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Los primeros años Hemos esbozado brevemente los factores que pueden ayudar a comprender las peculiaridades del Estado jesuita del Paraguay. Vamos ahora a intentar reflejar las líneas maestras del desarrollo de aquella experiencia. Todo el siglo XVII constituye un periodo de expansión de las misiones paraguayas, que crecen ininterrumpidamente, aunque se enfrentan a multitud de agresiones externas. En un primer momento, como ya se ha señalado, fue necesario vencer una resistencia, casi diríamos que natural, de sectores significativos de las sociedades indígenas, pero una vez desarmada aquella oposición, los guaraníes aceptaron mayoritariamente su reconversión, a poblaciones grandes y a vida política y humana, a beneficiar algodón con que se vistan, como definiría el ya citado P. Ruiz de Montoya a las reducciones. Así, las nuevas poblaciones fueron surgiendo en las regiones más aisladas, como el Guairá, el Tape o los Itatines, y a los pocos años contaban con un número considerable de neófitos. Fue precisamente este éxito inicial el que las convertiría en botín muy codiciable para los cazadores de esclavos de Sao Paulo, quienes empezaron a atacar los incipientes asentamientos donde podían capturar sin mucha dificultad a un gran número de indígenas. Los jesuitas reaccionaron trasladando, en un éxodo extremadamente penoso, a los grupos que todavía controlaban hacia regiones que suponían menos expuestas y que a la postre serían las que conformarían el territorio clásico del llamado Estado Jesuita del Paraguay. Nos referimos básicamente a la zona delimitada por los ríos Paraná y Uruguay y los paralelos 25 y 30, aproximadamente, de latitud sur. Cuando las bandeiras paulistas comenzaron a internarse en aquel área para repetir sus ataques, los jesuitas hubieron de movilizar todas sus influencias en la Corte y entre los altos funcionarios coloniales, para conseguir un permiso excepcional, contrario a toda la legislación existente, que les permitía dotar a las tropas indígenas de armas de fuego. Cuando tras muchas negociaciones, la deseada autorización se consiguió, los ejércitos misioneros detuvieron el avance portugués en la zona, infringiéndoles una severa derrota y se convirtieron en un grupo de poder nada desdeñable, que intranquilizaba a todos sus antagonistas. En bastantes ocasiones, muchas de ellas reflejadas por Cardiel en su Breve relación, los guaraníes actuaron bajo requerimientos de los gobernadores del Paraguay o del Río de la Plata, para atacar a los portugueses, a partidas de indígenas rebeldes o a los propios vecinos de Asunción en alguno de sus relativamente habituales motines. De hecho, desde 1641, en que tuvo lugar la batalla del río Mbororé y se desbarató la presión portuguesa sobre el área, va a ser el antagonismo encomenderos misioneros el que pase a un primer plano. La mayoría de las acusaciones a las que se intenta responder en el texto que a continuación se publica, sólo pueden entenderse teniendo en cuenta esto. ¿Cuáles eran los motivos que provocaban las continuas fricciones entre los dos proyectos coloniales? En primer lugar, los encomenderos envidiaban las riquezas potenciales y reales que los jesuitas les habían escamoteado. Deseaban contar con aquellos contingentes importantes de trabajadores que desarrollaban sus actividades fuera del sistema de encomiendas; deseaban los territorios del Estado Jesuita, particularmente las plantaciones de yerba mate y las enormes estancias ganaderas y deseaban, en fin, comprobar si eran ciertas las extraordinariamente populares leyendas sobre la existencia de minas ocultas en aquella zona. Además, a medida que la experiencia misionera fue desarrollándose, las reducciones se convirtieron en un peligroso contrincante comercial que ofrecía, a precios muy competitivos, los mismos productos agrícolas que los encomenderos, y normalmente de mejor calidad. Por si esto fuera poco, la sociedad criolla del Paraguay sabía que los guaraníes representaban el último y más formidable recurso con que contaban las autoridades coloniales para reprimir sus rebeliones, en general de carácter autonomista. Como se ve, las dos tentativas de colonización tenían necesariamente que enfrentarse una y otra vez y así lo estuvieron haciendo hasta la expulsión definitiva de los jesuitas en 1767. El siglo XVIII El siglo XVIII se considera generalmente la etapa clásica del Estado Jesuita del Paraguay, con sus misiones asentadas y por lo menos hasta 1753, sin grandes convulsiones. También es en esa época en la que pueden valorarse con más claridad los logros y las limitaciones del experimento misionero. Todos los pueblos se fundaban siguiendo criterios arquitectónicos similares, que se apartaban sustancialmente de la clásica cuadrícula colonial. La estructura de las poblaciones estaba dominada por las iglesias, cada vez más y más grandiosas, que ocupaban junto al colegio de los Padres y al cementerio, uno de los lados de la gran plaza central. Las casas de los indígenas se extendían en hileras paralelas y regulares por los otros tres lados de la plaza y por el resto del pueblo. La vida colectiva, e incluso la privada, se encontraban perfectamente reglamentadas. Las ocupaciones de cada uno estaban determinadas con claridad y los toques de las campanas de las iglesias indicaban el inicio y el fin de cada actividad. Existía un libro que llevaba por título Del recto uso del tiempo, donde se explicaba, en guaraní, #cómo pasar el día íntegro santa y dignamente, ya sea trabajando en casa, ya cultivando el campo, ora camino de la iglesia o asistiendo a la Santa Misa, ora recitando el Santo Rosario o haciendo cualquier otra cosa# Da la sensación, leyendo relaciones y cartas como la que a continuación se publica, de que las estaciones se sucedían repitiendo una y otra vez los mismos actos y gestos. Parece, en suma, que el tiempo se ha estancado y la historia no existe. Cada día es igual al siguiente y repite las acciones del anterior. Para romper esa monotonía tienen lugar algunas fiestas y celebraciones religiosas, majestuosas en su ritualismo. Los misioneros comprendieron que los indígenas eran extremadamente sensibles a esa sacralización de la vida social y acentuaron ese aspecto. Normalmente había dos jesuitas en cada uno de los pueblos, que