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Del largo exilio de la población judía o Diáspora, existen numerosas muestras, aunque lógicamente muy dispersas. Las sinagogas más importantes se localizan a lo largo de la mitad oriental mediterránea, en lugares como Ostia, Naro, Egina o Dura-Europos, entre otros. También son significativos los cementerios judíos de la antigüedad, como los de Roma y Venosa, en Italia, los de Alejandría y El Yahûdiya, en Egipto, o el de Beit Shearim, en Israel. Por último, los manuscritos más importantes fueron hallados en Qumrán, aunque son notables los de Oxyrrincos y Elefantina, en Egipto. Durante la Edad Media, la expansión judía fue mayor, alcanzado a todo el Mediterráneo y Europa. Son muy numerosos los restos de sinagogas medievales, destacando las de Toledo, Gerona, Palma, Ruán, Venecia, Praga o Siracusa. También importantes son las de Djerba y El Cairo, en Africa. Muy significativos son los cementerios de Praga y Cracovia, mientras que, finalmente, son numerosos los lugares en que se conservan manuscritos de este periodo, como Oxford, Cambridge, París, Amsterdam o Budapest, entre otros muchos.
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Como venía sucediendo desde la fase Locona varias tradiciones confluyeron en el sur-suroeste de Mesoamérica, las cuales se uniformizaron en parte entre el 1.200 y el 400 a.C. por la acción olmeca. Esta región está llamada a recoger su herencia y a tener un acelerado desarrollo, que se hará común al menos en lo que se refiere a su estilo artístico y al simbolismo, ambos de fuertes raíces olmecoides. En Cerro de las Mesas (600 a.C.) y en Tres Zapotes es donde resulta más palpable la influencia olmeca, hasta el punto de que estos sitios contienen plataformas de tierra planificadas en torno a patios con grandes monumentos tallados. Los dos presentan, al final de su evolución en la primera centuria antes de nuestra era, la utilización de calendarios y de un sistema de cuenta y de escritura jeroglífica. Izapa es un pequeño asentamiento de tradición Ocós durante el Formativo Temprano que se transformó en un gran centro regional a finales del período. En él se desarrolló el más pujante estilo artístico de Mesoamérica durante la etapa. Aunque se desconoce bastante su arquitectura, el mapa del sitio contiene ocho grupos monumentales dispuestos en torno a patios. En el interior de cada patio se colocaron gran cantidad de monumentos de piedra, incluyendo agrupaciones de estela y altar, tronos y esculturas en bulto redondo de diversa naturaleza. En estos monumentos las escenas más importantes tratan de la glorificación de los gobernantes divinos, así como de cosmologías y escenas de creación, fertilidad, ciclos de vida y acontecimientos astronómicos. Todo ello colocado en un estilo narrativo que, aun preservando elementos olmecas, se puede considerar un claro antecedente de las formas mayas. Por otra parte, bloques glíficos asociados a estas tallas remiten a una relación cercana con Tres Zapotes, sancionando el poder de las figuras representadas, una práctica que a partir de estos momentos se generalizará en el sureste de Mesoamérica. Otros sitios, como Abaj Takalik y El Baúl tienen similares características, siendo formas regionales del mismo estilo. Un centro de singular importancia por su localización y por su evolución cultural fue Kaminaljuyú. Se pobló a finales del Formativo Temprano, y con el tiempo también desarrolló un estilo regional propio, sin duda consecuencia de la simbiosis de su evolución, típica de altiplano, con Izapa v otros centros de la costa. Sus conexiones con el arte maya son aún superiores, en particular la naturaleza histórica de sus representaciones escultóricas en las que se remite continuamente a la glorificación del gobernante. En esta época Kaminaljuvú se transformó en la cabecera de una jefatura compleja, aglutinando a otros centros menores del valle de Guatemala. Buena parte de esta complejidad política se debe al control de la cantera de obsidiana de El Chayal, de vital importancia estratégica en relación con el comercio mesoamericano. Chalchuapa, Chiapa de Corzo y otros centros inmediatamente ainteriores al Clásico se pueden considerar herederos de la cultura olmeca, y elaboraron sistemas de vida regionales pero a la vez tuvieron estilos artísticos conectados entre sí.
