Otra versión de las muchas que realizó Poussin del tema de la Sagrada Familia, influido por los autores renacentistas que pudo contemplar directamente en Italia, así como por la enorme serie de grabados sobre el asunto que circulaban en este periodo. De composición similar a otras obras del mismo contenido, como la Sagrada Familia con el Bautista niño, Sagrada Familia con Santa Isabel y el Bautista niño o la Sagrada Familia con Santa Isabel y el Bautista niño (cinco figuras), es, sin embargo, menos solemne y monumental, volviendo un tanto a un tipo de ejecución más cercano a Rafael. Por el estilo del dibujo, puede datarse a mediados de la década de los cincuenta, justo en el momento en que predomina lo monumental en Poussin, lo que acrecienta el interés de este dibujo.
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Con motivo de la reciente alianza entre el papado y el reino de Francia por la que el monarca francés defendería los derechos de la Iglesia, el pontífice León X encargó a Rafael -sirviendo como mediador Lorenzo de Medici- dos cuadros: el San Miguel derrotando a Satanás y esta Sagrada Familia destinados a Francisco I y la reina Claudia respectivamente. Debido a los múltiples trabajos en los que Sanzio estaba enzarzado, especialmente de arquitectura, dejó la ejecución de numerosas partes de la tabla a sus ayudantes, considerándose que el maestro elaboró las figuras de san José, la Virgen y el Niño mientras Giulio Romano es el artífice de santa Isabel y san Juanito, la cuna y las flores son de Giovanni da Udine y los dos ángeles obra de Gianfrancesco Penni y Raffaellino. El cuadro fue estrechamente seguido por sus contemporáneos, llegando a recibir críticas de Sebastiano del Piombo que hace referencia en una carta a Miguel Ángel a "figuras de hierro que brillan y parecen puestas al humo". La gran preocupación de Sanzio en este trabajo la encontramos en la luz debido a la profunda admiración que Francisco I sentía por Leonardo. De esta manera, Rafael quiere competir abiertamente con el maestro florentino, resultando un trabajo sumamente acertado. La iluminación procede de la derecha e impacta en la figura de Jesús, resbalando por el cuerpo de su madre para acentuar la importancia de ambos personajes. En el resto de la composición se juega con un marcado contraste de claroscuro. El conjunto está organizado en torno a un círculo central donde el cuerpo del Niño sirve de diagonal interna, estructurando equilibradamente la escena. El movimiento también está presente en este trabajo, destacando los acentuados escorzos de los personajes que parecen anticipar el Manierismo y el Barroco. La dulzura que impregna los idealizados rostros de las sagradas figuras está presente en toda la producción del maestro, convirtiéndose en su seña de identidad, humanizando las escenas sacras en sintonía con la filosofía humanista imperante en el Renacimiento que sufrirá un notable retroceso con la pronta llegada de la Contrarreforma.
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Es poco frecuente ver una Sagrada Familia con prácticamente todos sus miembros. Este cuadro se conoce también como El Baño, pues éste es el momento elegido por el autor. San José contempla reposadamente la acción, en la que una Virgen María amable pero firme agarra al niño para conducirlo al baño. El baño ha sido preparado por los ángeles, de los que uno, como niño que es, ha derramado accidentalmente una de las vasijas con el agua, mientras que otro alcanza a María un paño. Jesús se retuerce y se abraza a su primo, San Juanito, que le apoya ante la mirada distraída de Santa Ana, su madre. Todos los elementos de la acción tienen un componente accidental, anecdótico. En las Sagradas Escrituras no se menciona nada acerca de episodios como éstos, de la vida cotidiana. La elección de la escena corresponde a un deseo que se había ido desarrollando en el mundo católico por aproximarse a los personajes sagrados en su vertiente más humana. La tendencia terminará por desembocar en las visiones perfeccionistas pero totalmente anodinas de la pintura del siglo XIX, como la obra de Ingres.
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A lo largo del siglo XVII la figura de San José ocupará un importante papel en la iconografía contrarreformista, apareciendo junto al Niño Jesús o formando parte de la Sagrada Familia, representando de esta manera la Trinidad en la tierra. Ribera realiza una obra de gran belleza al ambientar la escena en un ambiente modesto: el taller del carpintero. Mientras San José está trabajando, la Virgen levanta un paño para mostrarle al Niño dormido, escena que es contemplada por el santo con cariño y ternura. Al fondo, San Juanito dirige su mirada al espectador, apreciándose cierta tristeza que podría prefigurar el sufrimiento y la muerte de Jesús. Las figuras son humildes, tomadas de modelos populares, especialmente el San José, siguiendo la vena naturalista que tanto admirará el valenciano. El juego de miradas que se establece entre los personajes acentúa la intimidad doméstica y permite al artista subrayar las relaciones psicológicas de los personajes al captar perfectamente sus gestos y expresiones. Con estas miradas es establece un juego de diagonales que dota de ritmo y estructura a la composición, destacando la monumentalidad de María al crear una figura piramidal con su postura. Las brillantes tonalidades empleadas en la figura de la Virgen, con un sensacional manto azul sobre la túnica roja, suponen una importante novedad cromática en la obra de Ribera, inspirándose en la escuela boloñesa y Van Dyck. Al contrastar con los paños pardos de José crea una riqueza tonal que no se observa en obras juveniles. También conviene destacar la manera de tratar la cesta de labor -con el cojín y los paños-, la mesa y herramientas de carpintero o el manto amarillo que, caído en el suelo, apreciamos en primer plano. El intimismo y la cotidianeidad que se respira en la escena se repetirán en la Sagrada Familia del Pajarito de Murillo.
