El desfase entre la legislación y la realidad social referida a las mujeres se acusó de manera especial desde comienzos de la década de los cincuenta, con los cambios sociopolíticos y económicos que se experimentaron en España: cambios que favorecieron la aparición de las primeras voces, al principio aisladas, a favor de una reforma de la legislación vigente para las mujeres (Ruiz Francos 2008: 50). Una de las primeras mujeres que se hizo oír fue las abogada y escritora Mercedes Formica, que aceptó el ofrecimiento de Javier Conde de trabajar en el Instituto de Estudios Políticos, del que era director. Mercedes Formica había sido la primera alumna de la Facultad de Derecho de la Universidad de Sevilla. Vio interrumpidos sus estudios por la Guerra Civil. Durante la Guerra militó en la recién creada Falange Española, donde llegó a ocupar cargos de responsabilidad, como el de Delgada Nacional del SEU (Sindicato Español Universitario), y por tanto miembro de la Junta Política de Falange. Se licenció en Derecho en Madrid y comenzó sus deseos de opositar a la carrera diplomática al estar establecido el requisito "ser varón". En 1950 escribió una reseña para la Revista de Estudios Políticos, del libro de Simone Beauvoir, que no fue editado en al España franquista, El segundo sexo. Trasladaba la problemática de la mujer a la situación jurídica y social de las mujeres españolas de la época. En 1951, auspiciado por la Sección Femenina en colaboración con el Instituto de Cultura Hispánica, se celebró en Madrid el I Congreso Femenino Hispanoamericano Filipino, al que acudieron más de doscientas mujeres hispánicas de veintidós países. El Congreso nació bajo un prisma conservador, de clara supeditación del sexo femenino al masculino. Se crearon cinco comisiones que abordaron temas específicos y de actualidad sobre las mujeres en distintos ámbitos, tanto de la esfera pública como privada. Destacamos las ponencias de Mercedes del Amo, "La mujer y las profesiones intelectuales"; de Mónica Plaza del Prado, "La mujer en las profesiones"; de María Concepción Sierra Ordóñez, "El derecho de trabajo y la mujer"; y de Gloria Navas de la Rosa, "Situación jurídica de la mujer dentro de la familia". En 1952 se celebró en Madrid el I Congreso Nacional de Justicia y Derecho, en el que, entre otros aspectos se trató "La situación jurídica de la mujer en la familia y en determinados aspectos del Derecho privado". Las conclusiones del Congreso, presidido por el padre Honorio Alonso Alija y Pilar Primo de Rivera, y con participación de dos mujeres del Colegio de Abogados de Madrid y miembros de la Sección Femenina, Amparo Nieto García y Gloria González Alas, así como de Belarmino Alonso Alija, se centraron fundamentalmente en el régimen económico matrimonial, en aspectos relacionados con los procesos de separación. En el tema "Incorporación de la mujer letrado a las funciones político-jurídicas" se abordo la desigualitaria situación de las mujeres en el Derecho Público. En conjunto, si bien se planteaba una aparente igualdad, el afán de proteccionismo hacia las mujeres entorpecía cualquier intento de igualar jurídicamente los sexos. Ese mismo año de 1952, Mercedes Formica comenzó a colaborar en el diario ABC. El 7 de noviembre publicó "El domicilio conyugal" (7-XI-1953), un artículo donde comentaba el suceso ocurrido días atrás a una mujer casada que había solicitado sus servicios como abogada. La mujer, casada y con cinco hijos, había sido sometida repetidas veces a malos tratos por su marido, quien en su última agresión le había asestado once puñaladas. El artículo ponía el dedo en la llaga, cuestionando algunos artículos del Código Civil (CC) vigente, y ahondando en las razones legales que impedían la separación. El tema central del a artículo giraba en torno a la difícil situación en que se encontraban las mujeres al iniciar los trámites de separación, principalmente en los aspectos jurídicos y económicos (Ruiz Francos 2008: 59). Además de la reforma, Mercedes Formica señalaba a necesidad de dotar a los jueces mayores atribuciones para conceder "el domicilio conyugal" y no "la casa del marido" como establecía la Ley, al cónyuge inocente y no siempre al marido, bien fuese culpable o inocente. Al