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obra
Uno de los lugares más visitados en el París del siglo XIX será Le Moulin de la Galette, viejo molino reconvertido en sala de fiestas. Artistas como Renoir, Toulouse-Lautrec o los españoles Ramón Casas y Santiago Rusiñol han recogido en sus lienzos este importante lugar de diversión, plagado de señoritas de fácil conquista por las que los parisinos abarrotaban el local. Si esos artistas nos mostraban la diversión del interior, Vincent nos lo presenta desde el exterior, en un tarde nubosa de otoño, con algunas personas en la calle, alrededor de los edificios. La silueta del bello molino y las edificaciones colindantes se recortan sobre el fondo azulado de las nubes, creando una magnífica sensación de frío y soledad, quizá los sentimientos de Van Gogh en París por esas fechas, buscando un lugar de escape como ya habían hecho Gauguin o Bernard. La luz se convierte en una de las mayores preocupaciones del pintor, influido por el contacto con el Impresionismo en estos primeros meses de estancia parisina. Los paisajes urbanos pueblan sus lienzos, interesándose por captar lo instantáneo, sin ninguna preocupación subyacente. La pincelada suelta, a base de pequeños toques de color, se asemeja a la empleada por Pissarro, el anciano artista con el que Vincent tenía más contacto. Los tonos empleados - oscuros en su mayoría - vienen motivados por la atmósfera de la escena así como la atracción hacia esas tonalidades heredadas de la Escuela de La Haya.
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Resulta curioso observar como Van Gogh - a diferencia de otros artistas como Renoir o Toulouse-Lautrec - nunca nos ofrece una visión del interior de uno de los templos parisinos del ocio sino que siempre muestra el edificio desde el exterior, bien desde la calle o desde las huertas de atrás. En primer plano se nos muestra a un campesino como si deseara comparar la vida disoluta de los asistentes a Le Moulin y el trabajo duro del hombre, enlazando con su periodo de Nuenen y con las pinturas de Millet que siempre admiró. La majestuosa silueta del molino preside la composición, rodeada de nubes en tonos malvas y blancos mientras que las tierras de la zona baja toman tonalidades variadas, desde el ocre al marrón pasando por el verde o rojo. La pincelada empleada difiere del lugar donde nos encontremos: es rápida y con pequeños toques - típicamente impresionista - en el campo de labor mientras que organiza el resto de las formas - árboles, el molino, el campesino - con una seguridad absoluta.
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Uno de los templos del ocio parasino era Le Moulin de la Galette, un verdadero molino abandonado situado en la cima de Montmartre, el paraíso de la bohemia parisina habitado por artistas, literatos, prostitutas y obreros. Los domingos y festivos eran días de baile en Le Moulin, llenándose con la población que habitaba el barrio. Una orquesta amenizaba la danza mientras que alrededor de la pista se disponían mesas bajo los árboles para aprovechar la sombra. En su deseo de representar la vida moderna - elemento imprescindible para los impresionistas - Renoir inmortaliza este lugar en uno de los lienzos míticos del Impresionismo. Su principal interés - igual que en Desnudo al sol o El columpio - es representar a las diferentes figuras en un espacio ensombrecido con toques de luz, recurriendo a las tonalidades malvas para las sombras. En las mesas se sientan los pintores Lamy, Goeneutte y Georges Rivière junto a las hermanas Estelle y Jeanne y otras jóvenes del barrio de Montmartre. En el centro de la escena bailan Pedro Vidal, pintor cubano, junto a su amiga Margot; al fondo están los también pintores Cordey, Lestringuez, Gervex y Lhote. El efecto de multitud ha sido perfectamente logrado, recurriendo Renoir a dos perspectivas para la escena: el grupo del primer plano ha sido captado desde arriba mientras que las figuras que bailan al fondo se ven en una perspectiva frontal. Esta mezcla de perspectivas era muy del gusto de Degas, empleándola también otros artistas. La composición se organiza a través de una diagonal y en diferentes planos paralelos que se alejan, elementos clásicos que no olvida el pintor. Las figuras están ordenadas en dos círculos: el más compacto alrededor de la mesa y otro más abierto en torno a la pareja de bailarines. La sensación de ambiente se logra al difuminar las figuras, creando un efecto de aire alrededor de los personajes. La alegría que inunda la composición hace de esta obra una de las más impactantes no sólo de Renoir sino de todo el grupo, convirtiéndose en un testimonio de la vida en el París de finales del siglo XIX. El propio Renoir comentó que necesitó alquilar una mansión rodeada de un gran jardín en Montmartre para pintar el lienzo, lo que perjudicó su precaria economía.
monumento
Construido en 1885, el Moulin Rouge se convirtió en salón de baile a partir del año 1900. Personalidades del momento como Henri de Toulouse-Lautrec inmortalizaron los coloristas espectáculos de cancán en sus carteles y dibujos de sus famosas bailarinas, como Jane Avril. Todavía hoy se celebran funciones. El Moulin Rouge se levanta sobre una colina calcárea de 130 m. de altura donde, según la leyenda, en el año 272 fue decapitado san Dionisio, primer obispo de París; de ahí que muchos la llamen mons Martyrum en vez de su actual nombre, Montmartre. El Moulin fue fundado en 1889 y, en su escenario nació el can-can. El Moulin Rouge fue la meta de todos aquellos artistas bohemios que buscaban vivir libremente, rechazando esquemas e imposiciones ajenas. Era también fiel reflejo de la noche parisina, con sus cabarets y teatros; allí hallaron su consagración personajes que vivieron del arte pero que estaban excluidos del arte mayor, consagrado por los críticos oficiales.
lugar
Personaje Pintor
Su educación discurre en su ciudad natal con un artista flamenco. En 1629 aparece, junto con sus hermanos en París Mathieu y Louis, donde todos ingresan en la Academia. Hasta la fecha de su muerte vivió y colaboró con ellos en diversos trabajos. En particular, a su autoría corresponden Jugadores de cartas y La adoración de los pastores.
Personaje Pintor
Los hermanos Le Nain forman un misterio para la historia del arte, pues han sido poco estudiados y resulta difícil separar sus obras respectivamente. Louis fue el mediano y al parecer, el de mayor calidad. Sus temas predilectos fueron escenas de campesinos en sus labores cotidianas y el tono de su pintura es muy cercano al de Velázquez. En 1648 fue uno de los miembros fundadores de la Academia francesa, junto a sus dos hermanos Mathieu y Antoine.