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Martin Schonaguer es uno de los pintores alemanes más destacados de la época. En su obra está presente la huella de la pintura flamenca, que le impresionó fuertemente durante su formación, especialmente el Tríptico de Santa Columba de Rogier Van der Weyden, que conoció durante su estancia en Colonia.
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Este lienzo fue encargada a Barthélemy d'Eyck por el convento de las Clarisas de Le Puy. Las características estéticas de la obra asi como la composición de la escena recuerden fuertemente a La Anunciación conservada en Aix, y de ahí que esta obra se le atribuya al mismo autor.
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Amigo de Domenichino, Albani compartió sus posiciones y configuró un clasicismo plácido en sentido académico, lo que se hace particularmente evidente en sus obras de gran formato, como sus series de pinturas mitológicas (Historias de Venus y Diana, hacia 1625) y alegóricas (Los Cuatro Elementos, hacia 1627, Turín, Galería Sabauda). Pero a veces su obra posee unos matices de gracia remilgada, de fácil consumo por su carácter divulgativo, que ejecutada sin grandes empeños, es destinada al mercado como observamos en estre trabajo.
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Obra atribuida a Luca Cambiaso mostrando a la Sagrada Familia con San Juan Bautista.
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Las conclusiones de la Reforma Católica establecen la necesidad de plantear imágenes cercanas emocionalmente al fiel y comprensibles visualmente. Un tema predilecto de los pintores naturalistas, que fueron abanderados de la Reforma, es la Sagrada Familia, que defiende de paso el dogma de la virginidad de María y la divinidad de Cristo a la vez que su humanidad. Al mismo tiempo, resultaba una imagen entrañable ante la que cualquier feligrés podía reaccionar favorablemente. Carducho plasma la Sagrada Familia al completo, con la Virgen, el Niño, que se agita travieso en su regazo, Santa Ana y San Joaquín, padres de María, y al fondo, apenas visible en la penumbra, San José, a quien apenas se concedía importancia en la historia de Jesús. La Virgen aparece como una mujer joven, de aspecto saludable, que ha abandonado sus labores de costura ante la visita. El costurero queda en primer plano, como una muestra excelente de naturaleza muerta. Los rasgos técnicos de la pintura remiten al Naturalismo tenebrista, pues la escena se sume en la más absoluta oscuridad, de la cual sobresalen los cuerpos, destacados por fuertes fogonazos de luz sobre ellos. Este estilo tuvo gran aceptación en los primeros momentos del Barroco español.
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Nos encontramos ante una copia libre que realizó Escalante de una Sagrada Familia que se conserva en el monasterio de El Escorial ejecutada por el taller de Veronés. No en balde, Escalante sintió una profunda admiración por la pintura de la escuela veneciana. A esto hay que añadir la influencia de Alonso Cano tanto en los modelos como en el colorido empleado. La figura del Niño domina la composición, acompañada de la Virgen - iluminada por el potente foco de luz -, san José - en penumbra - y san Juanito de perfil entregándole un manzana. La parte superior del lienzo está ocupada por varios ángeles y querubines iluminados por un resplandor procedente de Dios Padre. La pincelada empleada por Escalante es rápida y abocetada, creando un fantástico efecto atmosférico. Las figuras están cargadas de cierto idealismo tan habitual en la pintura española durante la segunda mitad del siglo XVII