fácilmente podía alcanzar los 5.000 habitantes. Un ordenamiento tan absoluto de todas las actividades públicas y privadas sólo podía conseguirse mediante un alto grado de consenso, que se había alcanzado gracias a la combinación de tres elementos esenciales. El mantenimiento de la estructura de caciques, que al parecer determinaba la distribución espacial en las misiones, una ritualización religiosa que impregnaba todas las tareas, unida a una ceremonialidad muy elaborada y una organización económica en la que primaban los aspectos comunitarios sobre los individuales. La agricultura y la ganadería de tipo colectivista, controladas y dirigidas por el sacerdote, tenían sin lugar a dudas más importancia que la producción particular de cada familia. Comunes eran las tierras más extensas (llamadas Tupambaé o propiedad de Dios), los yerbales, los algodonales y las grandes estancias ganaderas. Todos los hombres debían trabajar unos días a la semana en esas propiedades colectivas y con lo recogido, se mantenía a las viudas, niños y necesitados, se pagaba a los artesanos y los tributos reales y se almacenaban algunas cantidades, en previsión de plagas o escaseces. También algunos bienes, como la carne o la yerba mate, se repartían diariamente a todas las familias después de la misa. Los guaraníes, al parecer, mostraron claramente preferencia por este sistema de base colectivista frente a la agricultura de tipo individual que, pese a los intentos iniciales de los jesuitas por potenciarla, no alcanzó nunca una importancia similar. Las misiones así organizadas gozaban de un bienestar material innegable, su agricultura se encontraba bastante desarrollada con una extensa variedad de cultivos y sus artesanos convertían a cada pueblo en una unidad prácticamente autosuficiente. Culturalmente, los avances fueron también muy llamativos, sobre todo si los comparamos con la situación general de las colonias americanas. En todos los pueblos existían escuelas para enseñar a leer y escribir y algunos rudimentos de contabilidad, a las que asistían un buen número de niños, fundamentalmente los hijos de los caciques. También había escuelas de danza, canto y música, actividades a las que los guaraníes eran extraordinariamente aficionados. La defensa de la lengua indígena y su mantenimiento frente al castellano es otro fenómeno que no conviene olvidar, pues tuvo consecuencias históricas importantes, al salvaguardar un idioma nativo y permitir posteriormente su expansión. Incluso llegaron a publicarse en una imprenta que funcionó en las misiones a principios del siglo XVIII varias obras en guaraní. También merecen ser recordados los avances que, desde el punto de vista humanitario, se recogían en el código penal que se aplicaba en las misiones. En una época en la que los suplicios estaban a la orden del día (basta recordar la horrible muerte a que fueron sometidos en Cuzco Tupac Amaru y otros miembros de su familia en 1781), la no aplicación de la pena de muerte en las misiones no dejaba de ser una auténtica novedad. Los únicos castigos que se utilizaban eran los azotes y la reclusión. Ahora bien, las misiones, desde el punto de vista demográfico, alcanzan un máximo en 1732, con 141.182 habitantes, para, desde entonces, entrar en una fase de decadencia, en la que a duras penas sobrepasan los 100.000 indígenas reducidos. Aparte de algunas epidemias notables y de importantes conflictos, que no pueden olvidarse (rebelión de los comuneros, guerra guaranítica#), da la impresión de que las misiones hubiesen entrado en una etapa de estancamiento en la que el desarrollo de los primeros tiempos dio paso a una cierta paralización. En resumen, parece que lo que habían ganado en ordenación lo habían perdido en vitalidad. Muchos críticos del sistema misionero, en particular Félix de Azara12, se dieron cuenta de este hecho y criticaron a los jesuitas su presunto apoltronamiento y el poco impulso que parecían conservar. Es muy difícil expresar una opinión justificada sobre cuál era la situación de las misiones poco tiempo antes de que se ejecutase el decreto de extrañamiento de los jesuitas de todos los dominios españoles. Es cierto que las misiones clásicas carecían de la dinámica de crecimiento que había caracterizado su historia durante todo el siglo pasado. Por contra, la Compañía de Jesús manifestó en los últimos años de su estancia en el Río de la Plata, un enorme dinamismo, promoviendo otras empresas misioneras en regiones muy alejadas. En los llanos de los indios chiquitos, en tierras de la gobernación de Santa Cruz de la Sierra, los jesuitas habían fundado diez reducciones, con más de 23.000 indígenas asentados en ellas, que repetían el esquema ya conocido de las misiones paraguayas. En este área la labor misionera estaba claramente en auge. Además, los jesuitas intentaban adentrarse en el extenso territorio del Chaco, habitado por un número importante de tribus indígenas de cazadores nómadas, en general muy belicosas, entre las que era extremadamente difícil realizar un proceso de sedentarización y reconversión agrícola. La labor apenas conseguía resultados; los indígenas iban y venían sin aceptar un cambio tan radical en sus modos de vida y muy a menudo destruían los precarios asentamientos y asesinaban a algún misionero. Puede decirse que fue aquella una tarea plagada de desengaños y fracasos. En el momento de la expulsión había unas 15 misiones chaqueñas, algunas solamente nominales, que agrupaban a unas 6.000 personas, aunque muchas no residían en ellas con carácter permanente. También la Compañía intentó la colonización de la extensísima región patagónica, donde las naciones indígenas tampoco conocían la agricultura, lo que dificultaba enormemente su reducción a vida política y civilizada, como pretendían los jesuitas. Cardiel fue uno de los protagonistas de aquel empeño fracasado, pues las misiones del sur, como las llamaban, fueron abandonadas pocos años antes de la expulsión de los jesuitas. Para concluir este breve repaso, hay que referirse a una última entrada que los misioneros realizaron entre grupos guaraníes que se hallaban al norte de la ciudad de Asunción, en el territorio del Taruma, muy alejados del área clásica del Estado Jesuita. En 1767 existían dos poblaciones considerables en aquella zona con más de 4.000 habitantes.