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Degas era consciente de que el éxito de un artista en el siglo XIX venía de la mano del Salón de París. Un triunfo en la única sala de exposiciones de la ciudad consagraba a un pintor, que veía cómo los encargos se multiplicaban y la fama y la fortuna cambiaban su vida. Pero para triunfar en este foro había que enviar una obra por la que el jurado de selección sintiera especial debilidad, como eran las de temática histórica, grandes lienzos en los que se intentaba transmitir un mensaje a la sociedad. El joven pintor se puso manos a la obra, eligiendo un tema bíblico; sin embargo, nunca llegó a acabar este cuadro por lo que no fue presentado al salón ni recibió ninguna crítica. Jephthah prometió a Yavé sacrificar lo primero que se encontrara al regresar a su casa si vencía a los amonitas. La victoria se consumó y Jephthah regresó triunfante a su hogar. Pero la desgracia se cebó en el guerrero, ya que lo primero que se encontró fue a su hija que quiso felicitarle por el triunfo. El héroe tuvo que cumplir su promesa y sacrificar a su propia hija. Así, contemplamos a Jephthah sobre su caballo, acompañado por sus soldados, mientras al fondo un grupo de mujeres - conocedoras de la promesa - intentan sujetar a la muchacha. Las influencias que toma Degas en esta escena se encuentran en la obra de Delacroix y de Mantegna. Del pintor romántico francés toma el color y las figuras del caballo y algunos guerreros, mientras que el renacentista italiano le proporciona el grupo de mujeres del fondo, inspirado en una Crucifixión que se encontraba en el Louvre. La gran preocupación de Degas en esta escena es el color, especialmente las combinaciones empleadas, hasta entonces inéditas. También tiene un especial interés por situar las figuras en diferentes posturas, para demostrar al jurado su dominio de la anatomía y del espacio. Esto era muy habitual en un principiante, por lo que las figuras se sitúan de espaldas, de perfil, de frente, etc. El exquisito dibujo que muestra el joven pintor estaría inspirado en Ingres, cuyos desnudos estaban de plena actualidad en aquellos momentos.
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En esta obra que contemplamos podemos apreciar el interés de Turner por la pintura del gran maestro del Barroco holandés, Rembrandt van Rijn. Los contrastes lumínicos del holandés harían las delicias del maestro londinense que buscaba inspiración en sus cuadros ya desde el año 1808. Hay que advertir que la alta cotización de las escenas de Rembrandt en las subastas londinenses provocaría una importante demanda. Tiziano, el pintor renacentista veneciano que tanto influyó en Rembrandt, también está presente en la obra al utilizar una luz dorada que provoca intensos contrastes lumínicos entre las zonas iluminadas como la muchacha y zonas ensombrecidas como las figuras del fondo y el primer plano. El oscuro colorido empleado también acentúa el contraste. La pincelada de Turner es bastante suelta en este trabajo, aunque resulte los suficientemente detallista para ofrecernos las calidades de las telas como tanto gustaban a los clientes de aquellos momentos.
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En el mes de septiembre Vincent está recluido en el hospital ya que tiene miedo de una nueva crisis. Le falta inspiración y recurre a copiar sus viejas estampas, incorporando novedades cromáticas más cercanas a su estilo. Obras de Delacroix, Rembrandt o Millet, como en esta ocasión, serán reinterpretadas por Van Gogh. Millet le atrajo ya desde su periodo de Nuenen y ahora inspirará un buen número de trabajos, quizá rememorando su estancia en Holanda, en la casa familiar que ahora echa de menos. La hilandera se encierra en una pequeña estancia llena de diversos objetos, enzarzada en su trabajo por lo que incluso nos da la espalda. Las tonalidades vibrantes que caracterizan las obras de Vincent se encuentran aquí presentes aunque la estética realista no haya desaparecido.
