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Personaje Religioso
San Inocencio era el papa de la cristiandad cuando Alarico saqueó Roma. Su vida noble y piadosa le permitió alcanzar el solio pontificio entre 420 y 417, convirtiéndose durante este tiempo en uno de los más firmes defensores de Juan Crisóstomo.
obra
En el mes de agosto de 1655 fueron colgadas en la Sacristía de la Catedral de Sevilla las pinturas de San Isidoro y San Leandro que habían sido encargadas a Murillo por el canónigo y arcediano de Carmona, don Juan Federigui. Ceán Bermúdez dio a conocer una tradición sobre el rostro de San Isidoro que señala como Murillo reflejó los rasgos faciales del licenciado Francisco López Tabalán, eclesiástico vinculado al Cabildo que falleció precisamente el mismo año de la ejecución de las obras. No podemos dar esta suposición por segura. El lienzo está realizado para ser contemplado desde un punto de vista bajo por lo que destaca la pincelada fluida y pastosa empleada por el maestro, sobre todo en la túnica y en la capa. Sin embargo, Murillo no ha renunciado a recoger a la perfección la actitud serena y concentrada del santo, sujetando de manera solemne en báculo de obispo con su mano derecha mientras que con la izquierda sostiene el libro que alude a su actividad de escritor de asuntos teológicos en la España visigoda. El santo patrono de la ciudad sevillana y Doctor de la Iglesia recorta su monumental figura ante un cortinaje oscuro que deja ver una columna y un celaje en la zona de la derecha, resultando una composición de gran belleza.
obra
Posiblemente se trate de un estudio preparatorio para el lienzo que en 1665 encargó don Juan de Federgui a Murillo para decorar la Sacristía de la catedral sevillana, haciendo pareja con San Leandro. En este dibujo podemos apreciar la influencia de Herrera el Viejo a través del agudo e incisivo trazo y la ordenada forma de aplicar las sombras, en algunas zonas como si de un grabado se tratara. La mirada frontal y el báculo sujeto con firmeza indican la fuerza del santo.
contexto
El desarrollo del románico en tierras del reino castellano leonés tiene en la capital uno de los centros principales de creación, la iglesia de San Isidoro. La parte más antigua del edificio actual corresponde al panteón regio que se sitúa a los pies. Los confusos datos históricos de su construcción han sido últimamente interpretados considerando a doña Urraca, hija de Fernando I, como la impulsora de una ampliación del templo que se correspondería con el panteón regio actual y su edificación se iniciaría a comienzos del último tercio del XI. Este panteón regio presenta una tipología de carácter funerario, plenamente hispánica, con precedentes tan notables como el de los reyes asturianos en Santa María de Oviedo. A diferencia de su estructura tan conservadora, la decoración escultórica respondería al nuevo estilo, el pleno románico. Los capiteles enmarcan, con sus esquemas corintios, composiciones figuradas de un gran interés. A continuación, se construyó un pórtico lateral en la fachada meridional del primitivo templo de Femando I. Esta iglesia será derribada en parte para emprender la edificación de otro mayor, más acorde con las novedades constructivas que empezaban a imperar por toda Europa. Cuando, en 1101, muere la infanta Urraca, en su epitafio se alude a la ampliación del templo llevada a cabo por ella (haec ampliavit ecclesiam istam). Esta referencia y el hecho de que las formas del edificio leonés se acusen en otros templos fechados en torno a 1100, hacen suponer que la cronología que acabamos de señalar es la correcta. En el mismo edificio existen otras referencias cronológicas, la del 1124 epigrafiada en un ábside, y una consagración celebrada el 6 de marzo de 1149, esta última data debe referenciar ya los abovedamientos. La iglesia adopta la forma de tres naves, con intercolumnios de pilares cruciformes, y un acusado transepto de una nave, al que se abren tres ábsides semicirculares. Es una tipología antigua, más conforme con la herencia del primer románico que con planteamientos modernos del XII. Mención especial merecen las dos puertas monumentales,la del Cordero y la del Perdón. La primera relacionada estilísticamente con los talleres escultóricos de Compostela, mientras que la segunda, de datación posterior, muestra evidentes analogías con la puerta de Miégeville, de San Saturnino de Tolouse. El tímpano de la puerta del Cordero, con unos tipos iconográficos de gran tradición en nuestro país -sacrificio de Isaac y el cordero apocalíptico en el interior de una mandorla portada por ángeles- representa una redundante referencia a la redención. En la puerta del Perdón, el carácter narrativo-pedagógico es más elocuente, y en tres escenas se nos trasmiten otros tantos puntos básicos de un ciclo cristológico: Muerte, Resurrección y Ascensión. Para que no haya duda en la interpretación, siguiendo una costumbre de los primeros momentos de la plástica cristiana, absolutamente conservada durante el románico, un rótulo epigrafiado nos lo explicita: "Asciendo a mi Padre, vuestro Padre" (Ascendo ad Patrem meum Patrem vestrum). Son numerosos los edificios asturianos y leoneses que muestran las influencias de San Isidoro, San Pedro de Dueñas, Corullón, la torre románica de la catedral de Oviedo, etc. La forma de planta en cruz latina es empleada en la iglesia zamorana de Santa Marta de Tera.
