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Durante los periodos madrileño y granadino, en el estilo de Cano se introducen más elementos compositivos barrocos, empleando diagonales entrelazadas y figuras dispuestas de forma correlativa, extendiendo el espacio a límites exteriores del cuadro. Entre las obras culminantes de este momento se encuentra la Sagrada Familia pintada para el Convento del Ángel Custodio de Granada, escena caracterizada por un profundo espíritu bucólico. Cano manifiesta una absoluta seguridad en su dibujo, modelando las figuras con vigor, destacando su monumentalidad y sus cualidades táctiles. Otro elemento destacable es el colorido utilizado, de gran fuerza y variedad. San José viste una túnica azul clara con un manto amarillo sobre sus rodillas, creando un interesante contraste, mientras la Virgen porta una túnica de color rojo intenso y un manto azul, colores que simbolizan el martirio y la eternidad, respectivamente. Pero lo más interesante de la obra lo encontramos en el sentimiento de intensa melancolía que trasmite Cano en las figuras de la Sagrada Familia, contrastando con la actitud juguetona de los ángeles portando flores que acompañan a las sacras figuras. El protagonista absoluto de la composición es san José, al llevar al Niño en sus brazos -un magnífico estudio anatómico de la figura infantil, cargada de naturalismo- y ser coronado de azucenas por los ángeles, símbolo de pureza. De esta manera, Cano enlaza con las ideas contrarreformistas que Murillo pondría también de manifiesto en la Sagrada Familia del Pajarito. De los catorce lienzos pintados por Cano para el Convento del Ángel Custodio de Granada sólo han quedado dos; los demás desaparecieron durante la Guerra de la Independencia y casi todos han debido ser destruidos ya que no han aparecido documentados en colecciones francesas o inglesas.
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Ya tuvimos ocasión de admirar el increíble despliegue de habilidad que Durero posee en la punta seca con ocasión del San Jerónimo. Igualmente, esta estampa ofrece una infinidad de variaciones tonales que según las palabras de los contemporáneos del artista, hacían innecesario el color en los grabados de Durero.El modelo de la Virgen y el niño está tomado sobre el mismo que inspiró la Virgen de la libélula. Las variaciones las tenemos en el resto de los personajes.San José sigue siendo un personaje secundario, tirado en el suelo, detrás de la Virgen. Sin embargo no parece el personaje ridículo de otras estampas (en las que suele aparecer borracho), sino que tiene la gravedad del que presencia una tragedia. En efecto, San José es el único que se apercibe de la presencia de los tres personajes detrás de María, que sonríe inocentemente. Estos tres personajes son la prefiguración de la Pasión y la muerte de Jesús: María Magdalena, San Juan y Nicodemo.
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El Templo Expiatorio de la Sagrada Familia de Barcelona es una obra compleja dentro de la misma plástica de Gaudí. Encierra todo un proceso evolutivo del modernismo gaudiano, desde que en 1884 se hizo cargo de las obras, ya planteadas en estilo neogótico por el arquitecto Francisco de Paula del Villar. El problema actual del templo inacabado estriba en la discusión sobre si es legítimo artísticamente terminar una obra a la que sólo el maestro podría haber dado fin, especialmente por esa evolución constante que encierra y que se cortó con el fallecimiento de Gaudí en 1926, o si se debe concluir el templo, que es el fin último, surgido antes de Gaudí y que fue concebido por el maestro como una construcción medieval, porque sabía que nunca podría verlo terminado. La cripta, el ábside externo y, sobre todo, la fachada del Nacimiento es lo que termino Gaudí. Sobre la base estructural de las cuatro torres, culminadas por las cruces orientadas a los cuatro puntos cardinales, como solía hacer el arquitecto, se articula un complicado programa donde la palabra se une a la escultura y al color para lograr la unión orgánica, natural, y por tanto viva, de naturaleza y artificio, con el único fin de alabar a Dios hecho Hombre. La primera piedra del templo se puso el día de San José de 1882, surgiendo la idea de su construcción en el seno del enfervorizado clima ultracatólico que se vivía en la Cataluña de la época. En un primer momento, la construcción fue promovida por la Asociación Espiritual de Devotos de San José, pretendiendo reproducir la basílica de Loreto, proyecto que fue sustituido por el primer arquitecto Villar y que continuó Gaudí en 1883. El proyecto preveía cinco naves, cuatro fachadas monumentales que daban a la nave central y a los brazos del transepto y un gran cimborrio como culminación, predominado la idea de la verticalidad. Al fallecer Gaudí continuaron las obras tomando como base las maquetas y los dibujos realizados por el maestro, ya que nunca se había elaborado un proyecto definitivo, completándose el resto de la fachada en 1935, momento en que los trabajos fueron interrumpidos. La fachada occidental, la de la Pasión, se levantó entre 1953 y 1976 -encargándose en 1987 al escultor Josep Maria Subirachs la decoración de esta zona- continuándose en la actualidad la construcción de este singular edificio.