Los amoxtli, códices o libros del México antiguo Además de un cierto número de inscripciones en varios monumentos, se conocen seis amoxtli o manuscritos de incuestionable origen prehispánico. A ellos pueden sumarse por lo menos cuatro más que se elaboraron en tiempos muy cercanos a la conquista española. De años posteriores, a lo largo del siglo XVI y primera mitad del XVII, provienen otros testimonios en los que se siguen empleando antiguas formas de pictografía y escritura jeroglífica. Con el transcurso del tiempo se torna también visible en la documentación que continuaron produciendo los indígenas el impacto de los procesos de aculturación entre españoles y nativos. De hecho, se conservan en distintos archivos de México y de fuera de él centenares de manuscritos en los que sobreviven vestigios de la tradición pictográfica e ideográfica prehispánica, pero junto ya con elementos de clara procedencia española. Aparecen allí además diversos tipos de glosas o anotaciones, redactadas ya con el alfabeto, unas veces en nahuatl y otras en castellano, o en ambas lenguas. Los mencionados seis amoxtli o códices de indudable origen prehispánico, aunque no provienen del ámbito mexica o azteca, guardan estrecha relación con la cultura de los pueblos nahuas. Por ostentar entre sí considerables semejanzas, se les considera integrantes de un conjunto de producciones afines. Dado que el más extenso de estos códices, tras haber sido enviado a Europa, fue posesión de un miembro prominente de la familia Borgia, se conoce hasta hoy con dicho apelativo. Teniendo por consiguiente a dicho Códice Borgia, conservado en la Biblioteca Vaticana, como prototipo en el mencionado conjunto, a él y a los otros cinco se les designa de ordinario con el nombre de Códices del grupo Borgia. En forma sumaria me referiré a ellos. Recordaré antes los nombres con que se conocen y los lugares donde se guardan. Los más afines al llamado Borgia son el Vaticano B 3773 --por preservarse en la Biblioteca Vaticana-- y el Cospi o de Bolonia, existente en la Biblioteca de la Universidad de esta última ciudad. Un tanto diferentes, aunque ostentando algunas relaciones con el Borgia, están el llamado Laud --por el nombre de su último poseedor privado, William Laud, arzobispo de Canterbury--, hoy en la biblioteca Bodleyana de la Universidad de Oxford, y el Fejérváry-Mayer --también por los apellidos de dos de sus poseedores--, y actualmente en el Museo de Liverpool. A estos manuscritos debe sumarse otro --una sola hoja-- conocido como Del culto rendido al Sol, en la Biblioteca Nacional de París. Como puede verse, casi resulta una ironía que, con excepción de la referida hoja, los otros códices ostenten hoy nombres que absolutamente nada tienen que ver con su contenido. Tan sólo sería posible imaginar otra paradoja semejante suponiendo que a un manuscrito medieval europeo, digamos que una Biblia gótica, se le adjudicara el nombre de un indígena mesoamericano por el hecho de que fuera poseedor del mismo: ¡Biblia o códice Tlacahuepantzin! Volvamos ya al conjunto de estos códices. Pintados en largas tiras plegadas a modo de biombo, manufacturadas en unos casos con papel hecho de la corteza del amate y en otros aprovechando pieles de venado, a modo de pergaminos, cuanto se consigna en ellos guarda relación con los cómputos calendáricos del tonalpohualli, cuenta de los 260 días --básicamente de connotaciones astrológico-rituales-- la predicción de los destinos, el culto a los dioses, y las prescripciones acerca de las formas de ofrendas y sacrificios que debían hacérseles. En algunos casos se incluyen asimismo representaciones, acompañadas de referencias jeroglíficas, tocantes a aspectos sutiles de la antigua visión del mundo y de las interacciones de los seres humanos con el universo de la divinidad. A diferencia de otros códices prehispánicos, como los de procedencia mixteca en Oaxaca, en los manuscritos que integran el grupo Borgia no hay alusiones que permitan decir que, por lo menos, algunas de sus secciones tengan el carácter de crónicas. Su valor histórico es otro: en ellos se reflejan antiguas prácticas y tradiciones y se indican incluso las formas específicas cómo debían realizarse determinadas ceremonias e imprecaciones. A estos seis libros, las más tempranas producciones que se conservan del ámbito cultural de la región central de México, hay que sumar los otros cuatro, elaborados en la época que inmediatamente siguió al contacto con los hombres de Castilla. Dos se asemejan mucho en su contenido a los integrantes del grupo Borgia. Son éstos los que se conocen como Códice Borbónico, y Tonalámatl de Aubin. En el primero, además de consignarse otra cuenta de 260 días, con la representación de las deidades que presiden cada uno de los distintos períodos, se incluye también un elenco pictográfico que abarca lo más característico de las fiestas que se celebraban en cada una de las 18 veintenas que integraban el año solar. De este modo, el Códice Borbónico es fuente primordial para conocer la liturgia religiosa de los pueblos nahuas. El llamado Tonalámatl de Aubin, según lo indica su nombre, perteneció a Joseph Alexis M. Aubin, coleccionista francés que lo sustrajo de México en el siglo XIX. Su calidad de ámatl, papel y de tomalpohualli, conjunto calendárico de 260 días, se subrayan también en su designación. Comparando el contenido de este manuscrito con los registros que aparecen en los del grupo Borgia, pueden percibirse algunas diferencias pero también grandes semejanzas. Fundamentalmente el universo de los dioses es el mismo en todos estos libros. Para conocer los atributos de cada numen y para enterarse de los distintos rituales que les correspondían, así como para situar creencias y prácticas religiosas en función de la estructura calendárica, estos amoxtli