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El desfase entre la legislación y la realidad social referida a las mujeres se acusó de manera especial desde comienzos de la década de los cincuenta, con los cambios sociopolíticos y económicos que se experimentaron en España: cambios que favorecieron la aparición de las primeras voces, al principio aisladas, a favor de una reforma de la legislación vigente para las mujeres (Ruiz Francos 2008: 50). Una de las primeras mujeres que se hizo oír fue las abogada y escritora Mercedes Formica, que aceptó el ofrecimiento de Javier Conde de trabajar en el Instituto de Estudios Políticos, del que era director. Mercedes Formica había sido la primera alumna de la Facultad de Derecho de la Universidad de Sevilla. Vio interrumpidos sus estudios por la Guerra Civil. Durante la Guerra militó en la recién creada Falange Española, donde llegó a ocupar cargos de responsabilidad, como el de Delgada Nacional del SEU (Sindicato Español Universitario), y por tanto miembro de la Junta Política de Falange. Se licenció en Derecho en Madrid y comenzó sus deseos de opositar a la carrera diplomática al estar establecido el requisito "ser varón". En 1950 escribió una reseña para la Revista de Estudios Políticos, del libro de Simone Beauvoir, que no fue editado en al España franquista, El segundo sexo. Trasladaba la problemática de la mujer a la situación jurídica y social de las mujeres españolas de la época. En 1951, auspiciado por la Sección Femenina en colaboración con el Instituto de Cultura Hispánica, se celebró en Madrid el I Congreso Femenino Hispanoamericano Filipino, al que acudieron más de doscientas mujeres hispánicas de veintidós países. El Congreso nació bajo un prisma conservador, de clara supeditación del sexo femenino al masculino. Se crearon cinco comisiones que abordaron temas específicos y de actualidad sobre las mujeres en distintos ámbitos, tanto de la esfera pública como privada. Destacamos las ponencias de Mercedes del Amo, "La mujer y las profesiones intelectuales"; de Mónica Plaza del Prado, "La mujer en las profesiones"; de María Concepción Sierra Ordóñez, "El derecho de trabajo y la mujer"; y de Gloria Navas de la Rosa, "Situación jurídica de la mujer dentro de la familia". En 1952 se celebró en Madrid el I Congreso Nacional de Justicia y Derecho, en el que, entre otros aspectos se trató "La situación jurídica de la mujer en la familia y en determinados aspectos del Derecho privado". Las conclusiones del Congreso, presidido por el padre Honorio Alonso Alija y Pilar Primo de Rivera, y con participación de dos mujeres del Colegio de Abogados de Madrid y miembros de la Sección Femenina, Amparo Nieto García y Gloria González Alas, así como de Belarmino Alonso Alija, se centraron fundamentalmente en el régimen económico matrimonial, en aspectos relacionados con los procesos de separación. En el tema "Incorporación de la mujer letrado a las funciones político-jurídicas" se abordo la desigualitaria situación de las mujeres en el Derecho Público. En conjunto, si bien se planteaba una aparente igualdad, el afán de proteccionismo hacia las mujeres entorpecía cualquier intento de igualar jurídicamente los sexos. Ese mismo año de 1952, Mercedes Formica comenzó a colaborar en el diario ABC. El 7 de noviembre publicó "El domicilio conyugal" (7-XI-1953), un artículo donde comentaba el suceso ocurrido días atrás a una mujer casada que había solicitado sus servicios como abogada. La mujer, casada y con cinco hijos, había sido sometida repetidas veces a malos tratos por su marido, quien en su última agresión le había asestado once puñaladas. El artículo ponía el dedo en la llaga, cuestionando algunos artículos del Código Civil (CC) vigente, y ahondando en las razones legales que impedían la separación. El tema central del a artículo giraba en torno a la difícil situación en que se encontraban las mujeres al iniciar los trámites de separación, principalmente en los aspectos jurídicos y económicos (Ruiz Francos 2008: 59). Además de la reforma, Mercedes Formica señalaba a necesidad de dotar a los jueces mayores atribuciones para conceder "el domicilio conyugal" y no "la casa del marido" como establecía la Ley, al cónyuge inocente y no siempre al marido, bien fuese culpable o inocente. Al problema se sumaba la escasez de vivienda por aquellos años y la falta de independencia económica de la mujer. El artículo tuvo amplia resonancia en la prensa nacional e internacional, en los círculos culturales y académicos del momento. El entonces director de ABC, Luis Calvo, aprovechó la importancia del tema para realizar una encuesta entre destacados juristas del momento sobre una posible reforma de determinados artículos de la legislación vigente. El periódico apoyó toda la campaña, convirtiéndose en la Tribuna tanto de los defensores como de los detractores de una posible reforma legislativa, en un momento en que la prensa y la radio eran los medios de comunicación más extendidos y asequibles del ciudadano de a pie. A esta valoración de al incidencia de la campaña se suma que el periódico tenía tirada diaria, la más alta entre