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obra
Los temas de la prostitución van a ser para Toulouse-Lautrec una importante fuente de inspiración. En este lienzo que observamos emplearía como modelo a una prostituta que también posaba para los jóvenes artistas. La forma de presentar a la mujer es novedosa, mirando al frente, con las piernas hacia el espectador y ofreciendo sus servicios, de manera que su vello púbico se encuentra en el punto de atención preferente. María nos mira con desparpajo y casi con ironía, mostrando el artista su capacidad para captar expresiones. El colorido claro del cuerpo de la mujer, con la luz resbalando sobre él, contrasta con el fondo oscuro en el que destacan dos máscaras, una a cada lado de la figura, cuyo significado desconocemos, planteando algunos especialistas que se trataría de Cupido quien, con sus flechas, "cazaría" a algún cliente para la prostituta. La diferencia con Mujer sentada en un diván es manifiesta, siendo la gorda María una imagen mucho más realista.
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Esta obra junto a La Goulue y Valentin le Désossé bailando fueron pintadas por Toulouse-Lautrec de manera rápida para decorar la barraca que había montado la Goulue en la "Foire de Trône" de 1895 ya que el año anterior había acabado su carrera en el "Moulin Rouge" debido a su aumento de peso y al cambio de modas. Al instalarse por su cuenta, solicitó a su buen amigo Henri que le decorara la caseta. La escena representa a la Goulue bailando la danza del vientre en un ambiente árabe presente en el segundo plano de la composición. Lautrec ha empleado un punto de vista bajo - de la misma manera que hacía Degas - para crear la impresión de que estamos contemplando el espectáculo como hacen Jane Avril, Felix Feneon, Oscar Wilde y el propio pintor; el pianista es Monsieur Tinchaut. La rapidez con la que está realizado el lienzo viene motivada por la urgencia del encargo; a pesar de ello Henri demuestra al público el importante papel que desempeña el dibujo en su producción. El movimiento de la bailarina es sugerido de manera excelente, resultando una de las mejores escenas de esta última década. Curiosamente la obra fue dividida en tres partes durante 1926 para poder ser vendida más fácilmente a un precio más bajo pero el Museo del Louvre consiguió reunir los tres paneles tres años más tarde, exhibiéndose ahora juntos.
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Junto a Jane Avril, La Goulue era la reina del Moulin Rouge y en aquellos momentos estaba en lo más alto de su reinado. Toulouse-Lautrec la retrata en el momento de su paseo diario por los alrededores del cabaret. Va acompañada de su amante, a la izquierda, y de una de las bailarinas del espectáculo, llamada Nini Patte en L´Air, a la derecha. Ambas eran las cuidadoras de la diva que aparece en el centro, vestida de blanco con un pronunciado escote y una cinta en el cuello que pondrá de moda, al igual que su cabello recogido. Su mirada inexpresiva se dirige hacia delante, mientras sus compañeras retan a todos los que miramos a La Goulue. Incluso Henri acentúa el contraste entre la diva y sus compañeras en la tonalidad de los trajes. Las tres figuras avanzan hacia el espectador, quedando en el fondo el perfil de un hombre con sombrero y los espejos del recibidor del cabaret donde se reflejan las luces. Conviene señalar la influencia de la fotografía en la obra de Toulouse-Lautrec a la hora de cortar los planos, como ya venía haciendo Degas. La luz y el color impresionistas dejan paso a otro tipo de asuntos que ahora interesan más a los artistas. En el caso de Henri, serán la temática nocturna y el predominio de la línea sobre el color, además de la incipiente planitud que va incorporando a sus figuras, los elementos más destacables de esta reacción neo-impresionista.
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En 1892 Toulouse-Lautrec se dedicará a la elaboración de una serie de litografías en edición limitada tomando como modelos cuadros que agradaban al artista. Cada una de las imágenes se vendían a 20 francos, editándose un máximo de 100 ejemplares. Entre las litografías de la serie encontramos a El inglés en el Moulin Rouge y esta escena que contemplamos protagonizada por La Goulue y Môme Fromage, dos de las bailarinas más famosas del local. La relación lésbica existente entre ambas hacía que llamaran a Môme la "hermana de La Goulue", apareciendo en la mayor parte de las escenas pintadas por Henri como la guardiana de la diva. Las dos mujeres se ubican en primer plano, realizando su paseo diario, encontrando en la zona del fondo a un trío de ancianos adinerados que los especialistas tratan de identificar sin éxito. En el segundo piso hallamos varias figuras en pequeños reservados, mostrando Lautrec con la ironía que le caracteriza el flirteo habitual en el "Moulin Rouge". Las figuras están delimitadas por una potente y segura línea mientras el color mantiene la planitud característica de la estampa japonesa, la principal influencia que Henri muestra en sus litografías.