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La estancia de Rafael durante tres años en Florencia es vital para su pintura ya que recogerá las influencias de Leonardo - en plena actividad en la capital de la Toscana - las asimilará y dará un toque muy personal creando obras de la belleza de esta Sagrada Familia del Cordero. Su aprendizaje con Perugino le hará continuar con las amplias perspectivas tradicionales del Quattrocento, pero Rafael será el gran genio del Cinquecento, precisamente porque sabrá imponer su fuerte personalidad a las influencias que recibe, sin convertirse en un mero imitador. Las figuras de Rafael recogen el ideal de belleza del Renacimiento y la devoción cristiana. Su gran preocupación es la relación entre ellas, por eso se relacionan a través de los gestos y de las miradas. Los escorzos en que se sitúan otorgan mayor dinamismo y gracia a la escena; los claroscuros empleados y el vivo colorido hacen recordar a Leonardo, de cuya fuente bebió Rafael para producir escenas de tanta belleza y encanto como esta Sagrada Familia, siempre con un aire inconfundible. La obra está firmada con letras doradas en la cenefa del escote de la Virgen.
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Una de las obras realizadas por Murillo, en el estilo naturalista que habían puesto de moda Zurbarán o Velázquez en Sevilla, es la Sagrada Familia del Pajarito, que recibe ese nombre por el pajarillo que el Niño Jesús muestra al perro. La total ausencia de elementos divinos o celestiales hace que nos situemos ante una escena familiar, como si el pintor abriera las puertas de su propio hogar para mostrarnos el juego del pequeño acompañado por su padre, mientras la madre ha parado en sus labores de hilado para comer una manzana. Son figuras elegantes pero no dejan de poseer cierto realismo; el protagonista es el Niño Jesús, iluminado por un potente foco de luz procedente de la izquierda que provoca contrastes, dejando el fondo en total penumbra sobre el que se recortan las figuras, aunque junto a San José se vislumbra el banco de carpintero. No obstante, la iluminación es matizada y supera el estricto tenebrismo. El excelente dibujo del que siempre hará gala Murillo se aprecia claramente en sus primeras obras, donde los detalles son también protagonistas: el cesto de labor de la Virgen, los pliegues de los paños, los miembros de las figuras, el gesto del perrito. En relación con el dibujo, hay que advertir que Murillo fundaría una Academia de Pintura junto a Francisco de Herrera "el Mozo" en 1660. El colorido empleado es el que caracteriza esa primera etapa del artista siguiendo el estilo de los naturalistas. Colocar a San José como protagonista de la escena junto al Niño Jesús viene motivado por las discusiones teológicas sobre la función del santo en la vida de Cristo. Si, en un principio, se pensó que no había tenido nada que ver en la educación de Jesús (de hecho, en el tríptico de la Adoración de los Magos de El Bosco aparece en la tabla lateral) a medida que pasa el tiempo se considera que la labor de San José es cada vez más importante y, por ello, aquí le vemos como el padre ideal, con un rostro inteligente y paciente, que incluso relega a la figura de María a un segundo plano. Pueden apreciarse ciertos ecos de la pintura de Rafael en esta Sagrada Familia.
obra
En sus últimos años romanos Rafael diseñó numerosas imágenes de la Sagrada Familia que serían ejecutadas por sus ayudantes. Esta es la hipótesis que se baraja con la escena que contemplamos, atribuyéndose a Giulio Romano o Gianfrancesco Peni su elaboración. Incluso las radiografías indican aportaciones significativas como una mayor dureza en el rostro de María, el tocado, el cabello en san José y más pelo en los santos niños. La composición está plagada de referencias arqueológicas, apoyándose incluso san José en un friso clásico, aludiendo al interés de Sanzio por las antigüedades llegando a obtener el título de conservador. La obra respira la dulzura, elegancia y blandura característica en la producción rafaelesca, idealizando pero humanizando a la vez a los personajes sagrados para acercarlos a los fieles.Las figuras se relacionan entre sí a través de las miradas, creando un movimiento diagonal que anticipa el Barroco, acentuado por la posición de la cuna. Los colores son brillantes, destacando las anatomías de los niños y de la Virgen gracias a los paños plegados en este último caso. Otra constante es el dinamismo de la escena y el magnífico contraste de claroscuro, inspirado en Leonardo por cuya pintura sintió Sanzio especial admiración.
lugar
Localidad cercana a la capital, Badajoz, en la que fueron derrotadas las tropas de Alfonso VI de Castilla por los musulmanes (1086), en la batalla de Zalaca. Destaca también por el tesoro del primer milenio a.C. encontrado en ella. Actualmente, forma parte de una ruta formada por localidades donde se produjo una colonización dedicada a la agricultura de regadío, como Guadiana del Caudillo, Alcazaba o Novelda del Guadiana. Actualmente, su población ronda los 2.500 habitantes.
fuente
Enfrentamiento sucedido el 23 de octubre de 1086 entre las tropas almorávides y andalusíes, por un lado, y un ejército cristiano, predominantemente castellano, dirigido por Alfonso VI. Los primeros resultaron vencedores, tomando posesión a partir de entonces de al-Andalus y consiguiendo frenar la expansión de los reinos cristianos. La batalla es también conocida como de Zallaqa, Zallaka o Zalaca.