los periódicos de difusión nacional de la época. Tras la publicación del pionero artículo, el mencionado diario publicó otros artículos y grandes titulares: "El domicilio conyugal no es <la casa del marido>" (ABC, 18-XI-1953, p. 15); "Las limitaciones a la capacidad jurídica de la mujer", (ABC, 20-XI-1953, p.15); "Inferioridad jurídica de la mujer" (ABC, 22-XI-1953, p. 48); "La capacidad jurídica de la mujer. ABC abre una encuesta en torno a la reforma de la legislación actual" (ABC, 26-XI-1953, p. 23); "La capacidad jurídica de la mujer" (ABC, 28-XI-1953, p. 21); "Encuesta de ABC en torno a la capacidad jurídica de la mujer" (ABC, 29-XI-1953, p. 49); "Capacidad jurídica de la mujer" (ABC, 1-XII-1953, p. 49); "Los derechos de la mujer en la legislación española" (ABC, 2-XII-1953, pp. 41-42); "La capacidad jurídica de la mujer" (ABC, 4-XII-1953, p. 37); "El derecho positivo español en relación con la mujer" (ABC, 5-XII-1953, p. 27); "Los derechos de la mujer en la legislación española" (ABC, 10-XII-1953, p. 35); "Las limitaciones a la capacidad jurídica de la mujer" (ABC, 12-XII-1953, p. 23); y Josefina Carabias, "Después de la encuesta en ABC en torno a los derechos jurídicos de la mujer" (ABC, 12-I-1954, p. 15); Mercedes Formica, "Acerca del estado jurídico de la mujer española. Los verdaderos límites de la cuestión: Defensa del cónyuge inocente" (ABC, 14-I-1954, pp. 25-26); Carmen Llorca, "La mujer" (ABC, 31-III-1954, p. 9); Elena de Zayas, "La situación jurídica de la mujer española. <Hay que dejar sentado que el fin normal de la mujer es el hogar>. Interesante carta de una zaragozana y antifeminista" (ABC, 8-IV-1954, p. 17). La campaña tuvo una pausa y se reinició con menor intensidad a partir de 1956: "Se estudia la reforma del Código Civil en los aspectos que afectan a la capacidad jurídica de la mujer" (ABC, 1-I-1956, p. 71). Tras la publicación de de "Los derechos de la mujer casada" (ABC, 26-VII-1956, p. 18), basado en otro suceso judicial real sobre la demanda de un marido en trámites de separación, que solicitaba el depósito de su esposa fuera del domicilio de ambos, siguió la campaña en la prensa. La perjudicada, "M. R.", alegaba que el domicilio era suyo ya antes de casarse, etc. El juez resolvió a favor de la mujer, con lo que esta pudo quedarse en el domicilio reclamado. Mercedes Formica denunció de nuevo la legislación vigente referida a las mujeres: "Los derechos de la mujer casada. A la señora D?. Emilia Cabello y Rodrigo" -otra de las mujeres que había sufrido penosas injusticias- (ABC, 27-VII-1956, p. 22); "Los derechos de la mujer casada. Carta abierta a una mujer casada" (ABC, 28-VII-1956, p. 25); "Los derechos de la mujer casada" (ABC, 29-VII-1956, p. 55); "Los derechos de la mujer" (ABC, 8-VIII-1956, p. 22); "Importantes modificaciones de los Códigos Penal y Civil y de la Ley de Enjuiciamiento Civil" (ABC, 24-VIII-1957, pp. 23-24); "El Código Civil", (ABC, 7-VIII-1957, p. 23) y "Carta abierta a una mujer" (ABC, 15-V-1958, pp. 43-44). Gráfico Persiguiendo una reforma legal, Mercedes Fórmica había pronunciado conferencias y escrito artículos; había sido recibida por Franco, e incluso el presidente del Tribunal Supremo, José Castán Tobeñas, se había hecho eco de sus reclamaciones en la apertura del año judicial de 1954. Cinco años después del comienzo de la campaña, logró finalmente una modificación del Código Civil.
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Entre el cuarto y tercer milenio antes de Cristo y en algún lugar en el norte del continente suramericano hizo su aparición una técnica y un arte que llegó a alcanzar un importantísimo desarrollo en épocas posteriores. Se trata de la fabricación de cerámica. No existe todavía un total acuerdo sobre si la cerámica más antigua corresponde a Puerto Hormiga, en la costa caribe colombiana, o a Valdivia, en el Pacífico ecuatoriano; o sobre si esta última procede de un desarrollo local, o es de origen amazónico o incluso transpacífico, de Japón. Pero puede afirmarse, tras una serie de investigaciones arqueológicas en la zona norte andina, que nos encontramos ante una región que es el escenario de un temprano desarrollo del arte cerámico, de los primeros indicios de esta nueva tecnología. Sea cual sea el primer foco originario, debieron desarrollarse una serie de tradiciones cerámicas en direcciones diferentes, tales como Canapote-Barlovento o Valdivia-Machalilla, y probablemente otras que no conocemos y que podrían encontrarse en zonas tropicales del oriente de los Andes. Nos encontramos ante los que los arqueólogos han denominado Períodos Formativos, etapas en las que ya se han formado las tradiciones culturales características de cada área, con los normales desfases cronológicos entre una y otra, pero en las que se encuentran unas manifestaciones artísticas peculiares e incluso estilos diferentes en cada cultura. En el Formativo la agricultura se ha convertido en una base económica realmente efectiva, con la rápida mejora y el perfeccionamiento de las plantas cultivadas en el período anterior, sobre todo de las más susceptibles al almacenamiento. La vida