Busqueda de contenidos

contexto
Para la población vietnamita, el Tet, el año nuevo lunar, representa un período de paz que se distingue por un "cese el fuego", normalmente aceptado tanto por los del vietcong comunistas como por el gobierno de Saigón. Como cada año, también en 1968 el comité directivo comunista anunció la tregua, aunque en realidad, aprovechando el permiso concedido a los soldados survietnamitas y que las ciudades estaban llenas de civiles en fiesta, infiltró a numerosos guerrilleros que asaltaron objetivos clave: mandos militares, estaciones de radio, puestos de policía, etc. La ofensiva comunista, desarrollándose a lo largo de todo el territorio de Vietnam del Sur y dirigida contra las ciudades y los lugares principales, utilizó alrededor de 84.000 hombres entre soldados del vietcong y soldados regulares nordvietnamitas. Los golpes más duros fueron lanzados contra Saigón y Hué; con todo, debido a las dimensiones de la operación, las fuerzas comunistas habían diezmado demasiado sus propias filas y en muchas ciudades y cabezas de partido menores fueron aniquilados en el giro de pocas horas. Por vez primera, los soldados del vietcong trasladaron la guerra de la campiña y de la jungla a las áreas urbanas. Al contrario que en otras ciudades, los encuentros en Saigón y en Hué fueron particularmente ásperos y prolongados y el nivel de destrucción elevado. Las peores acciones tuvieron lugar en Hué, en donde la presencia survietnamita estaba limitada a una compañía de soldados y algunos elementos de unión americanos. La unidad más cercana estaba acuartelada en Phu Bai, doce kilómetros hacia el sur, en donde había marines americanos. La ciudad, única entre las tantas atacadas, cayó rápidamente en manos, del vietcong, a excepción de los pequeños enclaves. Después de esto, los ocupantes dieron vía libre a una serie de brutalidades jamás vistas, comenzando por asesinar a sangre fría a muchas personas implicadas en el régimen de Saigón. Siguiendo la lista de acciones preparada desde hacía tiempo, asesinaron a administradores, funcionarios gubernamentales, policías, comerciantes, además de otros muchos que habían tenido vagos encuentros con el régimen. También fueron asesinados numerosos occidentales, entre los que se encontraban Stephen Miller, del US Information Service, el doctor Horst Gunther Krainick con su mujer y otros dos médicos alemanes, dos misioneros benedictinos franceses y otros muchos. En los meses que siguieron se encontraron fosas comunes en las que fueron enterrados un total de unos tres mil hombres. Las víctimas fueron asesinadas mediante disparo con arma de fuego, apuñaladas e incluso sepultadas vivas. El terror se utilizaba con frecuencia por parte de las tropas de Hanoi, aunque, al ser normalmente practicado en la campiña, resultaba muy difícil de descubrir. La técnica de ataque adoptada por el vietcong era muy simple: después de la infiltración de los primeros elementos, camuflados con vestidos civiles, y el comienzo del ataque de éstos contra los centros neurálgicos, seguían oleadas sucesivas desde el exterior que se reconducían hacia los precedentes y se atrincheraban en posiciones difíciles de atacar. Después del encuentro inicial, las unidades americanas y survietnamitas comenzaban el contraataque. En Saigón estaban presentes el 716° batallón de la policía militar americana, una unidad de rangers survietnamita y algunos elementos de la policía nacional. Las unidades americanas, normalmente adiestradas para operar en campo abierto, con una mayor potencia de fuego y una elevada movilidad, se vieron obligadas a combatir a corta distancia entre laberintos de callejuelas. Junto a ello, se expusieron al tiro de los tiradores de elite enemigos, escondidos entre las ruinas de los edificios y en cualquier lugar idóneo para contrarrestar al adversario. La elección táctica americana, aplicada durante la reconquista de Hué, consistía en asegurarse un punto de apoyo en medio de las callejuelas del barrio en el que estaban operando para de allí intentar expandirse combatiendo casa a casa. El armamento del vietcong consistía principalmente en fusiles automáticos AK 47, lanzamisiles RPG y fusiles SKS "Simonov". El fusil SKS, de calibre 7,62 x 39, ya demostrado particularmente idóneo en los combates en la jungla, gracias a su peso contenido, a su precisión y a la limitada necesidad de manutención, demostró estar a la altura de su fama incluso en las áreas urbanas. En numerosas ocasiones, el arma se reveló particularmente letal. Tiradores de elite dotados