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Como el resto de los miembros de su clase -Royal Sovereing, Resolution, Royal Oak y Ramillies- recibió la quilla entre 1913 y 1914, siendo terminado entre 1916 y 1917. También igual que ellos no recibió apenas mejoras en el periodo de entreguerras, pues resultaban todos ellos más lentos que los buques de la clase Queen Elizabeth. En la década de los 20 se le instalaron bulges antitorpedo, y algunos años más tarde modernos cañones antiaéreos. Algo anticuados al inicio de la guerra, los cinco buques estaban destinados a misiones de escolta de transportes de tropas en el Atlántico o de guardacostas de proximidad en el Canal de la Mancha. Los vientos de guerra favorables a Inglaterra a partir de 1943 hicieron que que el Revenge regresara a Gran Bretaña a partir de ese año, siendo utilizado como pontón junto al Resolution y, más tarde, el Ramillies. A finales de los años 40 fue vendido como chatarra.
obra
El traslado de Gainsborough a Bath en 1759 va a suponer el inicio de su fase madura en la que su pasión por Van Dyck acabará determinando su trabajo. Sus retratos son de tamaño natural y se hacen más elegantes e incluso lisonjeros, aunque cuando se trata de un personaje cercano, como en este caso, el maestro no duda en captar la personalidad de su modelo, resultando obras de una calidad extraordinaria. El reverendo sir Henry Bate-Dudley era una hacendado propietario rural y director de periódico -primero el "Morning Post" y después el "Morning Herald"- que tenía especial sensibilidad artística, apoyando desde sus publicaciones a los artistas. La relación con Gainsborough se estrechó al ser el reverendo propietario de una finca en Bradwell, en Esexx, donde el pintor poseía una casa de campo. La figura aparece ante un fondo de paisaje, vistiendo de manera sobria y acompañado de un perro que simboliza la fidelidad y la amistad. Su gallarda pose es la habitual en los retratos elegantes de la época -véase a Miss Maria Gideon y su hermano de sir Joshua Reynolds- con la gran diferencia de que Gainsborough nos muestra la personalidad de su modelo, interesándose por captar su firmeza e incluso descaro, no exenta su pose de cierta altanería. Su capacidad como retratista ha llegado a la culminación, aunque sus paisajes sean más fantásticos como bien podemos contemplar en el fondo, exigiendo una comparativa con la frescura manifestada en el retrato de Robert Andrews y su esposa. La pareja de este sensacional retrato es Mary White, lady Bate-Dudley.
obra
Los ajuares de los enterramientos del Bronce Nórdico proporcionan una ingente cantidad de piezas, que, por regla general, entran con dignidad en el apartado de los objetos de arte. La serie de estas piezas se agrupa en los conjuntos típicamente nórdicos: adornos llevados a la cintura; discos y cajas de cinturón; adornos para el cuello; torques y collarines; adornos de las prendas: fíbulas de discos y utensilios de aseo personal (pinzas de depilar, hojas de afeitar, espejos). La espiral es la reina de la temática ornamental; ahora bien, es una espiral desfigurada, enlazada, ondulante y cresteada. Las líneas sinuosas tienden a formar profundos lóbulos; a reunirse en esquemas cimbreantes; a derivar en rizos de movimiento disperso, etc. Este formulismo estético, basado en la espiral, se impregna de simbolismo.
obra
Estas dos escenas circulares, en un formato muy practicado por El Bosco, son la parte posterior de una tabla pintada al óleo titulada el Arca de Noé. La obra pudo ser integrante de un conjunto dedicado al Diluvio Universal, del que también se conservaría el Mundo antes del Diluvio, en el mismo museo de Rotterdam. Ambas tablas están pintadas por detrás con similares escenas: una dedicada a los santos (en este caso la Resurrección de Lázaro), y otra con agresiones de los demonios a los seres humanos durante el desarrollo de sus labores cotidianas (ver el otro Reverso).
obra
Quedan diversas tablas atribuidas a El Bosco por su estilo minucioso y humorista, muchas de ellas posibles partes de trípticos desmembrados tras perder su poder religioso y pasar a ser objetos de compraventa en el mercado del arte. Este es el caso de la pintura que ahora contemplamos, el reverso de una probable portezuela de uno de estos trípticos. La escena está enmarcada en un círculo, un formato que El Bosco utilizó con mucha frecuencia. Representa a un labrador tirado en el suelo mientras un diablo monta su caballo. Existen dos posibles interpretaciones, y ambas cuentan con la presencia de lo demoníaco en la vida cotidiana del hombre en el siglo XV y XVI: la primera sería que el labrador estaba descansando, distraído de sus labores, y el diablo ha aprovechado para robarle sus caballos y mofarse de él. La segunda interpretación podría ser que el diablo ha desmontado al labrador de su montura. En cualquier caso, las dos se refieren a una presencia constante del mal en nuestros actos, que aprovecharía cualquier debilidad o descuido para manifestarse.
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