problema se sumaba la escasez de vivienda por aquellos años y la falta de independencia económica de la mujer. El artículo tuvo amplia resonancia en la prensa nacional e internacional, en los círculos culturales y académicos del momento. El entonces director de ABC, Luis Calvo, aprovechó la importancia del tema para realizar una encuesta entre destacados juristas del momento sobre una posible reforma de determinados artículos de la legislación vigente. El periódico apoyó toda la campaña, convirtiéndose en la Tribuna tanto de los defensores como de los detractores de una posible reforma legislativa, en un momento en que la prensa y la radio eran los medios de comunicación más extendidos y asequibles del ciudadano de a pie. A esta valoración de al incidencia de la campaña se suma que el periódico tenía tirada diaria, la más alta entre los periódicos de difusión nacional de la época. Tras la publicación del pionero artículo, el mencionado diario publicó otros artículos y grandes titulares: "El domicilio conyugal no es <la casa del marido>" (ABC, 18-XI-1953, p. 15); "Las limitaciones a la capacidad jurídica de la mujer", (ABC, 20-XI-1953, p.15); "Inferioridad jurídica de la mujer" (ABC, 22-XI-1953, p. 48); "La capacidad jurídica de la mujer. ABC abre una encuesta en torno a la reforma de la legislación actual" (ABC, 26-XI-1953, p. 23); "La capacidad jurídica de la mujer" (ABC, 28-XI-1953, p. 21); "Encuesta de ABC en torno a la capacidad jurídica de la mujer" (ABC, 29-XI-1953, p. 49); "Capacidad jurídica de la mujer" (ABC, 1-XII-1953, p. 49); "Los derechos de la mujer en la legislación española" (ABC, 2-XII-1953, pp. 41-42); "La capacidad jurídica de la mujer" (ABC, 4-XII-1953, p. 37); "El derecho positivo español en relación con la mujer" (ABC, 5-XII-1953, p. 27); "Los derechos de la mujer en la legislación española" (ABC, 10-XII-1953, p. 35); "Las limitaciones a la capacidad jurídica de la mujer" (ABC, 12-XII-1953, p. 23); y Josefina Carabias, "Después de la encuesta en ABC en torno a los derechos jurídicos de la mujer" (ABC, 12-I-1954, p. 15); Mercedes Formica, "Acerca del estado jurídico de la mujer española. Los verdaderos límites de la cuestión: Defensa del cónyuge inocente" (ABC, 14-I-1954, pp. 25-26); Carmen Llorca, "La mujer" (ABC, 31-III-1954, p. 9); Elena de Zayas, "La situación jurídica de la mujer española. <Hay que dejar sentado que el fin normal de la mujer es el hogar>. Interesante carta de una zaragozana y antifeminista" (ABC, 8-IV-1954, p. 17). La campaña tuvo una pausa y se reinició con menor intensidad a partir de 1956: "Se estudia la reforma del Código Civil en los aspectos que afectan a la capacidad jurídica de la mujer" (ABC, 1-I-1956, p. 71). Tras la publicación de de "Los derechos de la mujer casada" (ABC, 26-VII-1956, p. 18), basado en otro suceso judicial real sobre la demanda de un marido en trámites de separación, que solicitaba el depósito de su esposa fuera del domicilio de ambos, siguió la campaña en la prensa. La perjudicada, "M. R.", alegaba que el domicilio era suyo ya antes de casarse, etc. El juez resolvió a favor de la mujer, con lo que esta pudo quedarse en el domicilio reclamado. Mercedes Formica denunció de nuevo la legislación vigente referida a las mujeres: "Los derechos de la mujer casada. A la señora D?. Emilia Cabello y Rodrigo" -otra de las mujeres que había sufrido penosas injusticias- (ABC, 27-VII-1956, p. 22); "Los derechos de la mujer casada. Carta abierta a una mujer casada" (ABC, 28-VII-1956, p. 25); "Los derechos de la mujer casada" (ABC, 29-VII-1956, p. 55); "Los derechos de la mujer" (ABC, 8-VIII-1956, p. 22); "Importantes modificaciones de los Códigos Penal y Civil y de la Ley de Enjuiciamiento Civil" (ABC, 24-VIII-1957, pp. 23-24); "El Código Civil", (ABC, 7-VIII-1957, p. 23) y "Carta abierta a una mujer" (ABC, 15-V-1958, pp. 43-44). Gráfico Persiguiendo una reforma legal, Mercedes Fórmica había pronunciado conferencias y escrito artículos; había sido recibida por Franco, e incluso el presidente del Tribunal Supremo, José Castán Tobeñas, se había hecho eco de sus reclamaciones en la apertura del año judicial de 1954. Cinco años después del comienzo de la campaña, logró finalmente una modificación del Código Civil.