del "Simonov" modelo base, o del modificado con el añadido de una óptica, consiguieron matar o herir a personal americano incluso a distancias más bien grandes. Para el tiro de precisión durante las operaciones de los tiradores de elite, el arma fue provisionalmente privada del asta de recuperación de gas, trabajando con obturador manual, es decir, sujeta a menores vibraciones durante el disparo. Por su parte, las unidades americanas y survietnamitas, al no disponer en las ciudades de la cobertura de los grandes calibres, hicieron abundante uso de las ametralladoras M 60 calibre 7,62 NATO. El combate en el tejido urbano difería completamente del realizado en campo abierto; el avance se realizaba metro a metro, edificio a edificio, con ángulo de visual muy restringido y con el riesgo de convertirse en objeto del tiro del adversario a 360°, no sólo a nivel de calle, sino también de posiciones más elevadas. Obligados a moverse entre montones de ruinas y cruces de calles, las unidades de contraataque, disponiendo de una potencia de fuego superior gracias a las M 60, tuvieron un ligero margen de ventaja operativo y pudieron, día a día, mostrar su superioridad frente al enemigo. La M 60 fue distribuida a las fuerzas armadas americanas en 1961, estando todavía hoy en uso. Además de la versión base existen otras versiones ligeramente modificadas para el uso en helicópteros, jeep y medios acorazados. En numerosos casos, las fuerzas americanas, durante los denominados combates ciudadanos, utilizaron los helicópteros Huey dotados de ametralladoras M 60 montadas sobre salientes laterales gracias a los cuales eran capaces de golpear al enemigo, quien de vez en cuando resultaba más bien inaccesible por parte de las unidades de infantería. La ciudad de Hué fue declarada segura después de unos veinte días de durísimos combates como los descritos. Uno de los objetivos de la ofensiva del Tet era provocar un levantamiento popular capaz de provocar la caída del gobierno de Vietnam del Sur y la disgregación de su ejército. Sin embargo, no hubo ninguna sublevación y el gobierno permaneció firme en su propio puesto. Las tropas survietnamitas combatieron bien y con decisión junto a los americanos, tal vez porque tenía bien visible, en aquél momento, los objetivos de su lucha: la defensa de sus familias y de sus casas. La victoria militar survietnamita en el campo apareció innegable; con todo, ante la opinión pública americana y europea las cosas parecieron más bien distintas, debido, casi con toda seguridad, al particular modo en que la prensa y la televisión occidentales contaron lo ocurrido, privilegiando scoop y casos individuales sin dar una visión general y un análisis completo de la situación.
contexto
El 9 de febrero de 1962 el Gobierno de Franco, a través del ministro Castiella, solicitó del Mercado Común una apertura de negociaciones para la asociación con vistas a una adhesión futura. Esta fórmula tenía implicaciones políticas pues pocos meses antes la Asamblea Parlamentaria de la CEE había aprobado el informe Birkelbalch, que establecía que tanto la asociación como la adhesión plena exigían la existencia o la tendencia hacia un cierto nivel de desarrollo económico, de compromiso con el bloque occidental y de sistema democrático. Aunque las expectativas de la mayoría del Gobierno de Franco eran puramente económicas, puede ser que la elección por Castiella de la fórmula de la asociación implicara una voluntad de apertura política del Régimen. La reacción de los Gobiernos ante la petición española fue positiva en los casos de Alemania y Francia, mientras que otras potencias europeas evitaron un pronunciamiento prematuro. Por el contrario, la petición de asociación desató rápidamente campañas de opinión antifranquistas. No en vano en esas fechas se habían reactivado las comisiones para España de las Internacionales políticas y sindicales de orientación socialista y democristiana. Además, el grupo socialista de la Asamblea Parlamentaria europea presentó una moción que rechazaba siquiera el inicio de las conversaciones. No obstante, el Consejo de Ministros de la CEE realizó un acuse de recibo de la petición del Gobierno de Franco y, en mayo, el Consejo de Europa recomendó algún tipo de asociación económica siempre que se aprobaran cambios políticos. La coincidencia de la petición de asociación con las huelgas generalizadas de Asturias y el País Vasco y, sobre todo, con la represión de los participantes en el Coloquio europeísta de Munich, originó una nueva campaña internacional de