o libros son de un valor inapreciable. Atendamos a los otros dos libros, provenientes de la época del contacto con los españoles. Uno de ellos, conocido como Matrícula de Tributos, constituye una compilación pormenorizada de lo que tenían que entregar a México-Tenochtitlan, en determinados períodos, los varios pueblos o provincias que le estaban sometidos. Así, al lado del registro de los glifos toponímicos se miran en él los signos que denotan los varios objetos que se tributan. Como puede suponerse, este manuscrito es de particular relevancia para el estudio de la vida económica prehispánica. Finalmente, el cuarto de los amoxtli, perteneciente a la misma etapa, muy cercana a la Conquista, tiene un contenido histórico. Dicho manuscrito se conoce con el nombre de Tira de la Peregrinación. En él se representa lo que fue la marcha de los mexicas o aztecas, desde su salida de la mítica Aztlan hasta llegar a Chapultepec. Acompañan a las pictografías de este documento diversas anotaciones jeroglíficas, tanto de contenido calendárico como referentes a los nombres de personas y lugares. Además de la Tira de la Peregrinación, se conservan otros códices asimismo de contenido histórico y de fechas relativamente tempranas en el siglo XVI. En varios casos se trata de copias de amoxtli o libros prehispánicos. Muestras de ellos las proporcionan los códices mexicas que ostentan los siguientes nombres: Azcatitlan, Mexicanus, Sigüenza, Vaticano A, Telleriano-Remense. En tanto que en los tres primeros la mayor parte del contenido versa sobre la peregrinación de los mexicas y otros temas afines, en los dos últimos, además de las referencias históricas que abarcan períodos mayores, se incluyen otros asuntos. En el Vaticano A hay una importante sección acerca de las edades cósmicas y de los orígenes primordiales y, tanto en él como en el Telleriano-Remense, se incluyen registros del tonalpohualli o cuenta de 260 días. Otros ejemplos de la documentación indígena existente los proporcionan los manuscritos de origen tetzcocano, también de contenido histórico, que versan sobre las vidas y actuaciones de varios de sus antiguos gobernantes. Entre ellos sobresalen los códices Xólotl, Tlotzin, Quinatzin, de Tepechpan y En Cruz9. Rasgo digno de especial mención es que en algunas de estas producciones, al lado de las pictografías y los signos jeroglíficos, hay glosas en nahuatl, consignadas con el alfabeto latino. Tales glosas son comentarios derivados de la tradición oral respecto de lo que se representa en los manuscritos. Estos se tornan así muestras plásticas de la antigua convergencia, descrita por frailes como Bernardino de Sahagún y Diego Durán, de lo que eran los testimonios de los códices y sus correspondientes comentarios preservados por la tradición. Fray Diego Durán notó a este respecto que en los antiguos centros de educación tenían grandes y hermosos libros de pinturas y caracteres de todas las artes, por donde las enseñaban...10 a los estudiantes. Por otra parte, el incipiente empleo, en varios de los códices que acaban de mencionarse, de glosas redactadas con el alfabeto latino, muestra el modo como se fue amestizando la producción de estos manuscritos indígenas. Esto es aún más visible en otros textos, debidos también a indígenas de idioma nahuatl. Un ejemplo extraordinario lo proporciona la llamada Historia Tolteca-chichimeca, procedente del pueblo de Cuauhtinchan, en el actual Estado de Puebla. En esta obra, a la par que se incluyen no pocas pictografías acompañadas de anotaciones jeroglíficas, se consigna también un largo texto en nahuatl escrito con el alfabeto latino. En dicho texto se preservan noticias históricas que van, desde la ruina y abandono de la metrópoli de Tula, donde había florecido el gran señor de los Toltecas Quetzalcóatl, hasta algunos acontecimientos posteriores al contacto con los hombres de Castilla. En esta Historia se incluyen además varias composiciones de gran interés para el conocimiento de la expresión literaria de los pueblos nahuas. Así, pueden citarse varios antiguos cantares y algunos discursos que allí se transcriben en su lengua original y cuentan entre las producciones a las que cabe asignar una antigüedad que, en varios casos, parece remontarse a los siglos XI y XII d.C.11.
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contexto
En esta región se inicia una etapa caracterizada por un gran dinamismo cultural, en la que el rasgo principal es el regionalismo, definido por territorios pequeños con sistemas de gobierno centralizado y por estados teocráticos que tienen su sede en centros urbanos incipientes. Como ya hemos dicho, en estas ciudades las técnicas hidráulicas de intensificación agrícola alcanzan un alto grado de desarrollo, y surge con mucha fuerza la especialización en variadas artesanías, como cerámica, textil, metalurgia, etcétera.
obra
La obra es un desarrollo posterior al diseño del Matrimonio del Cielo y el Infierno, y tiene el mismo estilo. Su estilo es complejo y tiene una conexión con la acuarela de Los y Orc, y el diseño del Preludio de América. Todo esto hace posible identificar a la figura atada como Orc, y aparece más mayor que en el diseño de América, pero no tan viejo como en el grabado de 1795. La otra figura que aparece en la obra es Los.
museo
Las colecciones de artes aplicadas del LACMA (Los Angeles County Museum of Art) están entre las mejores del mundo. También destacan los grabados y dibujos expresionistas alemanes así como el pabellón de Arte Japonés con grabados y cerámicas. Resulta sorprendente la Fearing Collection de máscaras funerarias y estatuillas de dioses protectores procedentes del México precolombino. Entre sus colecciones de pintura hay obras de Goya, Georges de La Tour, Rembrandt, Rosso Fiorentino, Hubert Robert, Degas, Gauguin y Cézanne.
