<p>En las primeras décadas del siglo XX, la rivalidad entre los estados europeos, derivada de sus ambiciones imperialistas, así como las dificultades internas del Imperio austro-húngaro, condujeron a la I Gran Guerra, que se desarrolló a escala planetaria. </p><p> </p><p>ÉPOCA </p><p>1.La I Guerra Mundial.</p><p>Causas de la guerra.</p><p>El equilibrio de fuerzas: 1914-17.</p><p>Entrada de EEUU en la I Guerra. </p><p>El colapso ruso.</p><p>La victoria aliada. </p><p>Repercusiones de la guerra.</p><p>Consecuencias sociales y económicas.</p><p>Nacionalismos en la I Guerra Mundial.</p><p>España y la Primera Guerra Mundial. </p><p> </p><p>BATALLAS </p><p>1.El atentado de Sarajevo.</p><p>La Mano Negra. </p><p>Una vaga advertencia. </p><p>Recepción con bomba.</p><p>Una casualidad para una guerra. </p><p>Consecuencias del atentado. </p><p>2.Los gases letales. </p><p>3.La batalla de Verdún.</p><p>Las operaciones. </p><p>El final de la batalla. </p><p>4.La batalla del río Piave.</p><p>5.Lawine Expedition. </p><p>6.Alemania capitula. </p><p>Estados Unidos entra en la guerra. </p><p>Compensaciones. </p><p>El último duelo.</p><p>El final de la guerra. </p><p>La Paz de Versalles. </p><p>Ajuste de cuentas.</p>
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Galería de imágenes de la época. Alsacianos internados en Alemania regresan a sus casas al finalizar la guerra. Mujeres trabajando en una fábrica británica de obuses durante la I Guerra. Tropas belgas atrincheradas en el frente durante una pausa del combate. La vía sagrada de Verdún. Hundimiento de un mercante aliado por los submarinos alemanes. Soldados franceses con máscaras antigás. Von Hindenburg. Atentado contra el heredero del trono austrohúngaro. Tanques alemanes durante unas maniobras en la I Guerra Mundial. Tumbas de soldados muertos en Verdún.
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Entre 1914 y 1918 se desarrolló uno de los acontecimientos más decisivos de la historia del siglo XX: la I Guerra Mundial. El afán de las potencias por extender su dominio colonial, las rivalidades entre naciones como Francia y Alemania, y el auge de los nacionalismos e imperialismos son las causas principales de tan devastador conflicto. Por primera vez, la guerra se extendió a lo largo de los cinco continentes. Alemania, Austria-Hungría y el Imperio Turco, con sus colonias, formaron una alianza, a la que se enfrentaron Gran Bretaña, Francia y Rusia, con sus colonias y la incorporación posterior de un buen número de países. La guerra concluía el 11 de noviembre de 1918, dejando atrás un espectáculo horroroso de millones de muertos, heridos e inválidos. En ella se habían probado armas de inmenso potencial dañino, como los tanques, la aviación o los gases tóxicos. Las pérdidas económicas fueron también inmensas. Los contemporáneos pensaron que la Gran Guerra, como fue llamada, habría de ser la última, "la guerra que pusiera fin a todas las guerras". Sin embargo, para desgracia de todos, no tardarían mucho en darse cuenta de su equivocación.
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La mañana del 8 de septiembre, una gran flota desembarco al mando del general americano Mark Clark, que había zarpado de los puertos de Sicilia y Argelia, se dirigía hacia el Golfo de Salerno. A bordo de las 463 unidades, 100.000 soldados ingleses y 70.000 americanos vivían las horas de la tensión previas al desembarco. Los soldados sabían que eran los protagonistas del primer gran asalto a la "fortaleza de Europa". Todos a bordo, incluidos los oficiales, eran completamente ignorantes de lo que había ocurrido aquellos días entre los mandos aliados y los mandos italianos. Ignoraban que Italia se había rendido en secreto algunos días antes, es decir, el 3 de septiembre.Ignoraban que en breve se haría pública la noticia del armisticio y que el ejercito italiano sería invitado por Badoglio a no seguir combatiendo contra los aliados. Ignoraban, en fin, que la liberación de gran parte de Italia iba íntimamente unida al éxito de su empresa. Iban a desembarcar convencidos de encontrar una tenaz resistencia por parte de las fuerzas italianas, además de las alemanas. De repente, la tensión que reinaba a bordo desde hacía muchas horas se rompió mediante una comunicación radiofónica. A las 19: 20 horas del 8 de septiembre de 1943, cuando la costa de Salerno estaba ya a la vista, las radios de abordo transmitieron la noticia: "El gobierno italiano ha firmado la rendición incondicional". La noticia fue totalmente inesperada: los soldados daban saltos de alegría y bailaban en los puentes. ¡La guerra con Italia había terminado!. Ya nadie pensaba en los peligros del desembarco. Todos estaban convencidos de que en vez de una batalla en Salerno, lo que les esperaba era una multitud en fiesta.
