El poeta pintó y dibujó mucho en los años de la Residencia de Estudiantes, cuando sus relaciones con Dalí eran más estrechas.
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Fortuny demuestra en este retrato por primera vez sus cualidades en esta temática al interesarse por captar el carácter del modelo, llenando de naturalismo el lienzo. La figura del caballero se recorta ante un fondo neutro para exaltar su volumetría, centrando la atención en el expresivo rostro con perilla cuyos ojos entrecerrados y ligera sonrisa oculta por el bigote son puntos de referencia. Los pliegues del traje o el chaleco demuestran la facilidad con el dibujo del maestro, empleando una pincelada minuciosa y detallista que definirá su pintura. Su compañera, el Retrato femenino, está envuelta en un halo de idealización del que adolece este hombre, enlazando con los retratos de Goya o Velázquez.
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Aunque no son muy frecuentes los retratos en la producción de Fortuny, en todos ellos pretende captar la personalidad y el carácter del modelo, siguiendo la tradición retratística de Velázquez y Goya, cuyos trabajos pudo contemplar el pintor catalán durante su rápida visita al Museo del Prado en 1860. El hombre que aquí contemplamos se presenta en primerísimo plano, esculpida su cabeza con un acertado dibujo, reforzando su gesto dramático gracias al empleo de un excepcional contraste de claroscuro con el que obtiene los volúmenes. Los escasos detalles de la camisa han sido logrados con maestría, demostrando una vez más su particular estilo, donde el preciosismo no estará reñido con una pincelada rápida y empastada.
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El 2 de julio de 1634 Saskia van Uylemburgh se casa con Rembrandt. Era la sobrina del marchante del pintor en Amsterdam - Hendrick van Uylemburgh - y miembro de una adinerada familia, lo que supuso una importante escalada social para el maestro. Durante su vida matrimonial fueron inmensamente felices, sirviendo Saskia como modelo y musa en numerosas ocasiones. La pareja tuvo varios hijos falleciendo todos ellos a corta edad excepto Titus, el único que sobrevivió a la madre. Rumbertus y Cornelia por dos veces serán los nombres de los hijos fallecidos. Saskia murió el 14 de junio de 1642, provocando una grave crisis en la vida de Rembrandt. El motivo de la muerte posiblemente serían las complicaciones puerperales tras haber dado a luz a Titus en el mes de septiembre de 1641. Una vez fallecida Saskia, Rembrandt decidió finalizar el retrato que habría iniciado algunos meses atrás, quizá con ocasión del nacimiento del pequeño Titus ya que encontramos a la dama con una ligera sonrisa. Luce sus mejores galas y presenta sus más ricas joyas - gargantilla, pulsera, anillo y diadema - poniendo de manifiesto su elevada clase social y demostrando a sus familiares que el pintor no dilapidaba el patrimonio, causa por la que Rembrandt había promovido un pleito contra aquellos. El estado de conservación de la tabla no es perfecto pero podemos apreciar la manera rápida de trabajar del maestro, aplicando el óleo de tal forma que crea una interesante sensación atmosférica. La luz resalta el rostro, el cuello y las manos, destacando el colorido blanquecino de la carnación así como los ojos tristes, presintiendo el fatal desenlace. Durante una temporada el maestro no levantará cabeza, afectado tremendamente por la pérdida de su querida compañera a la que parece invocar con este retrato.
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Ningún género artístico de la cultura romana refleja tan bien como el retrato la filosofía vital de aquel pueblo. El retrato arraiga con intensidad en la sociedad y ésta lo expande por los nuevos territorios conquistados, alzándose como patrón de romanidad. Conscientes de su singularidad, los arqueólogos e historiadores de la Antigüedad han dedicado numerosos trabajos al análisis de las diferentes vertientes de la retratística romana. El origen del retrato aparece vinculado más a un concepto que a una expresión plástica. El retrato privado tendrá una libertad expresiva que pocas veces apreciamos en el oficial, encorsetado en los inamovibles cánones que lo rigen. Por esto, el estudio del retrato privado nos aproxima mejor a la genuina producción artística de la sociedad romana, ya que la incorporación de elementos autóctonos enriquece el género considerablemente respecto a otras parcelas culturales.
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El nuevo orden político establecido por Augusto traerá parejo importantes cambios que se plasmarán en lo artístico. El retrato particular a partir de este momento iniciará un seguro despegue que culminará en la dinastía julioclaudia, período de mayor eclosión del género. Los modelos de los jóvenes se irán imponiendo frente a la vetusta imagen precedente. El dominio del modelado suavizará y matizará ciertas reglas que encasillaban los rostros. Los modelos de peinados que aparecen en los trabajos oficiales sustituirán el sobrio tipo anterior. El resultado es una obra de taller de calidad; frente a la desigualdad de las series iniciales encontraremos un retrato más homogéneo en el nivel de ejecución, menos sometido a los moldes metropolitanos por la libertad que permite la experiencia, y de ahí sus logros creativos. Los retratos femeninos de época de Augusto poseen austeridad; el adorno personal queda restringido a casos concretos vinculados con aspectos simbólicos.
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Procedente, con otras varias, de las murallas de la ciudad. Forma parte de un importante elenco escultórico para el estudio de la génesis y evolución del retrato privado romano en la Península. El remate inferior cónico denuncia que la cabeza formaría parte originalmente de una estatua-retrato hoy desaparecida. La factura de la cara denuncia un acusado geometrismo y marcado frontalismo, que restan naturalismo a la pieza. El grupo de retratos de Barcelona se emparenta con los talleres noritálicos.
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Ningún género artístico de la cultura romana refleja tan bien como el retrato la filosofía vital de aquel pueblo. El retrato arraiga con intensidad en la sociedad y ésta lo expande por los nuevos territorios conquistados, alzándose como patrón de romanidad. En la formación del retrato romano es posible detectar tres raíces: la etrusco-itálica, la griega y la corriente autóctona de las maiorum imagines.En el estudio del retrato romano es imprescindible marcar una doble categoría entre obra privada y pública, ya sea retrato particular u oficial. El retrato oficial va a servir de patrón en los encargos particulares, marcando pautas y tipos. Sin embargo, el retrato privado tendrá una libertad expresiva que pocas veces apreciamos en el oficial, encorsetado en los inamovibles cánones que lo rigen. Por esto, el estudio del retrato privado nos aproxima mejor a la genuina producción artística de la sociedad romana, ya que la incorporación de elementos autóctonos enriquece el género considerablemente respecto a otras parcelas culturales.