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Personaje Arquitecto
Sagarvinaga se formó en Aranjuez, dentro del Barroco tardío, evolucionando en sus trabajos hacia el Neoclasicismo. Buena parte de sus construcciones se concentran en la provincia de Salamanca, trabajando en Ciudad Rodrigo y en la capital, donde será el encargado de la construcción del Palacio Anaya y también colaborará en las obras de la Catedral nueva, diseñada por Gil de Hontañón en el siglo XVI, pero sin finalizar tres centurias más tarde. Tras su fallecimiento en 1797, su labor fue continuada por su hijo Juan Marcelino, y por otros aparejadores y arquitectos influenciados por él.
Personaje Político
Nacido en el seno de una humilde familia de tradición liberal, se trasladó a Madrid para estudiar en la Escuela de Ingenieros de Caminos en 1842, año en el que ingresa en el Partido Progresista. Como presidente de la Junta Revolucionaria de Zamora participó activamente en la revolución de 1854, provocada por el autoritarismo manifestado por el régimen de Isabel II. Será elegido diputado a Cortes Constituyentes por Zamora, tomando parte en la fundación del periódico "La Iberia". El final del Bienio Progresista (1856) debido a la actuación de O'Donnell motivará que Sagasta se aliste en la milicia nacional, actitud que provocará su exilio en Francia donde ingresó en la Masonería. Pese a perder su escaño en 1857 por maniobras del Ministerio de Gobernación, será uno de los escasos diputados progresistas que saldrán elegidos en las elecciones amañadas del año siguiente. Su habilidad oratoria y su violencia verbal le harán destacar en el llamado "Gobierno largo" de la Unión Progresista. El fin de la legislatura en 1863 le llevará a abandonar temporalmente la política activa para adquirir "La Iberia", que le servirá de plataforma en sus críticas al gobierno. Desde sus altos cargos en el Partido Progresista orquestará una campaña en contra de la monarquía de Isabel II, apostando por abandonar el juego parlamentario para apoyar actos de fuerza como la fracasada sublevación de Prim en Villarejo (1865) que le llevará de nuevo al exilio, eligiendo ahora Portugal como destino. Sus intentos conspiratorios contra el régimen continuarán desde Inglaterra y Francia, participando en la intentona golpista de los sargentos de artillería del cuartel de San Gil en Madrid (22 de junio de 1866) por lo que será condenado a muerte. Con su huida a Francia evitará la pena máxima, siendo el encargado de Prim para negociar con los carlistas en Inglaterra su apoyo a una nueva sublevación. El victorioso pronunciamiento de septiembre de 1868 acabará con la monarquía de Isabel II y llevará a Sagasta al ministerio de Gobernación, en el gobierno provisional de Serrano. Presidió las Cortes Constituyentes, siendo elegido diputado por Madrid, Zamora y Logroño. Su programa político estaría vinculado a la monarquía demócrata-liberal que recoge la Constitución de 1869. Al año siguiente se hizo cargo de la cartera de Estado durante alguno meses, apoyando la candidatura de Amadeo de Saboya como monarca. El asesinato de Prim en diciembre de 1870 le llevará a convertirse en presidente del Consejo de Ministros con el nuevo rey. La división del Partido Radical en dos grupos enfrentados (constitucionales de Sagasta y radicales de Ruiz Zorrilla) será uno de los principales motivos de crisis que se vive en esos momentos, crisis que motivará el estallido de la Tercera Guerra Carlista y la proclamación de la I República en febrero de 1873. Sagasta abandona de nuevo la política activa. El golpe del general Pavía en enero de 1874 pondría fin a la República y de nuevo aparece Sagasta en escena , ahora como jefe del Gobierno interino, organizando un partido liberal dinástico. De esta manera, Sagasta apoya el nuevo sistema político de la Restauración ideado por Cánovas. Un nuevo golpe de Estado permitirá a Alfonso XII ser nombrado rey de España. Sagasta acepta el sistema de turno y desarrollar los principios recogidos en la Constitución de 1876. Como líder del Partido Fusionista será el encargado de presidir el Gobierno entre febrero de 1881 y octubre de 1883, consiguiendo que la izquierda dinástica se integre en el Partido Liberal. Su papel será clave en el diseño del sistema canovista. En esta etapa iniciará la liberalización del régimen con la reposición de los catedráticos separados por antiguos ministerios conservadores, promulgando la Ley de Policía de Imprenta. El 25 de noviembre de 1885 la Restauración vive sus primeros momentos de crisis con el fallecimiento de Alfonso XII. La regencia queda en manos de su esposa, María Cristina de Habsburgo, embarazada y madre de dos hijas. El Pacto de El Pardo consolidó el turnismo y permitió presidir a Sagasta el primer gobierno de la regencia hasta 1890, el "gobierno largo" en el que se promulgarán importantes leyes como la de Asociaciones (1887), del Jurado (1888), la Ley de Bases para la formación del Código Civil (1888) así como la implantación del sufragio universal masculino en 1890. En diciembre de 1891 formará de nuevo gobierno hasta marzo de 1895, momento en que el turno corresponde al Partido Conservador. Sin embargo, el sistema sufre una nueva crisis con el asesinato de Cánovas el 8 de agosto de 1897, crisis resuelta con el Gobierno puente de Azcárraga y el nuevo gobierno de Sagasta entre octubre de 1897 y febrero de 1899. Durante esta tiempo el líder liberal vivirá la guerra con Estados Unidos y la pérdida de las colonias que traerá consigo la firma del Tratado de París el 10 de diciembre de 1898. La reacción de Sagasta ante tan humillante resultado será la dimisión en febrero de 1899, haciéndose cargo de nuevo del gobierno en marzo de 1901. El Partido Liberal se sume en una profunda crisis por la sucesión de Sagasta que fallece el 5 de enero de 1903, pocos días después de haber dejado la presidencia del primer gobierno del joven Alfonso XIII.
termino
acepcion
Copero, personal al servicio del gobernante en la administración neosumeria.