condena contra el régimen franquista. Por ejemplo, las intersindicales presentaron una solicitud de una misión de investigación ante las medidas represivas y varias quejas ante el comité de libertad sindical de la Organización Internacional del Trabajo. El cambio del Gobierno de Franco de julio de 1962 permitió contrapesar algo la mala imagen internacional que había traído consigo tanto la represión como las concentraciones y discursos de contenido antiliberal. En enero de 1963 el Consejo de Ministros de la CEE trató la cuestión española. El Gobierno de Bélgica fue el más beligerante contra la petición de España, alegando la falta de libertad religiosa de los no católicos. Lo más decisivo fue, no obstante, el veto de De Gaulle hacia la solicitud británica de adhesión. Este veto paralizó todas las negociaciones. Dos años después de la primera solicitud, Madrid volvió a insistir ante el Mercado Común. En julio de 1964, la respuesta de Bruselas se limitaba a aceptar la discusión de los problemas que el desarrollo del Mercado Común planteaba a España sin considerar la perspectiva de la asociación. Aunque Castiella, cada vez más pesimista, siguió buscando vías para eliminar los obstáculos políticos, las propias dificultades internas de la CEE, como la actitud francesa hacia el Reino Unido o la política agrícola, reducían al mínimo las expectativas españolas. Hacia 1965 quedó claro que no se podía esperar ninguna concesión política del Mercado Común. Mientras que los aperturistas del Régimen habían esperado algún tipo de reconocimiento europeo que impulsara los cambios internos, las instituciones comunitarias exigían reformas democratizadoras antes de la asociación. Los lazos entre la dictadura de Franco y la Comunidad Económica Europea habrían de circunscribirse a las relaciones comerciales. Por fin, en 1967, cinco años después de la primera solicitud española, la CEE ofreció un Acuerdo Preferencial. Esta oferta europea, aunque era mucho mejor que un mero acuerdo comercial, tenía un contenido exclusivamente técnico. Tras tres años de negociaciones, llevadas por el ex ministro Ullastres, en julio de 1970 terminó firmándose el Acuerdo Preferencial.
contexto
Hasta comienzos de julio los italianos no se mueven. Este tiempo es aprovechado por los británicos para adiestrar a sus tropas, bombardear los puertos enemigos y llevar a cabo cierta actividad antisubmarina. Finalmente, con gran retraso, los italianos van a atacar débilmente en Sudán, donde ocupan, el día 4, Kássala y Gallabát, el 6, Kurmúk, y el 14 Guezzán. La ofensiva se detiene. En Kenya, el 15 de julio, los italianos conquistan Moyale, penetrando 90 km y suprimiendo el saliente del mismo nombre; el 1 de septiembre ocupan Debal y Buna, deteniéndose. El 3 de agosto, los 17 batallones de infantería y de áscaris del general Nasi penetran en Somaliland, defendido ya por los cinco batallones del general Goodwin-Austen (británicos e indios). El 7 los atacantes ocupan Odweina y Hargueisa, el 8 Zeila; tras duros enfrentamientos, entre el 11 y el 16 entran en la capital Bérbera, el 19. Los italianos han obtenido una victoria neta, pero costosa (más de 2.000 bajas) y de utilidad mediana, al aumentar el ya enorme territorio a controlar, y por su escaso valor estratégico. Tras la conquista del Somaliland, los italianos vuelven a la pasividad y a la espera. Los británicos, por el contrario, hacen afluir nuevas unidades británicas y coloniales (sudaneses, indios, kenyanos, sudÁfricanos, etc.), a las que se suman pronto "franceses libres" (degaullistas) y belgas y congoleños, y a los que hay que añadir los guerrilleros etíopes. En enero de 1941 los generales Platt y Cunningham disponen ya de más de 70.000 soldados y más de 35.000 guerrilleros etíopes, para alcanzar más adelante una cifra situada entre 180.000 y 200.000. Y llega material en abundancia (camiones, carros y otros blindados, aviones -entre ellos cazas Hurricane y algunos Spitfire-, gran número de cañones, etc.) y provisiones. Platt, llamado el Caíd, será el eficaz organizador de las renovadas fuerzas británicas. Platt dirigirá a las fuerzas del Norte, Cunningham a las del Sur. Y reaparece el Negus (en Jartúm), cuya proximidad infunde moral a los etíopes y provoca nuevos levantamientos en Etiopía y deserciones de áscaris en las filas italianas. Junto a los etíopes aparecen, como antes en España, algunos dirigentes antifascistas italianos como los comunistas Barontini y Spano. Por su lado, el Negus, noblemente, ordenará a sus súbditos que no se venguen de los italianos.