contexto
El animal más representado es el caballo, "Equus caballus", en cuyas imágenes se han querido ver diferentes variedades o subespecies que, en su mayoría, no eran seguramente más que adaptaciones al medio. Se trata del équido que ampliamente pobló el hemisferio norte durante los tiempos paleolíticos, principalmente las estepas de Eurasia y del que proceden las variedades modernas. A causa del aumento postglaciar de las zonas boscosas, a partir del 10.000 a. C. fue entrando en estado de regresión en dichos territorios, en los que mucho después sería domesticado. Las pretendidas variedades no resisten un examen osteológico y todo lo más que se puede decir es que se trata de un animal polimorfo. Una de sus formas salvajes es el caballo Przewalski, que aún vive en las llanuras de Mongolia, variante del tarpán occidental que se extinguió en los siglos XVIII y XIX (Polonia y Ucrania). Probablemente es el tarpán el representado en el arte paleolítico de Lascaux o en el de Niaux: cuerpo y cuello rechonchos, patas cortas y anchos cascos, cabeza pequeña y crines oscuras, y pelaje más abundante que en el caballo moderno. Otra variante era de mayor altura y aspecto más grácil. Este es el caso de los caballos de Tito Bustillo que, además, como caso excepcional, presentan cebraduras en las patas. El número total de caballos representados por los artistas paleolíticos supera los 600. Esta tendencia y la enorme cantidad de sus restos en los yacimientos, hicieron que Piette, en sus tanteos para establecer una nomenclatura del Paleolítico, hablara de la época "hipiquienne". Las imágenes de équidos fueron muy bien estudiadas por Capitan, Breuil y Peyrony en su monumental monografía de "Les Combarelles". Hay que señalar dos équidos de largas orejas, uno en Lascaux y otro en Trois-Fréres, que pueden representar el asno salvaje, "Equus hydruntinus". Al caballo le sigue en número de representaciones el bisonte. Sus formas proceden del "Bison schoentensacki", del Pleistoceno medio, de tamaño mediano, del que derivaron "Bison priscus" en el Pleistoceno medio y superior, de talla grande, extendido por todo el hemisferio norte, y "Bison bonasus" en el Holoceno, que vuelve al tamaño antiguo. Este último es propio de Europa, mientras que "Bison bison" es americano, pero ambos constituyen una sola especie, pues son interfecundos. Son animales que viven en manadas en estepa abierta o en zonas semiboscosas. Se distinguen de otros bóvidos por el volumen de su parte delantera, con acentuada jiba y abundante masa pilosa. En invierno se cubren con librea de espeso pelaje que pierden en primavera. En la parte inferior del cuello y debajo de la cabeza tienen una cortina de largos pelos que, junto a la boca, es una verdadera barba. Pueden distinguirse variantes según la forma de la cornamenta, pero en realidad son difíciles de distinguir e incluso sus restos óseos son confundidos con frecuencia con los del uro. El "Bison bonasus" pervive en reservas como la de los bosques de Bialowieza (Polonia) o las del Cáucaso (Unión Soviética). Naturalmente, el lector español tiene presentes los bisontes bicromos de Altamira, pero también cabe recordar los expresivos grabados de Altxerri o las bellas siluetas en negro de este animal en Niaux, entre muchos otros ejemplos. Entre los bóvidos figurados en el arte paleolítico se encuentra al lado del bisonte el uro, palabra céltica (Ur o Ure) que ha dado al latín Urus, también llamado aurochs, el toro salvaje cuyo nombre científico es "Bos primigenios". Es la especie de la que derivan las formas domésticas. Originario del subcontinente indostánico, durante el Pleistoceno se extendió por Eurasia y Africa con notables variantes. Durante el Pleistoceno superior, en la Europa occidental vive sobre todo en épocas de clima más templado que las que fueron favorables al bisonte y al reno, aunque todos estos animales convivieron como demuestra el arte paleolítico. El toro era de tamaño mayor (hasta 2 m en la cruz), con pelaje de color oscuro, mientras que la vaca era menor, de color más claro y con una línea blanca en el dorso. Vivió en el centro de Europa hasta la Edad Media y los últimos ejemplares fueron exterminados en Polonia a finales del siglo XVII. Experimentalmente ha sido reproducido en los parques zoológicos de Berna, Munich y Berlín. Es un animal bien representado en el arte paleolítico. Destacan las bellas figuras de Lascaux, donde, curiosamente, supera en mucho el número de bisontes (87 uros y 20 bisontes), al revés de Font de Gaume (ocho uros y una cincuentena de bisontes). Algunos de los ejemplares de Lascaux son atribuidos a "Bos longifrons", pero las diferencias entre las formas macizas y las gráciles de esta cueva pueden explicarse por el dimorfismo sexual. Muy escasamente conocido de los artistas paleolíticos, el toro almizclado, "Ovibus moschatus", vivió en la Europa central y sólo esporádicamente llegó a la occidental. Sus representaciones son generalmente discutidas. Parece innegable la cabeza esculpida en un bloque de Laugerie Haute. La cabra montés, frecuente en España y en el suroeste de Francia en el Paleolítico, pertenece al género Capra emparentado con el género Ovis (muflón y carnero), incluidos en los "Caprini Simpson". Esto se debe a sus semejanzas osteológicas que hacen que se les reúna en la categoría usual, pero taxónomicamente incorrecta, de los Ovicaprinos (confusión frecuente para las especies domésticas). La vida del género Capra va unida a los relieves complicados. En él se incluyen varios grupos. El ibex tiene dos formas: la de los Alpes (Capra ibex ibex) la de los Pirineos (Capra ibex pyrenaica). Pero hay variantes que se encuentran en lugares muy lejanos como Siberia, Mongolia, y el Próximo y Medio Oriente. Durante los períodos fríos del Pleistoceno medio y superior, a causa de las condiciones climáticas, las cabras monteses descendieron a zonas de baja altitud, aunque sin extenderse a las grandes llanuras. Entonces fueron objeto del interés de los cazadores paleolíticos que muchas veces las hicieron figurar en sus santuarios. Tenemos bellos ejemplos en Pair-non-Pair, El Castillo, Cougnac, etc. La gamuza o rebeco, "Rupicapra rupicapra", con los cuernos cortos y apuntados hacia adelante, únicamente está representado en el arte mueble, aunque sus huesos están presentes en algunos yacimientos