sedentaria, concentrada ahora en grandes poblados se ha generalizado y el aumento de población es evidente. Los cambios en la organización social son otra de las características del período, pasando desde sociedades igualitarias, establecidas en poblados permanentes, sin diferencias significativas entre sus componentes en cuanto a estatus, riqueza o poder, hasta el surgimiento de sociedades estratificadas e incluso Estados. Y dentro del Formativo es el área Intermedia la primera que debe ser considerada no sólo porque los desarrollos culturales acaecidos en estas fechas fueron por delante de las otras áreas en esta región, sino sobre todo porque la aparición de ciertas técnicas y estilos artísticos, por primera vez en el continente americano, permitirán la comprensión de posteriores manifestaciones artísticas. El estudio del arte formativo en el área Intermedia debe comenzar con la cultura y el arte Valdivia, cuyo arte cerámico es el más antiguo conocido hasta ahora en el Nuevo Mundo. Cronológicamente corresponde al Formativo Temprano, entre 3200 y 2300 a. C. Geográficamente se sitúa en Ecuador, en la costa de la provincia de Guayas, isla de La Puná, parte de Los Ríos y regiones costeras de Manabí y El Oro. Es una región actualmente árida, pero que debió de ser más húmeda en las fechas de las que venimos hablando. Los primeros asentamientos conocidos de Valdivia se encontraban en la costa, en forma de grandes basureros con restos de conchas y peces, por lo que se caracterizó a Valdivia como una adaptación costera de cazadores-recolectores. Dado el contrasentido que suponía la existencia a la vez de una cerámica compleja y completamente desarrollada y sin antecedentes conocidos, se estableció la hipótesis del origen japonés de dicha técnica cerámica. La hipótesis se fundamentaba también en evidencias cronológicas y culturales. En Kyushu, en el centro-oeste de Japón, la cerámica Jomón se fabricaba 4.000 años antes de su aparición en Ecuador y las técnicas decorativas de Jomón medio eran semejantes a las de Valdivia. Las corrientes marinas favorecían la hipótesis del arribo casual de pescadores jomón a las costas ecuatorianas, aunque algunos autores eran partidarios de la idea de una verdadera expedición colonizadora desde el continente asiático. Pero descubrimientos posteriores pusieron en duda dichas hipótesis. En los años setenta, el hallazgo de nuevos yacimientos Valdivia en el interior, con agricultura desarrollada y sin ninguna dependencia marítima, cambiaba el escenario de manera espectacular. Destaca el sitio de Real Alto, cuya ocupación más temprana se remonta al 3200 a. C., con viviendas de planta elíptica, hechas de palos flexibles y cubiertas de paja u hojas de palma, de unos 10,3 por 8 m, al estilo de las malocas o viviendas comunales del alto Amazonas. Las casas se organizaban en herradura, en tomo a un espacio central, como en el oriente de Brasil y aparecen también casas de hombres en el centro del poblado. El asentamiento de éste y otros poblados indica una dependencia de la agricultura, pero hay además evidencias de otro tipo, como la existencia de gran cantidad de manos y metates, relacionados con la molienda del maíz. Hay también cerámica decorada con impresiones de granos de maíz, adornos de vasijas con mazorcas modeladas e incluso hallazgos de algún grano de maíz carbonizado. La cerámica Valdivia tenía ya un contexto apropiado y es evidente, por las fechas en las que hace su aparición en otras áreas, que la costa ecuatoriana debió ser el o uno de los focos originarios de esta técnica en América, por lo menos de la cerámica de lujo, de técnica elaborada. Ello no invalida la hipótesis de otros focos originarios, de tradición local, y de fabricación más rudimentaria. Y es la cerámica una de las artes más notables de Valdivia. Las formas se reducen a dos o tres básicas, pero la variedad sobre estos modelos es grande y lo es más la cantidad de técnicas decorativas. Se modela a mano o por enrollamiento (adujado) y la cocción se hace oxidante o reductora a fin de obtener coloraciones diversas. Las formas más características son jarros redondeados, de boca ancha, con borde acampanado o entrante. Hay también cuencos sencillos, carenados o con cuatro pequeños soportes, y algunos tienen el borde almenado o lobulado. Las bases son generalmente cóncavas. Las superficies están ligera o cuidadosamente pulidas y más del 20 por 100 tienen un engobe o baño rojo brillante. Las técnicas decorativas, casi siempre por modificación de la superficie, incluyen acanalados, arrastrados y decorados con uñas y dedos; punteados, biselados y recortados, brochado y corrugado. Hay estampados con conchas, con cuerdas y en zigzag y diferentes clases de incisiones, escisiones y grabados, así como modelado, peinado, tiras sobrepuestas y, cuando se introduce la pintura, rojo pulido, rojo punteado o rojo inciso. A veces se emplean varias técnicas decorativas en el mismo vaso. Las formas y la decoración de la cerámica cambiaron lógicamente a lo largo del proceso cultural de Valdivia, por lo que se han establecido ocho fases cerámicas que reflejan también cambios culturales.
