Durante la dinastía Qing se codificó toda la indumentaria cortesana, estableciendo diferencias por el material, el color y los motivos decorativos. El conjunto de la indumentaria lo constituían diferentes prendas superpuestas, siendo la exterior la que mostraba el rango del personaje tal y como lo demuestran las fuentes documentales para su estudio: pinturas, tratados, novelas e incluso fotografías realizadas a comienzos del siglo XX
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Para Lucca della Robbia, clásico es sinónimo de equilibrio, armonía y moderación. Al mismo tiempo, el nuevo lenguaje lo entiende como un comportamiento y un ejercicio académico y como una reflexión moderada en torno a sus principios.
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Desconocemos el nombre de la mujer que posó para este elegante retrato que quedó inconcluso en el taller de Klimt cuando éste sufrió el ataque de apoplejía que le llevaría a la muerte. La dama se sitúa en la misma postura que el Retrato de dama en blanco, mostrando así la afición del pintor por las composiciones piramidales habituales en sus últimos años. La dulce mirada se dirige al espectador mientras el cuerpo queda en perfil, creando una postura dinámica que enlaza con la admiración por la línea serpenteante del Art-Nouveau. El vestido de la modelo está animado por toques de diversos colores, en sintonía con el decorativismo que caracteriza la mayoría de los cuadros de la última etapa del pintor, identificada como el estilo caleidoscópico, tal y como puede verse en La virgen o Muerte y vida. La elegancia y el estilo que caracterizan los retratos de Klimt están presentes en este delicado trabajo que recuerda al fauvismo, especialmente a Matisse, por los vibrantes colores empleados.
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En el último tercio del siglo I y en los primeros años del siglo II los retratos femeninos continúan ampliando los esquemas decorativos julio-claudios, adaptándose a los modelos nuevos flavios. El peinado incorpora el peculiar nido de avispa o banda de rizos sobre la frente profusamente trabajada a trépano. Estilísticamente los retratos crecen en pictoricismo por los buscados efectos de luces y sombras.
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La presencia de la inscripción "Lavinia TIT. V. F. AB. EO. P." (Lavinia Titiani Vecellii filia ab eo picta) ha llevado a considerar a este lienzo como un retrato de la hija del pintor. Sin embargo, se ha podido comprobar que esa inscripción no es autógrafa. Lavinia se casó en 1555 con Cornellio Sarcinelli y falleció seis años después. Se trataría, pues, del último retrato pintado por el maestro a su querida hija. Si la fecha de la ejecución del lienzo se pospone a 1565 no estaríamos ante el retrato de Lavinia.La dama aparece ataviada con sus mejores galas, iluminada por un potente foco de luz procedente de la izquierda. Los detalles del vestido o los collares y joyas se muestran con exquisitez, interesándose más el maestro por ese preciosismo que por la captación psicológica de la modelo.
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Tras retratar a los duques de Urbino y al emperador Carlos, Tiziano se convirtió en el retratista oficial de Venecia. La mayoría de las familias adineradas solicitaban retratos al maestro de Cadore, aumentando así su fortuna y su prestigio personal. En ellos intenta interpretar la personalidad y la psicología de sus modelos como observamos en esta dama veneciana que, ataviada con sus mejores galas, dirige su inteligente y cándida mirada hacia la derecha, mientras sus manos se cruzan a la altura del vientre -¿aludiría a un estado de buena esperanza?- sujetando entre ellas una colorada manzana. Las ricas telas se destacan gracias a la iluminación empleada, un potente foco de luz dorada que resbala por toda la figura y contrasta con el oscuro fondo. Las pinceladas son rápidas y fluidas pero aún resaltan las calidades y los detalles, a diferencia de la última etapa -véase el Tarquino y Lucrecia de Cambridge- donde las manchas diluyen los contornos de las figuras.
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Los artistas grecoegipcios del Fayum pintaban a la encaústica sobre una tabla los retratos de los difuntos y los envolvían entre las bandas de sus momias. La enorme calidad artística, el efecto impresionista, la mirada penetrante y expresiva y el admirable naturalismo de estas pinturas constituyen uno de los mejores ejemplos de la retratística romana.
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Durante el invierno de 1886-1887 Vincent se pondrá a trabajar en una serie de retratos protagonizados por personas anónimas o de su entorno como Agostina Segatori o Père Tanguy. Esta señora posiblemente también pertenezca a su círculo íntimo, desconociendo por desgracia su identidad. Su elegante y distante cabeza se recorta sobre un fondo neutro, jugando con los contrastes al iluminar y aplicar un colorido blanquecino al rostro, ejecutado con una pincelada segura y firme. En el resto de la composición domina el empastamiento, centrándose el artista en la expresión y el carácter de la modelo.
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Algunos especialistas consideran que esta dama sería la esposa de Père Tanguy, el famoso vendedor de pinturas que apoyó a los jóvenes artistas. La mujer está retratada con sumo cariño, destacando el gesto amable y bondadoso de su rostro. Sus ojos dirigen su mirada al espectador, reclamando nuestra atención, a diferencia de la mirada distante del Retrato de una mujer. Los toques de color con los que ejecuta el retrato apenas llegan a cubrir el lienzo en algunas zonas, apreciándose la capa preparatoria en color crudo. Pero en el rostro exhibe un dibujo seguro, aportando volumetría a la cabeza, resultando un retrato de gran belleza donde el colorido rojizo ocupa un importante papel.