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Louise Weber y Etienne Renaudin, verdaderos nombres de estos bailarines, protagonizarán buena parte de los trabajos de Toulouse-Lautrec como esta litografía que contemplamos, donde ambos personajes danzan ante la atenta mirada de un hombre con chistera y barba, posiblemente el editor A. Bosc al que se cita en el cartel. Las líneas firmes y seguras dominan una composición en la que Henri se exhibe como gran dibujante, acentuando el aspecto caricaturesco de sus personajes.
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Compañero de La Goulue bailando, Toulouse-Lautrec realizó ambos lienzos para decorar la caseta que su buena amiga la Goulue había instalado en la "Foire de Trône" al abandonar el "Moulin Rouge" por motivos de peso. La urgencia del encargo es uno de las causas del abocetamiento de las obras. La Goulue y Valentin le Désossé habían sido una de las parejas de baile más famosas del Moulin, donde Henri les había pintado en ocasiones anteriores incluso protagonizando el cartel del espectáculo. Al abandonar ambos el show, Lautrec ha querido rememorar en esta composición los viejos tiempos y ha colocado a los dos bailarines en el local que les vio triunfar, rodeados de luces y de admiradores que observan embelesados sus movimientos. A pesar del abocetado general del encargo, se pone claramente de manifiesto la genialidad del dibujo exhibido por Henri, característica primordial de toda su producción. El colorido vivo aplicado con largas pinceladas es otra constante de este excepcional cronista de su tiempo.
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Dos de los bailarines más importantes de París en la década de 1880 fueron Valentin le Désossé y La Goulue, nombres artísticos de Etienne Renaudin y Louise Weber respectivamente. Su frenético baile les llevará a la pista del templo de ocio más importante en la ciudad tras su inauguración en 1889: el "Moulin Rouge", cuyo cartel protagonizarán. En esta composición que contemplamos, Toulouse-Lautrec les presenta interpretando su danza, creando una magnífica sensación de movimiento a través de un trazo firme y seguro mientras que el color existente se aplica de manera rápida y contundente. La perspectiva alzada y frontal es un recuerdo de Degas, el pintor impresionista más admirado por Henri. En los rostros de ambos bailarines hallamos cierto aspecto caricaturesco presente en la mayor parte de retratos, siendo ésta una de las características identificativas de Lautrec.
contexto
Tokio no había esperado a terminar sus conquistas de Singapur y Filipinas para continuar la serie de victorias y su vertiginoso expansionismo. Norteamericanos, británicos y holandeses, sin buques de guerra y faltos de preparación para una guerra como aquella siguieron batiéndose en retirada ante los ejércitos del sol naciente. A mediados de diciembre, una pequeña fuerza japonesa ocupó los aeródromos británicos cercanos a Tenasserin, en Birmania, que podían servir de base de operaciones hacia Malaya. En Navidad, la Aviación japonesa bombardeó Rangún y, a mediados de enero, se inició una marcha por tierra para conquistar Birmania desde las bases niponas en Tailandia. Los japoneses eran apenas 15.000 hombres (Iida), que se enfrentaban a otros tantos birmanos recientemente reclutados, dos batallones ingleses y una brigada india. Aunque la inferioridad numérica japonesa era evidente en tierra, sus fuerzas aéreas triplicaban a las británicas, que sin comunicación por tierra con India defendían difícilmente un espacio muy amplio. Así, los japoneses mantuvieron la iniciativa y se infiltraron en aquellos frentes inmensos, mientras sus enemigos intentaban una defensiva imposible. El alto mando británico pretendió retrasar las operaciones hasta la llegada del monzón de verano, cuyas inundaciones harían impracticable el terreno. Pero el mito japonés paralizaba las iniciativas de los ingleses, que se consideraban vencidos de antemano. El 6 de marzo de 1942 evacuaron Rangún, y los japoneses entraron sorprendidos en una ciudad abandonada, sin más, por los defensores. Por fin, los ingleses iniciaron una larga y difícil retirada hacia la India, que estaba a 300 kilómetros, antes del esperado monzón de verano. Los japoneses trataron de interceptarlos, pero la marcha británica se aceleró y la retirada logró salvar a la mayoría de los hombres. Casi todo el equipo, incluidos los carros de combate, fue abandonado en el camino. Las humillaciones de las potencias coloniales no terminaron aquí. La flota japonesa entró en el Indico y los ingleses reforzaron Ceilán, ante el temor de otra invasión. En febrero fue atacada Indonesia y el día 27 una flota holandesa (almirante Doorman) fue destruida. La invasión se extendió a Timor, Java, parte de Nueva Guinea y las islas Salomon.