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Frente a visiones idílicas que han tenido vigencia en la historiografía moderna desde mediados del siglo XIX por el influjo de la obra de Morgan y Engels, reforzado por otros estudios de antropología cultural, hoy no hay razones para sostener que las comunidades célticas de la Península poseían la tierra en común, disfrutaban de un mismo estatuto jurídico y de análogas condiciones económicas. Estudios recientes de diversos autores (Burillo, Cerrillo y San Miguel, entre otros) sobre arqueología espacial del ámbito de los celtíberos, vettones y vacceos evidencian que, antes de la conquista romana, esos pueblos ya estaban adaptándose a modelos urbanos análogos a los del área ibérica. Se entiende ahora bien por qué el ejército romano planteaba siempre una estrategia de toma de las ciudades importantes como un medio de someter a territorios más extensos. Y la ciudad se corresponde con una sociedad dividida en clases. Otras investigaciones sobre las necrópolis aportan datos en la misma dirección. Así, el estudio de los ajuares de 1.613 tumbas de la necrópolis de Las Cogotas (provincia de Avila) se viene interpretando, desde las excavaciones de Cabré Aguiló, como un reflejo de las siguientes diferenciaciones sociales en la vida de los difuntos: se distinguen bien un sector aristocrático, otro guerrero y un tercero de carácter artesanal; parece incluso posible el afirmar que existía otro cuarto grupo de población dependiente en régimen de esclavitud o similar. Lo significativo reside en constatar que el modelo social reflejado en la necrópolis de Las Cogotas se repite en otras áreas de la Hispania céltica republicana. Desde los años de la conquista romana, se manifiesta la existencia de, al menos, dos grandes grupos sociales en el área lusitana y en la celtibérica. Por lo mismo, los devoti o grupos de personas consagradas a otra distinguida por méritos especiales de valor, cultura y capacidad de mando son una manifestación de esa marginación social. Como ha propuesto Sevilla, el nombre personal Ambatus sería una derivación de un nombre común ambatus, relacionado con el griego amphipolos, que servía para indicar a personas dependientes, esclavos, siervos o criados. El reparto del nombre personal en muchos lugares de la Hispania céltica y, de modo particular, en comunidades del valle del Duero, sería un reflejo de antiguas formas de dependencia personal. Estaríamos, pues, ante precedentes de la esclavitud romana. Y hay menciones que demuestran que la dependencia personal estaba bastante extendida. Así, los salmantinos sitiados por Aníbal el año 220 a.C., se vieron obligados a salir de la ciudad dejando en ella las armas, las riquezas y los esclavos según cuenta Plutarco (Virt. Mul., 248e). El año 136 a.C., Bruto el Galaico exigió a Talabriga que entregara a los tránsfugas romanos, las armas, los rehenes y los esclavos.
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El pasado de la Hispania republicana romana equivale al de doscientos intensos años llenos de acontecimientos que culminaron con el sometimiento de casi todos los pueblos de la Península Ibérica al poder de Roma. A comienzos del Imperio, sólo mantenían su autonomía los pueblos del Norte que fueron sometidos bajo el gobierno de Augusto. Este período equivale, por tanto, a la gran aventura que culminó con la primera unidad política de todo el conjunto de los variados pueblos de la Península. Entonces surgió el nombre de Hispania. Sin abandonar la información básica sobre el relato de las condiciones que condujeron a los diversos enfrentamientos militares, hemos pretendido reflejar el conjunto de cambios políticos, administrativos, económicos e ideológicos más importantes que tuvo lugar en ese período. La Hispania de fines de la conquista no era sólo un territorio conquistado; pues lo fue de modos distintos y, a veces, algunas ciudades pasaron a la esfera política de Roma por propia iniciativa. Tampoco Roma aplicó su propio modelo de administración y gestión sin atender a las tradiciones y/o creencias de cada uno de los pueblos indígenas. La habilidad romana para contar desde los comienzos de su presencia en Hispania con la colaboración de las oligarquías locales le liberó de muchos gastos militares y de tener que traer a grandes equipos de cuadros administrativos. La riqueza minera de Hispania estimuló una considerable migración de itálicos que terminaron fusionándose con la población local. Al final del período, comienzan a aparecer los testimonios de hispanos que incluso han accedido al Senado romano.