contexto
Vistos los problemas de aprovisionamiento a que debía hacer frente, Rommel pensó que su mejor opción era lograr un desarrollo rápido de la batalla, haciendo de la movilidad su mejor arma. Por el contrario, la mayor capacidad británica para el envío de abastecimientos hacía que Auchinleck no temiera una guerra de posiciones y desgaste. Así, a partir de finales de julio de 1942, los británicos tomaron como objetivos los puertos de Tobruk, Bardia y Marsa Matruh, lo que provocó que los refuerzos de Rommel debieran recorrer nada menos que 1.000 kilómetros, desde Benghazi, para llegar a la línea de frente en El Alemein. En consecuencia, sus fuerzas se hallaban profundamente debilitadas, careciendo de un número suficiente de tanques, municiones, transportes, combustible y alimentos. Retroceder tampoco era posible, por cuanto no disponía de camiones para el transporte que permitieran establecer posiciones defensivas. La alternativa era, pues, como había hecho con anterioridad, sorprender al enemigo con un ataque inesperado y antes de que éste pudiera recibir refuerzos. El ataque fue proyectado conjuntamente con el Mando italiano, encargado de aportar los suministros, y con Kesselring, quienes prometieron la entrega de gasolina en cantidad suficiente para finales de agosto o los primeros días de septiembre. Por su parte, los británicos, una vez reemplazado en el Mando Auchinleck por Alexander y Montgomery, decidieron, siguiendo un plan de aquél, mantener las posiciones establecidas entre la costa y la zona montañosa de Ruweisat, al tiempo que sembraban de minas la zona sur hasta la meseta de Hunter y protegían las colinas de Alam Halfa, pues si se producía una ruptura del frente por el norte o por el sur tendrían una posición defensiva privilegiada. Las fuerzas británicas estaban correctamente posicionadas. La zona al norte de las colinas de Ruweisat quedaba a cargo del Cuerpo de Ejército XXX, que contaba con la 9? División australiana, la 1? sudafricana, la 5? india y la 23 Brigada Acorazada. Por el área sur, el XIII Cuerpo de Ejército lo integraban la 2? División neozelandesa y la 7? blindada. Dos divisiones acorazadas, las 8? y la 10, estaban en reserva, así como la 44 y la 51 de infantería y la 1? acorazada y la 50 de infantería. A petición de Montgomery, la 44 y la 10 se dispusieron para ser usadas como fuerza de ataque móvil, situando a la primera en la posición de Alam Halfa y la segunda en su lado occidental. Por su parte, Rommel dispuso por el norte a la 164 División de infantería, acompañada por las divisiones Trento y Bologna del XXI Cuerpo de Ejército italiano, la brigada paracaidista Ramcke y la División Brescia, del X Cuerpo italiano, todas establecidas sobre la línea de frente para contener al enemigo. El ataque lo dirigiría el Afrika Korps, integrado por las 15 y 21 División Panzer, la 90 ligera y el XX Cuerpo móvil italiano, que integraba las Divisiones Trieste y Littorio y Ariete, estas blindadas. En reserva quedaban las divisiones italianas Pavía, Folgore y Pistola, establecidas en Marsa Matruh y Bardia. Rommel planeó realizar una maniobra de distracción sobre el sector norte de las defensas británicas, al tiempo que lanzaba un ataque de contención por el centro y enviaba a la fuerza de choque en dirección sur como ataque principal. En este sector, en la noche del 30 al 31 de agosto las infanterías habrían de abrir un corredor entre los campos minados, en la creencia de que serían fácilmente desbordables, permitiendo que el Afrika Korps se posicionara en las colinas de Alam Halfa y abordara El Alemein desde el sudoeste. Al mismo tiempo, más al norte, la 90 División ligera acompañada de los italianos de la Littorio y la Ariete avanzarían a la par que el Afrika Korps, embolsando al enemigo y permitiendo la toma de las colinas de Alam Halfa, posición estratégica de suma importancia que debía quedar asegurada en la mañana del día 31. Establecidas las posiciones y los planes de campaña, las fuerzas de ambos contendientes resultaban similares