paleolíticos pirenaicos. En la lista, con una cifra aproximada a la de la cabra montés, sigue el reno, "Rangifer tarandus". Se trata de un cérvido adaptado a los rigurosos climas glaciales y su ancha pezuña se acomoda a la marcha sobre la nieve. En los dibujos cuaternarios es claramente diferenciable del ciervo. Sobre sus subespecies se ha discutido mucho: la antigua clasificación en reno de tundra y reno de bosque se emplea cada vez menos: Las astas del reno tienen una forma de gancho curvada y fueron bastante utilizadas por los paleolíticos para fabricar objetos de arte mueble. Estas astas incluyen un candil de ojo (encima del ojo) y otro para escarbar el hielo (encima del precedente). Contrariamente a lo que ocurre con otros cérvidos, la hembra luce astas, más pequeñas y ligeramente aplanadas. El macho las pierde en otoño y la hembra en primavera. Los artistas paleolíticos representaron las diferentes tonalidades de su pelaje (Font de Gaume, La Mouthe, Tito Bustillo). El reno, de origen americano, es escaso durante la glaciación de Mindel, pero se hace ampliamente dominante en Europa durante la glaciación de Wümz, en particular en su segunda mitad. A esto se debe la denominación de "Edad del Reno" con la que en ocasiones se designa el Paleolítico superior, con su culminación en el Magdaleniense. Se encuentra entonces en regiones hoy en día templadas como el suroeste de Francia y en otras más septentrionales, llegando a constituir el 90 por 100 de los huesos hallados en los yacimientos. En los niveles arqueológicos de la cueva de Lascaux es abundante, en contraste con los animales representados en la misma cueva. Se creía que no había pasado los Pirineos, pero su identificación en la cueva de Las Monedas, y posteriormente en la de Tito Bustillo, demuestra que llegó hasta la zona cantábrica en el Paleolítico superior avanzado. Insistimos en el contraste entre la cantidad de sus restos en los yacimientos y el número de sus representaciones, aunque hay buenos ejemplos, junto a los de las cuevas citadas, en Gabillou, Limeuil, Marsoulas, Les Combarelles y Font de Gaume. Al final de los tiempos fríos del Würm, el reno se retiró a las regiones circumpolares del Antiguo y del Nuevo Mundo (caribú), que constituyen su hábitat actual. A diferencia de los bóvidos, los ciervos son rumiantes que tienen astas dendriformes sobre la cabeza. Las astas son atributo del macho que las pierde cada año, en otoño, que se renuevan, se amplifican y se complican. Son animales que viven en un medio ecológico de bosque, que han sido cazados en todas las épocas y no han podido ser domesticados. El ciervo elafo, "Cervus elaphus", también llamado ciervo rojo, en su primer año (cervato, con la piel moteada) no tiene astas; en su segundo año lleva un par de simples puntas. En años sucesivos las astas se van complicando hasta llegar a diez o más ramificaciones. Pero la recargada cornamenta de algunas representaciones de ciervo puede deberse a una licencia del artista. Puede serlo asimismo la representación de la cabeza, de hocico relativamente afilado, carácter que a veces se acentúa mucho en ciertos grabados (El Castillo). El ciervo aparece en Europa en el Pleistoceno medio (Mindel) y no deja de estar presente durante todo el Würm, a pesar de la crudeza del clima. Durante el Paleolítico superior hay, al parecer, una cierta alternancia entre ciervo y reno. Sus representaciones son abundantes en la región cantábrica (cuevas de Las Chimeneas, La Pasiega, El Castillo, Covalanas, etcétera). Más tarde, durante el Epipaleolítico, con el aumento de las zonas boscosas, prolifera. Un cérvido representado en muy pocas ocasiones en el arte paleolítico (cuevas de Cougnac y Pech-Merle), es el megaceros, ciervo gigante, "Megalocerus hibernicus", de gran tamaño y astas palmeadas de hasta tres metros de envergadura. En cuanto al alce, "Alces latifrons", de mucha altura, con astas cuya envergadura podía rebasar los cuatro metros, parece que no fue modelo para los artistas del Paleolítico superior, ni en el arte parietal ni en el mueble, a no ser que se admita como tal una discutida figura de Pergousset o dos figuras grabadas sobre hueso de Gourdan. A un miembro de la familia de los antilopinos, el saiga, "Saiga tatarica", se ha atribuido una figura del techo de Altamira que, por sus cuernos, hay que identificar como bisonte. Con sólo un 3 por 100 en la estadística, los osos figuran en la temática del arte paleolítico, aunque no en abundancia. El oso es un carnívoro plantígrado de tendencia omnívora. Del "Ursus etruscus" del Villafranquiense derivaron varias subespecies, dos de las cuales vivieron en la Europa del Pleistoceno superior. El "Ursus spelaeus" llegó a ser un animal de gran tamaño, cada vez más pesado, con grandes sinus frontales y principalmente vegetariano. La otra subespecie es el "Ursus arctos", oso pardo, animal de bosque, bien conocido, pues ha pervivido hasta la actualidad. Ambas especies invernaban en las cavernas, donde han dejado abundantes restos. En ellas, las hembras parían sus crías. En las paredes de este hábitat cavernícola dejaron millares de huellas de sus zarpazos que, con frecuencia, se entremezclan con los grabados de mano humana. No se sabe en qué momento se extinguió el oso de las cavernas, habiéndose dicho que no fue representado por los artistas paleolíticos, cosa que parecen contradecir varias figuras de Les Combarelles y una de Las Monedas. En cambio, parecen atribuibles a oso pardo un ejemplar con su cría, de silueta difuminada, de la cueva de Ekain, los de Gabillou, Teyjat, Venta de la Perra, Santimamiñe, varios en el arte mueble de La Colombiére, y una pequeña figura negra de Lascaux. Aunque llegada a nosotros en malas condiciones de conservación, hay que citar asimismo la estatua en arcilla de un oso de la cueva de Montespan, de 1,40 metros de altura. El llamado león de las cavernas, "Felis (Panthera) (Leo) spelaea", que acaso es mejor llamar simplemente felino, es un animal representado por una cabeza de hocico cuadrado, grandes orejas redondeadas y grandes caninos. Además de algunos ejemplos en el arte mueble, se conocen una treintena de figuras parietales, de las que seis se hallan en Lascaux, cuatro en Les Combarelles y dos en Gabillou. En el ejemplar de Labastide, el felino, con las fauces abiertas, muestra sus potentes