Personaje Religioso
La mayor parte de la infancia y juventud de san Isidoro transcurrió en Sevilla, donde su familia llegó exiliada de su Cartagena originaria. Hermano de san Leandro, fue éste quien tuteló a los hermanos pequeños cuando los padres murieron. San Isidoro se interesó desde joven por la cultura clásica, dominando el latín, el hebreo y el griego, realizando estudios eclesiásticos que le llevaron a desempeñar el obispado sevillano en el año 600, sustituyendo a su hermano. Se interesará especialmente por dotar de unidad eclesiástica y cultural al reino visigodo, continuando la labor de san Leandro. Para ello fundó las escuelas episcopales en Sevilla que más tarde se crearon con buen éxito en Toledo y Zaragoza. También fomentó la creación de escuelas monacales y elaboró el conjunto de normas que regían la vida de los monasterios (Regula Monachorum). Fue el responsable de la reorganización de la Iglesia visigoda y de la elevación cultural del pueblo a través de las escuelas episcopales y monacales. Como escritor san Isidoro es uno de los más destacados de la literatura universal. En sus "Etimologías" intenta recoger los conocimientos humanos como si de una enciclopedia se tratara; "De Natura Rerum" trata de conocimientos básicos de la naturaleza; y en "Historia de Regibus Gothorum" estudia la historia del reino visigodo. Continuará la labor iniciada por san Leandro en la escuela de Sevilla, siendo uno de los responsables del florecimiento teológico que se produce en España durante el siglo IX. Las etimologías son la obra magna, aunque inconclusa, de Isidoro, destinadas, al menos en una primera versión, al rey Sisebuto. Al parecer, la división en veinte libros se debe a Braulio, pues Isidoro la habría dispuesto en capítulos. De carácter enciclopédico, recoge el saber clásico y cristiano para transmitirlo al mundo y que éste se enriquezca con la civilización, pues en la obra se compilan diversos conocimientos -al hilo de múltiples vocablos estudiados-, tanto de técnicas como de datos: gramática, retórica, dialéctica, matemáticas, medicina, derecho, cronología, religión, lenguas y pueblos, origen de algunos nombres, el hombre, los animales, los elementos y la geografía, las ciudades y construcciones, la mineralogía, la agricultura, las guerras, los espectáculos, los juegos, las naves, oficios, edificios, vestimentas, comidas y bebidas, instrumentos, ajuares. Su influjo fue inmediato, Isidoro se convirtió en una gran autoridad y las Etimologías en una de las obras más leídas y apreciadas en la Edad Media.
obra
El monje que protagoniza este cuadro es un venerable de la Orden franciscana, por cuyo hábito se le identifica. Su vida estuvo llena de actos milagrosos, de los cuales Zurbarán elige dos para representarle: la imagen principal es la de San Jacobo en pie sosteniendo un cáliz eucarístico en alto. El cáliz resplandece, lo que pudiera parecer una exaltación de la misa. En realidad alude a un atentado que sufrió el monje, al que intentaron envenenar con el vino de la liturgia. El otro milagro aparece en la pequeña escena secundaria al fondo del cuadro. En ella se ve a San Jacobo resucitando a un niño muerto, otro episodio memorable de su vida. Los modos de representación que Zurbarán emplea son constantes a lo largo de toda su carrera. De ellos habríamos de destacar las arquitecturas tan torpemente llevadas a cabo, pues Zurbarán tenía serios problemas a la hora de componer espacios. Y la naturalidad y el realismo con que dota al santo y a todos sus elementos, como el brillo translúcido de la copa, los pesados ropajes del hábito o la cabeza envejecida que parece un auténtico retrato del santo.
Personaje Religioso
San Jerónimo se educó en Roma donde se convirtió al cristianismo al contemplar los martirios sufridos por los creyentes de esta fe y las catacumbas donde debían esconderse. Se trasladó a Constantinopla para conocer más de cerca el monasticismo, convirtiéndose a su regreso a Roma en el secretario personal del papa Dámaso. De nuevo regresó a Oriente para fundar un convento en Belén. Será en este lugar donde tradujo la Biblia al latín, traducción conocida como la "Vulgata". Su facilidad para la oratoria le convirtió en uno de los participantes en la mayoría de las controversias teológicas que se produjeron durante el siglo IV.
obra
La imagen establecida por Alberto Durero para el San Jerónimo se estereotipó ya en su siglo, existiendo talleres de pintores especializados en producir "San Jerónimos a la Durero". El tipo fue llamado por los italianos el "San Jerónimo pensieroso", es decir, "pensativo", pues en efecto este es el rasgo predominante en los santos de Durero. Este dibujo es el precedente más directo del San Jerónimo al óleo de Lisboa, pues muestra al santo en su celda, pero no trabajando sobre los libros, sino embebido en la meditación a partir de la calavera y el crucifijo.
obra
Caravaggio pintó muchas variaciones de sus composiciones más famosas. En este San Jerónimo de formato medio, emula la composición del San Jerónimo escribiendo, de mayor tamaño, que se encuentra en la Galería Borghese. El parecido no se limita al modelo, sino a la posición y los elementos del lienzo. Tan sólo ha variado el momento de captar la intimidad del anciano, al que pinta en recogimiento y oración, con los brazos recogidos sobre sí mismo y una expresión de dolorosa meditación en el rostro lleno de arrugas.