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Entre el cuarto y tercer milenio antes de Cristo y en algún lugar en el norte del continente suramericano hizo su aparición una técnica y un arte que llegó a alcanzar un importantísimo desarrollo en épocas posteriores. Se trata de la fabricación de cerámica. No existe todavía un total acuerdo sobre si la cerámica más antigua corresponde a Puerto Hormiga, en la costa caribe colombiana, o a Valdivia, en el Pacífico ecuatoriano; o sobre si esta última procede de un desarrollo local, o es de origen amazónico o incluso transpacífico, de Japón. Pero puede afirmarse, tras una serie de investigaciones arqueológicas en la zona norte andina, que nos encontramos ante una región que es el escenario de un temprano desarrollo del arte cerámico, de los primeros indicios de esta nueva tecnología. Sea cual sea el primer foco originario, debieron desarrollarse una serie de tradiciones cerámicas en direcciones diferentes, tales como Canapote-Barlovento o Valdivia-Machalilla, y probablemente otras que no conocemos y que podrían encontrarse en zonas tropicales del oriente de los Andes. Nos encontramos ante los que los arqueólogos han denominado Períodos Formativos, etapas en las que ya se han formado las tradiciones culturales características de cada área, con los normales desfases cronológicos entre una y otra, pero en las que se encuentran unas manifestaciones artísticas peculiares e incluso estilos diferentes en cada cultura. En el Formativo la agricultura se ha convertido en una base económica realmente efectiva, con la rápida mejora y el perfeccionamiento de las plantas cultivadas en el período anterior, sobre todo de las más susceptibles al almacenamiento. La vida sedentaria, concentrada ahora en grandes poblados se ha generalizado y el aumento de población es evidente. Los cambios en la organización social son otra de las características del período, pasando desde sociedades igualitarias, establecidas en poblados permanentes, sin diferencias significativas entre sus componentes en cuanto a estatus, riqueza o poder, hasta el surgimiento de sociedades estratificadas e incluso Estados. Y dentro del Formativo es el área Intermedia la primera que debe ser considerada no sólo porque los desarrollos culturales acaecidos en estas fechas fueron por delante de las otras áreas en esta región, sino sobre todo porque la aparición de ciertas técnicas y estilos artísticos, por primera vez en el continente americano, permitirán la comprensión de posteriores manifestaciones artísticas. El estudio del arte formativo en el área Intermedia debe comenzar con la cultura y el arte Valdivia, cuyo arte cerámico es el más antiguo conocido hasta ahora en el Nuevo Mundo. Cronológicamente corresponde al Formativo Temprano, entre 3200 y 2300 a. C. Geográficamente se sitúa en Ecuador, en la costa de la provincia de Guayas, isla de La Puná, parte de Los Ríos y regiones costeras de Manabí y El Oro. Es una región actualmente árida, pero que debió de ser más húmeda en las fechas de las que venimos hablando. Los primeros asentamientos conocidos de Valdivia se encontraban en la costa, en forma de grandes basureros con restos de conchas y peces, por lo que se caracterizó a Valdivia como una adaptación costera de cazadores-recolectores. Dado el contrasentido que suponía la existencia a la vez de una cerámica compleja y completamente desarrollada y sin antecedentes conocidos, se estableció la hipótesis del origen japonés de dicha técnica cerámica. La hipótesis se fundamentaba también en evidencias cronológicas y culturales. En Kyushu, en el centro-oeste de Japón, la cerámica Jomón se fabricaba 4.000 años antes de su aparición en Ecuador y las técnicas decorativas de Jomón medio eran semejantes a las de Valdivia. Las corrientes marinas favorecían la hipótesis del arribo casual de pescadores jomón a las costas ecuatorianas, aunque algunos autores eran partidarios de la idea de una verdadera expedición colonizadora desde el continente asiático. Pero descubrimientos posteriores pusieron en duda dichas hipótesis. En los años setenta, el hallazgo de nuevos yacimientos Valdivia en el interior, con agricultura desarrollada y sin ninguna dependencia marítima, cambiaba el escenario de manera espectacular. Destaca el sitio de Real Alto, cuya ocupación más temprana se remonta al 3200 a. C., con viviendas de planta elíptica, hechas de palos flexibles y cubiertas de paja u hojas de palma, de unos 10,3 por 8 m, al estilo de las malocas o viviendas comunales del alto Amazonas. Las casas se organizaban en herradura, en tomo a un espacio central, como en el oriente de Brasil y aparecen también casas de hombres en el centro del poblado. El asentamiento de éste y otros poblados indica una dependencia de la agricultura, pero hay además evidencias de otro tipo, como la existencia de gran cantidad de manos y metates, relacionados con la molienda del maíz. Hay también cerámica decorada con impresiones de granos de maíz, adornos de vasijas con mazorcas modeladas e incluso hallazgos de algún grano de maíz carbonizado. La cerámica Valdivia tenía ya un contexto apropiado y es evidente, por las fechas en las que hace su aparición en otras áreas, que la costa ecuatoriana debió ser el o uno de los focos originarios de esta técnica en América, por lo menos de la cerámica de lujo, de técnica elaborada. Ello no invalida la hipótesis de otros focos originarios, de tradición local, y de fabricación más rudimentaria. Y es la cerámica una de las artes más notables de Valdivia. Las formas se reducen a dos o tres básicas, pero la variedad sobre estos modelos es grande y lo es más la cantidad de técnicas decorativas. Se modela a mano o por enrollamiento (adujado) y la cocción se hace oxidante o reductora a fin de obtener coloraciones diversas. Las formas más características son jarros redondeados, de boca ancha, con borde acampanado o entrante. Hay también cuencos sencillos, carenados o con cuatro pequeños soportes, y algunos tienen el borde almenado o lobulado. Las bases son generalmente cóncavas. Las superficies están ligera o cuidadosamente pulidas y más del 20 por 100 tienen un engobe o baño rojo brillante. Las técnicas decorativas, casi siempre por modificación de la superficie, incluyen acanalados, arrastrados y decorados con uñas y dedos; punteados, biselados y recortados, brochado y corrugado. Hay estampados con conchas, con cuerdas y en zigzag y diferentes clases de incisiones, escisiones y grabados, así como modelado, peinado, tiras sobrepuestas y, cuando se introduce la pintura, rojo pulido, rojo punteado o rojo inciso. A veces se emplean varias técnicas decorativas en el mismo vaso. Las formas y la decoración de la cerámica cambiaron lógicamente a lo largo del proceso cultural de Valdivia, por lo que se han establecido ocho fases cerámicas que reflejan también cambios culturales.