Personaje Arquitecto
Sagnier obtuvo su título de arquitectura en 1882, iniciando una de las carreras más prolíficas de los arquitectos modernistas catalanes, con más de 30 edificios destacados sólo en la Ciudad Condal, al ser uno de los arquitectos favoritos de la burguesía barcelonesa de la época. Formando parte de la estética gaudiana, se orienta hacia el neogoticismo, apreciándose en algunas de sus obras ecos del Rococó. No sólo diseñó edificios de vivienda -casa Arnús, Casa Rodolf Juncadella, Casa Victorià de la Riva, en Barcelona, o la Casa Isabel Ferret Martorell, en Sitges- sino que también trabajó en edificios institucionales -el Palau de Justicia o la Duana Nova- y religiosos -la Capilla Francesa o el Templo del Sagrado Corazón, en el Tibidabo-. En sus últimos años se interesa por el Renacimiento, como se pone de manifiesto en la Basílica de Sant Josep Oriol de Barcelona.
obra
Discípulo del cordobés Pablo de Céspedes es Alonso Vázquez, un rondeño que al menos desde 1590 se afinca en Sevilla, donde realizó diferentes trabajos para luego marchar a México, pero su obra mexicana no ha llegado hasta nosotros. Ha de ser considerado artista de formación y desarrollo plenamente manieristas. De dibujo firme y preciso, de colores ácidos pero de expresividad muy acentuada, es su principal obra la Santa Cena, que, procedente de la Cartuja de Santa María de las Cuevas, se halla hoy en el Museo de Bellas Artes sevillano. Atribuida previamente a Céspedes, Angulo hace un estudio estilístico concienzudo y lo atribuye a Vázquez, señalando su tendencia a las anatomías muy marcadas, incluso a través de unas ropas muy acentuadas que considera consecuencia de la utilización de tela engomada o papel mojado sobre maniquíes. Esta técnica también fue utilizada en el siglo XVII hasta por Zurbarán. Se advierten estímulos de procedencia norteña como de Hendrick de Clerck, ya apuntados por Angulo, pero veo más clara la influencia de la familia de pintores brujesa de los Claessens. Pese al clasicismo del fondo arquitectónico y de la composición general hay un cúmulo de detalles en los elementos de la mesa -servilletas, panes, recipientes, bandejas- que nos colocan a Vázquez a un paso del naturalismo del siglo XVII.
obra
Las Sagradas Conversaciones serán una aportación fundamental del Quattrocento, acabando con los polípticos góticos y dotando de unidad espacial y compositiva a los cuadros de altar. Será Fra Angelico uno de los primeros en incorporar esta nueva fórmula compositiva, continuada por Fra Filippo Lippi y Domenico Veneziano. Al final de la centuria todos los maestros se decantarán por esta composición en la que se dota de un espacio unificado tanto para las figuras como para el espectador. Giovanni Bellini se muestra como uno de los mejores intérpretes de la "Sacra Conversazione", observando este magnífico ejemplo que el maestro ejecutó para la iglesia de San Zacarías de Venecia. Ante el ábside de la iglesia se encuentran los cuatros santos - Pedro, Jerónimo, la Magdalena y una mártir - el ángel y la Virgen con el Niño en un trono, abriéndose en los laterales para mostrar una referencia al paisaje, que sirve como punto de fuga. Las arquitecturas son de clara influencia clásica al igual que el trono y la decoración, reforzándose la perspectiva gracias al suelo embaldosado en dos tonalidades. Las figuras están dotadas de monumentalidad escultórica siguiendo las normas impuestas desde Masaccio. El color y la luz demuestran que es una obra veneciana, creando una sensación atmosférica digna de elogio.
obra
Entre los tres miembros de la familia Vivarini, el menor, Alvise, hijo de Antonio, considerará oportuno renovar el estilo tardogótico de su padre gracias a la incorporación de elementos tomados de Giovanni Bellini y Antonello da Messina. La perspectiva se incorpora con fuerza, a pesar de ocultar los arcos que otorgan la profundidad con un paño verde, mostrando el cielo a través de los arcos. La Virgen con el Niño sentada en un trono de corte clásico y rodeada de santos tienen un aire monumental y cierta influencia de Mantegna pero la iluminación uniforme y el espacio unitario que se crea son típicamente venecianos.
obra
Giorgione casi renunció a los grandes retablos encargados por iglesias o conventos para realizar obras de temática religiosa más personales, de pequeño formato y para devoción particular como esta tabla que contemplamos. La figura de María sostiene en su regazo al Niño mientras que Santa Catalina y San Juan Bautista contemplan la escena, dispuestos en diferentes planos para acentuar la perspectiva. La escena se desarrolla en un interior pero el muro se abre por una ventana que permite contemplar un atractivo paisaje en el que la luz también ocupa un importante papel. Y es que la iluminación empleada por el maestro aumenta el intimismo del momento, bañando las diferentes figuras y creando un efecto atmosférico heredado de Leonardo. Será en los rostros, especialmente el de la Virgen, donde se manifieste con mayor fuerza el "sfumato". Esta iluminación resalta las diferentes tonalidades utilizadas, especialmente los rojos, verdes y azules, resultando una obra de gran delicadeza y devoción.