Situada a unos cuatro kilómetros de Alcalá la Real, se erigió como ermita extramuros a finales del siglo XV, y dio lugar a un asentamiento que lleva su mismo nombre. Santa Ana fue patrona de la localidad hasta el siglo XVIII, cuando fue sustituida por la Virgen de las Mercedes; actualmente, es copatrona de la localidad y patrona de la aldea que lleva su nombre. Cuenta con una planta rectangular realizada en dos periodos diferentes; la capilla mayor es la parte más antigua, cubierta por una bóveda de crucería estrellada de finales del gótico (siglo XV - XVI) y decorada con pinturas al fresco de temática floral. La parte más moderna es de etapa renacentista y corresponde a la nave, de 1591 y realizadas por Ginés Martínez de Aranda, y a la portada. La fachada es del último tercio del siglo XVI, dividida en dos cuerpos. El primero cuenta con arco de medio punto flanqueado por dos columnas corintias, sobre las que descansa el entablamento. El segundo corresponde al ático, donde una hornacina entre aletones acoge a Santa Ana. La cubierta de la iglesia es una bóveda de medio cañón a base de losetas y yeso, y cuatro arcos fajones de medio punto. Fue muy dañada durante la Guerra Civil, perdiendo su retablo mayor y toda su imaginería, aunque todavía conserva algunas piezas de valor, como un cáliz del siglo XVIII.
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La iglesia de Santa Ana fue la primera parroquia construida en la Villa Baja, erigida a principios del siglo XVI y reconstruida tres siglos después. El exterior destaca por su original torre triangular y por el rico patrimonio artístico que guarda en su interior. Santa Ana sufrió profundas transformaciones a finales del siglo XIX, aunque todavía pueden verse rasgos del gótico tardío en el que fue levantada. También pueden observarse elementos barrocos, como su hermosa portada en piedra, obra del siglo XVIII. El interior encierra bellos retablos barrocos e importantes piezas de la imaginería local, como el Cristo del Descendimiento o el Amarrado a la Columna, de Pablo de Rojas.
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Iglesia construida en el siglo XVII y completada en su exterior con una torre barroca del siglo XVIII. En la iglesia de Santa Ana está establecida la Hermandad del Santísimo Cristo de la Yebra, cuya imagen es obra de Martínez Montañés, realizada en el mismo momento histórico que la iglesia. La torre destaca por su originalidad y por su ornamentación a base de azulejos y ladrillo tallado. El interior de la iglesia se divide en una sola nave, con elegantes tribunas y cúpula del siglo XVII.
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<p>La iglesia de Santa Ana se encuentra situada frente a la Chancillería, junto a la ribera del río Darro. Fue levantada en 1537, en el solar donde anteriormente existió una mezquita, y destaca por su estilo mudéjar. De una sola nave, capillas laterales y una Capilla Mayor, tiene en su exterior una magnífica portada renacentista con arco entre columnas corintias y hornacinas con imágenes de santa Ana y otras, acompañada de una torre de ladrillo tipo alminar y arcos decorados con azulejos. En las capillas interiores hay diversos grupos escultóricos muy interesantes, como la Dolorosa de José de Mora (1671) o un Calvario de Diego de Aranda, mientras que, en el exterior, está el hermoso Pilar del Toro, obra de Diego de Siloé, también arquitecto de la iglesia; son notables las pinturas de los siglos XVI-XVII conservadas en las paredes del interior. La sacristía conserva un cáliz de Francisco Téllez (1568) y un Crucificado expirante del estilo Juan de Mena. Como anécdota, señalar que en Santa Ana contrajo matrimonio Mariana Pineda, mártir por la libertad en tiempos de Fernando VII, y, en ella, están enterrados el historiador granadino del siglo XVI Francisco Bermúdez de Pedraza y el escultor y pintor José Risueño.</p>
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Fundada en el siglo XII, bajo la jurisdicción de la Orden del Santo Sepulcro y luego de los caballeros de San Juan de Jerusalén, estaba consagrada al Santo Sepulcro. Este templo es uno de los primeros vestigios del Camino de Santiago que descubre el peregrino al llegar a León. En sus proximidades se encontraba el cementerio de peregrinos, la malatería de San Lázaro, un sanatorio para leprosos y el barrio de los Francos.