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La formación de Donato Bramante debió consolidarse en la proximidad de Luciano Laurana, el arquitecto dálmata que levantó para Federico de Montefeltro el patio principal del Palacio Ducal de Urbino, cuya austeridad funcional deja adivinar el desnudo nudo arquitectónico y el ritmo de los claustros futuros de Bramante. Había nacido éste en Monte Asdrualdo, no lejos de Urbino, en 1444, y aquí se ha reconocido su mano en algunas edificaciones que le proporcionaron cierto prestigio cuando en 1480 entró a participar en la renovación de Milán promovida por Ludovico el Moro. Para construir la iglesia de Santa María presso San Satiro fue preferido al entonces prestigioso Giovanni Antonio Amadeo, tan ocupado en la cartuja de Pavía. Este singular templo, cuyo interior fue ultimado en 1483, presenta tres naves en cruz latina con crucero, que alza una cúpula sobre pechinas casetonada con relieves de estuco. Lo más curioso de su cabecera, nada profunda para no invadir la calle inmediata, es que se resuelve como una perspectiva pictórica mediante bóveda cónica que simula un cañón con casetones. Pero también cuenta el templo con sacristía o baptisterio octogonal, muy adornado de grutescos, con cubierta de cúpula que acaso por primera vez certifica su predilección por el plan central. En 1488 lo confirmará con el dictamen, solicitado por el cardenal Ascanio Sforza, sobre la catedral de Pavía, para la que también se pidió parecer a Leonardo, aunque ni uno ni otro hayan sido los constructores de este grandioso espacio abovedado. Donde sí tuvo oportunidad de desarrollar un amplísimo interior abovedado fue en el presbiterio y cabecera de Santa María de las Gracias de Milán, la más destacada arquitectura de Bramante en Lombardía. Al final de las naves góticas con crucerías que había levantado anteriormente Guiniforte Solara, Bramante aplicó un amplio crucero de planta cuadrada, con ábsides semicirculares en los extremos, y, siguiendo a Brunelleschi en el plano de la Sacristía Vieja florentina, lo prolonga en otro cuadrado menor destinado al coro de la comunidad dominicana. Cubre el mayor con pechinas sobre cuatro coronas circulares, decoradas con apliques de barro cocido y pintado al gusto lombardo, que levantan a considerable altura un tambor y cúpula con linterna. Exteriormente el tambor lleva una galería de columnas, que en parte enmascaran la cúpula, solución que, perfeccionada, aplicará a su proyecto vaticano. El claustro inmediato a la cabecera de la misma iglesia y al refectorio archifamoso donde Leonardo pintó La Cena, lo concibe de un solo piso, con columnas toscanas y enjutas con espejos lisos que recuerdan a Laurana. Parecida estructuración funcional, aunque dando mayor énfasis a las columnas, dispuso en el patio de la Canónica de San Ambrosio de 1492, aunque sólo construyó un ala, con doble número de vanos en el piso superior que, desobedeciendo a Vitruvio, reitera los soportes cargando sobre el centro de los arcos, como se hizo en otros patios cuatrocentistas de Bolonia o en las Procuradurías viejas de Venecia. En la localidad lombarda de Abbiategrasso empleó en 1497 un gran arco en la rehundida hornacina central de la fachada de Santa María, que recuerda fórmulas de Alberti, pero cuando remodeló la plaza del Castillo en Vigevano, en 1492, rememoró los pórticos del Hospital de los Inocentes de Brunelleschi, con soportales semejantes sobre columnas y bóvedas de aristas.
