En 1489 se dio por terminada la formación de Durero con el pintor Michael Wolgemut. El joven artista había aprendido de su maestro la técnica de la xilografía y por otro lado, el estilo pictórico de los flamencos. La huella de los Van Eyck es la nota predominante en este retrato de su padre, que sin embargo supera cualquier retrato hecho hasta la fecha en Nüremberg.Durero pintó a su padre en el invierno de 1489-90, puesto que en la primavera siguiente partiría hacia su Wander Jahre, o viaje de estudios complementario de la formación en el taller. El retrato formaba pareja con el retrato de su madre, que está perdido. Ambos pudieron ser el examen final del joven artista para demostrar lo que había aprendido. Años después, Durero completará la pareja, ya sin el de su madre, con el hermoso Autorretrato como gentilhombre del Museo del Prado.
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Esta obra es la primera fechada que conservamos de Manet. Es una copia literal - incluso con la inscripción en latín que el original ha perdido por una reciente restauración - del lienzo que posee el Louvre, donde el joven pintor admiró y copió a maestros como Tintoretto, Tiziano, Velázquez o Rembrandt. El maestro de Manet, Thomas Couture, animó a todos sus discípulos para que fueran a copiar al Louvre, como fuente de toda enseñanza artística. Manet se inscribe como copista en el museo el 29 de enero de 1850. En este lugar conocerá a Degas y asimilará las obras del Barroco, estilo de gran importancia para el joven artista.
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Durante la edad dorada de Lorenzo el Magnífico el retrato florentino abandona el perfil para acercarse a la frontalidad, cambiando también la ambientación ya que los fondos neutros se sustituyen por elementos arquitectónicos o paisajísticos como podemos observar en este retrato pintado por Luca Signorelli, integrando figura y paisaje sin renunciar a la captación psicológica del modelo. Las calidades técnicas de la pintura destacan sobremanera, especialmente el colorido rojo del bonete y de la casaca o los finos rasgos del rostro, sobresaliendo la mirada baja y el gesto de concentración del abogado. En el fondo encontramos dinámicas situaciones que parecen preludiar el tondo Doni de Miguel Angel.
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Originalmente estaría acoplado a un soporte, tal vez de tipo hermaico. El anciano está captado de frente al espectador; resaltando el naturalismo que caracteriza los retratos privados romanos, pudiéndose apreciar las arrugas del rostro y el gesto de tristeza que determina la personalidad del efigiado.
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El retrato ha sido siempre uno de los géneros favoritos de la pintura británica y también de Hockney. Como es habitual en él, sus modelos son amigos, personas de su entorno más cercano en su medio habitual, en un ambiente relajado pero con tamaño de gran pintura. La pintura de Hockney es como un gigantesco diario íntimo, como alguien dijo del expresionismo abstracto, pero -a diferencia de aquel, cuyo alfabeto resultaba incomprensible para nosotros- éste lo podemos leer: el pintor, sus padres -su madre, sobre todo-, sus aficiones, sus casas, sus amigos, sus amores... todo aparece pintado a tamaño natural de una forma clara.
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Durero trabajó por encargo para la alta burguesía alemana, en el mejor estilo nórdico perfectamente sintetizado con las novedades del Cinquecento que el autor había estudiado en Italia. En este retrato combina el realismo detallista propio de los alemanes, con cierto idealismo en el tratamiento de la figura. Sin embargo, los rasgos nórdicos predominan, puesto que es una pintura de encargo: la pose de tres cuartos, el material de óleo sobre tabla, el predominio al fin y al cabo del realismo sobre la idealización, etc.
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En los inventarios del Alcázar de Madrid aparece como obra de Tintoretto, posiblemente regalada a Felipe IV por el príncipe Niccolò Ludovisi. Escapó al incendio de 1734 y entró en los fondos del Museo del Prado en los primeros años del siglo XIX. A la mitad de ese siglo sería adjudicado a Tiziano, considerando la cercanía del trabajo con el estilo de la década de 1550.La figura se presenta en primer plano, ataviada con los característicos trajes oscuros del Renacimiento, resaltando en su pecho una cruz de Malta, pudiendo tratarse de un caballero de esta orden. Sobre una mesita se observa un reloj, lo que ha llevado a la hipótesis de que se trate del relojero de Carlos V y Felipe II, Gianello della Torre. También se ha especulado sobre su identificación con un miembro de la familia veneciana de los Cuccina. La presencia del reloj indica, según Panofsky, el rango del retratado, aludiendo a la templanza, aunque también podía tratarse de un "memento mori", símbolo del inexorable paso del tiempo.