caninos. Además, conocemos unas pocas figuras de otros carnívoros, como el glotón, "Gulo gulo", de la cueva de Los Casares, también presente en una figurilla de Jarama II; y el lobo, "Canis lupus", representado en las cavernas de Les Combarelles y de Font de Gaume y quizá en la cueva de La Haza. En Altxerri, existe una representación de zorro, "Vulpes vulpes" y un mustélido, acaso una garduña, fue descubierta en la galería Clastres de Niaux. Hay que mencionar también el mamut, "Mammuthus primigenius", un gran paquidermo de largo y espeso pelaje y defensas curvadas que podía alcanzar tres metros de altura y que vivió en Europa durante toda la glaciación de Würm. En relación con la altura, la longitud del cuerpo del animal era relativamente corta. Los hombres del Paleolítico superior lo cazaron para su alimentación e incluso aprovecharon sus osamentas y defensas para construir cabañas, en particular en la Europa oriental. Se pensaba que los artistas paleolíticos no lo habían representado mucho, pero el descubrimiento de la cueva de Rouffignac, con su centenar de mamuts, proporcionó un conjunto iconográfico precioso. En el arte mueble es abundante: Bruniquel, Laugerie Basse, La Madeleine, etcétera. En algunas cavidades -Arcy-sur-Cure, Pech-Merle, Bernifal-, el mamut es el animal más representado. Este animal rebasó las barreras de los Alpes y de los Pirineos. Al final de los tiempos glaciales emigró hacia regiones septentrionales frías. En Siberia se han encontrado en el hielo algunos individuos enteros y bien conservados. Durante mucho tiempo se pretendió que el elefante de colmillos rectos, "Palaeoloxodon antiquus", había persistido en la Península Ibérica hasta el Paleolítico superior. Las dos figuras que lo hacían suponer se encuentran en las cuevas del Castillo y del Pindal. Ambas no presentan los colmillos que permitirían su identificación y están faltas del pelaje característico. En realidad el ejemplar del Castillo es una pequeña y simple silueta que presenta las formas hinchadas de los proboscídeos jóvenes. El del Pindal es otra silueta sencilla, pero de mayor tamaño, con una mancha de color en el interior (identificada a veces como el corazón). En ambas representaciones hay que reconocer un mamut, aunque les falte el pelaje que en la región cantábrica acaso perdían estacionalmente (un mamut de Cougnac tampoco presenta pelaje). En cambio es un mamut típico el representado en la cueva de Los Casares, en la provincia de Guadalajara. El rinoceronte lanudo, "Rhinoceros tichorhinus" (también designado como "Coelodonta antiquitatis"), animal que vivía en la estepa abierta, estaba particularmente adaptado al riguroso clima glacial. Era de gran tamaño, con abundante pelaje lanudo que casi le cubría las patas, y con dos cuernos muy avanzados en la parte delantera de la cabeza. Ocupó toda Eurasia durante el Paleolítico superior y se han conservado cuerpos en los hielos de Siberia y en turberas y yacimientos de okocerita de Polonia y Rusia. Los artistas paleolíticos lo representaron poco, en total una veintena de figuras, pudiéndose mencionar los ejemplares de Rouffignac (más de la mitad de los veinte), Lascaux, Trois-Fréres, Los Casares y Font de Gaume. También hay representaciones de este animal en el arte mueble, como por ejemplo en La Colombiére, dos muy notables, uno de ellos herido por flechas. Como algunos de los citados, el resto de los animales corresponde a cifras muy pequeñas, a veces inferiores al 0,2 por 100. En esta categoría se incluyen las escasas aves representadas. Hay que citar las lechuzas de nieve de Trois-Frères y la de Le Portel, el ganso de Labastide y la posible avutarda de Roc de Sers. También los peces son raros: salmones en Le Portel y en el relieve de Gorge d'Enfer, truchas de Niaux, lucio de Pech-Merle, delfines de Nerja, platijas, dorada y salmónido de Altxerri, e indeterminados de Mas d'Azil. El del Pindal es un salmón, pero con unas extrañas aletas en forma de hoz que podrían ser de un atún. El de La Pileta, cerca de la Gran Sima, tiene 1,5 metros de longitud y representaría una breca o un barbo. En la misma cueva, en el Divertículo de los Peces, hay otras figuras muy perdidas. También son difíciles de determinar otros peces de la caverna de Nerja. En el arte mueble los peces son más frecuentes. Sólo en él están presentes los reptiles, a no ser que se consideren serpientes algunos largos trazos ampliamente ondulados de Rouffignac, La Pileta y alguna otra cueva. Entre los animales raros o dudosos hay que citar, asimismo, la foca. Hay varias representaciones en el arte mueble: La Vache, Brassempouy y Montgaudier entre otros. Al arte parietal corresponderían dos enigmáticas figuras de La Peña de Candamo. En la categoría de los animales raros o escasos entran los jabalíes (Altamira, Parpalló, La Peña de Candamo). Tenemos también que mencionar la categoría de los llamados "monstruos", en la que se reúnen figuras de caracteres compuestos o cuya identificación no es posible. En alguna ocasión se trata de malas interpretaciones en la lectura de las obras de arte, como ocurrió con el llamado "agnus dei" -extraño caballo con la cabeza vuelta hacia atrás-, de la cueva de Pair-non-Pair, en realidad cuerpo y parte delantera de dos animales distintos. Es muy posible que con estas figuras los paleolíticos representaran animales míticos o imaginarios. Tal podría ser el caso del denominado "licornio" de Lascaux que es un animal sin cola, de vientre abultado, con la cuadrada cabeza coronada por dos largos cuernos paralelos y rectos. Un grabado del Tuc d'Audoubert constituye otro ejemplo. Tiene unos cortos cuernos curvados, una oreja muy grande y un hocico que podría ser de un saiga o de un alce. Figuras de este tipo se encuentran en Le Combel de Pech-Merle, con una fila de animales compuestos, o en Roc de Sers, con un bisonte esculpido que tiene cabeza de jabalí. No se incluyen aquí las imágenes compuestas, más o menos humanoides. Quedan evidenciadas la abundancia, la escasez o la falta absoluta de ciertos animales en el arte paleolítico, que demuestran las preferencias de los artistas y que no reflejaban el ambiente faunístico en que vivían. Las cifras correspondientes, sumadas a la situación de las figuras dentro de las cuevas, son argumentos importantes en las doctrinas interpretativas de A. Leroi-Gourhan.