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Ya en el siglo XI tenemos datos ciertos sobre la ejecución de esmaltes usando presumiblemente, en la mayoría de los casos, la técnica del alveolado sobre oro. Paulatinamente se va imponiendo el cambio de metal y el procedimiento de aplicación. Sin embargo, por desgracia, hemos de conformarnos en la mayoría de los casos, con descripciones de estas obras, pues muy escasas son las que se conservan. Sabemos que el rey Don García de Navarra encargó el frontal de altar de Nuestra Señora en Santa María la Real de Nájera (La Rioja) completado después de su muerte en 1054. A. de Yepes en su "Crónica General de la Orden de San Benito" nos dice que estaba adornado con cuarenta piedras preciosas, veinticuatro perlas barrocas y veintitrés esmaltes grandes. Una inscripción alrededor del marco daba cuenta de la dedicación a la Virgen, la identidad de los donantes y el nombre o la procedencia del artista Almanio. El altar mayor de la Abadía de Santa María de Ripoll, referenciado en los inventarios de 1047 y 1066, debió de desaparecer en el siglo XV. En el inventario de 1047 se mencionan dieciséis smaltis, mientras en 1066 han aumentado a veinticuatro. Esto indica un considerable enriquecimiento del mismo pero difícilmente pueden hacerse más conjeturas al respecto. Del mismo modo, el frontal del altar mayor de la catedral de Gerona fue reemplazado en el siglo XIV. En la descripción que J. Villanueva nos da en su "Viaje a Urgel y Gerona", dice que tenía treinta y dos paneles con escenas de la vida del Salvador en relieve. El centro estaba ocupado por un óvalo que contenía la imagen de Nuestra Señora, debajo de la cual otro pequeño óvalo mostraba en esmalte una señora sentada. Alrededor de ésta, una inscripción aludía a la donante. A. de Morales, en su "Viaje a los reinos de León y Galicia y Principado de Asturias" cuenta cómo las reliquias de San Isidoro estaban contenidas en un arca, correspondiente al siglo XI, cubierta de planchas de oro y plata dorada, con los doce Apóstoles y Dios Padre en medio, y con otras muchas imágenes en tonos esmaltados. Fue desguarnecida con la invasión napoleónica. Más fortuna tenemos en el caso de la Tapa de Evangelario de la Reina Felicia de Aragón (1063-1086) que se conserva en el Museo Metropolitano de Nueva York. Supone, en cierto modo, una síntesis de orfebrería, marfil y esmalte, predominando por encima de las otras la placa de marfil con el tema de la Crucifixión. Una amplísima orla de plata dorada con decoración de filigrana, cabujones y esmaltes, encuadra la plancha de marfil. La filigrana dibuja motivos vegetales que se disponen asimétricamente. Los esmaltes se reducían a pequeños chatones tratados según el procedimiento del alveolado. Sólo queda uno de los, posiblemente, ocho iniciales. En la misma línea de pérdidas irrecuperables hay que mencionar el altar de la catedral de Zamora, correspondiente ya a mitad del siglo XII. Gómez Moreno en su "Catálogo Monumental de España, provincia de Zamora", recoge la descripción hecha por Fernández Duro, probablemente según un original medieval. En ella se nos da a conocer que era todo "labrado de bulto, guarnecido con ciento dieciséis piedras preciosas, en el centro la Majestad de Dios hecho hombre... a cuyo derredor estaban veinticuatro querubines coronados, entre esmaltes de colores, en los ángulos figuras de los Evangelistas... a ambas partes alineábanse los Apóstoles...". La composición es usual, salvo ligeros detalles, en el contexto románico.
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¿Qué es la pintura? Esta es la pregunta a la que los artistas, tratan de dar respuesta desde los días del Realismo. El avance de la fotografía viene a dar la razón a aquellos que piensan que la pintura no es un medio para representar la realidad que el ojo ve, sino más bien esa otra realidad que sólo ve el espíritu, que es capaz de expresar sentimientos. Por otra parte, la cultura burguesa había ido desarrollando un afán desmedido por lo tangible, por lo material y lo perecedero, pero también por la verdad que la ciencia puede descubrir. En la década de los noventa los arquitectos modernistas, preocupados por la sinceridad; muestran al exterior las vigas de hierro con que construyen sus edificios. Rodin deja en algunas esculturas restos del apeo que necesita el barro o las rebabas que produce el vaciado en bronce. Los pintores, por su parte, quieren también transmitir su verdad, que se reduce a los pinceles, los colores que tienen en la paleta y el soporte sobre el que van a extenderlos: "Un cuadro -escribirá Maurice Denis en 1890-, antes de ser un caballo de batalla, un desnudo de mujer o cualquier otra anécdota, es esencialmente una superficie plana cubierta de colores dispuestos en un orden determinado".