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<p>a iglesia de Santa Ana fue fundada por Alfonso X el Sabio quién, según la tradición, mandó su construcción en gratitud porque la virgen le había curado un ojo enfermo que tenía. La iglesia pertenece al último cuarto del siglo XIII pero fue reedificada en la segunda mitad del siglo XIV y en el siglo XVI, tras el terremoto de Lisboa, encargándose de las obras el arquitecto Pedro de Silva, dándole un revestimiento barroco. Durante la Guerra Civil (1936-39) fue asaltada pero no incendiada, perdiendo, sin embargo, numerosas obras de arte. Ha sido también restaurada entre 1970-1975 por Rafael Manzano, que le devolvió al templo su carácter medieval. Se cree que es el templo más antiguo de Sevilla y se la llama la catedral de Triana. Al edificio original se añade una torre que conserva en su parte inferior restos mudéjares del siglo XIV. Sus dos cuerpos superiores, ornados de cerámica azul, pertenecen al bajo Renacimiento y el chapitel al primer tercio del siglo XVII. La iglesia está construida en ladrillo, de estilo gótico cisterciense. Tiene planta rectangular dividida en tres naves, la central más alta, de cinco tramos terminados en capillas poligonales; las naves se cubren con bóvedas góticas. Tiene tres portadas originales, del momento de su fundación; la principal da a la calle Vázquez Leca y las otras dos a la Plaza Sacra Familia y a la calle Bernardo Guerra, respectivamente. La capilla mayor se construyó a mediados del siglo XVI, decorada con yeserías y precedida por una Inmaculada, atribuida a La Roldana. La capilla está presidida por un retablo de estilo plateresco y una serie de esculturas realizadas por Nufro de Ortega y Nicolás de Jurarte, tratándose de una de las obras maestras de la retablística sevillana de todos los tiempos. La ejecución de las 15 tablas fue realizada por Pedro Campaña y, en la hornacina central, se encuentra el grupo titular de Santa Ana, la Virgen y el Niño. En el siglo XVII, se edificó la capilla bautismal, donde se encontraba la popular Pila de los Gitanos. El coro se sitúa a los pies de la nave central, cerrado por una verja de la segunda mitad del siglo XVIII. La decoración de la iglesia se completa con murales.</p>
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Esta iglesia del concello de Samos es de estilo románico y está construida en piedra de pizarra. Su planta rectangular está rematada con una ábside de dos tramos, el primero recto y el segundo semicircular. Mientras que el primero está rematado con bóveda de cañón, sobre el segundo se cierra una bóveda de cuarto de naranja.
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<p>De su primitiva edificación únicamente conserva algunos restos de la torre, hoy convertida en espadaña, sobria construcción de arcos apuntados elaborados en ladrillo visto perteneciente al gótico-mudéjar del siglo XV. Se trata de la primera iglesia andaluza levantada en estilo neoclásico, diseñada por el arquitecto cordobés Ignacio Tomás, quién aprovechó fustes romanos de granito para levantar las portadas originales, de un marcado clasicismo, difícil de encontrar por esta zona. El interior de la iglesia alberga el mejor coro de Écija, tallado en estilo rococó. La imagen de San Pablo fue esculpida por el ecijano Gómez de Navajas en el siglo XVI. Las imágenes de Santa Bárbara y de la Virgen del Patrocinio se relacionan con la obra escultórica de Pedro Roldán, aunque recibieron un nuevo estofado y policromado en el siglo XVIII. Jesús sin Soga se considera como una de las obras maestras de Montes de Oca, escultor sevillano del siglo XVIII.</p>
obra
Un vasto territorio continental, de relieve quebrado y rocas calcinadas bañadas por las aguas y erosionadas por vientos, que se extiende de Urgüp a Goreme y de Ortahisar a Maçan, en la Capadocia, fue durante siglos un seguro refugio para una población que tuvo el ingenio de cavar y tallar sus habitáculos en la blanda montaña de origen volcánico; hoy en día se presenta horadada de innumerables cubículos, conformando un mundo que parece escapar a las leyes naturales. La arquitectura rupestre comprende graneros, establos para pequeños rebaños de ovejas y cabras, molinos de grano, monasterios con refectorios y células, tumbas e iglesias. Estas últimas llaman particularmente la atención debido a su deseo de reproducir los espacios de la arquitectura edificada y por sus pinturas murales. Magnífico muestrario que nos ilustra sobre alguno de los repertorios procedente de la época de la querella de las imágenes, como en el caso de esta iglesia de Santa Bárbara de Goreme.