en el escenario sur, donde habría de desarrollarse la acción principal. Rommel disponía de unos 500 tanques medios y ligeros, si bien la mitad italianos, muy poco eficaces. Por su parte, los británicos del XIII Cuerpo de Ejército contaban con unos 300 carros medios y 80 ligeros, además de 230 carros blindados y 100 tanques de la 23 Brigada blindada en la reserva. En cuanto cañones y artillería, ambos disponían de cerca de 300 cañones de campaña y medianos cada uno, además de unos 400 antitanques. Iniciado el ataque alemán por el sur no tardaron en surgir los problemas. Los campos, más fuertemente minados de los esperado por los alemanes, retrasaron el avance del Afrika Korps y el de la 90 División ligera, mientras que la Ariete y la Littorio ni siquiera pudieron avanzar, lo que restaba la mitad de sus efectivos al ataque alemán. Por ello, Rommel tuvo que redirigirse hacia el nordeste, enviando al Afrika Korps hacia la punta sur de las colinas de Alam Halfa. Sin embargo, la pesadez del terreno y el hostigamiento de la RAF le obligó a anular el ataque a las cuatro de la tarde. Por su parte Montgomery, viendo el éxito inicial de sus defensas, ordenó a la 10 División blindada que se posicionase al oeste de Alam Halfa, para realizar un contraataque conjunto con la 2? neozelandesa cuando finalizara la ofensiva alemana. En situación dramática por las pérdidas sufridas y la carencia de combustible, Rommel intenta el 2 de septiembre un ataque desesperado que resulta baldío, por lo que el día siguiente debe replegarse. Esta acción es aprovechada por Montgomery, quien ordena entonces un contraataque a cargo de la 10 División blindada y la 2? neozelandesa, al tiempo que la 7? División blindada empuja frontalmente al enemigo. El fracaso de la ofensiva situó a Rommel en una posición desesperada. Más de 3.000 hombres se habían perdido, así como 50 tanques, 15 cañones, 35 antitanques y 400 camiones, mientras que las bajas de Montgomery eran sensiblemente inferiores: 1.640 hombres, 38 tanques y 18 antitanques.
obra
Desde su llegada a Polinesia Gauguin estuvo interesado en representar las escenas de la vida cotidiana que más llamaban su atención. Siguiendo este criterio realizó Hombre con un hacha, La comida o Fatata te miti, en las que la carga simbólica, si existe, pasa a un segundo plano. En esta ocasión recoge el momento de amamantar a un bebé. La madre y el pequeño aparecen en primer plano acompañados de una mujer que lleva en sus manos flores, realizando así la ofrenda que da título al cuadro. Los rostros de ambas mujeres parecen inspirados en máscaras maoríes, acentuando aún más los rasgos primitivos que tanto buscaba el artista. Como es habitual en su pintura, Gauguin traza con una línea más marcada la silueta de las figuras, siguiendo el método del "cloisonnisme" inspirado en los esmaltes. La superficie que queda entre esos marcados contornos se rellena de color, en este caso un ocre dorado para obtener la piel tostada de los pobladores de la Polinesia. Al fondo apreciamos un paisaje tropical de vivas tonalidades, destacando el verde. Ese colorido ha sido aplicado a través de una pincelada rápida y suelta que evoca su etapa impresionista.
obra
Maillol había quedado impresionado por la escultura griega anterior a Fidias. Obsesionado por la clasicidad, sus cuerpos se alejan del pintoresquismo y de la anécdota. Se dedicará casi siempre a un único tema: el cuerpo de la mujer en diferentes actitudes y aspectos. Para ello adopta una simplicidad y una estabilidad formal casi cúbica. Su presencia plástica equilibra naturaleza y expresión. Pese a la aparente calma no hay en estos cuerpos sensación de inmovilidad ni pose artificial. La fuerza reside en la plenitud de las formas. El movimiento no viene dado por un efecto exterior, sino por una fuerza interior: es un movimiento de vida latente y plena. Nada hay de la agitación de los cuerpos rodinianos, Maillol se propuso conseguir la estabilidad, la belleza en la armonía, tanto en sus esculturas como en sus pinturas.