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En Cataluña el arte finisecular es asumido probablemente de forma mucho más madura y debe entenderse, ante todo, como un movimiento defendido desde reducidos círculos de intelectuales. Rusiñol, Casas y Clarasó fueron sus protagonistas en el ámbito de las artes plásticas, Rusiñol primero, en Sitges, a la vuelta de la tan fructífera estancia en París, y más tarde Casas, convertido en líder de la cervecería barcelonesa de "Els Quatre Gats". Rusiñol y Casas asimilan las aportaciones de los grandes pintores del momento, la pincelada suelta, el color y la luz que practicaban los impresionistas junto con el gris y el azul de la escuela de París, las insólitas perspectivas de Degas; pero también una nueva, temática, el mundo de los bulevares, el suburbio y la vida cotidiana. Sitges, como otros puntos de la costa catalana, se había convertido en punto de atracción para los pintores de paisaje que habían interpretado desde una perspectiva luminista y mediterránea la pintura de paisaje de signo realista y su aislamiento, su belleza y su carácter, a la vez marítimo y rural, podían atraer a los artistas e intelectuales. Sitges cautivó a Rusiñol, que quiso convertirlo en un centro de atracción ideal de esteticismo, lejos del pragmatismo de la gran ciudad. En agosto de 1892, Rusiñol reconvierte una tradicional exposición de pinturas en el ayuntamiento de Sitges durante la Fiesta Mayor, en la Primera Festa Modernista. Más tarde, compra dos casas de pescadores, en el lugar más pintoresco de la villa, sobre el pequeño acantilado que domina la imagen arquetípica de la iglesia, que llamará el Cau Ferrat. Rusiñol reconstruye el conjunto, adaptando la planta baja como vivienda y la superior como insólito museo de su colección de hierros antiguos y organiza desde allí las llamadas Festes Modernistes, que serán en los años noventa las más representativas manifestaciones del grupo modernista.
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A la caída de la tiranía volvieron a encontrarse enfrentados los miembros de la aristocracia, Iságoras, al que Aristóteles considera amigo de los tiranos, tal vez como modo de oponerlo a Clístenes, de los Alcmeónidas, familia considerada democrática y antitiránica. La lucha no se resuelve entre hetairíai, pues Clístenes, en situación de inferioridad en ese plano, acude al demos, al que, según Heródoto, trata como su hetairía. Alternativamente, Iságoras acude al rey espartano Cleómenes, con quien la familia mantenía las clásicas relaciones aristocráticas y panhelénicas de hospitalidad, xenía. Una vez más en el enfrentamiento se hallan entrelazados los conceptos de aristocracia y lucha gentilicia, de tiranía y de democracia, o búsqueda de apoyos populares, elementos que funcionan de modo contradictorio pero confluyente, para hacer comprensible la complejidad de la realidad social del momento. Iságoras, con sus amigos y el apoyo espartano, disuelve la boulé y expulsa a setecientas familias, seguramente las que formaban el entramado clientelar de los Alcmeónidas, para establecerse como dueño de la ciudad con trescientos de sus amigos. La multitud reaccionó de modo contrario, expulsó a Cleómenes y los suyos e hizo venir a Clístenes como prostates o presidente del demos y como hegemón, términos no institucionales, resultado de que el demos se había hecho dueño de la situación. Sobre estos condicionantes se inician las reformas democráticas.
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Desde finales del siglo XIII, pero de forma notoria en las primeras décadas del XIV, la documentación nos transmite una imagen rotundamente negativa de la situacíón en que se encontraban las tierras de la Corona de Castilla. Las fuentes nos hablan, de forma machacona, de pobreza y de despoblación. Pero no es menos insistente la referencia en los textos a la violencia ejercida por los poderosos contra los débiles, en particular contra los indefensos labriegos. El primer gran aldabonazo de la crisis se produjo apenas iniciada la decimocuarta centuria. En efecto, en el año 1301, según el testimonio que nos ha transmitido la Crónica de Fernando IV, "fue en toda la tierra muy grant fambre; e los omes moríense por las plazas e por las calles de fambre, e fue tan grande la mortandad en la gente, que bien cuidaron que muriera el cuarto de toda la gente de la tierra; e tan grande era la fambre, que comían los omes pan de grama, e nunca en tiempo del mundo vio ombre tan gran fambre ni tan grand mortandad". El texto, al margen de las curiosas referencias que incluye sobre hábitos alimenticios de tiempos de dificultades, como la alusión al pan de grama, pone de manifiesto la estrecha conexión que existía entre la hambruna y la mortandad, dos de los elementos característicos de la crisis del siglo XIV. La referencia al cuarto de todo la gente de la tierra que murió, a consecuencia de la terrible situación, es a todas luces exagerada. Pero es altamente significativa la