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El monumento más conocido de China es su Gran Muralla. Con una longitud actual de 2.950 km., se extiende desde el mar Bohai, en el este, hasta el desierto de Gobi en el oeste. La Gran Muralla, wanli changcheng o La Muralla de Diez Mil Li de longitud, fue comenzada a construir entre los siglos V y IV a.C. El motivo fue proteger sus territorios de las continuas incursiones de sus rivales y de los pueblos nómadas del noroeste. Después de que fuera unificada toda China, en el siglo III a.C. Qinshi Huangdi, primer emperador de la dinastía Qin, unió las murallas levantadas en el norte, con lo que se formó así la Gran Muralla, que llegó a medir más de 5.000 km. de largo. Posteriormente, el muro fue reparado y reconstruido por numerosas dinastías. La Gran Muralla en su recorrido está jalonada de torreones, utilizados como postes de comunicación, pasos o puertas fortificadas, atalayas y torres. Aproximadamente cada 120 m se levanta una torre de defensa, que en su conjunto suman 25.000. La estructura de la Gran Muralla es imponente. Miles de obreros la levantaron con tierra, piedra, madera y cerámica. Aunque las dimensiones varían en los distintos tramos, la altura media de los muros alcanza los 7 u 8 metros, mientras que el grueso de 6,5 metros de la base se estrecha hasta los 5,8 metros en la cumbre.
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En conclusión, el Museo queda dispuesto como tres edificios estrechos y profundos, con tres entradas, ninguna preferente para el edificio como totalidad, sino específicas para cada programa parcial, características para cada destino funcional. De este modo se entiende la ausencia, a veces criticada, de una gran escalera interior en la obra de Villanueva. El edificio tenía varias, pero pequeñas y casi privadas, escondidas, sin ninguna presencia evidente. La gran escalera de conexión vertical no existía simplemente porque no era necesaria. Cada uso desarrolla en la profundidad horizontal de su propio estrato un esquema de funcionamiento interno en el que se produce una circulación obligada de ida y vuelta, de salida y entrada por el mismo, único y particular acceso. La planta de la Academia de Ciencias se recorrería por un itinerario perimetral que, desde el zaguán sur, bordea el patio y la primera sala rotonda y conduce a través de unas arquerías laterales -en los lados de levante (hoy desaparecida) y poniente, que rodean dos amplias salas de estudio como si de patios cubiertos se tratase- hasta la rotonda del extremo norte, que se encarga de devolvernos de nuevo hacia la entrada en un recorrido paralelo alternativo, de sentido contrario al anterior. A la Galería de Historia Natural se accedería mediante una rampa curva, de acuerdo con el proyecto de Villanueva, desde el nivel del Paseo del Prado. El itinerario del recorrido en este caso se inicia desde la rotonda de columnas para pasar a una antesala y a la gran galería, que cierra su perspectiva en una nueva rotonda asomándose al patio desde un gran ventanal. Aquella rampa curva tenía una singular importancia para la concepción de Villanueva; era el mejor instrumento, por la naturalidad con que relacionaba el nivel del Paseo del Prado directamente con la entrada a la Galería, para evitar la necesidad de una escalera principal a la que, en rigor, sustituía sin perturbar con su presencia las funciones propias de la Academia, al margen de ella y sin condicionar su distribución con una servidumbre ajena a su propio programa. De esta forma, mientras que en la planta de la Academia se sitúan las circulaciones en el perímetro para mantener los espacios servidos al margen de esos movimientos, en la Galería todo el espacio lineal que desarrolla el ámbito para la exposición de objetos de Historia Natural es espacio para la circulación, como corresponde a su aptitud programática. En ambos casos el esquema de circulaciones interiores tiene forma de fondo de saco, cerrado en su extremo por una forma espacial rotonda, que con su geometría circular devuelve al mismo itinerario, ahora a la inversa, hacia la salida. Al Salón de Juntas para la Academia de San Fernando, o para la propia Academia de Ciencias Naturales, se accedería desde el gran pórtico dórico de poniente, un pórtico semiexcavado en el edificio, cubierto con una bóveda esquifada, que da paso a una rotonda que actúa como zaguán interior, cubierto con una cúpula rebajada en carpanel, una pieza que es también el centro de articulación de las circulaciones de la Academia -dato que tendrá una curiosa trascendencia, como veremos al comentar la disposición de los órdenes clásicos en el edificio-, y de éste a la secularidad sala