contexto
En Italia, el terrorismo revolucionario se expandió en la atmósfera de desorden y violencia que acompañó a los ciclos de protesta de masas de 1968-71 (coincidente con la agitación universitaria en toda Europa) y 1977-79, movimiento de autonomía universitaria y obrera específicamente transalpino. Aunque el momento culminante de la violencia política fue 1980-81, el ciclo terrorista mostraba por esas fechas síntomas evidentes de agotamiento. Como en otras latitudes, el caldo de cultivo del terrorismo fueron las propuestas ideológicas de grupos intelectuales de la "nueva izquierda" como Lotta Continua, Potere Operaio y Autonomia Operaia, que dirigieron desde finales de los sesenta la protesta de la juventud universitaria contra un sistema político afectado de parálisis y ausencia de verdaderas alternativas de poder.El primer gran atentado se produjo el 12 de diciembre de 1969 en una oficina bancaria situada en la piazza Fontana de Milán. Un hecho violento aún no dilucidado plenamente, pero que puede interpretarse como la respuesta de los sectores de extrema derecha a las movilizaciones estudiantiles y a las victorias sindicales en el "otoño caliente" de 1969. Las Brigate Rosse (BR) nacieron en octubre del año siguiente y, poco a poco, fueron sumergiéndose en una campaña de violencia que, junto a la grave crisis social de comienzos de los setenta, a las provocaciones neofascistas y a los complots desestabilizadores urdidos en el seno del aparato del Estado, persuadió a algunos observadores políticos de que el régimen democrático italiano caminaba hacia una crisis irreversible y definitiva.Las BR se establecieron inicialmente en las zonas industriales del norte de Italia, concretamente en Milán y Turín. Sus militantes de primera hora eran obreros, empleados públicos, profesores y estudiantes de clase media (a menudo procedentes de medios católicos), desarraigados del medio urbano y trabajadores precarios, unidos por experiencias comunes en movimientos de protesta vecinal, estudiantil, feminista, etc. Las primeras acciones violentas de las BR se centraron en la explotación de los conflictos laborales: bombas en autos de directivos o camiones y sabotaje industrial. Fue el período de la propaganda armada: una violencia de baja intensidad que no contó con el apoyo mayoritario del movimiento obrero. En 1972, la presión policial obligó a las BR a entrar en la clandestinidad y a ensayar dos años más tarde un verdadero giro organizativo, estratégico y teórico, dejando a un lado su aspiración a ser la expresión armada de las luchas obreras reales y pasando a preconizar la lucha abstracta contra el Estado capitalista de las multinacionales. Su primer gran golpe fue el secuestro y el juicio popular, en abril de 1974, del magistrado Mario Sossi; acción perfectamente organizada que otorgó a las BR notoriedad a escala nacional. La previsión para 1975-76 era incrementar la acción terrorista, pero los principales dirigentes brigadistas fueron arrestados en septiembre de 1974. Fue entonces cuando surgió una nueva generación de dirigentes, menos especulativos pero más eficientes en la gestión de la violencia que sus románticos predecesores. Las BR pusieron a punto en 1976-78 una nueva estructura militarizada en columnas (Turín, Milán, Génova, Véneto, Roma y Nápoles), brigadas y células de activistas regulares o clandestinos, todo ello bajo el control de un Comité Ejecutivo y de una Dirección Estratégica. A pesar de la pérdida de sus fundadores, las BR lograron recomponer su organización gracias al histórico Mario Moretti, y cambiaron de estrategia, saliendo de las fábricas para golpear al corazón del Estado.Desde 1976, el nuevo ciclo de protesta social y de movilización estudiantil ofreció la cobertura idónea para una nueva ofensiva terrorista. Aparecieron nuevos grupos armados, como Prima Linea (creada en Milán a fines de 1976 por Sergio Segio) y otras organizaciones menores, más receptivas hacia las inquietudes del movimiento de protesta estudiantil autónoma, y que en los dos años siguientes practicaron la táctica del terrorismo difuso y semilegal, con amenazas y agresiones individualizadas. El incremento de la violencia colectiva permitió un nuevo apogeo de las BR, ahora dirigidas bajo estrictas reglas de clandestinidad por una dirección que organizaba con fino detalle burocrático los atentados, los secuestros e incluso los salarios y las vacaciones de sus activistas. El 16 de marzo de 1978, un fuerte contingente de brigadistas y ex militantes de los NAP, dirigidos por Moretti, asestaron el golpe más espectacular de estos años de plomo: el secuestro del presidente de la Democracia Cristiana, Aldo Moro, precisamente en el momento en que estaba negociando un Gobierno de solidaridad nacional con apoyo parlamentario comunista.Tras 55 días de agonía colectiva, en que las BR emitieron varios comunicados sobre el transcurso del juicio popular, y diversos mensajes del secuestrado sembraron la discordia entre los partidarios de la negociación (PSI) y de la firmeza (PCI y Gobierno democristiano), el cadáver de Moro fue descubierto el 9 de mayo. Sin embargo, este innegable éxito político y militar marcó el comienzo del declive de las BR, trufadas ahora de activistas autónomos menos formados ideológicamente e incapaces de someterse a las estrictas reglas de actuación de la banda. Las acciones violentas comenzaron a saldarse con repetidos fracasos, debidos al caos interno, pero también a la reacción del Estado. La denominada Ley Reale de 22 de mayo de 1975 permitió los registros personales sin mandato judicial, amplió las facultades de las fuerzas de seguridad, estableció medidas cautelares como los confinamientos y amplió los plazos de la prisión preventiva.Una nueva ley, promulgada el 18 de mayo de 1978 bajo el impacto de la muerte de Moro, estableció la militarización de las cárceles, la potestad de clausura gubernativa de las sedes políticas sospechosas, los interrogatorios policiales sin presencia del abogado defensor, los registros y la intervención de las líneas telefónicas. La vertiente estrictamente policial del problema fue objeto de atención preferente. En 1973 se había constituido la primera unidad especial antiterrorista bajo el mando del general Carlo Alberto Dalla Chiesa; en 1974, un Inspettorato Centrale y, en enero de 1978, se estableció una nueva central de operaciones antiterroristas: el Ufficio Centrale per le Investigazioni e le Operazioni Speciali.Sin embargo, los años 1978-80 fueron los de terrorismo más intenso. El 6 de febrero de 1980 se promulgó una ley sobre Medidas urgentes para la tutela del orden democrático y de la seguridad pública, pero el 12 de diciembre las BR raptaron a Giovanni D'Urso, juez penitenciario que fue liberado el 15 de enero de 1981 después que el Gobierno hiciera alarde de una flexibilidad que no había mostrado en el caso Moro. En otoño de ese año, las BR disponían aún de cuatro columnas activas con medio millar de activistas. Una fuerza aún temible, pero que carecía de una verdadera dirección central, ahora minada por las disensiones entre el ala "histórica" (Renato Curcio) en prisión desde mediados de los setenta, la "movimientista" liderada por Moretti (que fue arrestado en abril de 1981), la "autónoma" (representada por el ex profesor de criminología Giovanni Senzani) en ascenso desde 1977 y la "obrerista", partidaria del retorno al sindicalismo armado de fábrica. El resultado fue la anarquía, la descomposición interna y la huida hacia adelante de algunos grupos que, a imagen de las bandas terroristas alemanas o belgas, desviaron su atención en los primeros años ochenta hacia objetivos de la defensa militar occidental. El secuestro por la columna brigadista de Venecia del general norteamericano James Lee Dozier, jefe de Estado Mayor logístico de la OTAN en el sur de Europa (17 de diciembre de 1981), y su liberación por una escuadra especial de "carabinieri" el 28 de enero de 1982, marcó el definitivo declive de las BR; en paralelo con la recuperación económica, la más certera acción policial y la proliferación de la figura del "pentito" (arrepentido).