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Gracias a una poderosa armada, Roma extendió su control, cultura y estilo de vida por buena parte del mundo conocido, alrededor de un mar que consideraban propio, el Mare Nostrum o Mediterráneo. Mediante las guerras de conquista, Roma podía mantener contentos a su ciudadanía, además de ofrecerles un medio de ganarse la vida. También los soldados legionarios encontraban pocos estímulos para desear el fin de las operaciones militares, pues con ella podían enriquecerse o, al menos, subsistir. El campamento militar, organizado siempre de la misma manera, era un reducto que imitaba la ciudad de Roma, un espacio romano asentado en medios provinciales. Según los relatos de los autores antiguos, en los campamentos había buhoneros y prostitutas indígenas. También nos hablan de la baja moral de los soldados, que no tenían excesivo interés en volver a Roma para pasar a engrosar las filas de los desheredados de las ciudades. Además, muchos de ellos establecían sólidos vínculos con las poblaciones locales. La entrada en Hispania de las legiones romanas se produce durante la Segunda Guerra Púnica, entre los años 218 y 201 antes de Cristo. A partir de este momento, Roma comenzó a enviar a sus tropas a Hispania, dando comienzo la conquista propiamente dicha. La conquista de Hispania es un proceso largo y difícil. Tarraco, la actual Tarragona, fue la primera fundación romana en ultramar y desde ella partió la romanización de la península, convirtiéndose en la capital de la provincia Citerior, la más cercana a Roma. Tarraco contaba con un conjunto público monumental formado por el área de culto, la plaza, el foro provincial y el circo. Este, construido bajo el reinado de Domiciano, a finales del siglo I después de Cristo, podía contener 23.000 espectadores. El circo era el lugar donde se desarrollaban algunos espectáculos, como las carreras de cuadrigas. Una de las más sobresalientes construcciones romanas en Hispania es el arco de Bará. Situado a 20 Km. al nordeste de Tarragona, en el trazado de la antigua Vía Augusta, el Arco de Bará es el mejor ejemplo de arco monumental de la península ibérica. Con 14,65 metros de altura, fue levantado a finales del siglo I. El arco se compone de grandes sillares de piedra, unidos entre sí mediante grapas de madera de olivo con forma de doble cola de milano. Su fachada mide 11,84 metros y 3,7 los laterales. Se trata de una obra sobria y de modestas dimensiones, que dista mucho de la grandeza y el lujo de los arcos triunfales de Roma. La construcción del arco se debe a una disposición testamentaria de "Lucius Licinius Sura", influyente senador y tres veces cónsul, como reza en la inscripción que se conserva en uno de los lados. Una de las más destacables consecuencias de la presencia romana en la Península Ibérica a lo largo de seis siglos fue el desarrollo de un amplio programa de obras públicas. Así, crearon una extensa red de carreteras muchas de las cuales aun hoy perviven. También edificaron construcciones para el ocio, como teatros, anfiteatros o circos. Por último, la higiene pública de las ciudades fue atendida por medio de la construcción de redes de alcantarillado, termas o acueductos, que abastecían de agua corriente a las poblaciones. Quizás la más famosa construcción romana en la Península es el Acueducto de Segovia. Perfectamente conservado, la parte más conocida y monumental del acueducto corresponde al muro transparente de arcos sucesivos que lo mantiene airosamente alzado en plena capital segoviana. Realizado en granito a finales del siglo I después de Cristo, bajo el reinado del emperador Trajano, tiene una altura máxima de 28 metros y medio y 818 metros de largo. Para su construcción se utilizaron 20.400 bloques de piedra unidos sin ningún tipo de argamasa. Su autor hizo un extraordinario alarde de técnica, pues el equilibrio de tan liviana construcción descansa en el conjunto de la obra. De esta forma, el acueducto sólo se mantiene estable si