basilical, de columnas corintias en el proyecto de Villanueva, que es específicamente, retomando su originario destino civil, el lugar de asamblea de la comunidad académica, una basílica absidal que cierra el itinerario de circulación con un deambulatorio semicircular. Nuevamente un fondo de saco rotondo. Otro asunto peculiar del edificio de Villanueva es su modo de utilizar los órdenes clásicos como procedimiento de diferenciación de aquel sistema de superposiciones y maclas espaciales en el que he intentado reconocer la autonomía de los estratos que lo ordenan por la continuidad de las circulaciones interiores. Cómo se manifiestan figurativamente esos estratos al exterior es algo que los órdenes se encargan también de resolver con la fragmentaria horizontalidad de sus desarrollos. El caso del piso destinado a Galería de Historia Natural es el más claro; todo él se expresa y se caracteriza en jónico: el dístilo de la entrada norte, la rotonda inmediata, las cuatro columnas centrales del espacio asimilable al coro de la basílica y la galería acristalada hacia el Paseo del Prado, que traslada al exterior como por transparencia la lateralidad del recorrido y el sentido lineal de la articulada continuidad interna de la galería hasta llegar al punto de retorno de la sala rotonda que se asoma el patio. La planta baja destinada a la Academia de Ciencias no contiene orden clásico alguno ni en el interior ni en el exterior. Toda ella responde a un esquema murario, propio de su sentido y carácter basamental, incluyendo ese ritmo intermitente de arcos y hornacinas que aligeran su fábrica y soportan la galería jónica hacia el Paseo del Prado. En su fachada, frente al Botánico, encontramos la gran puerta de acceso con las ménsulas de escamas que sostienen un guardapolvos como piso del balcón del pórtico corintio superpuesto. Con este pórtico aflora al exterior una particularidad del proyecto de Villanueva: la entrada de la Academia sirve de acceso al zaguán rotondo que articula su centro y que actúa también como nártex de la basílica, espacio que precede el Salón de Juntas, basílica de orden corintio en la concepción del arquitecto. La existencia de ese espacio compartido se traslada a la fachada sur mediante el pórtico corintio, revelando que desde la entrada particular de la Academia existe una posibilidad alternativa de entrada al lugar de sus juntas y ello es legible desde el exterior gracias al orden clásico que lo anuncia. Finalmente, el edificio transversal destinado a Salón de juntas reúne una síntesis de los tres órdenes clásicos del Museo como totalidad con el dórico gigante de su pórtico exterior como rasgo característico. El significado de la simultaneidad de los órdenes nos habla de este cuerpo como eslabón central de una cadena de cinco, pieza de engarce de las dos plantas bajas dedicadas a Galería y Academia, única parte frontalizada respecto al Paseo y que contiene las leyes que generan y rigen la totalidad. Sin embargo, su acento heroico y dominante, que consigue frontalizar finalmente todo el edificio, es tan solo aparente. Otros centros disuelven su jerarquía como focos alternativos con un énfasis aún más trascendente para el interior y para que el espacio, el gran protagonista del Museo, a veces compartimentado, a veces focalizado, a veces interpenetrado, revele la virtud de sus efectos por la diversidad formal, la movilidad volumétrica y la heterogeneidad figurativa de sus miembros. Ya se dijo que la construcción no fue concluida en vida de su arquitecto. Faltaban por cerrar las bóvedas de la gran galería, cubierta con una armadura provisional; la fábrica envolvente de la sala basilical estaba construida hasta el nivel de la segunda imposta, a falta del último cuerpo de enlace con la cornisa general, vacía y sin cubrir en su interior, aunque quedaron labradas las bases corintias de columnas y retropilastras. En esta situación fue ocupado el edificio por las tropas francesas y Villanueva tuvo que asistir, a pesar de su nombramiento como arquitecto mayor inspector de las obras reales de José Bonaparte, a la ruina parcial de su mejor obra, provocada por el ejército intruso.
obra
De origen campesino, Hokusai llega a conocer grabados holandeses que le permiten dominar la perspectiva y el claroscuro. Será conocido en Europa a partir de la Exposición de París en 1867. Es uno de los creadores más asombrosos del siglo XX. Sus grabados, al igual que los de otros grabadores japoneses, fueron importados a Paris a mitad del siglo 19. Allí fueron coleccionados con entusiasmo, especialmente por artistas impresionistas como Claude Monet, Edgar Degas y Henri Toulouse-Lautrec cuya obra fue profundamente influenciada por ellos.