insistencia del texto en la novedad que suponía una catástrofe de semejantes dimensiones. La expresión tierra yerma y despoblada se repite una y otra vez en la documentación de los primeros años del siglo XIV. La Crónica de Alfonso XI nos dice que cuando el monarca salió de la tutoría "falló el regno muy despoblado, et muchos logares yermos". Asimismo numerosos lugares pidieron al rey una reducción de su cabeza fiscal, debido a que había descendido su población. Veamos algunos ejemplos. En 1304 el concejo de Silos, en el área burgalesa, alegaba a Fernando IV que "tenía gran cabeça el concejo sobredicho en la fonsadera". El concejo de Illescas, en tierras toledanas, obtuvo en 1310 una reducción tributaria después de quejarse de "la grant cabeça que tenien de los servicios". Medidas semejantes se adoptaron en 1311 con los concejos de Pancorbo y de Puente de Hitero; en 1314 con el de Fresnillo de las Dueñas, etcétera. Precisamente en 1310, como respuesta a la situación denunciada, se había procedido a realizar en la Corona de Castilla un nuevo igualamiento, el denominado de Tordehumos, cuya finalidad era adecuar la realidad poblacional existente en aquel momento a la carga fiscal demandada por la hacienda regia. En 1315 se rebajaron los tributos de diversos pueblos pertenecientes al monasterio de Santa María de Aguilar de Campóo y en 1318 Alfonso XI concedió a los vasallos de la iglesia de Toledo una reducción de sus pechos porque "eran muy astragados e muy pobres... e otrosi por la muy gran cabeça de los serviçios que fasta aquí tenian". Pero las cosas parecían seguir igual en los años siguientes. En 1322 se redujo la cabeza fiscal de la villa de Dueñas de 300 a 200 pecheros y en 1324 la propia ciudad de Palencia logró que su contribución a la martiniega pasara de 6.000 a 4.000 maravedíes, por razones similares. En 1326, apenas proclamado Alfonso XI mayor de edad, Garcilaso de la Vega, merino mayor de Castilla y chanciller del rey, propuso el nombramiento de una comisión que recorriera el territorio para establecer el número real de pecheros que había, prueba indiscutible de que las bases sobre las que trabajaba la hacienda regia se encontraban desfasadas. Ese indudable descenso demográfico que se registra en la Corona de Castilla, o más exactamente en las tierras meseteñas, tanto del valle del Duero como del Tajo, podía obedecer, entre otros factores, al atractivo ejercido por Andalucía. Hacia allí salieron, desde los años medios del siglo XIII, numerosos colonos, en su mayor parte originarios de las dos Mesetas. Ahora bien, otro factor perturbador de la vida rural en el período comprendido entre 1284 y 1325 fue, sin duda, la violencia de los poderosos. Veamos algunos ejemplos, seleccionados de la copiosa documentación de la época. Los vecinos de Puebla de Arganzón alegaron, en 1304, que "en tiempo de la guerra resçibieron muchos males ...e grandes dannos e perdidas de quemas e tomas que les avían fecho ricos omnes e infansones e cavalleros". Dos años después eran los habitantes de Silos los que afirmaban haber sufrido cuantiosos daños "en este alboroço que se agora fizo de don Diego e de sus fijos". Ese personaje no era otro sino don Diego López de Haro, uno de los magnates más inquietos de la corte de Fernando IV. Por su parte, los procuradores de las ciudades y villas protestaron, en las Cortes de Valladolid del año 1307, de que los ricos hombres y los caballeros "quando... an assonadas que toman viandas e lo que fallan por o van et do se ayuntan que lo non pagan, et que por esta razon se astraga la tierra". En 1312 el abad de Oña manifestaba que los hombres del castillo de Frías cometían desmanes sin cuento sobre los vasallos de sus aldeas "tomandoles la ropa e la lenna e la carne e quebrantandolos las casas". Los vecinos de Astudillo, se decía en 1322, eran víctimas de "muchos robos e males e dannos...de ricos omnes e infançones e cavalleros e otros omnes poderosos de la mi tierra". Los atropellos de los malhechores feudales perjudicaban ante todo a los campesinos. De ahí lo expresado por el Poema de Alfonso XI, sin duda con la finalidad de poner de manifiesto el contraste entre la anarquía de la minoridad regia y el orden que el monarca estableció después de 1325: "En este tiempo los sennores Corrian a Castiella, Los mesquinos labradores Pasavan grant mansiella" Así las cosas, no tiene nada de extraño que en las Cortes de Valladolid del año 1325 se dijera, por más que se trataba de una generalización abusiva, que la tierra es "rrobada e astragada e yerma". La propia Crónica de Alfonso XI señala que, ante las crecientes dificultades del mundo rural, "muchas de las gentes del regno desamparaban heredades, et los logares en que vivían, et fueron a poblar a regnos de Aragón et de Portugal". La emigración a otros reinos hispanos, y no sólo a las tierras recién incorporadas de la Bética, también pudo contribuir al descenso de los efectivos demográficos de la Corona de Castilla en el primer cuarto del siglo XIV.
