Las imágenes de santos que Zurbarán y los pintores de su época realizaron para conventos, iglesias y particulares, suelen mostrarnos personalidades que ejemplifican la virtud cristiana, para que sirvieran de modelo a los fieles del siglo XVII. Los mártires aparecen habitualmente con los símbolos de su martirio para dar testimonio de su sufrimiento por Cristo. Así es en el caso que ahora nos ocupa, en el que vemos a San Román, con su capa pluvial y la lengua en la mano, pues se la arrancaron para que no rezara a Dios. En el libro que lleva abierto, el pintor ha escrito una inscripción que loa las virtudes del santo e invoca su protección para aquellos fieles que le recen. Como ejemplos similares podemos citar al San Lorenzo del Ermitage, que porta la parrilla en la cual fue torturado.
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Esta pintura se encuentra entre las primeras realizadas por Esturmio en Sevilla. Nos presenta a un santo de carácter monumental que muestra al ángel su profunda llaga. La escena se desarrolla en un fondo de paisaje con el que se consigue una acertada sensación de perspectiva.
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Aires manieristas se aprecian claramente en esta tabla lateral del Retablo Mayor del Hospital de las Cinco Llagas de Sevilla en la que Vázquez nos presenta al santo mostrando su profunda llaga al ángel. San Sebastián es su compañero.
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Los lienzos de San Roque y Santiago el Mayor que guarda el Museo del Prado fueron enviados a El Escorial por Felipe IV y en el Monasterio serían instalados en diferentes estancias por Velázquez. Al estar siempre emparejadas, los especialistas consideran que se trataría de un conjunto. San Roque aparece apoyando su mano izquierda en un pedestal -similar al que aparece en La mujer barbuda- mientras que en la derecha porta un estandarte. Su inseparable compañero, el perro, aparece a su derecha con un pan en la boca. Ambas figuras están tratadas con total naturalismo mientras que los efectos lumínicos van abandonando el absoluto tenebrismo de obras anteriores -véase el David-. Sin embargo, la influencia de Caravaggio aún está presente en esta trabajo.
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San Roque es uno de los santos protectores de la peste, epidemia que desde la Edad Media venía asolando los países europeos con cierta frecuencia por lo que sus poblaciones se encomendaban a estos santos para buscar la necesaria protección. El santo se nos muestra con su inseparable perro y portando un bastón en la mano derecha. La figura se recorta ante un fondo neutro, recibiendo un potente impacto luminoso procedente de la izquierda que sirve para destacar el rostro y las manos, fundiendo todo el conjunto en un efecto tenebrista de inspiración caravaggiesca. El naturalismo que define el estilo de Ribera se hace patente en las manos, el rostro o la cabeza del perro, dando la impresión de estar tomados directamente del natural.
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Entre 1474 y 1476 Antonello da Messina se halla en Venecia realizando una serie de obras claves para su producción; entre ellas destaca el San Sebastián, considerada su obra maestra. La figura del santo se presenta en primer plano, atada a un árbol, perfectamente modelada y vista desde un punto de vista bajo que recuerda a Mantegna. Tras él hay todo un sensacional desarrollo arquitectónico con el que aporta la perspectiva, uniendo edificios característicos de Venecia con elementos clásicos como una base de columna. Numerosas figurillas pueblan ese entramado arquitectónico en el que se perciben ecos de Piero della Francesca. La aportación de Antonello reside en la iluminación, creando una sensación atmosférica que envuelve el espacio y distorsiona los contornos, atmósfera que será fundamental para la generación veneciana que se desarrolla en el Cinquecento encabezada por Tiziano.
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Discípulo de Ludovico Carracci, Guido Reni se reveló, desde su llegada a Roma en 1602, de más temperamento que ningún otro "incamminato" y con una mayor autonomía en sus relaciones con Annibale, adoptando desde un principio posiciones orgullosas y competitivas con sus colegas, sobremanera con Domenichino y Albani. Protegido por Pablo V y por el cardenal Scipione Borghese, a más de por el cardenal Sfondrato, de los que obtuvo importantes encargos, mantuvo una actitud de constante búsqueda expresiva y una voluntad de abierto cotejo lingüístico con otras propuestas del panorama romano coetáneo, especialmente con la poética caravaggiesca. Reni dio del clasicismo la interpretación más convincente, la más integral, donde el estudio de Raffaello, de Correggio, de la estatuaria antigua, es enunciado de un modo programático con los pinceles: equilibradísima composición, elegantes cadencias rítmicas, calidades luminosas y color transparente. Su ideal de perfección y belleza del cuerpo humano, unido a sus criterios estéticos de gracia, los expuso de modo magistral en este San Sebastián. Reni define su poética ya del todo formada, más lírica que la de cualquier otro de los clasicistas, consistente en el culto de la idea que se manifiesta en la relación dialéctica entre naturaleza y regla clásica.