contexto
En estos momentos, dadas las circunstancias, renacen las esperanzas persas en Asia Menor, en el reino de Darío II. De este modo, se llega a un pacto con los espartanos, dispuestos a cederles el control sobre esos territorios a través del debilitamiento de Atenas y la desaparición del imperio. Entre los persas sobresale ahora el papel del sátrapa Tisafernes que, paralelamente, establece conversaciones con Alcibíades, que empieza a no ver claro con los espartanos. Entre tanto en Atenas, las circunstancias de la derrota llevaron al establecimiento de medidas excepcionales que se plasmaron, primero, en el nombramiento de diez probouloi, consejeros que promovían la legislación previamente a cualquier decisión de la asamblea. Aristóteles sabe que el sistema probuléutico tiende a favorecer a la oligarquía. De hecho crecieron sus actividades hasta que, en 411, se estableció la oligarquía de los cuatrocientos, donde sólo votaban los miembros de una boulé de número reducido. Más tarde, el sistema se transformó en una oligarquía hoplítica, donde había cinco mil con derechos políticos, definidos como los poseedores de hopla, de las armas propias de los hoplitas. Esto significaba efectivamente una reducción de los derechos del demos, agravada por el hecho de que se abolieran las pagas de que eran beneficiarios los pertenecientes a la clase subhoplítica, los thetes. Parece que en este proceso participó Sófocles, el dramaturgo, clásico representante de la moderación. Por su parte, el historiador Tucídides pensaba que era el mejor gobierno desde la muerte de Pericles. Seguramente respondía a las aspiraciones de quienes todavía esperaban recuperar aquel sistema identificado con la concordia y la convivencia pacífica de las diferentes clases, lo que resultaba difícil tras las profundas transformaciones que están sucediendo durante la guerra. El proceso, con todo, ha sido complejo. Cuando se estableció la oligarquía en Atenas, la flota, que se hallaba en Samos, permaneció fiel a la democracia. Parece que Alcibíades desempeñó un importante papel para que ambos bandos aceptaran la situación intermedia representada por los cinco mil. Según Tucídides, Terámenes hablaba del miedo de los oligarcas a la flota de Samos. El argumento de Pisandro, de que la democracia era incapaz de continuar la guerra, colaboró a que se aceptara el regreso moderado a la situación en que participaban los hoplitas. De hecho, sin embargo, inmediatamente la política oligárquica se dirigió a la búsqueda de la paz con Esparta. Terámenes se define como personaje característico de este momento, de equilibrio entre la recuperación democrática y el dominio de la oligarquía. Su apoyo se encuentra en los hoplitas, temerosos de caer bajo el control de una oligarquía tiránica, pero insegura, al mismo tiempo, ante la democracia imperialista.