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A partir de los años cincuenta, el Régimen empieza a suavizar su control. Gráfico
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Durante sus primeros años, el Franquismo ejerce un ferreo control sobre toda la vida social. Gráfico
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La última etapa de la vida del georgiano ha podido ser descrita como un estalinismo llevado a sus últimas consecuencias. En este período el mito de Stalin invadió toda la vida soviética; no escribía y no se le veía en ceremonias públicas, pero su leyenda había crecido hasta la desmesura más absoluta. Era como una especie de fantasma que planeaba sobre el conjunto del mundo soviético pero que no siempre estaba al frente de la concreta toma de decisiones. Su salud se había hecho precaria: tras la guerra, sufrió un infarto leve y a partir de entonces se preocupó de su salud, tomando períodos de vacaciones en el Mar Negro. En la fase final de su vida, su rostro se había vuelto rojo y congestionado, como consecuencia de una hipertensión que en absoluto se cuidaba, aunque recurriera a procedimientos caseros como el uso de hierbas medicinales y tintura de yodo. La expresión de su mirada oscilaba entre la demencia y el temor. Resulta muy posible que algunos de los aspectos de su actuación política de estos años resulten explicables por la carencia de reflejos del dictador para resolver sus propios problemas. Lo que le sucedió con la Yugoslavia de Tito, con Berlín y con Corea parecen ser pruebas de esa incapacidad de reacción adecuada ante los acontecimientos. Ciertamente, en otros tiempos había mostrado unos reflejos muy superiores. La decadencia vital de Stalin se pudo apreciar también en su necesidad de huir de la soledad, aunque viviera en ella la mayor parte del tiempo. En efecto, el dictador habitaba aislado su dacha de las cercanías de Moscú, evitando acudir al Kremlin. Su secretario, Poskrebychov, era su principal contacto con el exterior y, en realidad, tenía unos poderes muy superiores, por ejemplo, a los del propio Secretariado del Comité Central. Al final de su vida, Stalin quiso reconstruir su familia: instaló cerca de él a su hija y trató de curar el alcoholismo de su hijo, pero fracasó en ambos casos. Necesitaba el contacto con otros seres humanos y, al mismo tiempo, daba la sensación de que no podía soportar relaciones estrechas con otras personas, dada su recelosa actitud, que llegaba hasta la psicopatía. Gustaba de reunir en su entorno a sus viejos compañeros revolucionarios, pero éstos le recordaban de forma inevitable su envejecimiento. A menudo les acosaba con invitaciones, pero ellos tenían razones para pensar que también los veía como potenciales enemigos. Unos enemigos que, en realidad, no eran otros que su avanzada edad y su mal estado de salud. La mejor imagen de esta época de su vida la ofrecen las memorias de Kruschev. "En esta época -escribió su sucesor en el poder- no importaba qué cosa podía sucedernos o no importaba a cuál de nosotros. Se iba a las reuniones en la dacha de Stalin porque no había más remedio, pero no se sabía si acabarían en una promoción personal, la detención o incluso el fusilamiento. Stalin elegía entre nosotros un pequeño grupo que mantenía siempre cerca de él. Había también un segundo grupo al que se apartaba por tiempo indefinido y al que no se invitaba nunca para castigarle: cualquiera de nosotros pasaba de un grupo a otro de un día a otro. Si había algo peor que cenar con Stalin -añadiría- era estar de vacaciones con él, porque en esos momentos todavía resultaba más absorbente". Milovan Djilas, destinado con el paso del tiempo a convertirse en famoso disidente, visitó a Stalin en los años de la posguerra y encontró que hablaba de Rusia más que de la URSS y que lo hacía, además, con un evidente tono de superioridad. Los larguísimos banquetes con los que obsequiaba a sus colaboradores y visitantes extranjeros parecían ser su única diversión, en medio de lo que Djilas describió como "una lucha incesante y horrible por todos los lados entre sus propios partidarios y colaboradores". Este ambiente todavía se agudizó más en los últimos años de su vida, que revisten un aire patético e incluso grotesco si no fuera porque millones de seres humanos padecían bajo su régimen. Quienes acudían a esos encuentros, normalmente tras una larga jornada de trabajo, no encontraban más que aparentes muestras de compañerismo de antiguos camaradas políticos, pero en realidad había un trasfondo de confrontación política y, sobre todo, por parte del dictador una mezcla de necesidad de relacionarse y un deseo de tener cerca a personas que dependían estrictamente de él y cuyo poder se podía multiplicar o volatilizar con un solo acto de su voluntad. La frecuencia de estas larguísimas reuniones contribuyó a deteriorar todavía más su mala salud, mientras el país seguía careciendo de un normal desarrollo en su vida política de la URSS. "Atrincherado en un aislamiento soberano -ha escrito Medvedev- ignorando las realidades del país, Stalin llegó a una situación en que la más mínima de sus intervenciones siempre tenía como consecuencia desorden y confusión". Los cuatro últimos años de su vida fueron, en realidad, de seria crisis para el régimen político que había fundado. Si siguió siendo un personaje aparentemente racional en la relación con los líderes de otros países, al mismo tiempo dio más que nunca la sensación de haberse convertido en un paranoico en sus planteamientos y actuación con respecto a la política interna. En esos años no hizo otra cosa, en efecto, que enfrentar a sus colaboradores entre sí. Stalin se comportaba como un gato jugando con los ratones, que dedicaba su tiempo a la perenne táctica de contemplar sus disputas, en la seguridad de que podía eliminarlos cuando quisiera. Las conspiraciones que necesitaba fabular, eligiendo