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La formación de Donato Bramante debió consolidarse en la proximidad de Luciano Laurana, el arquitecto dálmata que levantó para Federico de Montefeltro el patio principal del Palacio Ducal de Urbino, cuya austeridad funcional deja adivinar el desnudo nudo arquitectónico y el ritmo de los claustros futuros de Bramante. Había nacido éste en Monte Asdrualdo, no lejos de Urbino, en 1444, y aquí se ha reconocido su mano en algunas edificaciones que le proporcionaron cierto prestigio cuando en 1480 entró a participar en la renovación de Milán promovida por Ludovico el Moro. Para construir la iglesia de Santa María presso San Satiro fue preferido al entonces prestigioso Giovanni Antonio Amadeo, tan ocupado en la cartuja de Pavía. Este singular templo, cuyo interior fue ultimado en 1483, presenta tres naves en cruz latina con crucero, que alza una cúpula sobre pechinas casetonada con relieves de estuco. Lo más curioso de su cabecera, nada profunda para no invadir la calle inmediata, es que se resuelve como una perspectiva pictórica mediante bóveda cónica que simula un cañón con casetones. Pero también cuenta el templo con sacristía o baptisterio octogonal, muy adornado de grutescos, con cubierta de cúpula que acaso por primera vez certifica su predilección por el plan central. En 1488 lo confirmará con el dictamen, solicitado por el cardenal Ascanio Sforza, sobre la catedral de Pavía, para la que también se pidió parecer a Leonardo, aunque ni uno ni otro hayan sido los constructores de este grandioso espacio abovedado. Donde sí tuvo oportunidad de desarrollar un amplísimo interior abovedado fue en el presbiterio y cabecera de Santa María de las Gracias de Milán, la más destacada arquitectura de Bramante en Lombardía. Al final de las naves góticas con crucerías que había levantado anteriormente Guiniforte Solara, Bramante aplicó un amplio crucero de planta cuadrada, con ábsides semicirculares en los extremos, y, siguiendo a Brunelleschi en el plano de la Sacristía Vieja florentina, lo prolonga en otro cuadrado menor destinado al coro de la comunidad dominicana. Cubre el mayor con pechinas sobre cuatro coronas circulares, decoradas con apliques de barro cocido y pintado al gusto lombardo, que levantan a considerable altura un tambor y cúpula con linterna. Exteriormente el tambor lleva una galería de columnas, que en parte enmascaran la cúpula, solución que, perfeccionada, aplicará a su proyecto vaticano. El claustro inmediato a la cabecera de la misma iglesia y al refectorio archifamoso donde Leonardo pintó La Cena, lo concibe de un solo piso, con columnas toscanas y enjutas con espejos lisos que recuerdan a Laurana. Parecida estructuración funcional, aunque dando mayor énfasis a las columnas, dispuso en el patio de la Canónica de San Ambrosio de 1492, aunque sólo construyó un ala, con doble número de vanos en el piso superior que, desobedeciendo a Vitruvio, reitera los soportes cargando sobre el centro de los arcos, como se hizo en otros patios cuatrocentistas de Bolonia o en las Procuradurías viejas de Venecia. En la localidad lombarda de Abbiategrasso empleó en 1497 un gran arco en la rehundida hornacina central de la fachada de Santa María, que recuerda fórmulas de Alberti, pero cuando remodeló la plaza del Castillo en Vigevano, en 1492, rememoró los pórticos del Hospital de los Inocentes de Brunelleschi, con soportales semejantes sobre columnas y bóvedas de aristas.
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Ya en el siglo XI tenemos datos ciertos sobre la ejecución de esmaltes usando presumiblemente, en la mayoría de los casos, la técnica del alveolado sobre oro. Paulatinamente se va imponiendo el cambio de metal y el procedimiento de aplicación. Sin embargo, por desgracia, hemos de conformarnos en la mayoría de los casos, con descripciones de estas obras, pues muy escasas son las que se conservan. Sabemos que el rey Don García de Navarra encargó el frontal de altar de Nuestra Señora en Santa María la Real de Nájera (La Rioja) completado después de su muerte en 1054. A. de Yepes en su "Crónica General de la Orden de San Benito" nos dice que estaba adornado con cuarenta piedras preciosas, veinticuatro perlas barrocas y veintitrés esmaltes grandes. Una inscripción alrededor del marco daba cuenta de la dedicación a la Virgen, la identidad de los donantes y el nombre o la procedencia del artista Almanio. El altar mayor de la Abadía de Santa María de Ripoll, referenciado en los inventarios de 1047 y 1066, debió de desaparecer en el siglo XV. En el inventario de 1047 se mencionan dieciséis smaltis, mientras en 1066 han aumentado a veinticuatro. Esto indica un considerable enriquecimiento del mismo pero difícilmente pueden hacerse más conjeturas al respecto. Del mismo modo, el frontal del altar mayor de la catedral de Gerona fue reemplazado en el siglo XIV. En la descripción que J. Villanueva nos da en su "Viaje a Urgel y Gerona", dice que tenía treinta y dos paneles con escenas de la vida del Salvador en relieve. El centro estaba ocupado por un óvalo que contenía la imagen de Nuestra Señora, debajo de la cual otro pequeño óvalo mostraba en esmalte una señora sentada. Alrededor de ésta, una inscripción aludía a la donante. A. de Morales, en su "Viaje a los reinos de León y Galicia y Principado de Asturias" cuenta cómo las reliquias de San Isidoro estaban contenidas en un arca, correspondiente al siglo XI, cubierta de planchas de oro y plata dorada, con los doce Apóstoles y Dios Padre en medio, y con otras muchas imágenes en tonos esmaltados. Fue desguarnecida con la invasión napoleónica. Más fortuna tenemos en el caso de la Tapa de Evangelario de la Reina Felicia de Aragón (1063-1086) que se conserva en el Museo Metropolitano de Nueva York. Supone, en cierto modo, una síntesis de orfebrería, marfil y esmalte, predominando por encima de las otras la placa de marfil con el tema de la Crucifixión. Una amplísima orla de plata dorada con decoración de filigrana, cabujones y esmaltes, encuadra la plancha de marfil. La filigrana dibuja motivos vegetales que se disponen asimétricamente. Los esmaltes se reducían a pequeños chatones tratados según el procedimiento del alveolado. Sólo queda uno de los, posiblemente, ocho iniciales. En la misma línea de pérdidas irrecuperables hay que mencionar el altar de la catedral de Zamora, correspondiente ya a mitad del siglo XII. Gómez Moreno en su "Catálogo Monumental de España, provincia de Zamora", recoge la descripción hecha por Fernández Duro, probablemente según un original medieval. En ella se nos da a conocer que era todo "labrado de bulto, guarnecido con ciento dieciséis piedras preciosas, en el centro la Majestad de Dios hecho hombre... a cuyo derredor estaban veinticuatro querubines coronados, entre esmaltes de colores, en los ángulos figuras de los Evangelistas... a ambas partes alineábanse los Apóstoles...". La composición es usual, salvo ligeros detalles, en el contexto románico.
