Busqueda de contenidos

obra
El San Jerónimo pintado por Goya para la ermita de Nuestra Señora de la Fuente de Muel es la figura más personal de la serie. Situado en el lado de la izquierda junto a la capilla mayor, aparece sentado, con la cabeza dirigiéndose hacia el espectador, vistiendo capa pluvial rojiza y mitra; en su mano izquierda porta el báculo y en la derecha el libro. Tras él contemplamos un templete realizado para completar el espacio compositivo. Las diferencias iconográficas con el San Jerónimo de Calatayud son significativas. Al igual que en San Agustín, esta figura contiene ecos de Bayeu, Giaquinto y Tiepolo, dentro de la corriente docorativista del barroco final. La aplicación de la luz sobre las figuras es digna de resaltar, creando un atractivo juego de contrastes lumínicos que acentúan el volumen de los santos.
obra
La figura de San Jerónimo es la que más modificaciones plantea en las tres series de Santos Padres realizadas por Goya en sus años mozos - véase los de Calatayud y Muel -. Aquí aparece representado de frente, con los brazos abiertos y la cabeza mirando hacia el cielo, acompañado de un ángel. Sus pesados ropajes le relacionan con sus compañeros de serie, creando Goya una de las decoraciones más atractivas de los últimos años del Barroco.
obra
San Jerónimo es el principal ermitaño de los cristianos y por ellos ocupa la tabla central de un tríptico destinado a los Eremitas, flanqueado por dos tablas de menor tamaño que protagonizan San Antonio y San Gil. San Jerónimo recuerda físicamente al San Jerónimo rezando que El Bosco pintó en otro cuadro independiente. Se abriga con la túnica púrpura cardenalicia (el color ha sido muy maltratado porque el tríptico sufrió graves daños en un incendio). Como sus compañeros eremitas, San Jerónimo sufre el acoso de bestias fantásticas y de una vegetación fascinante. Pero él se niega a contemplar tales prodigios para rezar a su crucifijo, apoyado en un brocal de mármol con relieves que narran la victoria del cristiano sobre la tentación: un hombre semisumergido en un panal de miel, símbolo del amor carnal bajo la escena de la decapitación de Holofernes, el símbolo de la victoria del alma sobre el deseo. En oposición a la plegaria del santo tenemos un extraño elemento: un pedestal del que ha caído un ídolo pagano, adornado con una figurita que adora al Sol y a la Luna.
obra
El dominio anatómico del desnudo y la contención expresiva son cualidades propias del estilo de Montañés, como puede apreciarse en esta imagen realizada personalmente por el artista para el retablo de Santiponce, en cuya ejecución colaboró todo su taller. Pieza capital de la imaginería barroca, fue esculpida exenta, aunque dispuesta dentro de una hornacina, ya que los monjes exigieron el bulto redondo para poder sacarla en procesión. El pintor Francisco Pacheco llevó a cabo la policromía.
obra
San Jerónimo es un santo de frecuente representación. Es posible mostrarlo como ermitaño en su senectud, tal como hace Pereda en su San Jerónimo. O también es posible optar por el ejemplo de Valdés Leal. En este caso, aparece como un hombre maduro pero no viejo, de cabellos negros y ricos ropajes que indican su dignidad cardenalicia. Lo más frecuente es que aparezca en su celda, dedicado al estudio y la lectura, por lo que este tipo de representación suele ser la más frecuente en encargos de colegios y universidades. La imagen muestra a San Jerónimo de pie, con un libro en la mano y protegido por dos angelitos; a sus pies, dormido, está el león que actúa como su atributo. La escena es muy sencilla y el mayor rasgo que puede indicarnos el estilo barroco es el contraste de colores, en el que destaca ese rojo brillante, y la elegancia un tanto amanerada de las manos del santo.
obra
En el siglo XIX se hicieron muchos descubrimientos de pinturas que se atribuyeron a Leonardo, aunque durante siglos permanecieron olvidadas. El caso de esta pintura es aún más notable, puesto que como puede apreciarse en la superficie del cuadro, fue cortada en dos, aprovechando, según se dice, la parte más terminada como un tablero de mesa. En los inventarios de Leonardo da Vinci se menciona que realizó varios San Jerónimos, aunque sólo nos ha llegado éste, probablemente de su mano por ciertos rasgos. Estos rasgos son el inconfundible paisaje del fondo, con las características montañas azuladas de grandes rocas. La pintura está inacabada. Leonardo se limitó a diseñar el plan general, esbozando apenas detalles como la iglesita que se ve entre las rocas a la derecha, o el contorno del león. La parte más terminada es el rostro y el comienzo del torso del santo, cuya vejez descarnada recuerda a los dibujos anatómicos que Leonardo tomó del llamado "Centenario".
obra
Alberto Durero realizó este San Jerónimo para su amigo Rodrigo de Almeida, que era el factor de Portugal. Este personaje era una especie de embajador en Bruselas, donde Durero coincidió con él durante su viaje a los Países Bajos. Rodrigo de Almeida le consiguió objetos maravillosos llegados de América que fascinaron al pintor, como objetos de arte plumario.San Jerónimo fue uno de los santos predilectos de Durero, por la faceta intelectual y teológica que representa. Presumiblemente, Durero envidiaba el retiro estudioso del santo y siempre nos lo presenta en su celda dedicado a la meditación y el estudio. En este caso, la incidencia en lo intelectual está especialmente resaltada: el santo sostiene una calavera, indicando el lugar físico del pensamiento, al mismo tiempo que con la otra mano se indica su propia frente con una mirada atormentada que traduce el dolor y la fatiga del ejercicio mental.
obra
Compañero de San Agustín y de los carmelitas, se considera que estas tablas y algunas hoy perdidas formarían parte de los laterales del Políptico de Pisa. San Jerónimo se encuentra leyendo un libro abierto sobre un pupitre, con la cabeza gacha, sumido en la lectura. Viste un hábito de color rojizo en alusión a su condición de cardenal. La perspectiva ha sido creada por Masaccio al colocar el pupitre en primer plano y la figura a continuación, cerrándose el espacio con el fondo dorado de clara reminiscencia gótica. La luz empleada acentúa el aspecto escultórico de la figura.
obra
La familia Ribalta jugó un papel trascendental en la introducción del Naturalismo tenebrista en España. Juan, el autor de este San Jerónimo, es el hijo del más famoso de la dinastía encabezada por Francisco. De su padre aprendió el estilo oscuro y lleno de contrastes luminosos que podemos admirar en este cuadro. Juan Ribalta nos muestra a San Jerónimo en su estudio, como era habitual representarle. Al fondo, destacado por la luz de otra habitación, se ve al león que constituye el atributo del santo. El personaje escribe sobre su mesa y se rodea de objetos para la meditación trascendental, como es la calavera que hay en el alféizar de la ventana cerrada a su izquierda. La composición y la ejecución de la pincelada, así como la elección de los colores, apuntan a la primera etapa del Barroco.