copias existente.