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¿Qué es la pintura? Esta es la pregunta a la que los artistas, tratan de dar respuesta desde los días del Realismo. El avance de la fotografía viene a dar la razón a aquellos que piensan que la pintura no es un medio para representar la realidad que el ojo ve, sino más bien esa otra realidad que sólo ve el espíritu, que es capaz de expresar sentimientos. Por otra parte, la cultura burguesa había ido desarrollando un afán desmedido por lo tangible, por lo material y lo perecedero, pero también por la verdad que la ciencia puede descubrir. En la década de los noventa los arquitectos modernistas, preocupados por la sinceridad; muestran al exterior las vigas de hierro con que construyen sus edificios. Rodin deja en algunas esculturas restos del apeo que necesita el barro o las rebabas que produce el vaciado en bronce. Los pintores, por su parte, quieren también transmitir su verdad, que se reduce a los pinceles, los colores que tienen en la paleta y el soporte sobre el que van a extenderlos: "Un cuadro -escribirá Maurice Denis en 1890-, antes de ser un caballo de batalla, un desnudo de mujer o cualquier otra anécdota, es esencialmente una superficie plana cubierta de colores dispuestos en un orden determinado".
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En Cataluña el arte finisecular es asumido probablemente de forma mucho más madura y debe entenderse, ante todo, como un movimiento defendido desde reducidos círculos de intelectuales. Rusiñol, Casas y Clarasó fueron sus protagonistas en el ámbito de las artes plásticas, Rusiñol primero, en Sitges, a la vuelta de la tan fructífera estancia en París, y más tarde Casas, convertido en líder de la cervecería barcelonesa de "Els Quatre Gats". Rusiñol y Casas asimilan las aportaciones de los grandes pintores del momento, la pincelada suelta, el color y la luz que practicaban los impresionistas junto con el gris y el azul de la escuela de París, las insólitas perspectivas de Degas; pero también una nueva, temática, el mundo de los bulevares, el suburbio y la vida cotidiana. Sitges, como otros puntos de la costa catalana, se había convertido en punto de atracción para los pintores de paisaje que habían interpretado desde una perspectiva luminista y mediterránea la pintura de paisaje de signo realista y su aislamiento, su belleza y su carácter, a la vez marítimo y rural, podían atraer a los artistas e intelectuales. Sitges cautivó a Rusiñol, que quiso convertirlo en un centro de atracción ideal de esteticismo, lejos del pragmatismo de la gran ciudad. En agosto de 1892, Rusiñol reconvierte una tradicional exposición de pinturas en el ayuntamiento de Sitges durante la Fiesta Mayor, en la Primera Festa Modernista. Más tarde, compra dos casas de pescadores, en el lugar más pintoresco de la villa, sobre el pequeño acantilado que domina la imagen arquetípica de la iglesia, que llamará el Cau Ferrat. Rusiñol reconstruye el conjunto, adaptando la planta baja como vivienda y la superior como insólito museo de su colección de hierros antiguos y organiza desde allí las llamadas Festes Modernistes, que serán en los años noventa las más representativas manifestaciones del grupo modernista.
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A la caída de la tiranía volvieron a encontrarse enfrentados los miembros de la aristocracia, Iságoras, al que Aristóteles considera amigo de los tiranos, tal vez como modo de oponerlo a Clístenes, de los Alcmeónidas, familia considerada democrática y antitiránica. La lucha no se resuelve entre hetairíai, pues Clístenes, en situación de inferioridad en ese plano, acude al demos, al que, según Heródoto, trata como su hetairía. Alternativamente, Iságoras acude al rey espartano Cleómenes, con quien la familia mantenía las clásicas relaciones aristocráticas y panhelénicas de hospitalidad, xenía. Una vez más en el enfrentamiento se hallan entrelazados los conceptos de aristocracia y lucha gentilicia, de tiranía y de democracia, o búsqueda de apoyos populares, elementos que funcionan de modo contradictorio pero confluyente, para hacer comprensible la complejidad de la realidad social del momento. Iságoras, con sus amigos y el apoyo espartano, disuelve la boulé y expulsa a setecientas familias, seguramente las que formaban el entramado clientelar de los Alcmeónidas, para establecerse como dueño de la ciudad con trescientos de sus amigos. La multitud reaccionó de modo contrario, expulsó a Cleómenes y los suyos e hizo venir a Clístenes como prostates o presidente del demos y como hegemón, términos no institucionales, resultado de que el demos se había hecho dueño de la situación. Sobre estos condicionantes se inician las reformas democráticas.