contexto
Desde 1935, Polonia estaba regida por una Constitución autoritaria, hechura del régimen de los coroneles regido por Pilsudski, que falleció aquel mismo año, dejando tras de sí un Gobierno militarista y conservador. Hitler, que reclamaba Danzig y un paso a través del corredor polaco, chocaba con la inquebrantable oposición de los gobernantes de Varsovia, confiados en Chamberlain, que había prometido ayudarles aunque, hasta entonces, Londres y París habían mantenido la paz en Europa a costa de ceder ante todas las pretensiones de Hitler. Este, tras anexionarse Austria en 1938, esperaba contar con la alianza de la URSS, con la que mantenía algunos acuerdos establecidos durante la República de Weimar: los alemanes fabricaban armas en territorio ruso, que estaban prohibidas a la Reichswehr por el tratado de Versalles y, a cambio, ayudaban a la industria militar soviética. Buenas y contradictorias relaciones que se ampliaron, el 2 de agosto de 1939, con un acuerdo sobre Polonia y, el 23, con un pacto de no agresión. La firmeza polaca frente a Hitler se alentaba con su historia de enfrentamientos con los vecinos y el recuerdo de la victoria sobre las fuerzas soviéticas en 1920. La doctrina de su Estado Mayor derivaba de la victoria francesa en 1918, que convirtió a la Ecole Superiéure de Guerre de París en la máxima autoridad de las ciencias militares. Acabada la Gran Guerra, todos los Ejércitos enviaron a París a sus oficiales más distinguidos, a fin de ampliar estudios pero ya en 1939, las teorías de la Ecole resultaban obsoletas ante las posibilidades de la aviación y los blindados; los tratadistas tradicionales ignoraban que el motor de gasolina inauguraba una nueva era de la táctica. Efectivamente, nacía una guerra moderna, que era hija de la industria. Sin embargo, Polonia era un país agrario cuyo Ejército ni siquiera podía aplicar las ideas francesas a sus anticuadas tropas, que apenas contaban con blindados, cañones antiaéreos y contracarros. Como si fueran los tiempos de Napoleón, el orgullo militar polaco descansaba en sus tres regimientos de caballería ligera, 27 de ulanos y 10 de cazadores, más propios de las páginas de Víctor Hugo que de un plan de operaciones de 1939. En todos los Ejércitos del mundo, los oficiales amaban a los caballos y difícilmente se resignaban a olvidar su gallarda presencia. La polémica caballo-motor llenaba páginas de las revistas militares pero, en las grandes potencias, la caballería de sangre dejaba paso a las motocicletas, los automóviles y los blindados. Polonia, en cambio, mantenía el mito caballeresco, ante la imposibilidad de contar con medios más modernos. Muchos de sus oficiales oponían el valor y la tradición, que eran gratis, a la gasolina y la mecánica, que Polonia no podía pagar. Aunque, por nada del mundo, los generales, que dominaban el Gobierno, habrían desviado el presupuesto en favor de los automóviles, los tanques y los aviones, perjudicando a los viejos regimientos a caballo, que llenaban sus sentimientos de soldados arcaicos y heroicos, guardianes de la Polonia campesina y católica. Para protegerse de un ataque alemán, a través de la amplia y practicable frontera, el Ejército polaco debía establecer una línea fortificada atrasada, en la línea Vístula-San, y abandonar regiones consideradas vitales. Pero los generales deseaban preservar la totalidad del territorio, aunque la táctica aconsejara lo contrario. Confiados en sus propias tropas y en la protección de los aliados occidentales, se fortificaron en una línea demasiado próxima a la frontera alemana. Si las tropas de Hitler lograban romperla, sus fuerzas motorizadas tendrían abierta la llanura polaca. El país estaba inerme, a pesar de disponer de una gran reserva de tropas, que el Gobierno había concentrado entre Lodz y Varsovia, pero sin bastante capacidad de maniobra para contraatacar con presteza.
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Nos encontramos en la Gran Galería de la Pirámide de Kheops, obra maestra de la arquitectura egipcia. Tiene una longitud de 47 metros y una altura aproximada de 8 metros, con una inclinación máxima de 30 grados. Sus paredes son escalonadas hacia el interior, formadas por bloques superpuestos con tal precisión que cada uno sobresale 6 centímetros por hilera. Esta estructura será utilizada aquí por última vez. Los huecos que se aprecia a lo largo de los zócalos laterales servían como anclaje del armazón de madera que, a modo de andamio, emplearon para construir la estructura del pasillo, siendo retirados una vez finalizada la obra. La galería acaba en una antecámara que originalmente estaba cerrada por tres compuertas de granito cuya finalidad era sellar el acceso a la cámara del rey, situada a continuación. Esta estancia mide 10,45 metros de longitud, 5,20 de anchura y 5,80 de altura. El techo está formado por nueve lastras de granito cuyo peso total se calcula en unas 400 toneladas. El sarcófago era monolítico, de granito rojo y se situaba en la pared oeste. Se piensa que, debido a sus dimensiones, tuvo que ser introducido durante la construcción ya que no cabe por el pasillo.