contexto
El franciscano gerundense Francesc Eiximenis, que escribía en pleno siglo XIV, dividía a los hombres de las ciudades en tres manos o sectores: la "má major", la "má mitjana" y la "má menor". La má major era el patriciado, es decir, la aristocracia del dinero, cuyos orígenes cabe situar en los negocios comerciales y financieros del siglo XII y comienzos del XIII. Se trata de unos hombres que muy pronto vincularon su suerte a la de la monarquía: ayudaron a las maltrechas finanzas de Pedro el Católico, colaboraron con los jerarcas de la nobleza y la Iglesia a garantizar el gobierno y la estabilidad política durante la minoridad de Jaime I y contribuyeron con sus recursos a las conquistas mallorquinas y valencianas de Jaime I. A cambio de esta colaboración con el poder real obtuvieron privilegios mercantiles y libertades políticas, que se concretaron en el gobierno de las ciudades, una jurisdicción propia en el ámbito comercial (los consulados de mar) y la formación o dirección del brazo real en las Cortes. Con el gobierno de Pedro el Grande, y superada en Barcelona una revuelta popular (revuelta de Berenguer Oller), la preeminencia política de las familias del patriciado se consolidó en las Cortes de 1283. Desde entonces, pero especialmente durante el siglo XIV, estas familias de antiguo origen, enriquecidas con el comercio y las finanzas, junto con otras, de fortuna más reciente, procedentes del mundo de los negocios y de las filas de la administración real, constituyeron un grupo cerrado (los ciutadans honrats), especie de nobleza urbana dedicada al gobierno de la ciudad (a pesar de ser un grupo minoritario ocupaban por privilegio la mayor parte de las magistraturas) y a la inversión en el sector rentístico. Poseedoras de fortuna monetaria, estas familias compraban inmuebles, tierras, señoríos y títulos de deuda pública de los municipios, además de invertir, generalmente a través de terceros, en el comercio y el transporte naval. En la conselleria, es decir, el órgano ejecutivo del gobierno de la ciudad de Barcelona, en 1274, había 2 ciudadanos, 1 mercader, 1 artista y 1 artesano, y en el Consejo de Ciento, órgano consultivo, había, en 1338, 63 ciudadanos, 9 juristas, 8 mercaderes, 5 notarios, 2 boticarios y 12 artesanos. Por debajo de los ciudadanos honrados o ricos hombres se encontraba el grueso de las familias de los negocios, los mercaderes, banqueros, hombres de profesiones liberales (notarios, juristas) y artesanos de oficios particularmente importantes (oficios artísticos). Era la má mitjana de la clasificación de Eiximenis, que tenía en los mercaderes al sector más dinámico y representativo. Los más importantes invertían en la industria naviera, se especializaban en el tráfico marítimo y participaban activamente en el comercio internacional por las rutas del Mediterráneo, Europa y los países nórdicos. Al decir de Eiximenis, hijo de mercaderes, sus capitales y negocios eran "vida de la tierra, tesoro de la cosa pública y manjar de los pobres", porque sólo ellos eran grandes limosneros, y no deja de ser cierto que, con sus actividades, los mercaderes impulsaban la producción de los sectores primario y secundario (suministraban materia prima, daban salida a excedentes), contribuían al gran desarrollo de la banca, colaboraban con limosnas en la construcción de los grandes edificios religiosos de la ciudades (catedrales góticas y conventos) y embellecían las ciudades con obras del gótico civil (residencias particulares y edificios públicos). Al servicio de estos mercaderes importadores y exportadores, o en conexión con ellos, trabajaban pequeños mercaderes que se dedicaban al tráfico interior, en ferias y mercados, notarios, banqueros, patrones de naves, cónsules, etc. Buen observador, Eiximenis desaconseja que los mercaderes se dediquen a la política y a la inversión en deuda pública, actividades a las que se inclinaban en el siglo XIV, y recomienda que se concentren en los negocios, para lo cual pide a los gobernantes que les concedan desgravaciones fiscales y protección. Las lonjas góticas de las principales capitales de la Corona de Aragón, donde los mercaderes se reunían para discutir sobre la marcha de los negocios, y, en cierto sentido, dirigir la política económica de la Corona, constituyen un testimonio de la pujanza de esta clase social.