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Desde finales del siglo XIII, pero de forma notoria en las primeras décadas del XIV, la documentación nos transmite una imagen rotundamente negativa de la situacíón en que se encontraban las tierras de la Corona de Castilla. Las fuentes nos hablan, de forma machacona, de pobreza y de despoblación. Pero no es menos insistente la referencia en los textos a la violencia ejercida por los poderosos contra los débiles, en particular contra los indefensos labriegos. El primer gran aldabonazo de la crisis se produjo apenas iniciada la decimocuarta centuria. En efecto, en el año 1301, según el testimonio que nos ha transmitido la Crónica de Fernando IV, "fue en toda la tierra muy grant fambre; e los omes moríense por las plazas e por las calles de fambre, e fue tan grande la mortandad en la gente, que bien cuidaron que muriera el cuarto de toda la gente de la tierra; e tan grande era la fambre, que comían los omes pan de grama, e nunca en tiempo del mundo vio ombre tan gran fambre ni tan grand mortandad". El texto, al margen de las curiosas referencias que incluye sobre hábitos alimenticios de tiempos de dificultades, como la alusión al pan de grama, pone de manifiesto la estrecha conexión que existía entre la hambruna y la mortandad, dos de los elementos característicos de la crisis del siglo XIV. La referencia al cuarto de todo la gente de la tierra que murió, a consecuencia de la terrible situación, es a todas luces exagerada. Pero es altamente significativa la insistencia del texto en la novedad que suponía una catástrofe de semejantes dimensiones. La expresión tierra yerma y despoblada se repite una y otra vez en la documentación de los primeros años del siglo XIV. La Crónica de Alfonso XI nos dice que cuando el monarca salió de la tutoría "falló el regno muy despoblado, et muchos logares yermos". Asimismo numerosos lugares pidieron al rey una reducción de su cabeza fiscal, debido a que había descendido su población. Veamos algunos ejemplos. En 1304 el concejo de Silos, en el área burgalesa, alegaba a Fernando IV que "tenía gran cabeça el concejo sobredicho en la fonsadera". El concejo de Illescas, en tierras toledanas, obtuvo en 1310 una reducción tributaria después de quejarse de "la grant cabeça que tenien de los servicios". Medidas semejantes se adoptaron en 1311 con los concejos de Pancorbo y de Puente de Hitero; en 1314 con el de Fresnillo de las Dueñas, etcétera. Precisamente en 1310, como respuesta a la situación denunciada, se había procedido a realizar en la Corona de Castilla un nuevo igualamiento, el denominado de Tordehumos, cuya finalidad era adecuar la realidad poblacional existente en aquel momento a la carga fiscal demandada por la hacienda regia. En 1315 se rebajaron los tributos de diversos pueblos pertenecientes al monasterio de Santa María de Aguilar de Campóo y en 1318 Alfonso XI concedió a los vasallos de la iglesia de Toledo una reducción de sus pechos porque "eran muy astragados e muy pobres... e otrosi por la muy gran cabeça de los serviçios que fasta aquí tenian". Pero las cosas parecían seguir igual en los años siguientes. En 1322 se redujo la cabeza fiscal de la villa de Dueñas de 300 a 200 pecheros y en 1324 la propia ciudad de Palencia logró que su contribución a la martiniega pasara de 6.000 a 4.000 maravedíes, por razones similares. En 1326, apenas proclamado Alfonso XI mayor de edad, Garcilaso de la Vega, merino mayor de Castilla y chanciller del rey, propuso el nombramiento de una comisión que recorriera el territorio para establecer el número real de pecheros que había, prueba indiscutible de que las bases sobre las que trabajaba la hacienda regia se encontraban desfasadas. Ese indudable descenso demográfico que se registra en la Corona de Castilla, o más exactamente en las tierras meseteñas, tanto del valle del Duero como del Tajo, podía obedecer, entre otros factores, al atractivo ejercido por Andalucía. Hacia allí salieron, desde los años medios del siglo XIII, numerosos colonos, en su mayor parte originarios de las dos Mesetas. Ahora bien, otro factor perturbador de la vida rural en el período comprendido entre 1284 y 1325 fue, sin duda, la violencia de los poderosos. Veamos algunos ejemplos, seleccionados de la copiosa documentación de la época. Los vecinos de Puebla de Arganzón alegaron, en 1304, que "en tiempo de la guerra resçibieron muchos males ...e grandes dannos e perdidas de quemas e tomas que les avían fecho ricos omnes e infansones e cavalleros". Dos años después eran los habitantes de Silos los que afirmaban haber sufrido cuantiosos daños "en este alboroço que se agora fizo de don Diego e de sus fijos". Ese personaje no era otro sino don Diego López de Haro, uno de los magnates más inquietos de la corte de Fernando IV. Por su parte, los procuradores de las ciudades y villas protestaron, en las Cortes de Valladolid del año 1307, de que los ricos hombres y los caballeros "quando... an assonadas que toman viandas e lo que fallan por o van et do se ayuntan que lo non pagan, et que por esta razon se astraga la tierra". En 1312 el abad de Oña manifestaba que los hombres del castillo de Frías cometían desmanes sin cuento sobre los vasallos de sus aldeas "tomandoles la ropa e la lenna e la carne e quebrantandolos las casas". Los vecinos de Astudillo, se decía en 1322, eran víctimas de "muchos robos e males e dannos...de ricos omnes e infançones e cavalleros e otros omnes poderosos de la mi tierra". Los atropellos de los malhechores feudales perjudicaban ante todo a los campesinos. De ahí lo expresado por el Poema de Alfonso XI, sin duda con la finalidad de poner de manifiesto el contraste entre la anarquía de la minoridad regia y el orden que el monarca estableció después de 1325: "En este tiempo los sennores Corrian a Castiella, Los mesquinos labradores Pasavan grant mansiella" Así las cosas, no tiene nada de extraño que en las Cortes de Valladolid del año 1325 se dijera, por más que se trataba de una generalización abusiva, que la tierra es "rrobada e astragada e yerma". La propia Crónica de Alfonso XI señala que, ante las crecientes dificultades del mundo rural, "muchas de las gentes del regno desamparaban heredades, et los logares en que vivían, et fueron a poblar a regnos de Aragón et de Portugal". La emigración a otros reinos hispanos, y no sólo a las tierras recién incorporadas de la Bética, también pudo contribuir al descenso de los efectivos demográficos de la Corona de Castilla en el primer cuarto del siglo XIV.