contexto
Los primeros templos construidos están directamente relacionados con el auge del hinduismo bajo el patrocinio de los príncipes Gupta, porque fueron precisamente éstos los que decidieron empezar a construir en piedra templos imperecederos para sus dioses. La tradición arquitectónica de la India Budista consistía en la construcción de monasterios en madera, todo lo más combinada con ladrillo, por lo que sólo nos han llegado ruinas, o también en la excavación de conjuntos rupestres que traducían el lenguaje leñoso de la arquitectura coetánea. Pero no hubo auténtica arquitectura construida en piedra, si exceptuamos algún ejemplo aislado de stupa como la de Sanchi. Por su parte, el hinduismo primitivo que sobrevivió soterrado bajo la India Budista no practicaba ningún rito comunitario porque, al margen del rechazo social budista, el sistema de castas hindú prohibía la reunión indiscriminada de la sociedad y postulaba que sólo el esfuerzo personal y los rituales domésticos facilitaban la identificación con Brahma. Pero la nueva actitud liberal de los príncipes Gupta dio paso a la construcción de templos públicos. Los templos más antiguos que encontramos en pie se construyen a partir del siglo V d. C. y se destinan al culto hindú; sin duda, reflejan la fuerza y la perpetuidad que los Gupta deseaban para su religión. Aunque los sillares se trabajan casi a la perfección en la cantera y todo el orden arquitectónico indica la calidad artística del clasicismo Gupta, estos templos son todavía de pequeñas dimensiones y escasa decoración. Tienen el enorme interés de ser los antecesores de los colosales templos rajputs y drávidas de la posterior India Hindú, y llaman la atención de cualquier estudioso del arte indio por la concentración de formas y economía de elementos. Responden ya al concepto de templo hindú, totalmente distinto del templo de peregrinación budista. El templo hindú se concibe como morada del dios en la tierra, y cualquier volumen o elemento decorativo está en función de su carácter espiritual antes que de algún otro determinante utilitario o incluso estético. Es objeto de adoración en sí mismo y el proceso constructivo, también acorde con la glorificación del dios, aparece detallado en los manuales de arquitectura sagrada, los Vastu-Sastras. Pero antes de empezar a detallar estos primeros templos hindúes, conviene adelantar que el hinduismo es una nueva forma del brahmanismo (600-300 a. C.), basado a su vez en el vedismo (1500-600 a. C.); desde el punto de vista estrictamente religioso se debe hablar de neobrahamanismo. Con los Gupta esta nueva forma religiosa empieza a elevar a una categoría superior todos aquellos cultos populares que el budismo había abolido; encauzándolos por la vía devocional (bhakti), los Gupta les otorgan una consistencia de doctrina mayor. Y como todos estos cultos populares se basan en la literatura mitológica que, además de preservarse en sánscrito, se comienza a traducir y a divulgar en el idioma mayoritario, el hindi, este incipiente sistema socio-religioso se llamará hinduismo. Los Gupta son también responsables del cambio social que implica su renovadora postura aristocrática. Ya no se les teme o valora como guerreros; ahora se les venera como protectores de la tradición. Los nobles hindúes rescatan a los brahmanes del olvido y los encumbran de nuevo como casta superior; éstos, a cambio, legitiman a los príncipes como descendientes de los héroes míticos, y ambos buscan el apoyo popular elevando los cultos anteriormente proscritos. Un factor importantísimo en esta virtual revolución sociorreligiosa es el económico: durante el siglo IV los comerciantes, en su mayoría budistas, incrementan sus riquezas y se mantienen como gran clase social (aunque no como casta); pero a lo largo del siglo V la inestabilidad de la Ruta de la Seda y el colapso final de las guerras invasoras les llevan a la ruina total. Esta revolución germina en el imperio Gupta, pero florecerá posteriormente en el período de la India Hindú; y es un hecho muy significativo del desprestigio de los comerciantes el que en la historia de la India moderna no vuelva a haber una clase mercantil poderosa de origen hindú. Precisamente este vacío social será la causa del auge de los jainas y de la facilidad con la que se enriquecen los primeros comerciantes islámicos y persas (parsis en la actualidad) que se asientan en la costa occidental. El culto a Vishnu y los templos edificados son un nítido reflejo del triunfo hindú. Todos los soberanos Gupta fueron adoradores de Vishnu y, con la divulgación de la antigua literatura, contribuyeron a la consolidación de su culto. Hasta entonces, Vishnu había sido la actuación preservadora de Brahma (Siva es la destructora), pero la tradición popular le dio el papel de protagonista en las dos epopeyas del "Mahabharata" y del "Ramayana", en las que sus héroes Krishna y Rama son simples avatares (terrenalizaciones) de Vishnu. El arte Gupta crea unas imágenes de Vishnu idealizadas como si se tratara de una etnia suprahumana, pero al mismo tiempo completamente terrenales y aristocráticas. Lentamente la devoción popular transforma la energía femenina del dios en su mujer, Lakshmi, diosa de la belleza y la riqueza. Además de Krishna y Rama, surgen otros muchos avatares, y también aparecen la serpiente Ananta (infinito, sobre la que descansa el dios), y el águila Garuda (la palabra voladora), que lo transporta a todas partes. Así se representa a Vishnu por primera vez en toda la historia del arte indio, en los altorrelieves que decoran los pórticos de su templo en Deogarh. Este famoso santuario, junto a los coetáneos de Sanchi, Ter, Chezarla y Aihole, constituyen las primeras construcciones en piedra de India.