contexto
La caída del régimen liberal puso de manifiesto la debilidad del sistema político que estaba basado en una Constitución, la de 1812, que si bien se había convertido en todo un símbolo de las libertades, había mostrado también su ineficacia a la hora de aplicarse a la realidad concreta de la España de aquellos años. Fernando VII recuperaba la plenitud de su soberanía y se dispuso a continuar su reinado de una forma similar a como lo había hecho entre 1814 y 1820. Sin embargo, con el paso de los años, el gobierno experimentaría una cierta evolución hacia un reformismo moderado que marcaría una clara diferencia con el periodo absolutista anterior. No es grande la atención que la historiografía le ha dedicado a estos últimos años del reinado de Fernando VII, hasta el punto que podría decirse que ésta es su etapa menos conocida. Y sin embargo, a pesar de que presenta una imagen contradictoria, las transformaciones que experimentó la administración y la misma política del Gobierno hacen de este periodo uno de las más interesantes del reinado. En efecto, frente a una labor de destrucción de todos aquellos logros alcanzados durante el Trienio y frente a la persecución de quienes habían colaborado con la política liberal, se adoptaron medidas claramente reformistas, como la creación del Consejo de Ministros, o se promulgaron leyes de marcado signo liberal, como la Ley de Minas de 1825 o el Código de Comercio o la concesión a Cádiz de un puerto franco en 1829. De esta forma, los últimos diez años del reinado de Fernando VII jugarían un papel importante como tránsito entre el Estado del Antiguo Régimen y el Estado liberal, que acabaría imponiéndose después de la muerte del rey. La segunda restauración de la Monarquía absoluta comenzó antes de la salida del rey de Cádiz a primeros de octubre de 1823. El gobierno nombrado por la Regencia instaurada por Angulema y que presidía el duque del Infantado destituyó, mediante una Ordenanza de 9 de abril, a los Jefes Políticos, Alcaldes y Ayuntamientos constitucionales y restableció en sus puestos a las autoridades existentes en 1820. Al mes siguiente se restauró el Consejo Real, así como otras instituciones que habían sido suprimidas durante el Trienio. A esas viejas instituciones se unieron otras nuevas entre cuyos objetivos estaba el de llevar a cabo una represión sobre quienes habían detentado algunas responsabilidades en la etapa anterior, como el Ministerio del Interior o la Superintendencia de Policía. El rey por su parte, cuando desembarcó en el Puerto de Santa María, procedente de Cádiz, y se vio libre del control al que lo habían tenido sometido los liberales, olvidó sus promesas de perdón y declaró que "Son nulos y de ningún valor todos los actos del gobierno llamado constitucional (de cualquier clase y condición que sean) que ha dominado a mis pueblos desde el día 7 de marzo de 1820 hasta hoy, día 1° de octubre de 1823, declarando, como declaro, que en toda esta época he carecido de libertad, obligado a sancionar leyes y a expedir las órdenes, decretos y reglamentos que contra mi voluntad se meditaban y expedían por el mismo gobierno". Esta actitud ampararía la persecución de que serían objeto los liberales más conspicuos.
video
Tras obtener el triunfo en un concurso internacional, en 1959 iniciaba el arquitecto danés Jörn Utzon la construcción de su controvertido edificio de la Opera House de Sydney, en Bennelong Point. Los extraordinarios complejos problemas de ingeniería a los que tuvo que hacer frente Utzon provocaron el retraso en la realización del proyecto, que el ingeniero había anunciado finalizar en tres años y con un coste de tres millones de dólares australianos. Sin embargo, el edificio se concluyó quince años después de su inicio, con un coste total de 102 millones de dólares. Utzon había renunciado al proyecto, ya que la calidad del sonido interior del edificio no correspondía a su espectacularidad exterior, finalizando el edificio un equipo de arquitectos australianos bajo la dirección de Peter May. La Opera House fue inaugurada por la reina Isabel II de Inglaterra el 11 de octubre de 1973. Utzon no acudió ni siquiera a la inauguración, ya que cuando abandonó la dirección del proyecto juró que jamás regresaría a la ciudad. El complicado proceso de construcción de la Opera House llegaría incluso a inspirar una ópera, titulada "The Eight Wonder" -la Octava Maravilla-, que se estrenó en 1995. Sobre una gran plataforma que alberga los servicios anexos, se levantan tres espectaculares y singulares cuerpos de formas alabeadas, levantados en forma de nervadura gracias al hormigón prefabricado. Cada uno de los cuerpos se recubre de gres cerámico blanco. El cuerpo más pequeño del conjunto consta de dos cascarones y está destinado a restaurante. Las salas de espectáculos se encuentran en el interior de los cascarones de hormigón, forma elegida por sus cualidades acústicas. La sala de la Opera tiene una capacidad de 1.500 personas, ubicándose los asientos sobre la plataforma, accediéndose a la sala a través de dicha plataforma para acentuar el efecto de grandiosidad. Bajo el centro del edificio se sitúa un teatro con 550 butacas, a cuyo alrededor encontramos diversos servicios. La sala de conciertos es la parte principal de la Opera. Tiene una capacidad de 2.700 personas, ocupando el cuerpo más grande del edificio, a pesar de que Utzon no lo deseaba así, lo que ha sido interpretado como una "broma" de los arquitectos australianos que acabaron el edificio.