a sus supuestos principales responsables entre sus colaboradores, resultaban cada día más absurdas e insostenibles. Pero, al mismo tiempo, cabe encontrar una lógica interna en su forma de comportarse. Quizá creía que su poder peligraba más de lo que resultaba lógico pensar o deseaba prolongar su vida proyectando hacia el futuro su forma de comportarse hasta el momento. Posiblemente, quería también renovar la clase dirigente del régimen con elementos más jóvenes. Sea como sea, a todos los especialistas les da la impresión de que se aproximaba una nueva purga, en la que eliminaría a una parte de la vieja guardia matando a algunos y destituyendo a la mayoría mientras que promovería a otros. Éstos serían probablemente los más jóvenes. Si ya hemos visto que la lucha interna en el seno del régimen se concretó hasta 1950 en una serie de conflictos en la cumbre del poder, la situación perduró en la siguiente etapa. Desde 1947, fecha en que llegó a Moscú, Kruschov había venido incrementando su influencia, pero es posible que Stalin personalmente le despreciara, porque con frecuencia lo ridiculizaba en público o que sólo se sirviera de él para contrapesar la influencia de Malenkov. De cualquier modo, lo que parece probable es que los sujetos pacientes de la previsible purga serían altos cargos del pasado, como Molotov, Mikoyan y Vorochilov. De los dos primeros, el propio Stalin llevaba mucho tiempo diciendo que eran espías, señal más que evidente para presagiar su caída en desgracia. La situación había cambiado mucho desde finales de los años cuarenta, cuando Molotov era tratado por Stalin con una excepcional familiaridad. El XIX Congreso del PCUS, reunido a fines de 1952 tras muchos años de aplazamiento, hizo que los viejos dirigentes del partido se viesen sumergidos por oleadas de recién llegados. Stalin, en efecto, creó un órgano de dirección muy nutrido -hasta treinta y seis miembros- en el que aparecían personas relativamente jóvenes. Eso creaba la posibilidad de un relevo en la suprema dirección. En el Congreso se hizo patente también la sensación de que se abría un respiro en la lucha con el capitalismo, lo que hubiera podido también significar un traslado de la atención hacia la política interior. Finalmente, a comienzos de 1953, dio la sensación de iniciarse el camino hacia uno de esos paroxismos característicos del estalinismo que concluían en una purga. En enero de 1953, fueron detenidos nueve médicos, de los que siete eran judíos. Se les acusó de crímenes recientes y también antiguos, que se remontarían hasta la muerte de Zdanov. El antisemitismo jugó, por tanto, un papel importante en la denuncia. Desde el final de la guerra, Stalin había empezado a excluir a los judíos del partido. Ya en 1948 fue detenida casi la totalidad de los miembros del Comité Judío Antifascista. Podría, por otra parte, haber influido en lo sucedido el hecho de que, tras el nacimiento del Estado de Israel y la llegada a Moscú de Golda Meir como su primera embajadora, Stalin descubriese entre la población judía rusa un mayor grado de vinculación con aquél que con el propio régimen soviético. Pero lo importante no fue esta acusación concreta -que, cuando Stalin desapareció, se esfumó rápidamente- sino las consecuencias políticas que podría tener en forma de depuración de dirigentes políticos. Pero ésta no pudo llevarse a cabo porque Stalin murió el 5 de marzo de 1953 tras un ataque de apoplejía. Sus últimas horas, cuando ya lo había padecido, estuvo aislado sin que nadie se atreviera a dirigirse a él para preguntarle por su estado. La muerte de Stalin produjo un profundo vacío en la sociedad soviética acompañado por un indudable sentimiento de temor ante el futuro. Su herencia fue perdurable, en primer lugar, en las propias instituciones de la Unión Soviética, pues si bien es cierto que el terror se mitigó o incluso se diluyó con el transcurso del tiempo, la dirección económica debió tener más en cuenta las exigencias del consumo, desapareció el sistema de las purgas periódicas e incluso las opciones políticas que se presentaron de forma inmediata fueron reformistas, lo cierto es que en lo esencial los cambios no introdujeron una variación sustancial en el sistema político, que siguió siendo dominado por una minoría minúscula que ejercía un poder omnímodo e ilimitado. En este sentido, el disidente yugoslavo Milovan Djilas escribió que "a pesar de los ataques contra su persona Stalin vive todavía en los fundamentos sociales y espirituales de la sociedad soviética". Sobre el estalinismo se emitieron a continuación muchos juicios denigratorios, pero que a menudo venían acompañados también por otros exculpatorios en el sentido de que se basaban en justificar la dureza de la dictadura en el estado social de la Rusia zarista, en haber hecho perdurar el componente reivindicativo de la revolución de 1917 o en atribuir, como hicieron los comunistas en un primer momento, únicamente al "culto a la personalidad" los males derivados del sistema político. En realidad, el estalinismo tan sólo puede ser entendido poniéndolo en relación con el sistema ideológico que lo hizo posible. El sucesor de Lenin hubiera podido ser una persona muy distinta a Stalin pero el leninismo fue quien hizo posible a Stalin y en él éste se desenvolvió como un pez en el agua hasta el punto de que puede decirse que el estalinismo, como sistema propiamente dicho, no existió, sino tan sólo el leninismo. Por lo tanto, se puede decir que también Lenin fue culpable de los más de veintiún millones de muertos causados por el estalinismo entre 1929 y 1953. En el momento de su desaparición, la herencia de Stalin quedó en tres manos principales que correspondían a otros tantos centros de poder. Malenkov estaba al frente del Gobierno, Beria al de la policía política y a Kruschev le correspondía la dirección del partido. Entre los tres se dirimiría la sucesión efectiva.