se conserva en su integridad, a diferencia de otros ejemplos como el de los Milagros de Mérida, cuya estabilidad descansa de manera independiente en las columnas. Los ciudadanos romanos gustaban de asistir a espectáculos públicos, para los que se construyeron gran número de teatros, anfiteatros y circos. Uno de los más importantes edificios de Roma fue el Coliseo. El anfiteatro Flavio o Coliseo, edificado por orden de Vespasiano hacia el año 71, fue inaugurado por su hijo Tito en el año 80, aunque la parte superior sería añadida por Domiciano a finales del siglo I. Su nombre es debido a la existencia de una cercana estatua colosal de Nerón. El Coliseo tiene forma elíptica y unas impactantes dimensiones: 188 metros en su lado mayor y 155 en el menor. En las gradas podían sentarse hasta 50.000 espectadores. Los días de intenso calor un gran toldo cubría el anfiteatro para dar sombra a los asistentes al espectáculo, que disfrutaban viendo las evoluciones de los gladiadores sobre la arena. La casa romana es heredera de la griega y la etrusca. El acceso se realizaba por un vestíbulo decorado con mosaicos que desembocaba en el atrio, el lugar más importante de la casa. En el centro del atrio encontramos un estanque llamado impluvium, que recoge el agua de la lluvia gracias a que el techo tiene un espacio central abierto al que se conducen las aguas, llamado compluvium. A ambos lados del atrio quedan las habitaciones, tanto de los sirvientes como de los miembros de la familia. La principal es el tablinum, el cuarto de los señores de la casa, donde observamos una amplia cama, algunos sillones y mesillas. Junto a la casa suele haber un patio exterior, llamado peristilo, donde los señores pueden pasear y sentarse a la sombra de los árboles en los días soleados. También complacía a los romanos acudir a los baños públicos o termas. Estas se organizaban en torno a las clásicas tres piscinas: frigidarium, de agua fría, tepidarium, templada y caldarium, caliente. En los baños no se utilizaba el jabón. En su lugar los bañistas se untaban la piel con aceite, siendo muy apreciado en todo el Imperio el procedente de Hispania. Por encima de todo, eran las termas lugares de reunión. Los ciudadanos adinerados pasaban allí buena parte de su tiempo, que empleaban en relacionarse, charlar, entretenerse con juegos de mesa, o hacer ejercicios con pesas y balones medicinales. Los ciudadanos ricos eran asistidos por esclavos o por empleados de los baños. En general, los bañistas eran gente ruidosa que cantaba, gritaba o gruñía con los golpes de los masajistas. Los pobres también podían asistir a los baños públicos, pues la entrada no resultaba cara, siendo incluso gratuita para los niños. Pero el esplendoroso mundo romano se encuentra próximo a su fin. Tras varios siglos en la cumbre del poder, durante el siglo V la Roma imperial se muestra muy debilitada. La crisis del Imperio, gestada durante mucho tiempo, hace que los grandes propietarios abandonen las ciudades en decadencia y vayan a vivir a sus grandes latifundios. En estas villas, el señor se sirve de grandes cantidades de colonos, gente libre pero adscrita a la tierra, que recibe, a cambio de su trabajo, protección frente a posibles agresiones. Las fronteras del Imperio están amenazadas por pueblos que los romanos llaman "bárbaros", extranjeros, con costumbres y lenguas distintas. La debilidad de Roma acabará por ceder ante el empuje de estos pueblos, siendo también Hispania uno de sus objetivos. En el año 409, suevos, vándalos y alanos penetrarán en la Península y se expandirán por su territorio en busca de sus ricas y fértiles tierras y ciudades. Los visigodos, asentados como pueblo aliado de Roma en el sur de la Galia, recibirán el encargo de controlar a estos pueblos. Es así como se produce su entrada en Hispania, estableciendo una corte en Toledo desde la que gobiernan sobre una población mayoritariamente hispanorromana. Con el tiempo, serán los visigodos quienes controlen todo el territorio hispánico.